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lunes, 6 de febrero de 2012

Plácido domingo, jodido lunes: Super Bowl

Se acabó. Los New York Giants son los campeones. Hablemos de eso, ¿no?


Siempre comienzo con música. Suelo configurar el reproductor de YouTube de modo que el vídeo queda oculto. Porque lo importante es la música. Pero esta vez no. Hablaré de ello. Me cuesta entender que los Giants sean campeones, aunque acepto y reconozco que son quienes más lo han merecido durante el último mes. Ahora bien, ni entiendo ni acepto las opiniones de los que consideran que el espectáculo del descanso de esta Super Bowl es el mejor de la historia. ¿Dónde coño estaban en 2009?


Lo más comentado

El partido. 21-17. Los Giants llevaron el partido a su terreno y lo ganaron. Su terreno es el de los partidos de tanteador relativamente bajo. Los partidos en los que el vencedor no necesita llegar a la treintena de puntos. Partidos en los que amasan la posesión y el quarterback rival contempla desde la banda cómo sus compañeros de la defensa tratan de parar al rival un down tras otro, poco a poco, lentamente. Classic New York Giants football. Fieles a sus señas de identidad. Un partido sin big plays. Sin errores. Con una pizca de suerte (fumbles recuperados y errores de recepción del rival). Y, sobre todo, un partido en el que el ataque comandado por Eli Manning consigue la posesión a falta de poco menos de cuatro minutos, a tiro de anotación para ponerse por delante. Es increíble. Ahí sí que no fallan.

Hasta el two-minute warning del segundo cuarto, el partido discurría tal y como había planeado Coughlin. Un poco amarrategui (eché en falta más riesgos contra la secundaria de los Patriots), pero seguro. Ortodoxo y efectivo. El front four de los Giants se las arreglaba para generar presión a Tom Brady sin recurrir al blitz. Cuando no llegaban al pasador, como en el safety por intentional grounding de la primera jugada ofensiva de New England, los gigantes (nunca mejor dicho) bloqueaban los intentos de pase de Brady. Gronkowski no estaba. Su ausencia se notó mucho durante todo el partido. La sombra de Gronkowski no es Gronkowski. Y la carrera tampoco funcionaba.

Mientras, el ataque de los Giants superaba claramente a la defensa de los Patriots, que bastante hacía con contener estragos mayores. Las carencias habituales de la defensa de New England se ponían de nuevo de manifiesto. Errores en la secundaria y fallos en placajes. Los Giants amasaban y amasaban la posesión, pero el partido llegaba a poco más de dos minutos para el descanso con 9-3 para los de Nueva Jersey. La diferencia en el marcador era muy inferior a la que veíamos en el campo.

Y entonces llegó el ataque de los Patriots. Los Patriots que esperábamos algunos. Solo apareció durante un par de drives, pero qué drives. De 92 y 79 yardas. Sin prisa (sin big plays), pero sin pausa (no huddle). El último del segundo cuarto y el primero del tercero. En esas dos posesiones, Tom Brady completó los 16 pases que lanzó (récord en una Super Bowl) y New England consiguió 14 puntos. La sombra de Gronkowski apareció tímidamente, Aaron Hernandez se convirtió en el objetivo favorito de Brady y Woodhead, saliendo desde el backfield, hacía mucho daño. De 9-3 a 9-17. El partido parecía a punto de romperse. Los Patriots parecían coger la velocidad de crucero que casi nadie puede seguir. Fue un espejismo.

A partir de ahí, vuelta a la tónica inicial. Los Giants movían el balón con soltura, aunque no eran capaces de rematar sus ataques con touchdown. Se tenían que conformar con anotar de tres en tres. Pero la clave estuvo en la defensa. Esa es para mí la clave del partido. Que salvo en los dos drives centrales, la defensa de los Giants paró a los Patriots. El front four, con un Justin Tuck excepcional, atosigaba a Brady. Cuatro bastaban. Los demás, a cubrir. No solo la secundaria, también los linebackers hicieron un excepcional trabajo de cobertura. La intercepción que consigue Chase Blackburn es espectacular.


Así llegamos al final. Donde mejor se mueve Eli Manning. El clutch quarterback. Y se acabó.

Ganó el equipo que impuso su estilo, el que defendió mejor, el que mejor atacó y el que menos errores cometió.

Los campeones. Antes de que comenzasen los playoffs comentaba que lo hecho hasta entonces no valía de casi nada. Vale solo para sobrevivir. A partir de entonces comienza una nueva competición en la que todos parten de cero. A partir de entonces se decide el campeón. No basta con ser el mejor desde septiembre a enero. Hay que ser el mejor en enero. Y cualquiera puede serlo.

Si la NFL se rigiese por las normas del fútbol americano universitario, los New York Giants no hubiesen disputado la Super Bowl. Probablemente el título se habría decidido en un partido entre Packers y Saints, los dos equipos que mejor impresión causaron en temporada regular (y da igual que Green Bay hubiese vencido a Nueva Orleáns, como dio igual que LSU hubiese vencido a Alabama). Pero afortunadamente la NFL se rige por otras reglas. La temporada regular es mucho más importante que en las demás Grandes Ligas, pero no tanto como en la universidad. Desde septiembre hasta principios de enero se decide qué doce equipos sobreviven. A partir de entonces, el campeón se determina en duelos a vida o muerte. Y ahí los Giants se mueven como nadie.


Perdonen por la escabrosa imagen anterior. Se corresponde con la imagen de los Giants en temporada regular. El equipo de Nueva Jersey es el primer campeón que no llega a 10 victorias de temporada regular desde que esta se disputa a 16 partidos. El registro de los Giants fue de 9-7. Un registro peor que el de los propios Giants de la temporada pasada, que con 10-6 se quedaron fuera de los playoffs. Un registro similar al de los mediocres Tennessee Titans, que se quedaron fuera de la postemporada. Solo los Denver Broncos lograron menos victorias que los Giants y siguieron vivos en enero. Poco importa que los Giants hayan sido barridos por los Redskins, que los derrotaron dos veces, que cayeran en casa ante los Seahawks, o que fuesen humillados en Nueva Orleáns. Poco importa que los Giants sea el primer campeón que termina la temporada regular con más puntos recibidos que anotados. Todo eso da igual, y todos lo sabíamos. En enero, la justicia de su anillo es indiscutible.

Vencieron con comodidad a Atlanta. Vencieron con holgura en el estadio del equipo con mejor registro de la NFL. Vencieron, sufriendo, en el estadio del segundo mejor de la NFC. Y vencieron, como ellos. Ninguna de las victorias se puede discutir. Por supuesto que tuvieron suerte en algunos momentos. Como todos los campeones. ¿El mejor equipo de la NFL? No lo creo, sinceramente. Como tampoco creo que lo fuesen en la 2007-2008. ¿El mejor en playoffs? Sin duda.


Defense wins championships. Guarden sus mensajes apocalípticos. The end is not nigh. Esta Super Bowl confirma la vigencia de ese refrán tantas veces repetido. Veintiún puntos son suficientes para ganar el gran partido. El anillo es para el único que no ha permitido a su rival superar los 20 puntos en ninguno de los partidos de playoffs. Dejaron a los Falcons en 2 puntos (no permitidos por su defensa, por cierto), a los Packers en 20 y a los 49ers y a los Patriots en 17. Los flashes son para Manning, Cruz y compañía, aunque la clave ha estado en la defensa. Esa ha sido la principal diferencia entre los Giants que pierden siete partidos en regular season y ninguno en playoffs; entre los Giants y los demás equipos.

Un equipo chapado a la antigua es el actual campeón, así que, por favor, dejen de dar la brasa con que las normas actuales de la liga han acabado con las defensas. Que no. Y tampoco es porque se arbitre de modo diferente en playoffs que en temporada regular. Milongas. No dudo que la permisividad arbitral sea mayor en enero que en noviembre. De acuerdo. Pero eso no cambia sustancialmente el resultado. Diferentes caminos pueden llevar a la victoria. La defensa es uno de ellos. Y este año ha vuelto a ser fundamental.

Todo sigue igual

Maldición implacable. Si es que el ganador estaba cantado. Cómo pude olvidarme de comentar esto. La portada de Sports Illustrated la semana pasada fue la siguiente:


Y la semana anterior, esta:


El gafe de esa portada es implacable. Nunca falla.

Déjà Blue. Los paralelismos son evidentes. Ha sucedido casi lo mismo que en 2008 y que en la pasada temporada regular. Los Giants han vencido a los Patriots. Los Patriots eran favoritos (esta vez ligeramente, pero para las casas de apuestas lo eran). La defensa de los Giants frena al ataque de los Patriots. New England llega con poca ventaja al final del partido. Los Patriots no aprovechan sus oportunidades. Y los Giants no fallan. Tras una recepción espectacular e inverosímil, los Giants anotan y se ponen por delante. A los Patriots solo les queda la heroica, un milagro. Un milagro que en algún momento parece posible. En 2008 un pase a Moss, en 2012 el hail Mary. Pero el milagro no llega. Los Giants son campeones.

Quien duda vuelve a perder. Si vuestro equipo llega a la Super Bowl y cuenta con un jugador clave lesionado, pero cuya participación en el partido es dudosa, estáis perdidos. Mejor que digan desde el primer día que no juega. Y que no juega. Para los Colts fue Dwight Freeney, para los Steelers fue Maurkice Pouncey y para los Patriots fue Rob Gronkowski. Las dos semanas previas al partido discutiendo y elucubrando sobre su participación. Y, al final, jueguen (de aquella manera) o no, su equipo pierde. Otro gafe más para la lista.

Todo cambia

Eli Manning. El pasado verano, NFL Network publicaba la clasificación de los cien mejores jugadores actuales de la NFL. La clasificación se basaba en la opinión de los propios jugadores. Como no podía ser de otro modo, abundaban los quarterbacks.



Doce quarterbacks figuraron en el top 100. En el vídeo anterior no habréis visto ni una imagen de Eli Manning. No estaba en el top 100. Sí estaban Donovan McNabb, Joe Flacco, Josh Freeman o Matt Ryan. Entonces, yo probablemente tampoco le habría incluido entre los cien primeros, para qué negarlo.

Ahora mismo no solo tengo la absoluta certeza de que Eli Manning figuraría en ese top 100, sino que algunos hablan de su posible inclusión en el Hall of Fame. De la nada al todo en cinco meses. Así de rápido cambian las cosas en la NFL.

Su actuación en el gran partido fue impecable. Completó el 75% de sus pases. No cometió ningún error grave. Comenzó el partido completando sus nueve primeros pases. Récord en una Super Bowl. Y en los momentos más importantes completó los pases decisivos para que su equipo venciese. Por segunda vez, dirige un drive ganador en una Super Bowl. Por séptima vez esta temporada. Hechos.


Discutir ahora mismo a Eli Manning es tener ganas de discutir. Dejémonos de gilipolleces, de si Elite o no Elite, de si haber ganado un anillo más que su hermano lo convierte en mejor jugador y demás mandangas. Eli Manning ha completado un último mes de competición intachable. Ha sido el mejor quarterback de la NFL durante ese periodo. Indiscutible. Indiscutible. Ninguno responde tan bien como él en situaciones de presión. Cuando más importa. Dejémonos de filias y fobias y juzguemos lo que hemos visto desde el día de año nuevo hasta ayer. No se le puede objetar nada.

Y no es fácil. Nada fácil. 3:46, en la propia yarda 12, solo un tiempo muerto, 2 puntos abajo. Field goal or nothing. Pues touchdown.

En los debates sobre el sexo de los ángeles no entro. Solo puedo juzgar lo que veo, y lo que he visto está más que claro.

¡La AFC gana el sorteo! Tras catorce Super Bowls consecutivas en las que la moneda caía del lado que predecía el equipo de la NFC, este año el sorteo lo ganó el de la AFC. La probabilidad de que el cara o cruz salga del lado de la NFC durante catorce ocasiones consecutivas es de 0,5 elevado a 14. Es decir, de un 0,0061%. El detalle más interesante del partido, sin duda. Después de esto, nada tiene sentido.

Lo mejor

Tom Coughlin. El gran vencedor de estos playoffs. El viejo cascarrabias de 65 años (aunque aparenta más). Su fama de mejor estratega en postemporada ha quedado de nuevo confirmada. Coughlin ha sabido llevar todos los partidos a su terreno. Ha preparado cada partido a conciencia y ha establecido en cada uno de ellos el plan perfecto para llevarse la victoria. No le ha hecho falta descubrir la rueda. Un game plan conservador, en el que no se corre en 2.ª y 1, en el que uno no se la juega en 4.º down, y en el que las jugadas de engaño brillan por su ausencia. Eso en ataque. En defensa, mono de trabajo. Cuatro presionan y el resto cubre. El abecé. Demasiado conservador para mi gusto, pero de una efectividad incuestionable, porque este es el resultado:


Manning-ham. Collinsworth nos contaba que Manningham tiene problemas para correr correctamente las corner o fade routes. Rutas en las que el receptor corre cerca de la banda y se abre aún más para recibir al límite de la línea de fuera de banda. Nos explicaban con una animación que Manningham corría demasiado cerca de la banda, sin sitio para abrirse, lo que dejaba al quarterback sin opción. El pase iba a irse fuera de banda, lo contrario era físicamente imposible. En general, a Manningham le costaba recibir cerca de la línea de banda.

Pero en el momento más importante del partido, y cuando la defensa de los Patriots empujaba a los Giants cerca de la propia goal line, Eli Manning volvió a confiar en Manningham. El receptor estaba de nuevo cerca de la banda. No era una corner route, pero Manningham volvía a estar pegado a la banda. Y tenía al cornerback encima (algo por detrás) y al safety por delante. El pase era tan complicado como arriesgado, y la recepción tres cuartos de lo mismo. Con el safety viniendo de cara, el riesgo de intercepción es alto. Con dos defensores encima, la probabilidad de completar la recepción es baja. El jugador está pegado a la banda, tiene que conseguir la posesión, pisar con ambos pies dentro del campo y no perder el balón mientras cae empujado por los defensores. Pero todo funcionó en la jugada más importante del partido. El pase es de una precisión milimétrica, y la recepción inmaculada.


Esta jugada se compara a la recepción de David Tyree en 2008, pero es muy diferente. No en cuanto a dificultad e importancia, pero sí en cuanto a intención. Lo de 2008 estuvo alimentado por ingentes dosis de potra. Era un improvisado averquésale, y salió el milagro. Esta jugada estaba planeada. La jugada de la temporada.

La defensa de los Giants (y no hablo solo de la defensa). Creo que la clave fue dejar a New England en 17. Y que los Patriots se queden en 17 puntos es el resultado de un esfuerzo colectivo del que no es responsable solo la defensa. También cuenta el ataque, que fue minando poco a poco, incesantemente, al rival. Laaaargas posesiones que impedían que Brady tocase el balón. Los Giants tuvieron el balón durante algo más de 37 minutos; los Patriots durante algo menos de 23. Eso ayuda a que no anoten.

También son responsables del éxito los equipos especiales. Steve Weatherford, el punter, ejecutó punts profundos y precisos que dejaban a los Patriots casi siempre en complicadas posiciones de campo. La cobertura del retorno también fue excelente. El safety con el que se inaugura el marcador, provocado por el pass rush y la cobertura perfecta, no habría llegado si la unidad de punt no arrincona a los Patriots tan cerca de su goal line. Hasta en tres ocasiones tuvo que comenzar New England dentro de su propia yarda 10. Esto ayuda mucho, claro.

Finalmente, la defensa. Cómo no. El primero, Justin Tuck. El jugador que sembró el terror en el backfield de New England. Desde el principio, forzando el safety por intentional grounding de Tom Brady, hasta el final, . En el front four también destacó la presencia de Jason Pierre-Paul. Sus estadísticas no reflejan la estupenda actuación del defensive end durante la primera mitad. No solo placando, sino también bloqueando pases. 23 años tiene la criatura. No esperaba que el front four pudiese generar tanta presión desde tan pronto. Fue fundamental. Gracias a ello, linebackers y secundaria pudieron dedicarse a sus tareas. Y cómo lo hicieron. Poco se halaga el trabajo de la secundaria de los de New Jersey. Es cierto que se ve favorecida por regalitos en forma de drop de cuando en vez, pero su trabajo de cobertura es excepcional. No permitió ni un solo big play.

La NBC sí que sabe. Empecé viendo el partido por Digital+, pero al primer parón cambié. Bendito Game Pass. Luego hablaremos de la realización internacional, que por suerte apenas sufrí. Unos minutos fueron suficientes para cambiar urgentemente de canal. Ahora es momento de comentar lo visto y escuchado en la NBC. Espectacular. Flipante. Pareceré exagerado, pero los que lo hayáis visto por ahí podéis confirmarlo. Y no solo lo digo yo. Una realización perfecta, con repeticiones en el momento adecuado, con animaciones y gráficos preparados al instante (tanto, que te hacían dudar si esto estaba amañado). Los comentarios, como siempre, certeros, precisos y puntuales. Es alucinante la capacidad de Collinsworth de analizar las claves de cada jugada al instante, y cómo coordina sus comentarios con las imagenes. Nada más terminar la jugada, tenemos la repetición de rigor, centrada en la clave que nos va a dar el comentarista. De nuevo, la NBC encontró el equilibrio entre divulgación y tec

Ah, y los anuncios. Es la primera vez que veo una Super Bowl por la señal televisiva estadounidense. Hasta ahora siempre la había visto por Digital+. Os puedo asegurar que solo por los anuncios merece totalmente la pena "cambiarse" al Game Pass. Los parones se hacen mucho más entretenidos. Mi anuncio favorito, este. Unas risas:


#SBesp. Durante el partido, el hashtag promovido por los de siempre (Sports made in USA, Football Speech, Fans NFL Spain y NFL Hispano) fue trending topic en España. Enhorabuena a los susodichos. Además, los diez trending topics de Twitter en España durante el partido tenían que ver con la Super Bowl. Todo un éxito. El fútbol americano, por lo menos anoche, interesaba.

Pero tampoco caigamos en la euforia. Estoy harto de ver trending topics que tienen que ver con la ACB o la Euroliga de baloncesto. Y luego las audiencias televisivas de esos eventos son paupérrimas. Nos importan a cuatro gatos. Si nos guiamos por los trending topics, el mundo está formado mayoritariamente por preadolescentes locazas que adoran a ídolos de la canción. Y por suerte el mundo tampoco es así. No pretendo ser aguafiestas, sino realista. Pero hay que aplaudir estas iniciativas, que poco a poco incrementan la notoriedad del fútbol americano en España. Y es bueno que lo bueno se difunda.

Lo regulero

Ahmad Bradshaw. ¿Estamos ante el touchdown ganador de una Super Bowl más triste de la historia? En 1998 sucedió algo parecido: Broncos y Packers estaban empatados a 24 puntos a falta de 1:45. Denver tenía el balón en la 1 de Green Bay. Entonces, Mike Holmgren decidió permitir que los Broncos anotasen. Decisión polémica, porque Denver estaba en 2.ª y goal y a Green Bay le quedaban dos tiempos muertos. Holmgren admitió después que creía que no era 2.ª y goal sino 1.ª y goal. Pero Terrell Davis entró como una moto en la end zone:


Lo de Bradshaw fue diferente. Tenía la consigna clara de no anotar. Debía pararse en la yarda 1 para chutar un field goal a falta de 19 segundos que dejaría el partido con 17-19 y a los Patriots sin tiempos muertos. Pero hace esta cosa rara:


Sabe que tiene que pararse, pero no se para. Personalmente, creo que la tentación era tan grande que no se pudo resistir. Que no venga con milongas de la inercia o los árbitros. Se vio ahí y dijo... ¡Ufff!

El error de Bradshaw no tuvo finalmente consecuencias. Y puede debatirse qué es mejor, dejar a los Patriots 1 minuto y 1 tiempo muerto para conseguir un touchdown o 19 segundos sin tiempos muertos para un field goal. Seguramente la última es la mejor opción. De lo que no cabe duda es de que estamos, seguramente, ante el touchdown victorioso más triste jamás anotado en una Super Bowl.

Tom Brady. Dos drives brillantes, de los mejores de la historia de la Super Bowl, fueron insuficientes. Brady batió el récord de pases completados consecutivos en una Super Bowl. Lo tenía un tal Joe Montana con 13. Brady consiguió 16. Entre el final del segundo cuarto y el principio del primero, Brady estuvo perfecto. Pero durante el resto del partido cometió varios errores importantes. El primero, el safety que concede por intentional grounding en la end zone. Un jugador de la veteranía de Brady (¡en esa situación!) debe ver venir la jugada, y debe tener las tablas suficientes para tirar una mandarina a una banda cerca de un receptor (remotamente). La intercepción que lanza a Chase Blackburn también debería haberla evitado. No deja de ser un buen punt, pero no estaba el partido para regalos. Es el típico error que Eli Manning habría cometido la temporada pasada. Pase precipitado bajo presión en busca del milagro. Mal. En resumen: regular, Tom, regular.

Lo peor

Wes Welker. Los partidos igualados se deciden en pequeños detalles. Hay quien resume el desenlace de este partido en dos jugadas: Welker fue incapaz de atrapar un pase más o menos asequible y Manningham consiguió completar una recepción complicadísima. Ahí pudo estar la diferencia. No era la recepción más sencilla. Eso no se discute. El pase podría haber sido mejor. Pero el balón era perfectamente atrapable. Y de un receptor que a lo largo de su carrera en New England ha hecho de la fiabilidad su mejor virtud, no te esperas esto. Una pena.


Al terminar el partido, Welker estaba destrozado. Asumió toda la responsabilidad. Dijo que es un pase que nunca deja caer. Que en el momento más importante, falló al equipo.

En estos momentos, expertos reconocidos en materia de fútbol americano como Gisele Bündchen critican (veladamente) a Welker. "My husband cannot fucking throw the ball and catch the ball at the same time. I can't believe they dropped the ball so many times". Que dice que su marido no puede pasar y recibir, joder. Que no se puede creer que se les haya caído el balón de las manos tantas veces. Ea.

La señal internacional. ¿Por qué la NFL hace esto? No lo puedo entender. No puedo entender que si durante toda la temporada, toda, la señal internacional y la estadounidense es la misma, en la Super Bowl sean diferentes. Hasta las finales de conferencia, siempre disfrutamos de la realización de Fox, CBS, ESPN, NBC o NFL Network. Los aficionados estadounidenses ven lo mismo que nosotros. En la Super Bowl no. No entiendo por qué. Porque, además, la realización internacional es bastante peor. Y los comentarios en inglés, también. Que ya está bien, coño. ¿Qué les cuesta? ¿Es que fuera de Estados Unidos no merecemos una realización que esté a la altura?

De los comentarios del Plus no puedo hablar, porque apenas seguí un par de drives por ahí. Leí en Twitter que estuvieron hablando de la Pro Bowl y del desarrollo del fútbol americano en la India. En la NBC no hablaron de eso.

Espectáculo enlatado. Ayer se confirmó que la NFL no quiere música en los descansos. No discuto que sea un espectáculo. Sí, lo es. Pero de música, poco. Creo que no hay nada más denigrante para un artista que un playback. Es un fraude. Con todas las letras. Intentan hacernos creer que está cantando alguien que no lo está haciendo.

Por varios motivos, y el primero el playback, el show de Madonna me pareció una mierda. No discuto que varios de los temas que sonaron sean clásicos del pop. Como tampoco dudo de que lo que escuchábamos eran sonidos enlatados, prefabricados y (para mí) tediosos. El artista del descanso no cobra ni un dólar de la NFL. La remuneración es en especie: publicidad. A cambio de ello, el artista debe montar un show digno. El playback es indigno. Si no sabes o no puedes cantar y bailar a la vez, no lo hagas. Para escuchar tu voz grabada, me pongo un CD. En fin. Que muy espectacular, dicen. Solo faltaba. Aunque a mí tanto disfraz y tanta mierda no me hacen mucha gracia.

Sin embargo, hoy se critica a una que no hizo playback. Se critica a una pava que se hace llamar M.I.A., que dedicó una amable peineta al espectador y dijo sobre algo que "I don't give a shit" (me importa una mierda).


Sinceramente, me parece una gilipollez a la que no habría que dar ninguna importancia. ¿Alguien tiene alguna duda de que lo que pretendía esta tía es que se hablase de ella?

Muchos consideran que el siguiente es uno de los peores espectáculos del descanso de una Super Bowl. Para gustos, los colores. Pero yo prefiero la música. Y esto es música.


(a España este show llegó con un desfase de varios segundos entre sonido e imagen; la mierda de siempre con la señal internacional)

Hasta septiembre. Nos quedamos sin NFL hasta el jueves 6 de septiembre. Siete meses exactos. Comienza la larga travesía del desierto. Hay quien disfruta de la offseason, algunos incluso más que de la propia temporada. Fichajes, movimientos en los despachos, draft... No es mi caso. NFL, te echaremos de menos.

lunes, 23 de enero de 2012

Plácido domingo, jodido lunes: finales de conferencia

Doscientos sesenta y seis partidos después, solo quedan dos. Veamos cómo han llegado al último partido.

Música. Esta final nos suena, ¿verdad? Vivimos en un Retro world, como dicen los Black Halos.



Lo más comentado

Patriots-Giants en la Super Bowl. La noticia del día es, obviamente, que Giants y Patriots se jugarán el anillo en Indianápolis dentro de un par de semanas. En la casa de Peyton Manning, su archienemigo o su hermano se proclamarán campeones. Gane quien gane, la figura de Peyton quedará un poco empequeñecida. La idea de que los quarterbacks ganan y pierden solos, aunque falsa y falaz, sigue en muchas mentes. Y en un par de semanas, Peyton seguirá con un solo un anillo mientras: (a) Tom Brady consigue su cuarto (¡cómo vas a comparar a Manning con Brady, si Brady tiene tres anillos más!); o (b) su hermano el segundo (Peyton Manning es peor que su propio hermano, que ha ganado más anillos que él, el doble).


No nos desviemos, que el protagonista no es Peyton Manning. Nueva York (realmente, Nueva Jersey) contra Boston. Dos ciudades enfrentadas por el deporte. Dos mercados grandes. Dos equipos históricos. Dos estilos. Y una revancha.

Nos venderán el partido como un duelo entre Brady y Manning. Sin embargo, como comentamos a continuación, no han sido ellos los héroes de la victoria. Al contrario, sus actuaciones fueron simplemente correctas, poco estridentes. Los protagonistas, defensores y equipos especiales (estos, negativos).

Las defensas siguen imponiéndose a los ataques. Defensa, defensa y más defensa. De los diez partidos de playoffs que llevamos, solo uno fue el chaparrón ofensivo que muchos temían. Solo el Saints-Lions. En todos los demás dominaron las defensas. ¿El 49ers-Saints también? Puede, aunque con matices, porque acabó ganando la mejor defensa. De hecho, llegan a la Super Bowl las dos mejores defensas de la postemporada. Dos defensas malas durante la temporada regular, pero las que menos puntos han permitido en enero. Es decir, cuando de verdad importa, las defensas han dominado a los ataques.


Porque ni los Patriots ganaron por Brady, ni los Ravens perdieron por Flacco. Ni los Giants ganaron por Eli Manning, ni los 49ers perdieron por Alex Smith. Todos ellos fueron superados por las defensas contrarias. En el año del quarterback, en el año de los récords, los quarterbacks han sido más irrelevantes que nunca en enero. El año pasado brilló Rodgers; el anterior, Brees, Favre y Manning; y el anterior Kurt Warner. Esta postemporada no hemos visto a ningún pasador estelar. ¿Cambiará la tónica en la Super Bowl? El precedente de la temporada regular no parece augurar un cambio, pero todo es posible.

Supongo que estos playoffs no servirán para acallar las voces que proclaman la persecución conspirativa del juego defensivo, el fin del fútbol americano profesional como se conocía antaño y la conversión del deporte de colisión en un circo aéreo globetrotteriano de mal gusto. Seguirán, no cabe duda. Pero antes de volver a rasgarse públicamente las vestiduras, que revisen lo sucedido este fin de semana. Las defensas siguen pudiendo defender. A dónde habremos llegado para que tengamos que recordar esta obviedad. Si lo hacen bien o mal no es por los árbitros o por el reglamento, sino porque rinden mejor o peor. Planifican mejor o peor. Ejecutan mejor o peor. Placan mejor o peor. No es culpa de los árbitros ni de Goodell que se fallen tantos placajes. Como leía ayer en Twitter, es una cuestión de fundamentos. Aprendan de los 49ers, que aunque no están en la final dieron dos clases magistrales de cómo debe derribarse al portador del balón.

Fútbol de enero, fútbol defensivo. Césped, barro y golpes en el rostro del quarterback. ¿Tanto hemos cambiado?


Las normas de la prórroga. Ah, que no, que este año no hablamos de eso. La reforma estelar del reglamento de hace un par de años sigue sin tener trascendencia alguna. Eso sí, genera zozobra, falsas creencias e ideas equivocadas. Decían en el Plus que es un sistema más justo porque "da derecho a réplica". Mentira. Pregunten por Pittsburgh. El nuevo sistema no evita la posibilidad de que el quarterback del equipo que no recibe quede mirando con cara de póker cómo su equipo pierde sin tener la oportunidad de tocar el balón. Es una norma a medida para evitar un desenlace como el de la final de la NFC de 2010. Reciben los Saints, field goal, y los Vikings a su casa. ¿Por qué eso es más injusto que el desenlace del Broncos-Steelers? Es más, ¿por qué es injusto? ¿Es que las defensas no juegan? La batalla posicional es importante. Puede convenirte no recibir. En el partido de San Francisco, forzar un 3 y fuera y conseguir una buena posición de campo podía ser más interesante que recibir el primer kickoff.

En fin, que menos mal que cambiaron la norma, eh.

La sorpresa

Victoria contra los números y los tópicos de los Patriots. Las dos finales de conferencia se presentaban bastante abiertas, por lo que ningún potencial ganador se podía considerar como realmente sorprendente. Sin posibles sorpresas en el qué, busquémosla en el cómo. Y el cómo de los Patriots sí ha sido bastante sorprendente.

New England ha conseguido la victoria a pesar de presentar diversos síntomas de derrota. El primero, que ha perdido en passer rating differential con los Baltimore Ravens de Joe Flacco. Lo cual ya resulta soprendente de por sí, todo sea dicho. Joe Flacco. Tom Brady (y Welker, Gronkowski, Hernández...). Amplío la explicación, que así no se entiende. Los de Cold, hard football facts, una página web sobre estadísticas footballeras (esencialmente) dan la brasa de modo incesante sobre este tema: que la estadística más importante en un partido de NFL es el passer rating differential: el passer rating que consigue un equipo y el de su rival. El que lo tiene mejor suele ganar. En eso insisten día sí, día también. En el fondo, la estadística de marras no es sino el modo de expresar qué ataque aéreo fue mejor. Dicen que desde los sesenta es lo más relevante para explicar el desenlace de la NFL.

Como anticipaba, el passer rating de los Patriots (de Brady, 57,5) fue peor que el de los Ravens (de Joe Flacco, 95,4). Muy sorprendente. Uno de los quarterbacks más grises de la NFL lo hace mejor que uno de los mejores de la historia, que venía de batir un récord la semana pasada de pases de touchdown en playoffs. Sorprendente. Y, a pesar de que el ataque aéreo de Baltimore fue mejor que el de New England, terminaron ganando los Patriots.

Siguiente sorpresa: la irrelevancia del take care of the football. El cuidado (o en este caso el descuido) de la posesión no fue decisivo. En playoffs (y en general) quien pierde más balones suele perder el partido. Las pérdidas de balón son devastadoras. En el partido de Foxborough, los Patriots cometieron 3 pérdidas de balón, por una de Baltimore. Diferencia de 2, apreciable. Aún así, ganaron los Patriots. Sorprendente.

Hemos visto que los Ravens pasaron y cuidaron mejor el balón. ¿Está la diferencia en la carrera? Baltimore consiguió 116 yardas de carrera, por 96 de los Patriots, así que tampoco. ¿Y la posesión? Más minutos para Baltimore, 33:33 por 26:27.

Con todos esos datos, cualquiera diría que los Ravens habían ganado. Pero no lo hicieron. ¿Dónde estuvo entonces la diferencia? Pues en la ineficacia de los Ravens en la red zone. Llegaban cerca de la goal line, pero se tenían que conformar con 3 puntos (o 0, al final). Eran incapaces de transformar un cuarto down. Y, en el último minuto, en la red zone, ni 7 ni 3 puntos. El fallo de Cundiff terminó por decidir el partido.

Qué gran oportunidad perdida. Contienes a Brady, a sus receptores y tight ends, tu quarterback juega mejor que él, corres mejor que los Patriots, y fuerzas dos pérdidas más que las que tú cometes. Y pese a todo ello, pierdes. Tan frustrante como sorprendente.

Por último, está muy bien innovar, pero lo de Edelman (receptor y retornador, en principio) cubriendo a Anquan Boldin es demasiado. Aunque Belichick nos tiene acostumbrados a este tipo de movidas, no deja de sorprender que se juegue la vida con un marcaje así.

Todo sigue igual

Regreso a 2008. Lo decía antes, se repite la historia. Peter King lo detalla en su MMQB. Mismos finalistas que aquella temporada, que llegan completando un camino casi idéntico. Los Patriots, tras conseguir el primer lugar de la AFC, aunque esta temporada han estado lejos de la perfección alcanzada en la 2007-2008, donde contaban sus partidos por victorias. Los Giants llegan tras una temporada regular de altibajos, que les obliga a jugar desde la ronda de wild card. Esta vez, por lo menos son campeones de división, lo que les permite jugar en primera ronda en su estadio. Ahí vencen a un equipo de la NFC Sur. Como en 2008. A continuación, viajan al estadio del primero de la NFC. Y ganan. Después, juegan la final de conferencia ante el segundo de la NFC. Y en un partido donde las inclemencias meteorológicas son patentes (aunque esta vez no tanto), los Giants ganan en la prórroga con un field goal de Lawrence Tynes, que llega después de forzar una pérdida de balón del rival. Lo mismo. Otras similitudes: eliminan a los Packers en Lambeau, pierden con el equipo con mejor récord de la NFL 38-35 y luego lo vencen en postemporada, y pierden con los Redskins en la 15.ª jornada. Entonces fue por 22-10; ahora, 23-10.

Bueno, hay una diferencia que puede que sea importante. Aquel año, los Giants perdieron contra los Patriots en temporada regular. Este año, vencieron. Además, vencieron como en 2008. Con un drive ganador en los últimos instantes que termina en touchdown. ¿Pasará ahora lo mismo, pero al revés?

Bernard Karmell Pollard. No sé si leéis habitualmente a Bill Simmons en Grantland. Yo lo hago todos los viernes. Disfruto mucho. Me descojono. El viernes pasado contestaba a preguntas que venía recibiendo por correo electrónico de sus lectores. En algunos casos las preguntas (o no preguntas) eran aún mejores que las respuestas. Esta era la primera:

I'm a Steelers fan. I despise the Patriots and moreso, the Ravens. But I think I found something to like about this game. Bernard Pollard plays for the Ravens. If he were to accidentally roll Brady's knee again, doesn't he become the most celebrated/infamous hitman in NFL history? Ray Lewis has to be staring right at him when he gives his "Lets do what we do!" pre-game speech, right?
— Chris, Pittsburgh

First of all, that's not funny. Second, Pats fans know him by his full name (Bernard Karmell Pollard) because it makes him sound like an assassin, which he is, because … you know, he assassinated the 2008 Patriots' season. Third, if Pollard sacks Brady and does a cutthroat gesture on his knee (instead of his neck), I really think there will be a riot or something close. Fourth, Pollard's comments about Brady this week ("That's the pretty boy. That's the man of the NFL. That's Mr. Do-It-All. So everybody is going to hold that against me but I don't care") almost make me wonder if Bernard Karmell Pollard WILL go after Brady in this game just to prove a point. I don't like anything about this paragraph.


El asesino de la temporada 2008-2009 de los Patriots volvió a lesionar a un jugador clave de los Patriots. También fue involuntario, como en la 2008-2009. Que no tenía intención de lesionar al rival, quiero decir. Obviamente lo quería placar y no se iba a detener por arriesgar una lesión del contrincante. En eso consiste el fútbol americano. Pero maldita la gracia que les habrá hecho a los seguidores de New England. Uno de sus tight ends estrella, una de las claves de su ataque, duda para la Super Bowl.


Gronkowski dice que jugará, pero a ver en qué condiciones, porque su tobillo se retorció al máximo. Que le pregunte a Roethlisberger por su camello, al que le pasó la mandanga en el descanso de Mile High.

Todo cambia

Fin a la racha de Brady. ¿Ese era Tom Brady? ¿Seguro?


¿Pero seguro que es este?


Tras dieciocho partidos de playoffs lanzando al menos un pase de touchdown (se queda a dos del récord de Favre) y tras igualar el récord en un partido la semana pasada, Brady se queda sin lanzar un solo pase de anotación. Y dos intercepciones. Eso sí, visto que pasándola no le iba bien, decidió dar él mismo el salto. Ahí sí que procede un quarterback leap. Porque en cuanto pasa el balón se termina la jugada. Eso sí, el hostión de Ray Lewis no se lo quita nadie. Qué huevos, por cierto.


También a la de Alex Smith. Una semana duró la felicidad de Alex Smith. Una semana y un día. Los elogios y la admiración del pasado sábado se transformaron en los conocidos desprecios de siempre. Con fundamento, por cierto. El ataque de San Francisco se disfrazó del de Denver. Mira, los que decían que ese estilo iba a marcar tendencia en la NFL quizá tengan razón. Los resultados, parecidos a los de los Broncos. Pocos puntos. Pero oye, es una tendencia. El domingo vimos la option desde el shotgun en San Francisco. Curioso, como poco. Y vimos un ataque aéreo muy limitado, pero que cuando completaba un pase era a lo grande. Dos pases de touchdown, dos big plays que ocultan la ineptitud durante casi todo el partido. También vimos pases muy imprecisos a receptores desmarcados. Pues eso, Denver. Tras más de tres cuartos de partido, Smith no había completado un solo pase a un wide receiver. Solo a sus dos tight ends y a su running back. Algo que esperamos leer de los Broncos, pero no (¿o sí?) de los 49ers.

Tras una semana de flores, ahora tocan palos para Smith. Y lo peor es que hasta dentro de unos ocho meses no tendrá oportunidad de redimirse.

Lo mejor

Los principales protagonistas de ambos partidos fueron los antihéroes, por lo que resulta complicado elegir a protagonistas por motivos positivos. Los titulares son para los que la cagaron, los que acertaron están un poco al margen.

Vince Wilfork. Sus números no son especialmente llamativos, pero su actuación fue decisiva. Un sack y tres placajes para pérdida de yardas es lo que refleja la estadística oficial del partido. Pero hubo mucho más. Estuvo enorme. Como es él físicamente. En el último cuarto, cuando los Patriots necesitaban aguantar la ventaja, Wilfork apareció en los downs más importantes. Durante todo el partido, aplastó la línea ofensiva de los Ravens, colapsando el pocket una vez tras otra. Un partidazo. Wilfork dominó la línea de scrimmage. De él se beneficiaban otros compañeros que completaban las jugadas defensivas. Es el líder de una defensa que no dio la talla en la temporada regular, pero que resurge en enero.

Víctor Cruz. El mejor jugador ofensivo de la semana. En dos partidos dominados por las defensas, el único atacante que causó auténticas pesadillas entre los rivales fue Víctor Cruz. Un jugador que seguro que resulta más cargante para los defensores al escuchar el Cruuuuuuuz que inevitablemente se escucha cada vez que consigue una recepción. 10 recepciones, 142 yardas totales. Y ahora ya lo conocen, por lo que no pilla por sorpresa a nadie. El receptor de la temporada hasta el momento.

Devin Thomas. Lo opuesto a Kyle Williams. Todos nos fijamos en los errores del retornador de punts (véase al final de este artículo), pero de nada les habrían servido a los Giants si un jugador suyo no recuperase la posesión tras las cagadas de Williams. En la primera ocasión, Thomas no tuvo ayuda de ningún compañero; en la segunda, de su compañero Jacquain Williams, que fuerza el fumble. En ambos casos, el recuperador fue Devin Thomas. Clave para la victoria de los Giants en San Francisco.

La cara de Eli. Espectacular.


Lo regulero

Joe Flacco. Su mejor partido de la temporada no sirvió para nada. En casa de Brady, jugó mejor que el quarterback de los Patriots. No estuvo brillante (nunca lo está, es Joe Flacco), pero si mejor de lo esperado. La jugada que resume lo que es Joe Flacco es el pase profundo a Torrey Smith con el que los Ravens consiguen una buena cantidad de yardas, pero no todas las que la jugada permitía. Smith había quemado a la secundaria de los Patriots, y con un pase más adelantado el touchdown era seguro, pero Flacco lo deja ligeramente corto y el receptor no puede hacer más que atrapar el balón y quedarse quieto. Bien, pero no muy bien.

De todos modos, justo es decir que Flacco hizo un partido de categoría. De no ser por el pase que no es capaz de atrapar Lee Evans, hoy Flacco estaría en los titulares. Sería un héroe. Nadie dudaría ya de él. Sí, es un solo partido, no hay argumentos suficientes como para cambiar de opinión de forma tan radical y tan rápido, pero así es la NFL hoy. En un partido, en una jugada, encumbramos o hundimos a un jugador. La semana pasada Alex Smith era un dios, esta es un pobre diablo. Personalmente, sigo creyendo que Flacco es un jugador regulero, el regulero por excelencia. Como también debo reconocer que su partido en Foxborough, en el momento de máxima presión, fue muy bueno. Una pena para él que Evans primero y luego Cundiff no le acompañasen.

La defensa de San Francisco. Dudaba el viernes de si estos 49ers eran dignos de su historia. Su ataque no, pero su defensa está fuera de toda duda. Claro que lo es. Aunque en la primera mitad la presión apenas llegaba a Manning (y, con tiempo, el quarterback de los Giants no fallaba, especialmente cuando buscaba a Cruz), la defensa de San Francisco contuvo los daños gracias a su infalibilidad placante. El virus del receptor implacable no llegó a la bahía. En la segunda parte, y hasta el final del partido, se comió a los Giants. Coberturas casi perfectas, presión agobiante a Manning sin necesidad de abusar del blitz y (también) placajes contundentes. Hablando de coberturas, quizá el exceso de marcaje perjudicó a San Francisco. En dos ocasiones, los Niners desaprovecharon oportunidades claras de intercepción por tener a dos defensores en la trayectoria del balón. Gholston estuvo implicado en ambas. Parecía empeñado en impedir la intercepción. Esa pizca de suerte es lo que separa el éxito del fracaso.

Vernon Davis. Capaz de lo mejor y de lo peor. La única referencia receptora de los 49ers. Para qué has quedado, Michael Crabtree. En fin. Que Vernon Davis volvió a completar un muy buen partido recibiendo, pero se pasó de revoluciones en un par de ocasiones. Y al final palmó. Dos recepciones de touchdown. En tres recepciones, 112 yardas. Muy bien por esa parte. Recepciones complicadas, además. En la primera, corre por el alambre y evita pisar fuera del campo. En la segunda, a pesar de caer conserva la posesión. Buenas piernas y buenas manos.

Davis alternó esto con poca cabeza. Primero, regala 15 yardas al contrario por una celebración ilegal. No entro a discutir si la norma tiene sentido. Harbaugh se puso como un basilisco. Pero para qué haces eso, hombre. Se sube al podio de la cámara y pañuelo amarillo al canto. Algunos decían que por qué esto se penaliza y el Lambeau leap no. Pues porque así lo decide la liga. El Lambeau leap no solo se permite en Lambeau Field, aunque de ahí tome su nombre. Se permite en cualquier estadio. Vale saltar a celebrar la anotación con los aficionados. Pero no vale subirse a las cámaras. También vale hacer un mate sobre el travesaño de los goal posts. Y ya. ¿Normas absurdas? Sí, y tanto. Pero evítalas, hombre. El partido de Candlestick no era como para regalar yardas.

Después, otras quince yardas de regalo por meterse en una pelea en la que nadie le había llamado. Salta a la chepa de un contrario, vuela el pañuelo y falta personal. Nuevo regalito. En fin. Para acabar la jornada agridulce, su equipo terminó perdiendo. Con todo, excelentes playoffs de Davis, mucho mejores que su temporada regular.

Más contento con la derrota del Estu que con la victoria del Dépor. Inciso personal y no footballero de la semana. Vaya que si importa el cómo. El Estu palmó este fin de semana contra el Lucentum Alicante y el Dépor ganó al Villarreal B. Uno se acerca peligrosamente al descenso, otro se destaca como líder. Pero me gustó mucho más la derrota del Estu que la victoria del Dépor. El Dépor ganó con una potra de la hostia al filial del Villarreal, gracias a un gol en propia puerta, tras jugar con uno más durante casi toda la segunda parte y en un partido en el que el contrario tira tres veces al palo. Un partido de mierda, con un juego apático, insulso. Así no mola.

El Estu palmó en casa. Pero nos lo pasamos bien. Mejor que en muchas victorias tristes. Prefiero palmar así que ganar asá. Supongo que cuando estemos al borde del abismo no diré lo mismo, pero con esta sensación me fui del Palacio. Parte de la esencia de lo que mola del Estu es la identificación entre equipo y afición. Ver cómo salen chavales de la cantera, cómo debutan, progresan y se convierten en jugadores profesionales. Jugadores que son de los nuestros, no gente que viene de paso a cumplir el expediente. El domingo, en gran parte debido a las muchas bajas, vimos al equipo más canterizado de mucho tiempo. Durante el segundo cuarto, coincidieron muchos minutos cinco canteranos en pista. Canteranos a los que sustituían otros canteranos. Los cinco. Granger o Jaime, Edu Martínez, Carlos Jiménez, Clark y Driesen o Riva. Diez canteranos convocados. Joder, eso es lo que mola. Y encima nos fue relativamente bien. Algunos diréis que esos jugadores tienen poco de canteranos, que se los ficha de fuera para jugar en el filial con vistas al primer equipo. Es verdad. Pero me sigue molando igual. Me la suda que haya nacido en Carabanchel, en Uruguay o en Bélgica. Mola igual. Ya solo nos falta ganar. Poco a poco.


Lo peor

Supongo que al refrán de que el ataque gana partidos y la defensa campeonatos le podemos añadir que los equipos especiales los pierden. Partidos y campeonatos. Jacoby Jones cuenta con dignos sucesores.

Lee Evans y Billy Cundiff. Lee Evans fue fichado por los Ravens este verano como el enésimo intento de consecución de una amenaza profunda para el equipo de Baltimore. No lo fue. Y por suerte para Baltimore, apareció Torrey Smith. La decepcionante temporada de Evans alcanzó su punto culminante este domingo. Evans tuvo el balón para ganar el partido. Un billete a Indianápolis. Pero no lo supo atrapar.

Que conste que creo que la jugada merecía una revisión detenida. Aunque en directo da la sensación de que Evans no es capaz de hacerse con la posesión y posar los dos pies en el suelo, la repetición ofrece dudas. Los árbitros encargados del vídeo no decidieron parar el partido para comprobarlo. Me sorprende. Mike Pereira, el gurú arbitral, dice que está bien señalada la jugada porque no debe verse en cámara lenta, sino en velocidad real, y ahí se ve claramente que Evans no tiene la posesión el tiempo suficiente como para que eso pueda considerarse una recepción. Discutible teoría al margen del reglamento. Evans atrapa inicialmente el balón, posa un pie en el suelo y (posiblemente) el otro. Pero en ese momento, Sterling Moore le da un manotazo y el balón se va al suelo. Gravísimo error del receptor. Ahí le iba la vida a su equipo. Ese balón no se le puede escapar. Que le arranquen los brazos si hace falta, pero no se le puede escapar.

Ahí no terminaron los errores. Luego llegó el de Billy Cundiff. No era ya para ganar, sino para empatar. Igual de grave. El kicker de los Ravens falló un field goal de los que hay que meter. Sencillo. 32 yardas apenas. Buen snap, buena colocación por el holder y pésima patada. A casa. Ni Harbaugh estuvo acertado. ¿Por qué no pidió un tiempo muerto antes de chutar el field goal? La unidad de field goal entra corriendo para evitar el delay of game. Cuando hay tanto en juego, más vale cuidar hasta el mínimo detalle.


Primeros malos de la jornada, Evans y Cundiff. Y primera parodia AceVenturiana.


Kyle Williams. Este supera a Jacoby Jones. Equipos de la NFL: si vuestro retornador de punts la caga, no le dejéis volver a intentarlo. Hay que tener a otro jugador preparado para esto, aunque se limite a recoger el balón sin avanzar con él. Cuando conocimos que Ted Ginn Jr., el retornador titular, era baja, nadie pensó que iba a ser tan decisiva. Kyle Williams se cubrió de gloria.

Su primera cagada de épicas proporciones, con 14-10 a favor de su equipo en el 4.º cuarto.


No cabe duda, Williams toca el balón, por lo que los Giants pueden recuperarlo. Aprovecho para aclarar que la acción está bien señalada por los árbitros y que aquí no hay un "pitido inoportuno antes de tiempo". Aunque el sentido de la decisión arbitral cambia tras la revisión, no hay perjuicio para los Giants. Ese balón, una vez recuperado, no puede ser avanzado. Cuando un equipo "pateador" recupera el balón sin que el receptor haya tenido posesión (como en este caso), no se puede avanzar con él. Se recupera donde se consigue la posesión del balón y punto. Por norma.

De no producirse el error anterior, es probable que los 49ers hubieran ganado el partido. En ese momento iban ganando y estaban jugando mejor que los Giants. Su defensa estaba aplastando al ataque de los de Nueva Jersey, con una presión agobiante a Manning y (por fin) buenas coberturas a los receptores. La diferencia en el marcador era escasa, pero el control del partido era de los Niners.

Peor aún es el error de la prórroga. Un error que cuesta una Super Bowl. Ni más ni menos. En un momento en el que hay que minimizar los riesgos, Kyle Williams descuidó el balón, lo perdió y los Giants lo recuperaron en field goal range. El fin.


Kyle Williams, un jugador que pasará a la historia siniestra de la NFL. Si las miradas matasen...


* * *

En los próximos días comenzaré con las previas de la Super Bowl. Una Super Bowl que, por cierto, no me entusiasma mucho. Ninguno de los dos equipos me cae especialmente bien, puede que sea por eso. Las previas, varias, como la temporada pasada: ahondando en gilipolleces varias y (en alguna) comentando aspectos deportivos.

jueves, 19 de enero de 2012

Plácido domingo, jodido lunes: ronda divisional

Joder, qué puta mierda.

En eso se resume mis sensaciones tras el fin de semana divisional. Si fuese un aficionado neutral pensaría otra cosa, porque hemos visto partidos y acciones memorables, pero es lo que tiene hoy ser de los Packers. Casi un año de placer, que termina con un buen palo. Bueno, supongo que debo escribir algo más. Esta vez, por falta de tiempo, seré más breve de lo habitual, eso sí.


Música. En el finde divisional, Divide and conquer.



Lo más comentado

El memorable partido de San Francisco. Quizá los aficionados de los Saints no piensan lo mismo, aunque deberían. No diré que así da gusto perder, pero cuesta difícil imaginar una manera más digna de caer que en el mejor partido de la temporada. Los colegas con los que veía el partido, que iban con los Saints, no opinaban lo mismo. Ninguno era aficionado del equipo de Nueva Orleáns, pero en la quiniela todos habían apostado por los Saints menos yo. Me dice mi novia que soy muy odioso. Es que estaban picados. Porque, como comprenderéis, no vi esos últimos minutos de partido en modo zen.

A pesar de que encajó 32 puntos, la defensa de San Francisco fue excelente. A pesar de que perdió 5 balones, el ataque de los Saints estuvo brillante. Con esos números, casi nunca escribiría lo anterior. No es normal. Pero es que no fue un partido normal.

Los 49ers dieron una exhibición de intensidad y contundencia en defensa. En una temporada en la que hemos visto tantos placajes fallidos, tanta falta de fundamentos (hola, Charlie Peprah), da gusto ver a defensores placar como lo hacen los de los Niners. La grandeza de las victorias se mide por la grandeza de los rivales, y ningún rival tiene mayor entidad para una defensa que los Saints de Drew Brees (que jugaron como se supone que saben, a diferencia de los Packers).

Ambos equipos completaron un partidazo. San Francisco comenzó dominando gracias al oportunismo de su defensa y a la efectividad de su ataque. 17-0. Pero los Saints no se rindieron, y llegaron al descanso a solo tres puntos. En el tercer cuarto y en el inicio del cuarto, la defensa de los 49ers pudo contener de nuevo el ataque de los Saints, que solo pudieron sumar tres puntos. El acoso a Brees era brutal. Una muestra:


Llegábamos a los cinco últimos minutos con 23-17 a favor de San Francisco. Y a partir de ahí, la locura. Los Saints se ponían por primera vez por delante (24-23) con un touchdown de Darren Sproles. Uno de sus clásicos. Pasecito corto, y carrera del jugador más pequeño de la NFL que nadie puede parar. 44 yardas. Zozobra en los 49ers, que eran incapaces de responder en ataque a los blitzes que una y otra vez realizaba la defensa de los Saints. Básicamente, más de cuatro jugadores iban a por el quarterback y casi siempre conseguían abortar la jugada, bien porque los bloqueadores (especialmente Frank Gore) eran incapaces de advertir quién iba a venir a por Alex Smith, bien porque el propio Smith era incapaz de identificar el blitz y enviar un pase al lugar que el defensor dejaba descubierto.

Sin embargo, tanto blitz terminó costando caro a los Saints. Decía Malcolm Jenkins al terminar el partido que esa defensa vivía y moría con el blitz. Así fue. A falta de poco más de 2 minutos, perdiendo por 1 punto, en 3.ª y 7 y a 28 yardas de la end zone contraria, los Niners ejecutaron una jugada de engaño que pasaba por que los Saints realizasen un blitz por la derecha del quarterback. Funcionó. San Francisco utiliza una formación sin corredores en el backfield, teóricamente de pase (lo cual resulta creíble en 3.ª y 7), pero el pasador, en vez de pasar, corre como un poseso hacia la izquierda, igual que uno de sus jugadores de línea, que avanza para bloquear a los defensores. Y esto es lo que sucede.


Creo que ahí la opción más inteligente era arrodillarse, porque habría dejado a los Saints sin tiempos muertos y con algo menos de 40 segundos para anotar un field goal. En ese momento, me parecía la mejor opción. Nos habríamos perdido, no obstante, un final acojonante.

Los Saints solo necesitaron 34 segundos para recorrer 88 yardas y anotar un touchdown que parecía que, tras la conversión de dos puntos, daba una ventaja de 3 puntos a Nueva Orleáns. Increíble.


El partido parecía, esta vez sí, terminado. A pesar de que el partido de San Francisco en ataque fue bueno, y de que la defensa de los Saints no es la mejor de la liga, quedaba demasiado poco tiempo: 1:37. Ya les habían pillado una vez, difícil parecía que lo consguiesen de nuevo. Pero lo hicieron. Alex Smith y Vernon Davis, dos jugadores criticados por no rendir al nivel de su lugar en el draft (Smith) y sueldo (Davis), eran los nuevos héroes.


Partidazo. El mejor de la temporada.

La estupidez del Elite o no Elite. No sé si es elite o no, pero Eli Manning está jugando como nadie en los momentos calientes. Esto es así. ¿Que si es elite o no? ¡Qué más da! El caso es que juega mejor cuando más lo necesita su equipo. Sí, es un jugador irregular. Su temporada pasada fue lamentable. Su elección para la Pro Bowl, polémica. Sus estadísticas eran peores que las de otros pasadores de la NFC, como Tony Romo (otro "sospechoso habitual") o Matthew Stafford. Pero los números engañan. Los Packers consiguieron 15 victorias esta temporada y 14 la pasada. Sin embargo, la pasada temporada fue un éxito absoluto y esta puede considerarse como una decepción. Porque el cuándo es muy importante. Y Eli Manning ha sabido elegir muy bien los cuándos. Contra los Seahawks o los Redskins, mal. Pero en el último drive en New England, en los dos partidos ante Dallas, ante Atlanta y en Green Bay, estelar.

Nada que ver con el quarterback errático de la pasada temporada, que lanzaba sandías "a ver qué pasa" sin ton ni son. Ahora sabe administrar los riesgos. El domingo, fue uno de los principales responsables de la victoria de los Giants en Lambeau Field. La falta de presión por los defensores le ayudaba, sin duda, pero hay que ponerla ahí. En tercera y largo, siempre encontraba al receptor abierto.

Hablemos de tópicos. Como tópicos que son, se repiten tanto que siempre están entre lo más comentado. De ahí su ubicación en esta sección. Veamos si los siguientes tópicos siguen vigentes.

"Offense wins games, defense wins championships". Esta temporada parecía que este refrán, casi sagrado, había sido desmentido. Los más puristas se rasgaban las vestiduras. ¡Qué han hecho con el football, otrora un deporte de tipos duros, ahora espectáculo de nenazas! Un circo. Pase va, pase viene... La defensa deviene irrelevante. Los dos peores defensas de la NFL, las de los dos mejores equipos de la temporada. Packers y Patriots, equipos que no defienden, lo ganan casi todo. Los mejores, sin defensa.

Demasiado pronto. Lo decía hace un par de semanas. Lo hecho hasta el final de la temporada regular no vale para (casi) nada. Sirve para no morir, pero no garantiza el éxito. El championship no lo había ganado aún nadie. Ningún equipo basado en el ataque lo había hecho. Y unos cuantos equipos basados en la defensa (y en la carrera, que también se echa de menos) aspiraban al anillo.


Lo que llevamos de playoffs no ha desmentido la vigencia de este tópico. Ni mucho menos. Los cuatro equipos que ahora aspiran al anillo han basado sus victorias en buenas actuaciones defensivas. De los 49ers ya hemos hablado. Un equipo "a la vieja usanza". La victoria de los Patriots también se construye desde la defensa. Son los que mejor han sabido neutralizar la shotgun option en la que casi solamente consiste el ataque de los Broncos. Baltimore cuenta con una de las mejores defensas y con un buen juego de carrera. Su éxito no se basa, ni mucho menos, en los fuegos artificiales. Finalmente, aunque la defensa de los Giants no ha estado entre las mejores (por lo menos estadísticamente) en la temporada regular, sucede con ella algo parecido a Eli Manning: rinde mejor cuanto más importante es un partido. Recordemos la victoria en Foxborough o el partido decisivo ante Dallas. En estos playoffs, dejaron al ataque de Atlanta en 0 puntos (y anotaron 2) y desquiciaron al de Green Bay. Luego hablamos más en detalle de ello, pero aunque los Packers pusieron de su parte, la defensa de los Giants supo usar las armas adecuadas para provocar errores.

En definitiva, que lo de que la defensa gana campeonatos no queda en absoluto obsoleto (qué bello juego de palabras) en estos playoffs, en la hora de la verdad.


"Take care of the football". Cuida el balón. Las pérdidas de balón son devastadoras. Para pruebas, véase este fin de semana. No cometer errores graves se valora poco, pero realmente vale mucho. Muchas "cenicientas" lograron sorprendentes resultados en playoffs evitando errores propios y provocando los contrarios. Lanzar una intercepción, cometer un fumble o perder el balón cuando lo estás retornando te puede matar. Este fin de semana, en todos los partidos, las pérdidas de balón fueron decisivas.

Los 49ers sobrevivieron a la avalancha de los Saints gracias a las pérdidas de balón que provocaron. Cinco. Una barbaridad. Quien pierde cinco balones tiene la derrota casi asegurada. Y los Saints estuvieron a punto de ganar, pero para eso necesitas que durante el resto del partido tu ataque sea excelente. Pero ni así.

En Foxborough, el partido comenzó a decantarse con un fumble de los Broncos en su primera posesión. Lo he dicho muchas veces, el éxito de Denver pasa, en primer lugar, por no cometer errores graves en ataque. Su capacidad ofensiva es tan limitada que una pérdida de balón los puede matar. Esta vez no perdieron solo ni fundamentalmente por eso, pero ahí empezaron a cavar su fosa.

En Baltimore, la diferencia entre uno y otro equipo estuvo en Jacoby Jones. Si no es por su enorme cagada en el retorno de un punt que es incapaz de atrapar, probablemente la victoria habría correspondido al mejor equipo en ataque y defensa de ese partido, los Texans.

Finalmente, en el partido de Lambeau Field, las pérdidas de balón de Green Bay matan el partido. Con la defensa que tienen los Packers, o tu ataque arrasa o no hay opción. Y esta vez, el ataque falló a lo grande: perdiendo balones en los momentos más importantes.

Sí, este tópico sigue estando vigente.

"Quarterbacks win games". Dicen que a los quarterbacks se los mide por las victorias que consiguen. Y punto. El quarterbackcentrismo es un mal incurable. Como es el tipo famoso, y el que más luce, es el que gana. Cada quarterback tiene asociado su balance particular de victorias y derrotas. Cuando sale a jugar el domingo, nos indican que Rodgers está 4-1 (ahora 4-2, mecagoenlaputa). Pero nunca veréis ese dato en un jugador de la línea ofensiva.

De todos modos, hay quarterbacks y quarterbacks. Decía Joe Flacco un par de días del partido contra los Texans que seguro que si su equipo ganaba la peña diría que no fue gracias a él. Efectivamente, lo decimos. Si hay un quarterback gris en la NFL, incapaz de lo mejor, pero que tampoco acostumbra a lo peor, ese es Joe Flacco. Y su actuación sirve para desmentir este tópico.

El balance "de Joe Flacco" (permítaseme atribuirle lo que no es suyo) en su propio estadio es de 20-1. ¿Significa eso que Flacco es un excelente quarterback en casa? Rotundamente, no. Ganase quien ganase el partido de este domingo en Baltimore, no podría haberse dicho que la victoria correspondía al quarterback. Ambos equipos basaron su juego en la defensa y en la carrera. Yates ayudó poco. Flacco, como siempre, gris. No, no hace falta un quarterback brillante para ganar.

Es más, en el año del quarterback, solo queda uno de los tres "batidores de récords". Drew Brees y Aaron Rodgers están fuera. Únicamente queda Tom Brady. Y ni Brees ni Rodgers fueron los principales responsables de la derrota de sus equipos. Tuvieron parte de responsabilidad, sí, pero no creo que se deba achacar a ellos el resultado.

La sorpresa

¿Y dices que esos terminaron la temporada regular 15-1? Antes del partido de Candlestick había quien se preguntaba si la victoria de los locales sería una sorpresa. Para mí, lo fue. Pero menos que la victoria de los Giants en Lambeau Field. Sí, muchos les daban opciones, pero seguro que pocos esperaban una victoria tan contundente. O más que contundente, cómoda. Sin aparentemente hacer nada del otro mundo, los Giants eliminaron al vigente campeón y mejor equipo de la temporada regular en su propio estadio. 20-37. El marcador habla por sí solo. Aunque quizá se queda incluso corto, porque la diferencia de juego fue todavía mayor. Y más abultada habría sido seguramente la derrota de no ser por un par de decisiones arbitrales (para mí) erróneas en los dos únicos drives en los que Green Bay consiguió anotar un touchdown. El resultado podría haber sido escandaloso. Y todo ello, insisto, pese a que los Giants tampoco parecían estar completando el partido de sus vidas. ¿Cómo pudo pasar esto?

En primer lugar, en el duelo entre la defensa de Green Bay y el ataque de los Giants, pocas sorpresa. La defensa de los Packers es más tierna que el día de la madre. Tierna y estúpida. Tierna porque en vez de agarrar en condiciones al receptor contrario y tirarlo al suelo, acaricia con ternura al rival. ¿¿Qué coño hace Charlie Peprah (el 26) en esta jugada??


¿Por qué no usa sus brazos para agarrar al receptor y tirarlo al puto suelo? Pues porque es todo ternura. Pero también tiene mucho de estúpida esta defensa. Solo desde la estupidez se puede comprender lo sucedido en los últimos instantes del segundo cuarto. A falta de quince segundos, ¡¡quince!!, con los Giants en su propia yarda 40, ¡¡su propia yarda 40!! y sin tiempos muertos, ¡¡sin tiempos muertos!!, los Packers son incapaces de impedir que un corredor salga del campo (con lo que se terminaría el segundo cuarto). No es que el corredor se dirija directamente hacia la banda, no, sino que pasa por el putísimo medio de la línea y corre hacia la banda opuesta, ¡¡y llega a la 37!! ¡¡¿¿pero cómo es posible??!! ¿¿¿¡¡¡CÓMO!!!??? A 6 segundos y en la 37, con el tiempo justo para chutar un field goal (lejano, sí).

¿Puede ser más inepta una defensa? Sí, por supuesto. No hubo más que esperar al siguiente snap. Los Giants no salen con formación de field goal. En consecuencia, era evidente que iban a lanzar un hail mary. Evidente. Me sorprendió y lo comenté cuando lo vi. Pero más sorprendió a la defensa de Green Bay, que no sé qué cojones pensaba que iban a hacer. Con tan pocos segundos, no da tiempo a un pase a la banda para aproximar el field goal. El hail mary era evidente. Os podréis imaginar mis alaridos cuando la cámara, que solo sigue al balón (un defecto de ver NFL por televisión, que no ves todo lo que pasa en el campo más allá de donde está el balón, especialmente las rutas de los receptores y las coberturas), se aproxima a la end zone y hay más tipos de blanco que de verde. Demencial.

Ahí lo tenéis. Aún me duele verlo.


Con tal grado de ineptitud defensiva, solo un ataque devastador puede salvar al equipo. Y el ataque de Green Bay habitualmente lo es. Fue el mejor de la temporada regular. No el domingo. El domingo estuvo a la altura de su defensa.

Reconozcamos antes el mérito de los Giants. Aplicaron la receta que dieron los Chiefs: hostigar a los receptores en la zona permitida para que no realicen cómodamente sus rutas e intentar llegar a Rodgers con su potente front four. Sus pass rushers no estuvieron especialmente brillantes en la primera mitad, pero en el tercer cuarto la garra de Osi Umenyiora no solo provoca la recuperación de balón de su equipo, sino que evita un touchdown (no diré que seguro, porque vistos los fallos constantes de receptores de los Packers, tampoco pongo la mano en el fuego, pero sí probable). Había un receptor profundo completamente solo a la izquierda de Rodgers. Evita 7 puntos y recupera la posesión.


Pero no solo los Giants pusieron de su parte con un buen game plan y una perfecta ejecución. También el ataque de los Packers lo hizo. A pesar de que el cuerpo de receptores de Green Bay es probablemente el mejor de la liga (por cantidad y calidad), el problema los drops se manifiesta con bastante frecuencia. Que se les caen de las manos balones que deberían atrapar. Conceptos básicos. ¿Cuántos drops cometieron el pasado domingo? Tuvo que ser un récord. En jugadas decisivas, además.

El quarterback tampoco estuvo bien. Aaron Rodgers jugó peor que nunca esta temporada. En el peor momento. Especialmente grave su error en el pase a un Jermichael Finley totalmente solo camino de la end zone. No sé si la ruta de Finley era la correcta, pero poco me importa. Era un pase sencillísimo, un error imperdonable.

¿Y los Giants? Bien. Pero tampoco da la sensación, insisto, de que hayan hecho el partido de su vida. Su front four fue menos atosigante de lo normal; sus running backs apenas aparecieron, hasta su kicker falló un field goal (se lo bloquearon). No necesitaron, ni mucho menos, el partido perfecto para ganar. Su secundaria estuvo excelente, sí, Nicks completó otro partido brillante y Eli Manning estuvo bien. Suficiente para ganar cómodamente en Green Bay.

Como tuiteaba durante el partido Peter King, ¿pero ese equipo terminó la temporada regular 15-1?

Todo cambia

Alex Smith. El fiasco del draft de 2005, ¿recordáis? El número 1 de aquel año, elegido por los 49ers en vez de Aaron Rodgers, el histórico error de San Francisco. Obviamente, no ha hecho nada todavía como para que lo consideremos un héroe, pero seguro que ya no es el villano que muchos veían. Su temporada fue buena, y su postemporada no puede empezar mejor. Comandó un drive ganador no una, sino dos veces. En el momento de máxima presión, Smith respondió. Al fin, la NFL le sonríe.

New England y Baltimore ganan en casa en playoffs. Se rompió la extraña mala racha. Desde la célebre Super Bowl que pierden con los Giants (realmente desde el partido anterior) los Patriots no ganaban un partido de playoffs. Ha llovido. No lo ganaban a pesar de haber jugado un par de veces como local, donde en temporada regular se muestran intratables. Esta vez, en cambio, New England volvió a la normalidad. A la normalidad de aplastar al equipo que los visita.


Algo parecido sucede con Baltimore. Un clásico de los playoffs que padecía de ecofobia. Desde 2001. El domingo, los Ravens volvieron a hacer méritos para palmar en casa: perdieron la batalla de ambas líneas, fueron incapaces de atacar con soltura y de defender a un imparable Arian Foster. Pero, al fin, vencieron.

No todos los días es fiesta. No, esta vez no hubo milagro. Denver palmó ante los Patriots. El partido de los Broncos en ataque fue miserable. En la primera mitad, Brady había dado más pases de touchdown (cinco) que pases había completado Tebow (tres). En diez minutos el partido estaba finiquitado. Había pasado menos de una semana desde el partido ante los Steelers, pero parecían haber pasado años. Qué lejos queda ese día, por lo menos en cuanto a juego.

Todo sigue igual

Los Giants eliminan a los Packers en Lambeau. Como en 2008. Pero esta vez más fácil.


El vigente campeón no gana en los playoffs. Como viene sucediendo desde 2005. El motivo, el indicado en el párrafo anterior.

El mejor equipo de la temporada regular pierde en su primer partido contra New York. Como la temporada pasada. Esta vez fueron los Giants, la pasada los Jets.

Algún local cae en las dos primeras rondas. Nunca ha pasado desde que el formato de playoffs es el actual. Mal me olía el partido de Green Bay por esta gilipollez. Habían ganado todos locales en wild card y los tres primeros en jugar en la ronda divisional. Solo quedaban los Packers por ganar. Y ya sabemos lo que pasó.

Lo mejor

Vernon Davis. Primero fue Dwight Clark; luego, Terrell Owens; ahora, Vernon Davis.


Siete recepciones, ciento ochenta yardas y dos touchdowns, pero sobre todo uno.

Tom Brady. Curso acelerado de quarterbacking. Lanzó una extraña intercepción, pero aparte de eso, su primera parte es para enseñar en las escuelas. Ah, que en las escuelas esto no se enseña. Bueno, da igual. Que lo pongan de todos modos.


Récord de pases de touchdown en medio partido (5) y en el partido completo (6). Imparable. Hasta sabe chutar un punt (bueno, hacer esto en tercer down a un rival humillado me parece excesivo).


Lo regulero

La defensa de los Texans. Tiene que ser frustrante hacer un partido casi perfecto y perder por culpa de las otras dos unidades del equipo: de un ataque dirigido por un quarterback más que verde y de los equipos especiales. Bueno, más que equipos especiales deberíamos decir "Jacoby Jones" (véase debajo). El partido defensivo de Houston fue espectacular. Un espectáculo. El espectáculo no está solo en el juego de pase. Quién no disfruta viendo la intensidad de J.J. Watt en su busca y captura del quarterback. La pena, que no valió para nada. Pero mucho ojo a esta gente la temporada que viene.


Arian Foster y su línea ofensiva. Dígase lo mismo que en el apartado anterior respecto del quarterback de los Texans y sus colegas de la línea ofensiva. Se comieron, nada menos, a la defensa de Baltimore. Pocos pueden presumir de ello. ¿Y cómo defendiendo tan bien y corriendo tan bien han podido perder? Take care of the football.

El ataque de los Ravens. Esta sección está monopolizada por el primer partido del domingo. No creo que los integrantes del ataque de Baltimore hayan terminado el partido especialmente satisfechos, pese a ganar. Lo único que hicieron bien es take care of the football. Muy importante, sí, pero se les exige algo más. Llevaba razón Joe Flacco, sí. Baltimore no ganó gracias a él.

Lo peor

Jacoby Jones. ¿Otra vez el partido de Baltimore? Sí, otra vez. Este tipo es el principal responsable de la derrota de su equipo. Manda huevos.


Sí, dice que lo siente. Faltaba más. Para nota lo de sus entrenadores, que le permitieron seguir retornando punts, de nuevo de forma desastrosa. Volvió a caérsele el balón, corrió hacia el lado equivocado... Un desastre.

Ataque de Denver. ¿La misma jugada, una y otra vez? ¿Pero en serio creen que va a colar dos semanas seguidas? Ah, que pretenden seguir con lo mismo la temporada que viene. Allá ellos. Otros que saben más que yo dicen que eso va a cambiar el fútbol americano. Yo no le daba mucho más que la moda wildcat de ¿2008? Igual no llega ni a eso.

Defensa de Green Bay. 37 puntos tras una semana de descanso. Dos semanas para corregir errores de los que todos éramos conscientes. No los han corregido, sino que se han superado (véase lo dicho arriba). En fin.

* * *
Siento publicar esto tan tarde, cuando procede más una previa de lo que viene el domingo siguiente que echar la vista atrás al pasado fin de semana. A ver si dentro de no mucho publico la previa.

martes, 10 de enero de 2012

Plácido domingo, jodido lunes: wild card round

Habían transcurrido tres partidos y un cuarto de wild card round y todo era previsible y anodino. Poca emoción, poca sorpresa, todo según el guión. Algo muy extraño en los playoffs de la NFL. Pero de repente, todo cambió. En los tres últimos cuartos y once segundos del último partido asistimos a hechos extraordinarios. No tanto por las acciones en sí, pero sí por el contexto en el que se desarrollaban. Es momento de hablar de las cosas ordinarias y extraordinarias a las que asistimos este fin de semana.


Música. By the grace of God, de los Hellacopters. Anda que no estaba cantado.



Lo más comentado

Locura en Mile High. No sé ni por dónde empezar. Comentaba el viernes que estábamos en un partido nobody believes in us de manual. Que todos daban por descontada la victoria de Pittsburgh, y eso es muy peligroso. Pero no quiero apuntarme ningún tanto que no me corresponde, porque aunque creía que los Broncos podían dar la sorpresa, jamás había pensado que la darían como la dieron.

Esta vez el mérito no fue principalmente de la defensa (aunque realizó un partido correcto), ni de los equipos especiales, ni de los corredores. Fue de Tim Tebow (el primero), de Demaryius Thomas y de los demás receptores de los Broncos. En el segundo cuarto y en los once segundos de prórroga estuvieron brillantes; en el resto del partido, no cometieron errores graves. Esto es así.

El primer cuarto discurrió como todos anticipaban. Con unos Broncos incapaces de conseguir un primer down ofensivo y unos Steelers que atacaban con relativa soltura. Los Steelers conseguían una ventaja pequeña, 6-0, pero que anticipaba un partido con poca historia, parecido al que vimos el pasado domingo entre Broncos y Chiefs. El ataque de Pittsburgh no estaba en su mejor forma: la cojera de Roethlisberger era evidente, y se notaba tanto en sus decisiones como en la ejecución de los pases, mientras que parecía que sin Mendenhall y Moore el ataque de carrera se resentiría. Pero la Steel Curtain se comía al ataque de los Broncos. Suficiente para cumplir con el expediente.

Sin embargo, en el segundo cuarto los Steelers mordieron el anzuelo y Denver no lo desaprovechó. Vamos que si mordieron el anzuelo, se dieron un atracón. En vista de que Tebow lanzaba unos melones lamentables y de que los Broncos no podían hacer otra cosa que correr, los safeties descuidaban la cobertura (menudo día, Polamalu y Mundy, aunque LeBeau es el máximo responsable), se abalanzaban al box para contener una carrera inexistente, y Tebow lo aprovechaba ejecutando pases precisos (que no preciosos) a sus receptores. Muy buenos pases, aunque estéticamente dejasen que desear. Eso importa poco. Pases que pasaban por ventanitas pequeñas, que aprovechaban las constantes concesiones de Ike Taylor, complicados para el pasador y para el receptor. Así logró Denver anotar 20 puntos en el segundo cuarto, lo nunca visto. La defensa de Pittsburgh acusó mucho la baja por prudencia de Ryan Clark. La secundaria, y especialmente Ike Taylor (hablaremos de él), quedó en evidencia.

Mientras tanto, los problemas del ataque de Pittsburgh se agravaban. Roethlisberger decidía mal y ejecutaba peor. Su cojera era cada vez más ostensible y, con el marcador en contra, parecía que la carrera estaba olvidada. Y caían más jugadores. Starks, Keisel y el propio Roethlisberger. Y llegamos con 20-6 a un minuto del descanso. Entonces, el ataque de Pittsburgh reacciona, pero con el equipo en field goal range, otra de las importantes bajas de Pittsburgh se hace sentir. Doug Legursky, center de circunstancias en ausencia del lesionado Pouncey, ejecuta un snap especialmente desastroso, un misil que por suerte para Pittsburgh Roethlisberger recupera en el medio del campo (casi todos los snaps que realizaba Legursky en formación de shotgun eran desastrosos, mucha suerte tuvieron los Steelers de que el mal no fuese a mayores).

Sin embargo, tras el segundo cuarto de frenesí, el ataque de los Broncos apenas pudo hacer más durante el resto del partido. Solo tres puntitos. Un error grave, que no vino de Tebow, sino de Willis McGahee, que cometió un fumble en el 4.º cuarto, dio vida a los Steelers.

El ataque de Pittsburgh mejoró. En el descanso, Big Ben fue a la tienda de disfraces para comprar algo que ocultase su cojera, y vaya si lo consiguió. Aunque al principio no tenía muy claro qué pedir (ojo al chiste del vídeo, aunque conociendo lo guarrete que es Roethlisberger tampoco debe extrañar)...


...pero al final se puso algo no para parecer más alto sino para poder andar y correr con normalidad. No solo Big Ben comenzaba a funcionar, sino también Redman. Los Steelers hasta se vieron beneficiados por algún grave error arbitral (del que hablamos más adelante) y de las oportunidades desaprovechadas por la defensa de Denver. Pittsburgh empata el partido con este jugadón. No cabe duda de que el Roethlisberger de la primera mitad no habría podido ejecutarlo.


23-23 a falta de menos de cuatro minutos. Los Steelers volvieron a tener el balón para ganar. De hecho, a falta de pocos segundos para el final, podrían haber intentado un field goal largo, de más de 60 yardas. Improbable, pero no imposible. Menuda oportunidad perdieron. Fueron a por el Hail Mary, una jugada que nunca va a perjudicar a estos Broncos.


En la prórroga sucedió lo que todos sabemos. Lo increíble. Los Steelers volvieron a morder el anzuelo. En 21 de los 22 primeros downs, los Broncos habían optado por la carrera. En una formación con dos receptores abiertos, uno de ellos corre hacia la línea: señal de que la jugada es de carrera. Los Steelers se lo creen, porque hasta ese momento siempre que uno de los receptores había realizado ese movimiento, la jugada era de carrera. El  único safety que había retrasado su posición para cubrir un pase (Mundy) reacciona al movimiento del receptor acercándose a la línea de scrimmage, con lo que el único receptor abierto, al lado izquierdo del pasador, solamente está cubierto por Ike Taylor. Cover zero, baby! O lo que es lo mismo, si Thomas consigue ponerse por delante del receptor (underneath), "ganarle la cara" cortando hacia el centro, el big play está asegurado. Un error defensivo imperdonable, sobre todo teniendo en cuenta las normas de la prórroga en playoffs. Pero una jugada maestra del ataque. Pase perfecto de Tebow y espectacular carrera de Demaryius Thomas, que humilla por enésima vez a Ike Taylor. La locura se desata.


Como todo el mundo advierte hoy, la jugada la protagonizan dos polémicas elecciones del draft de las que es responsable Josh McDaniels, que acaba de ser contratado por el rival de los Broncos en la ronda divisional.

Este es el resumen "natural" de lo sucedido el domingo. Pero con Tebow parece que no nos podemos limitar a escribir lo que vemos, sino que debemos tomar partido. O estás con él o contra él. Si dices que ni gana solo él ni él es el principal responsable de las primeras victorias, estás contra él. Porque no ves los poderes místicos (el "magnetismo", decía alguien en un comentario) que ejerce sobre sus compañeros. Si no, estás con él. El fenómeno fan llega al fútbol americano. Con sus pros y sus contras. Que sus seguidores se comporten como las locazas de Justin Bieber (que, repito, lo hacen) es divertido. En general, el estilo estrambótico, o mejor dicho, scrambleótico, del ataque de los Broncos, hace más entretenidos los partidos. El ejercito de locazas, también. Twitter y Tebow han hecho que este wild card weekend sea inolvidable. Es un hecho.


Mi opinión sobre él no ha cambiado sustancialmente, aunque debo reconocer que no me esperaba una actuación tan buena este domingo ni de lejos. No, no lo querría para mi equipo, pero la verdad es que este domingo ha jugado de puta madre. Y en el momento más importante de la temporada. No se puede negar. Ahora bien, sigo pensando que sus carencias son demasiado graves como para ser every-down-quarterback de una franquicia NFL. Hala, ya tenéis el juicio completo.

La locura Tebow nubla un poco las mentes, no cabe duda. Miguel Ángel Calleja, narrador de Digital+, quizá contagiado por el fenómeno fan o por el frenesí del momento, decía al terminar el partido que aún serían capaces algunos de criticar a Tebow si los Broncos palmaban en Foxborough la semana que viene. Hombre, solo faltaba. Si hay motivos, por supuesto. Y yo el primero. Tebow, como cualquier otro jugador de la NFL, léase Mark Sanchez, Tony Romo, Jake Delhomme o Reggie Bush, está sujeto a la crítica y al escarnio público. Solo faltaba, insisto. Va en su sueldo. E igual que su presencia mediática, que él consiente y promueve, le ha ayudado a llegar a donde está, le expone a un escrutinio mayor que a otros jugadores menos populares. Coño, que es un tipo que antes de llegar a la NFL ya había salido en un anuncio en el descanso de una Super Bowl, el espacio publicitario más visible en Estados Unidos. ¿No se podía criticar a Hasselbeck después de que los Seahawks eliminasen a los Saints, con un gran partido del quarterback, el mejor en años? Pues claro que se puede decir que es una putísima mierda o el putísimo amo. ¡Solo faltaba! Luego, esas valoraciones valdrán lo que valgan los argumentos que las soporten. Si completa un partido lamentable ante Bills y Chiefs, no pasa nada por comentarlo. No, es que la gente es muy cruel. ¡Venga, coño! Todo el que realiza una tarea "accesible para el público" se expone a eso, a que se le critique. Si no te gusta lo que escribo, puedes pulsar abajo una casilla que dice "es una mierda". Y no pasa nada.

Sin quitar mérito a lo que han hecho los Broncos y Tebow, que tiene mucho mérito, recuerdo que no han conseguido aún nada extraordinario, aunque hayan conseguido algo ordinario de modo extraordinario. Uf, qué mal se entiende. Voy a explicarlo un poco más. Los Broncos han conseguido algo ordinario porque han hecho, simplemente, lo mismo que los Seahawks la temporada pasada ante los Saints o que los Chargers en ante los Colts hace tres años. Meterse en playoffs con un balance pobre y ganar en su estadio a un equipo con mejor registro. El qué es ordinario.

Pero el cómo es extraordinario. Denver ha ganado un partido de playoffs memorable. Porque no podemos ignorar el contexto. Los Broncos llegaban a este partido tras tres derrotas consecutivas, las dos últimas contra equipos mediocres, en las que transmitían sensaciones horrendas, especialmente su ataque. Y se enfrentaban a un equipo de doce victorias. Y nadie creía en ellos. Y ganan en la prórroga, después de dar la vuelta a un partido en el que al principio daban lástima, después de sufrir como perros para aguantar su ventaja, que no perdieron de milagro. Vencen en la primera jugada de la prórroga con un touchdown de 80 yardas. La hostia.

Enhorabuena a sus seguidores. Que les quiten lo bailao. Un partido así justifica una temporada.


4.ª y 1. Una de las claves de la gran temporada regular que los Falcons completaron en 2010 fue su eficacia en cuartos downs. En cuarta y corto siempre se la jugaban, y casi siempre lo hacían con éxito. Tenían los ingredientes adecuados para ello: una línea dominante y jugadores como Michael Turner o Jason Snelling para llevar el balón. Sin embargo, la clave del éxito en la temporada pasada es la clave del fracaso en esta.

A toro pasado es muy fácil criticar la decisión, el diseño de la jugada o su ejecución. En el partido inaugural, en dos ocasiones los Saints son incapaces de avanzar unas pocas pulgadas en jugadas decisivas. En la primera, un 4.ª y 1, fingen que van a correr e intentan jugada de pase. Los Packers no pican y consiguen un sack. Aluvión de críticas por pasarse de listos. Como si Sean Payton hubiese escuchado esas críticas, en la jugada final del partido, sin tiempo en el marcador y a una yarda de la goal line, los Saints optan por una vía más ortodoxa: carrera por el centro. Los Packers colapsan la línea y paran a Mark Ingram. Nuevo aluvión de críticas. Previsible jugada. ¿Pero en qué quedamos?

La polémica se repitió en el Falcons-Saints de la décima jornada. En la prórroga, los Falcons se la juegan en 4.º down y fallan. Yo critiqué mucho la jugada, pero no por su diseño ni por su ejecución, sino por lo absurdo que resultaba en términos de rentabilidad-riesgo. En la prórroga y en campo propio, no convertir el primer down equivalía prácticamente a perder el partido. Riesgo altísimo. Y conseguir el primer down no aseguraba nada. Rentabilidad escasa. ¿Cómo lo intentaron esta vez los Falcons? Con una carrera de Michael Turner, una jugada que había funcionado muy bien la temporada anterior. Llovieron las críticas a Mike Smith, y no tanto por la decisión como por el diseño de la jugada y su ejecución. El clamor popular dictaba que ahí lo que procedía era un quarterback sneak, no una carrera convencional por el centro. ¿Qué sentido tenía retroceder con el balón, dando tiempo a la defensa para colapsar la línea y detener al corredor?

Se nota que Mike Smith tomó nota de esas críticas, porque este domingo ordenó exactamente esa jugada que todos le decían que iba a funcionar. Dos veces. Easterbrook comenta a menudo que una de las tentaciones en las que caen a menudo los entrenadores es la de hacer caso a la masa para evitar que las culpas recaigan en ellos. Se intentan despojar de la presión, de la responsabilidad del fracaso de una idea innovadora o arriesgada. Parece que eso es exactamente lo que hizo Smith este domingo: quarterback sneak y a tomar por culo. ¿Que no sale? ¡Pero si es lo que decíais que tenía que hacer! Ah, no. Tenías que habérsela dado a Turner (esto ya lo he leído). O no jugártela. Esta también la he leído. Con 10-2 no arriesgues, chuta el field goal y a defender. Qué fácil es decir eso ahora. Ahora es muy fácil explicar que la jugada fracasa porque los Giants tienen un front four imponente, Matt Ryan no tiene el físico adecuado para esa jugada y otras tantas razones que son palmarias a toro pasado.

Pero yo estoy con Smith: hizo bien en jugársela. Su equipo no perdió por fracasar en esas jugadas; fracasó porque fue peor que los Giants. Esas jugadas son solo una muestra de la inferioridad de los Falcons.

Para más inri, poco después de fracasar su segundo intento de conversión de 4.º down, con 10-2, Nicks hizo de Cruz y el partido se rompió.


Mike Smith no vuelve a jugarse un 4.º down en mucho tiempo, veréis.

La sorpresa

Lo más sorprendente del fin de semana fue lo sucedido en Mile High, pero como de eso ya hemos hablado mucho y seguiremos hablando, seamos más originales. Y cuesta, porque hasta ese partido, lo sorprendente fue la ausencia de sorpresas. A ver qué sale.


El enigma Pierre Thomas. Siempre que veo jugar a Pierre Thomas me pregunto por qué no está mejor valorado ni se le dan más oportunidades. Sí, solo hay un balón y en el ataque de los Saints abundan los playmakers. Demasiadas bocas que alimentar. Pero Pierre Thomas siempre aprovecha sus oportunidades y da la sensación de que en los Saints no terminan de confiar en él. Ya en los días de Reggie Bush parecía que se le negaba el pan. Entonces era algo comprensible, no por motivos deportivos sino "de negocio", considerando la inversión que los Saints habían hecho en Bush. Pero tras la marcha de Bush, los Saints siguieron buscando más jugadores para su backfield. Entiendo que tras haberse quedado sin corredores la temporada pasada quieran tener profundidad en la plantilla, y que las lesiones de Thomas podían otorgarle la etiqueta de "proclive a las lesiones", pero la elección de Mark Ingram en el pasado draft revela que la confianza de los Saints en Thomas no era excesiva. Sproles, Ivory, Ingram (ahora lesionado) y Thomas, vaya cuatro.

El caso es que Pierre Thomas no suele fallar, sino al contrario, suele provocar el fallo en quienes intentan placarlo. Me alucina la capacidad de este tipo para evitar placajes. Breaking tackles, again and again. El sábado ante Detroit dio una nueva exhibición. Lo sé, la defensa de Detroit es más tierna que el día de la madre. Pero no es la única ante la que lo consigue. Thomas terminó con 66 yardas de carrera en 8 intentos (un sobresaliente 8,3 de promedio), 1 touchdown, a las que añadió 6 recepciones para 55 yardas. ¿Cuántas de esas 121 yardas fueron después de contacto?

No me explico cómo este jugador recibe tan poco reconocimiento. Me sorprende. Es un caso parecido al de Sproles en los Chargers. Quién sabe si, como su actual compañero, tendrá que cambiarse de equipo para que se le valore más.

Todo sigue igual

Cincinnati y Detroit, la sequía que no cesa. La historia de siempre. Primer partido de wild card con los Bengals de protagonistas. Como hace dos temporadas. Como entonces, Cincinnati juega un partido entre cenicientas. Entonces, los Jets (todavía lejanos al ruido mediático); hoy, los Texans. Como entonces, Marvin Lewis se queda sin challenges en la primera parte tras pedir la revisión de jugadas en las que claramente no llevaba la razón. Como entonces, son incapaces de parar el juego de carrera del rival. Como entonces, pierden la batalla de las trincheras. Como entonces, pierden holgadamente. La racha más larga sin victorias en postemporada no se rompió. 21 temporadas lleva Cincinnati sin ganar en playoffs. Como consuelo les queda saber que son un equipo joven, todavía en crecimiento. Como preocupación deben observar que eso se decía el año pasado de los Buccaneers.

Los segundos en esa triste clasificación son los Detroit Lions. 20 temporadas sin ganar en playoffs, en su caso. Aquí no hay precedentes recientes de los que echar mano. O sí. Como la semana pasada, los Detroit Lions concedieron 45 puntos. Como la semana pasada, la defensa de Detroit fue incapaz de defender el ataque aéreo rival. Bueno, esta semana tampoco la carrera. Los machacaron por todas partes. Como la semana pasada, el ataque hizo un partido espectacular, aunque Stafford lanzó un par de intercepciones. Como la semana pasada, Calvin Johnson superó las 200 yardas de recepción y se mostró indefendible. Como la semana pasada, los Lions cometieron infracciones estúpidas. Como la semana pasada, Detroit se vio perjudicado por un grave error arbitral que le habría dado un touchdown (de él hablaremos más adelante). Y como las 2860 semanas pasadas, los Lions no ganaron un partido de playoffs fuera de casa.


Tony González sigue maldito. Supongo que si de otros se dice que son los elegidos y que su equipo gana por su halo divino, aunque ellos no sean los principales protagonistas, de él se puede decir que su equipo siempre palma en playoffs por su gafe maldito aunque él no sea el principal culpable de la derrota. Aplicando la misma lógica absurda, pero al revés: "Juega bien". "Sí, pero pierde". All Tony Gonzalez does in playoffs is losing. 0-5 en playoffs. Una lástima. 4 recepciones para 44 yardas consiguió el tight end de los Falcons en New Meadowlands. Un futuro Hall of famer del que, cuando se debata sobre su entrada en el salón de la fama, sus detractores dirán que no ganó ningún partido de playoffs.

Pero el football es un deporte de equipo. Él no gana ni pierde solo. Pero siempre tiene la mala suerte de estar en el equipo equivocado.

Todo cambia

Los Giants vencen en su estadio en postemporada. Mira que con el 0-2 lo veía claro. Ya estamos ante una nueva edición del clásico de los Giants "nos creemos la hostia y nos damos una buena hostia". Un Eli Manning fallón, unos Falcons aburridamente eficaces, un público impaciente... se mascaba la tragedia.

No fue así. A partir del safety, los Giants aplastaron a los Falcons. Lo hicieron dominando ambas líneas. Old school. Por mucho que cambien las normas, todavía hoy las viejas recetas funcionan. Eso sí, hay que ejecutarlas correctamente. En defensa, aplastando a la línea rival, impidiendo que el quarterback tenga tiempo para pasar, y tapando huecos al corredor. En ataque, estableciendo un juego de carrera potente, dominante, que fuerza a la defensa a concentrarse en el box y permite a los receptores desmarcarse con mayor libertad. De manual. Esta vez, cuando todos creían que era bueno, Eli Manning jugó bien.


Los Texans, en territorio desconocido. André Johnson tuvo más suerte que Tony Gonzalez. Por fin. En el primer partido de playoffs de su historia, los Texans no fallaron. Uno de los mejores jugadores de la NFL, André Johnson, puede decir por fin que ha jugado un partido de playoffs y que lo ha ganado, aunque este sábado estaba muy lejos de su mejor momento de forma. Se le cayeron pases que suele atrapar y se le vio físicamente algo mermado todavía, pero lo suficientemente lúcido para liársela a Pacman Jones.

Además, los Texans ponen fin a su racha de tres derrotas consecutivas y su defensa vuelve a parecerse a lo que vimos hasta que Wade Phillips se cogió la baja. Justo a tiempo. La semana que viene, Baltimore. Palabras mayores.

Lo mejor

J.J. Watt. Hasta que el novato de los Texans consiguió su demoledora intercepción retornada para touchdown, parecía que los Bengals tenían el partido controlado.


A partir de ahí, el partido cambió por completo. El refrán dice big time players make big time plays in big time games. Eso es precisamente lo que hizo Watt.

El ataque de los Saints sigue imparable. Sí, es la historia de siempre, y sí, la defensa de los Lions deja mucho que desear. Pero estamos asistiendo una exhibición ofensiva sin precedentes, prácticamente sin defectos. Cuenta con el quarterback más en forma de la NFL hoy en día. 33/43, 466 yardas, 3 touchdowns, ninguna intercepción (aunque le pudo caer un par), 134,4 de passer rating. Una línea ofensiva inexpugnable. 167 yardas terrestres ante Detroit. El backfield más profundo, eficaz y polivalente de toda la NFL. Receptores explosivos y uno de los dos tight ends que están revolucionando la estrategia ofensiva de la liga. Unos abusones.

La semana que viene, el mejor ataque de la NFL se enfrenta a la mejor defensa de la NFC. Partidazo.

#NFLesp. La llegada de Twitter ha enriquecido mucho la experiencia de ver un partido de NFL. Es un hecho. Si no lo tenéis, estáis tardando. Aunque no es una novedad de este año, creo que esta temporada su uso ha aumentado considerablemente, y este fin de semana, todavía más. Hace un par de años, éramos esclavos de la narración televisiva. Solo podíamos percibir el análisis y las opiniones de los de la tele (y de nuestros colegas de salón). Hoy disponemos de mucho más. Y podemos elegir qué opiniones queremos leer. No hay más que darle al botón de seguimiento de Twitter. No solo sabemos qué piensan de un partido los de la tele, sino casi todos los gurús de la NFL y "el ciberpueblo". Y eso hace que los partidos sean mucho más divertidos.

Además, con la llegada de los playoffs, el seguimiento es mayor. Titulaba este apartado #NFLesp porque si buscamos ese hashtag tendremos multitud de opiniones y análisis del partido en español. A las habituales "voces ilustres" que acostumbraban a publicar sus tweets durante los partidos de la temporada regular se han sumado Mariano Tovar y Jose Villelabeitia el pasado fin de semana. Joder, es una gozada ver los partidos leyendo estos tweets. Espero que sigan durante el resto de playoffs, porque algunos momentos han sido gloriosos.

El Broncos-Steelers no habría sido igual de cojonudo sin Twitter. Me quedo con un par de tweets:

@mtovarnfl: "Si un día me quieren fusilar, espero que le den el fusil a Tebow".

@Sabiopelotas: "fallará el tiro, pero te caerá un rayo".

Lo regulero

¿La moneda decide quién gana? Glorioso estreno de las nuevas normas para la prórroga. Así que esto es lo que la NFL buscaba. Una prórroga más justa, en la que la moneda no decidiese quién ganaba, en la que los dos equipos tuviesen la oportunidad de controlar su propio destino. De hecho, con esas engañosas palabras comenzó el árbitro su explicación de las nuevas normas. Ya lo veo, ya. Que los dos equipos deben tener la oportunidad de tener posesión. No, la principal modificación no fue esa. El principal cambio es que la NFL no quiere que un equipo pierda por un field goal, que le suceda lo que le sucedió al pobre Brett Favre en el Superdome. Si te meten un field goal, puedes contestar; si te meten un touchdown, no. ¿Por qué?

En Denver vimos la prórroga más corta de toda la historia. Once segundos. Récord. ¿La moneda decide quién gana? ¿No? ¿Y si en vez de Broncos-Steelers, estamos ante un Packers-Saints? ¿Opinaríais lo mismo?

Matthew Stafford y Calvin Johnson. El enésimo ejemplo de que los jugadores individualmente considerados no ganan ni pierden los partidos. ¿Qué más podían hacer Stafford y Johnson? Cuando vuelvan a los playoffs, antes del inicio del partido de turno, enfocarán a Stafford y meterán un rótulo que diga "playoff record: 0-1". El espectador se quedará con la idea de que no es un quarterback ganador en postemporada, que falla cuando más importa. Eso se dijo de Aaron Rodgers la temporada pasada, antes de que los Packers jugasen en Philadelphia. Que sí, que no es malo, pero en los playoffs la caga. Tras solo un partido, en el que su rendimiento fue estelar, pero que su equipo perdió.

Esa misma última frase se puede decir del partido de Stafford y Johnson. Megatron completó un partido monstruoso. De nuevo. 12 recepciones 212 yardas de recepción, 2 touchdowns. Pero perdieron.


Andy Dalton. No fue su mejor partido, lanzó tres intercepciones, sus pases a la banda eran bastante deficientes y en la segunda mitad se estrelló una vez tras otra contra la defensa de Houston. Sí. Pero Dalton dio sensación de quarterback NFL, con todas las letras. No parecía un novato. Durante la primera mitad dirigió de manera magistral un ataque que se imponía a la defensa de los Texans. Parecía que la presión del Reliant Stadium no le afectaba. Pero la suerte no estaba de su lado. Su kicker echaba por la borda el esfuerzo del ataque, los defensores rivales parecían tener velcro en sus guantes, y su propia defensa desaprovechaba oportunidades de intercepción y cometía errores de cobertura que terminaron costando el partido a Cincinnati. Los Bengals se fueron derrotados de Houston, pero a diferencia de la derrota de la wild card de hace un par de años ante los Jets, la impresión que transmite el equipo y, en particular, su quarterback, es muy positiva.

Lo peor

Uso irresponsable del pito. Vamos a criticar a los árbitros. No lo haré desde el punto de vista conspirativo que tanto detesto. No creo que hayan tenido incidencia en el resultado final de ninguno de los partidos. Los cuatro partidos los ganó quien más lo mereció. El mejor. Pero como "personajes públicos" (y humanos), los árbitros aciertan y se equivocan, y cuando se equivocan están expuestos a la crítica y al escarnio público (cómo me repito, la hostia). De entre los numerosos errores arbitrales del fin de semana, quiero destacar dos. Son raros, además. Y tienen en común que ninguno pudo ser corregido posteriormente en la revisión de vídeo, pese a lo evidente del error, por culpa del pito. Vayamos de menor a mayor despropósito.

El despropósito menor lo vimos en Mile High. Y digo menor porque solo hay un error arbitral y el equipo perjudicado terminó ganando (además, de forma mucho más placentera que si el partido no hubiese tenido prórroga). En la jugada en cuestión, Roethlisberger, pegado al center, pasa el balón al receptor que tiene situado a su derecha, por detrás de la línea de scrimmage. El receptor no logra atrapar el balón, que cae en el suelo, y la defensa lo recupera. Pero antes de que nadie recupere el balón, los árbitros pitan al considerar que se trata de un pase incompleto.

Que conste, en primer lugar, que este tipo de jugadas me parecen extremadamente peligrosas, y que creo que el quarterback debe asegurarse de que el pase sea hacia adelante, porque si no se puede liar la que se lió, aunque los árbitros no lo vieron.

El pase de Roethlisberger al receptor no es hacia adelante. Por lo tanto, el balón sigue vivo aunque caiga al suelo. Incomprensiblemente, a pesar de que hay un "juez de línea" en la banda que debe estar atento a la dirección del pase, los árbitros determinan que es un pase (hacia adelante) incompleto y pitan. Pitan antes de que Denver recupere el balón. Y cuando pita un árbitro, el balón está muerto. Y, por norma, la posesión del balón en el siguiente snap corresponde a la defensa.

Denver pidió la revisión de la jugada en vídeo. La jugada se podía revisar. El problema es que aunque la revisión probase que el pase no era hacia adelante y se corrigiese la decisión inicial de pase incompleto a fumble, los árbitros no podían dar la posesión del balón a Denver. El motivo, que la regla lo impide si algún árbitro ha pitado antes de que nadie se hiciese con la posesión.

Pero por lo menos en este caso la jugada está bien resuelta una vez se ha producido el "error de pito". Porque si el árbitro pita antes de que el balón sea poseído por algún equipo, el balón es del ataque. A diferencia de lo sucedido en Nueva Orleáns, donde el error es mayor, aunque más equitativo.

El error es mayor en Nueva Orleáns porque, como veremos, la jugada está mal arbitrada "en directo", el vídeo no la puede corregir y ambos equipos salen perjudicados. Si visteis el partido con el audio de la NBC, al inicio del tercer cuarto lo explican muy bien.

La jugada se produce en el segundo cuarto. Los Lions ganan por 14-7. Y pasa esto (la calidad del vídeo es pésima, pero no hay nada mejor):


Brees es golpeado por detrás, se produce un fumble y ANTES de que el balón sea recuperado por la defensa, un árbitro pita "matando la jugada", ya que piensa que estamos ante un pase incompleto, y no un fumble. Sin embargo, cuando los árbitros se reunen, creen que el pitido se produce DESPUÉS de que Detroit recupere el balón, y resuelven que estamos ante un fumble recuperado por la defensa, pero en el que el retorno queda anulado por el silbato.

Aquí los dos salen perjudicados. Los que más, los Lions. Si la jugada hubiese sido arbitrada correctamente, la jugada habría terminado en touchdown de Detroit. Se produce un fumble, la defensa lo recupera, y lo retorna sin oposición. El partido se habría puesto 7-21.

Pero los Saints también tienen motivos para quejarse. Un árbitro pita cuando el balón está suelto. Antes de que Detroit lo recupere. Lo que deberían haber resuelto los árbitros es que se produce un fumble, sí, pero al no haber sido aún recuperado por los Lions cuando la jugada "muere", la posesión corresponde a los Saints.

Para completar el cúmulo de despropósitos, Sean Payton no puede pedir que se revise la jugada porque, una vez determinado que existe un fumble (lo que no se discute), la revisión de vídeo carece de audio, por lo que los árbitros no pueden comprobar si Detroit ha recuperado la posesión cuando suena el silbato y dar la posesión a los Saints.

Para terminar con este sinsentido, la NFL debería considerar dos nuevos cambios en las normas. En primer lugar, que si por error un árbitro pita y la revisión de vídeo muestra claramente que existe fumble y que la defensa se iba a hacer con la posesión, el balón corresponda a la defensa. Entiendo que esta propuesta plantea un problema, y es que cuando un árbitro pita los jugadores deben dejar de jugar, o por lo menos no tienen el deber de continuar luchando por la posesión, pero si la jugada muestra claramente que la defensa iba a hacerse con el balón en el momento del pitido, la posesión debe corresponder a la defensa. La segunda modificación que debe considerarse es la de incluir el audio en la revisión de vídeo. Entiendo también que pueda plantearse el problema de que no se puede asegurar con total certeza que un pitido venga de un árbitro (y no del público), pero estoy seguro de que la tecnología permite crear un archivo audiovisual que incluya solo el audio procedente de los pitos de los árbitros (que este fin de semana deberían haber manejado con más prudencia).

Otro comentario reglamentario/arbitral. También durante el Saints-Lions, asistimos a unas cuantas conversiones de cuarto down. Como todas salieron bien, elogiamos la estrategia del head coach. Resultadismo. El caso es que en una de ellas, muy elogiada por los comentaristas de la NBC y también por Easterbrook en el TMQ, plantea serias dudas sobre su legalidad (dudas que planteaba Peter King). La jugada consiste en un quarterback leap, un salto de Drew Brees con el balón sobre la montonera de scrimmage. En ese salto, Brees extiende el balón más allá de la línea de primer down y después VOLUNTARIAMENTE lo retira por detrás de esa línea para evitar que se lo quiten (Brees no está down by contact, por lo que el riesgo de que le den un manotazo y pierda el balón es alto). Ahí tenéis la fotico:


Easterbrook se pregunta por qué solo se usa esta jugada en la goal line (para conseguir el touchdown) y no en otros lugares del campo para conseguir primeros downs. Como King explica en su MMQB, que se ve que el autor del TMQ no leyó, cuando un jugador retrocede voluntariamente con el balón, la jugada no termina en el lugar de máximo avance, sino en el lugar donde es derribado o detenido "involuntariamente". Si el balón no retrocede "a la fuerza", sino porque el atacante quiere, la jugada debe terminar donde el atacante es placado. Vamos, que si Brees la echa para atrás aposta, no es primer down. Cagada.

Hay una excepción a la regla anterior: cuando un portador del balón consigue que dicho balón atraviese la goal line, la jugada termina automáticamente con un touchdown. Si luego sale de la end zone da igual, porque el hecho de que el balón "atraviese el plano" de la goal line mata la jugada. Por eso se usa en situaciones de goal line y no cuando lo que se pretende es conseguir un primer down. Mal arbitrado, mal narrado y mal elogiado.

Ike Taylor. No sabía si nombrar a LeBeau o a Taylor. Mundy y Polamalu probablemente también lo merezcan. Pero me quedo con Ike Taylor. En el fondo, el plan es en principio razonable: "desafiar" al ataque de Denver a que Tebow te gane con una cobertura a los receptores one-on-one (uno contra uno) no está tan mal. Se supone que si cuentas con un cornerback estrella, que ha cobrado 9,25 millones de dólares esta temporada, que se enfrenta a receptores de poco lustre y al quarterback que peor pasaba de la NFL. Como digo, bastante razonable.

Pero ese plan se convierte en una garantía de fiasco si tu bienpagado cornerback la caga tan estrepitosamente. Un par de errores se pueden entender, aunque en los playoffs no caben concesiones. Pero, ¿tantos? Joder, es que caía en todas. En cuatro ocasiones "quemaron" a Ike Taylor con pases profundos. El último, el touchdown en el que primero es incapaz de impedir la recepción de Demaryius Thomas y después no puede detener su carrera y responder al stiff arm que le lanza el receptor de Denver.

Una desastrosa actuación, que dejó a Taylor desolado, incapaz de responder a las preguntas de la prensa y pidiendo perdón por Twitter a sus compañeros y afición: "I apologize for playing the worst game at the wrong time apologize to my teammates steelernation and family. Luv y’all to def".

La defensa de Detroit. En dos partidos, noventa puntos, novecientos placajes fallidos y una temporada a la basura. Los Saints no chutaron ni un solo punt. Sí, los Lions forzaron un par de pérdidas de balón, pero también dejaron escapar balones que Brees había puesto gentilmente en sus manos. Igual que sucedió con los Bengals, los Lions terminaron de cavar su propia tumba al desaprovechar esas oportunidades de intercepción que les habrían dado vida en un partido que de por sí tenían muy cuesta arriba. Resuelta la cuestión del ataque (y de qué modo), la gerencia de Detroit debe trabajar (mucho) en su defensa.

Un 0 para el ataque de Atlanta. Como apuntaba antes, los fracasos en los intentos de conversión de cuarto down no son más que un síntoma de la enfermedad. La enfermedad es grave, sobre todo porque todos los esfuerzos realizados por la franquicia durante la pasada offseason intentaban curarla. E intentaban curarla cuando todavía no se había manifestado, por lo que algunos entienden que la administración inadecuada de medicinas ha provocado la enfermedad.

La temporada pasada los Falcons no tenían un ataque enfermo. No era el mejor de la competición, era cumplidor, correcto, de algún modo "clásico". Lo han querido revolucionar con la llegada de Julio Jones y un cambio en la estrategia. El fiasco ha sido considerable. En particular, de la línea ofensiva, incapaz de dar tiempo suficiente a su quarterback para pasar. El domingo, ante uno de los front four más potentes de la NFL, el aplastamiento fue continuo. El ataque de Atlanta se despide de la temporada con cero puntos. Cero. Los únicos dos puntos de los Falcons el domingo en New Meadowlands los consiguió la defensa. Solamente 183 yardas de pase, solamente 64 yardas de carrera. Tiempo de reflexión.

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Si han disfrutado del espectáculo de este fin de semana, espérense al siguiente. La ronda divisional, es decir, teóricamente la mejor sesión de football de la temporada. Cuatro partidos a vida o muerte, con los mejores equipos de cada conferencia ya compitiendo.

Qué mejor manera de enlazar este y el siguiente fin de semana que con este vídeo: