Este es el problema de dejar hacer y deshacer al comisionado a su antojo. Venga, un poco de yaoslodije. En diciembre de 2010, en un artículo de pedante título, comentaba el sinsentido del régimen sancionador de la NFL. Un sinsentido que se resume en que no hay un código o norma escrita en donde figure qué no se puede hacer (las infracciones) y el castigo que lleva aparejada la comisión de las conductas prohibidas (las sanciones). Un absurdo. Una situación intolerable. No puedo actuar correctamente si no sé qué puedo hacer y qué no puedo hacer y, además, qué me pasa si hago lo que no puedo.
Un poquito de música antes de seguir con este farragoso tema. El sábado tenemos una excusa más para beber cerveza. Es San Patricio. En tan irlandés día, nada más irlandés que Dubliners y Pogues cantando The Irish Rover.
Vuelvo a intentar ser breve y lo más claro posible.
En casi todas las temporadas de NFL, las franquicias no pueden sobrepasar un tope salarial. En 2010 no hubo tope salarial. Insistimos, en 2010 no hubo tope salarial. El motivo, que era la última temporada en la que el anterior convenio colectivo estaba vigente. Y ese convenio colectivo establecía que en su última temporada de vigencia no habría tope salarial. ¿Ha quedado claro? En 2010 no había tope salarial.
Algunas franquicias aprovechan esta circunstancia para gastar más esa temporada. ¿Por qué no van a hacerlo, si no hay tope salarial? En particular, se dice que Redskins y Cowboys configuran sus contratos de larga duración con jugadores de forma que el grueso de sus salarios se cobra en 2010. Como esa temporada no hay tope y las demás sí lo habrá (o se prevé que lo haya), que cobren mucho en 2010 y poco en 2012, para tener "espacio libre" con el que fichar a otros. En un burdo ejemplo, si firmo un contrato de tres temporadas con un jugador por 12 millones de dólares, que cobre 10 en 2010, 1 en 2011 y 1 en 2012. Algo parecido a esto sucedía en el contrato de Miles Austin con los Cowboys.
Nada lo impide. Ni la propia NFL, que autoriza esos acuerdos.
El nuevo convenio sí establece un tope salarial. Pero no es retroactivo. Para 2012, es de 120,6 millones de dólares. Pero el tope de 2012 no se aplica a anteriores temporadas.
Pues bien, a escasas horas de que se abra la veda de fichajes, parece que la NFL va a sancionar a los Dallas Cowboys y a los Washington Redskins por inflar salarios en 2010 con el fin de tener más margen para fichar en posteriores temporadas. A los Redskins les "multa" con 36 millones de dólares que añadir a los que figuren en sus contratos y a los Cowboys con 10 millones. Es decir, que al total de salarios que figuren en los contratos, hay que añadir esas cifras. Su capacidad de adquisición de jugadores se merma significativamente. Eso sí, pueden repartir las "multas", como estimen conveniente, entre esta próxima temporada y la siguiente. ¿Sobre qué base? Sobre ninguna. Ni la conducta estaba tipificada como infracción ni existía una sanción para esa conducta.
Se dice que la liga considera que estas maniobras distorsionan la puridad de la competición, el equilibrio competitivo, puesto que da una ventaja ilícita a estos dos equipos, con más dinero que gastar que los demás por haber manipulado sus contratos de 2010. Se dice que habían dado instrucciones a los equipos para que no hiciesen esto en 2010. Unas difusas indicaciones, que se dieron con la necesaria precación para no infringir los términos del convenio colectivo. Y a las que, dicen, Cowboys y Redskins hicieron caso omiso. Pero, a la vez, la NFL autorizaba los contratos infractores.
En otras palabras, se les pretende castigar por un crimen que no han cometido. Podríamos denominar a Cowboys y Redskins los Equipos A.
¿Por qué se les sanciona ahora y no en 2011? La NFL dice que quería estudiar cuidadosamente qué medidas tomar. Otros señalan que la NFL prefería esperar para que el sindicato de jugadores no demandase a la NFL por imponer un tope salarial de facto en 2010 (como ahora está haciendo). Recordemos que son las franquicias las que desean que exista un tope y los jugadores los que prefieren evitarlo (de ese modo sus salarios pueden crecer hasta el infinito). Ahora que las aguas están más o menos calmadas, sanciona.
También se pretende disfrazar esta sanción (en toda regla) de acuerdo. Que no, que no es un castigo, sino una medida acordada para ajustar el gasto de cada franquicia. ¡Venga ya! Esto es una sanción en toda regla.
Un castigo, además de basado en la nada, extemporáneo. Un castigo que llega a escasas horas de abrirse el plazo para fichar a jugadores, por lo que rompe con toda la planificación que Cowboys y Redskins venían haciendo estos meses. Los planes, de repente, a la mierda. Más sangrante es el caso de Washington, que acaba de traspasar una tonelada de elecciones del draft (primeras rondas de 2012, 2013 y 2014 y una segunda ronda de 2012) para adquirir a Robert Griffin III. Ese traspaso se realizaba en un contexto. En un escenario en el que los Washington Redskins tenían 36 millones de dólares disponibles para ofrecer a jugadores sin contrato. 36 millones que ahora ya no tienen (aunque pueden repartir la sanción entre esta temporada y la siguiente). Vamos, que les han jodido bien la planificación deportiva.
En resumen, que se castiga a dos equipos por una conducta que no estaba prohibida y que la propia NFL autorizaba. Lío a la vista, porque (con razón) Cowboys y Redskins no están de acuerdo.
Vamos, que esto sí es una injusticia y no la basura que comentan día sí, día también los diarios (quizá deberíamos decir libelos) deportivos (quizá deberíamos decir arbitrales) españoles (quizá deberíamos decir m*****istas, barcelonistas o del equipo de turno). En vez de centrarse en esa basura conspiranoica y, de paso, perder la poca dignidad que les queda a algunos, podrían comentar los factores que de verdad impiden que exista una competición de verdad. Esos factores son puramente económicos, de reparto de ingresos. Eso no lo leeréis, porque a los burdos instrumentos propagandísticos de los equipos de turno no les conviene. Y como el desequilibrio financiero no es suficiente, necesitan también un aparato mediático que avasalle y condicione a los jueces de la competición. Pero qué asco, joder.
Sus periodistas (que son, de facto, suyos) presionan a los árbitros, cuyos errores son explicados con vomitivo cinismo desde el punto de vista de la conspiración. Ahí rige la presunción de culpabilidad. Si el juez yerra, yerra aposta. Si es que manda cojones. Los árbitros de fútbol fallan. No es fácil ver qué pasa. A veces ni con cuarenta repeticiones a cámara lenta conseguimos ver qué sucedió realmente. Como para verlo en directo, a pie de campo, con veintidós futbolistas sin ningún pudor en fingir, con tal de sacar una ventaja ilícita. Y luego el director del periódico de turno, el muy cabrón, dice que fallan aposta. Uno toma como prueba irrefutable las declaraciones de un exdirectivo de un club contra el que supuestamente ahora se conspira. Un directivo que ha sido demandado por la actual directiva. Y que dice que con su directiva el club vivía mejor, porque sabían cuidar el trato con las instituciones. Supuestamente, eso lo prueba todo. La palabra de ese pavo es la prueba definitiva. Vamos, no me jodas. Luego nos soprendemos de algunas sentencias de jurados populares. Cómo va a funcionar la institución del jurado popular si un individuo supuestamente culto considera que esas declaraciones prueban sus graves acusaciones. Tócate las pelotas.
Lo que presiona a los árbitros es la avalancha de los aparatos de propaganda, que distan mucho de ser medios deportivos. Sus portadas no tratan de deporte. Son basura encaminada a un claro fin: la victoria, cueste lo que cueste, de su equipo. Eso sí que presiona a los árbitros. Una portada tras otra, un análisis milimétrico de jugadas esporádicas, un (pre)juicio sobre la voluntariedad del error. Eso sí que fomenta el fallo. Un jugador falla más en situaciones de presión extrema. A ver si nos creemos que un árbitro no. Gracias a estos sinvergüenzas (que no tienen vergüenza, ni respeto por su profesión, ni por el deporte del que hablan) los árbitros errarán más. Qué asco. Por cierto, puestos a poner en duda la legitimidad de los triunfos, que lo hagan también con los de la selección española de fútbol. Ah, no, que eso no toca.
En fin, que el mundo es injusto. Vamos, que ninguna novedad en el frente.
P.S.: Brandon Marshall a los Bears. Como seguidor de los Packers, mi sesuda reflexión es mierda...
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martes, 13 de marzo de 2012
jueves, 15 de diciembre de 2011
Los elementos
¿Habrá que responder a Mariano, no? Que el tema está interesante. Como en mi artículo anterior, algunas cuestiones contestarán a opiniones de Mariano, otras no. Se trata de comentar un par de temas que me parecen bastante interesantes y en los que la NFL me parece un ejemplo para cualquier deporte.
The laws have changed, de los New Pornographers.
Mandé mis barcos a luchar contra los hombres, no contra los elementos.
Célebre frase de un vallisoletano. No Mariano Tovar, sino Felipe II. Una frase que resume muy bien cierta parte de la idiosincrasia del español: la de no asumir la propia responsabilidad. Echar la culpa al empedrado. A cualquier otro menos a uno mismo.
La frase no puede ser más tramposa. No la comparto. A ver, Felipe, claro que mandaste a tus hombres a luchar contra los elementos. Mejor dicho, en los elementos. ¿Dónde coño iban a batallar? ¿A las apacibles aguas del Mar Menor o a la costa inglesa? Los elementos juegan un papel importante. Hay que tenerlos en cuenta. Y asumir la responsabilidad de la derrota. Algo que cuesta mucho por estos lares, donde no dimite ni dios, donde la culpa siempre es de otro. Desde los tiempos en los que en el Imperio no se ponía el sol. Así nos va.
En el deporte, los elementos no son solo meteorológicos. No solo hay que tener en cuenta el frío de Lambeau Field, la altura de Mile High o el sofoco de Miami. También hay elementos humanos. Primero, el público. Si vas a jugar a Seattle, tienes que preparar una estrategia para vencer el ruido. Pero hay otros elementos. Y menudos elementos. Los árbitros. La excusa universal. Los árbitros son responsables de aplicar el reglamento. Otro elemento importante. Analicemos los dos por separado. ¿Se arbitra bien en la NFL? ¿Inciden de forma esencial los árbitros con sus (equivocadas) decisiones en el resultado de los partidos? ¿El reglamento persigue a las defensas? ¿Ha cambiado la NFL de tal modo que se ha convertido en un festival ofensivo, impidiendo el normal desarrollo del juego defensivo? Analicemos ambas cuestiones, árbitros y reglamento, por separado.
Los árbitros
Lo siento, pero voy a hacer referencia a deportes distintos del fútbol americano. La comparación es necesaria, porque el bien y el mal son conceptos relativos. La evaluación dependerá del estándar de exigencia. Para fijar ese estándar creo que tenemos dos referencias: cómo se arbitra en otros deportes (los errores y arbitrariedades --nunca mejor dicho-- que se perpetran en competiciones diferentes) y cómo se ha arbitrado antes en la NFL (es decir, si ahora se cometen más o menos fallos arbitrales que antes).
Empecemos la comparación con otros deportes. Célebres son algunos errores arbitrales que elevan a la categoría de "robo" algunos resultados. Por ejemplo, en baloncesto, quién no recuerda el tapón ilegal de Vrankovic a Montero en la final de la Euroliga (esa jugada es una sucesión de infracciones, porque Montero hace pasos antes de tirar y el reloj se queda parado en medio de la jugada).
En fútbol, probablemente el error arbitral más famoso de la historia es el gol que se concede a Inglaterra en la final del Mundial de 1966 ante Alemania. En la prórroga, con 2-2 en el marcador, Geoff Hurst recibe dentro del área, tira, el balón da en el larguero y bota...
...en la línea. Si bota en la línea no es gol. Pero los árbitros lo concedieron. Era 1966, pero el fútbol no ha progresado desde entonces. Con los mismos equipos, este error se repitió, pero al revés, en el Mundial 2010.
Por suerte, es difícil que en la NFL se produzcan este tipo de errores hoy. Hoy, insisto. Porque hoy estamos mejor que ayer. Y si se producen errores garrafales, la NFL hará algo para remediarlo. ¿Por qué? Porque en la NFL hay sentido común. Un mínimo de sentido común que no existe en los demás deportes. Cuando en la NFL se dieron cuenta de algo tan sencillo como que las repeticiones de las jugadas, disponibles de manera inmediata, mostraban que una decisión arbitral estaba equivocada, decidieron hacer posible la revisión de las jugadas en vídeo (si veis entero el vídeo, de hace ya unos años, veréis a alguien diciendo unas palabras que os sonarán "que siempre se busca hacer la vida imposible a las defensas" --qué poco hemos cambiado--).
Sí, el vídeo, el aliado del árbitro, hace que en la NFL el margen de error sea mucho menor que en otros deportes. Lo han conseguido, simplemente, aplicando el sentido común. Por tanto, aplicando el criterio interdeportivo, podemos concluir que el arbitraje NFL es mucho mejor que el estándar.
Y no solo se revisa, sino que además se explica. Árbitros exponiendo públicamente el fundamento de sus decisiones. Para hacerles un monumento. Bueno, de hecho conozco a una persona que es fan de los árbitros de la NFL. Pero tan fan que en su día le regalaron un kit arbitral, con sus pañuelicos amarillos y todo.
Vamos con el criterio temporal. ¿Vamos a peor? Es decir, ¿estamos hoy peor que ayer? La respuesta depende de qué interpretemos por ayer. En la era del instant replay se cometen menos errores arbitrales que en la etapa pretelevisiva. Esto es indudable y creo que indiscutible.
Ahora bien, dentro de la etapa en la que se permiten repeticiones ¿vamos a mejor? Yo creo que sí. Por un sencillo motivo: cada vez se revisan más jugadas. El ámbito de la revisión se ha ido ampliando año a año. Y no solo se incrementa qué se revisa, sino cuánto se revisa. Desde esta temporada se revisan automáticamente todas las anotaciones, sin necesidad de challenge del entrenador. Así se evitan situaciones injustas de otras temporadas, en las que una anotación claramente improcedente no se puede revisar por falta de challenges del equipo perjudicado. Vamos avanzando. En cuanto a qué se revisa, esto es todo lo que está sujeto a la comprobación en vídeo:
- anotaciones;
- si un pase es completo, incompleto o interceptado;
- si el portador del balón está fuera de banda;
- si el balón se ha recuperado dentro o fuera de banda;
- si un pase ha sido tocado por un receptor no elegible o por un defensor;
- si el quarterback ha dado un pase incompleto o ha cometido un fumble;
- si un pase hacia adelante se realiza de forma ilegal;
- si un pase se ha realizado hacia adelante o hacia atrás;
- si el portador del balón está o no down by contact;
- si se ha avanzado hasta llegar al primer down;
- si se ha tocado el balón tras una patada;
- jugadas relativas a la posición del balón; y
- el número de jugadores que están en el campo durante el snap.
Obviamente, la repetición no es un remedio infalible. Sigue habiendo jugadas no revisables (cada vez menos) y no siempre la repetición ofrece pruebas irrefutables de cuál es la decisión correcta. Por eso la decisión inicial sigue pesando mucho.
El principal "lunar" del actual arbitraje está en las penalizaciones. La mayoría no son revisables. Una falta personal (roughing the passer y facemask, las más frecuentes), una interferencia en pase o un holding no se pueden revisar. La decisión del árbitro es la que cuenta. Ahí queda el margen de error. Es importante, no lo dudo, pero creo que en el futuro, sobre todo si los acontecimientos siguen el cariz actual, terminarán revisándose estas jugadas.
En particular, en el tema de las pass interferences. Y sinceramente creo que los principales culpables del poco edificante festival de pañuelos que vemos de vez en cuando son los jugadores. En el fútbol americano el respeto por el compañero y por el propio deporte es muy superior al del fútbol, donde el engaño se consiente y se practica por casi todos. Es una puta vergüenza ver a jugadores como Dani Alves o Di María rebozándose por el campo, fingiendo agresiones o dolencias para que el rival reciba una mísera tarjeta amarilla. Casi todos los futbolistas lo hacen. Me da un asco que no puedo con ello. Carecen del mínimo respeto por el compañero y por su profesión.
Por desgracia, últimamente en la NFL hemos podido asistir a algunos casos parecidos. Jugadores que fingen agresiones, como Jerome Simpson o Brad Jones. Como de la actuación de Simpson ya hemos hablado en otra ocasión, exponemos al linebacker de los Packers a la vergüenza pública ahora:
Con el pass interference tenemos un problema. Es verdad. Muchos receptores lo buscan. Buscan al defensive back, exageran el contacto y alzan sus brazos para conseguir que el árbitro tire el pañuelo amarillo. La consecuencia, además, es grave para la defensa: el balón avanza hasta el lugar de la falta, con primer down automático. Y tiene difícil solución, porque si la consecuencia fuese avanzar hasta un determinado número máximo de yardas (como en el fútbol universitario), se estaría alentando a los defensores a cometer interferencias si el pase es más largo que ese máximo y el receptor tuviese clara ventaja. Es un problema difícil de resolver. Si los jugadores no ponen de su parte, estamos jodidos. Por cierto, no está de más recordar que para que exista pass interference el receptor tiene que tener posibilidades de recibir el balón. Si el pase es inatrapable, hay contacto ilegal, no pass interference.
En todo caso, creo que la culpa la tienen los asesinos, y no la policía. Aunque el deber de la policía sea perseguir los delitos y debamos reprochar las negligencias que cometa, la principal carga de responsabilidad debe seguir recayendo en los asesinos. Los jugadores. Porque son jugadores y entrenadores los que dominan el juego y su resultado.
En fin, que los contendientes siguen siendo los principales responsables del resultado de un partido. Siempre. Sobre todo en la NFL. Más que en ningún otro deporte y hoy más que nunca. Los árbitros pueden incidir si aplican de forma equivocada el reglamento, pero es inevitable. Son humanos. Igual que el "humano jugador" falla, el "humano árbitro" puede fallar. Claro que podemos criticar esos errores. Pero de ahí a ver teorías de la conspiración, a presumir que los errores no son tales sino que son voluntarios, va un trecho. Si no quieres ser víctima de un error arbitral, no des a los árbitros la posibilidad de equivocarse. Montero está lento (y comete pasos), Calvin Johnson tira innecesariamente el balón al suelo, los futbolistas hacen teatro, los jugadores de la NFL cada vez respetan menos al compañero y a la profesión... Ellos también tienen culpa de esto. Mucha.
Pero tampoco voy a ser cínico. Soy el primero en ponerme como un basilisco durante los partidos cuando veo que una decisión arbitral perjudica a mi equipo. Como todo el mundo. Me levanto y me pongo a bramar como un descosido. Naturalmente. Ahora, de ahí a considerar que el árbitro es el principal responsable de un resultado hay un trecho. Y ninguna liga, ninguna, hace tanto como la NFL por evitar el error humano. Ninguna pone tantos medios para remediarlo. Hoy estamos mejor que en 1970. Sin ninguna duda. Y en 2011 se pueden revisar más jugadas que en 2010. Cada vez se revisan más. Seguro que seguirá ampliándose el catálogo de jugadas revisables. Yo espero que algún día lleguen a revisarse penalizaciones como las pass interferences, donde es verdad que la liga tiene un problema.
El reglamento
Tras la cuestión arbitral, es decir, de si se aplica correctamente el reglamento, hay que hablar del propio reglamento. En todos los deportes las normas evolucionan. Algunos son más rígidos, como el fútbol, otros más flexibles, como el baloncesto, y otros están en constante evolución, como el fútbol americano.
Son diferentes respuestas a cada realidad. Los amantes de las tradiciones estarán más a favor de la inmovilista FIFA que de la turbulenta NFL, pero yo prefiero que el regulador sea sensible a lo que sucede en la práctica del deporte, y que intente evitar que se repitan acciones que se consideren inadecuadas. Porque si algo nos demuestra la historia de la NFL es que los cambios de normas se han debido a lances del juego que se entendían irrazonables, que no se debían permitir. A jugadas "históricas", cuyos protagonistas han dado nombre a las nuevas normas que prohíben su reedición. Atención a la retahíla de normas conocidas popularmente por los nombres jugadores o entrenadores que han estado detrás de ellas (por orden alfabético):
Bert Emanuel rule — el balón puede tocar el suelo y el pase considerarse completo siempre que el receptor mantenga el control del balón. Aprobada debido a esta jugada de la final de la NFC de 1999:
Bill Belichick rule — dos defensores, un titular y un suplente, pueden recibir comunicaciones por radio en sus cascos, de igual modo que el quarterback. Esta modificación se aprobó en 2008 tras salir a la luz el "Spygate", las grabaciones ilegales que realizaron los Patriots a las señas de los entrenadores defensivos de los Jets. Antes, la defensa se comunicaba mediante señas. Desde entonces, también por radio.
Jerome Bettis rule — las apuestas por cara o cruz (heads o tails) deben hacerse antes de que el árbitro tire la moneda al aire, y al menos dos árbitros deben estar presentes en el acto. Esta medida se tomó tras un partido entre Lions y Steelers en el que Bettis apostó por tails mientras la moneda estaba en el aire, pero a lo que el árbitro entendió heads. Salió tails, dieron la posesión a Detroit y los Lions anotaron en su primer drive, ganando el partido.
Bronko Nagurski rule — se puede pasar desde cualquier lugar por detrás de la línea de scrimmage. Esta norma, tan evidente hoy, se aprobó tras un partido de playoffs de 1932 en el que el touchdown de la victoria, tras un pase del citado jugador, pareció haberse dado menos de cinco yardas detrás de la línea (aunque el touchdown valió). Entonces, solo se podía pasar desde 5 yardas por detrás de la línea. Si es que ya desde el 32 se viene jodiendo al defensor.
Deacon Jones rule — no vale ahostiar en la cabeza. Aprobada en 1977 en respuesta a la técnica frecuentemente usada por este defensive end. Para NFL Network, el mejor pass rusher de la historia. Su head slapping technique, mítica.
Ed Hochuli rule — Se puede usar el vídeo para revisar si ha habido fumble o pase incompleto. En 2009 no se podía, y este claro fumble fue considerado como pase incompleto. Hoy hemos avanzado, y se puede revisar este tipo de acciones.
Fran Tarkenton rule — se añade un sexto árbitro, en la banda, para asegurarse de que el pase se realiza por detrás de la línea de scrimmage. La decisión se toma en 1965 como respuesta al estilo de Frank Tarkenton, que frecuentemente corría por el backfield antes de lanzar y volvía locos a los árbitros, que ni sabían dónde había empezado la jugada.
Greg Pruitt rule — se prohíbe jugar con equipaciones rotas. Greg Pruitt lo hacía para que sus placadores se quedasen con la camiseta, en vez del jugador, en sus manos. Otro que usaba esta "técnica" era Earl Campbell:
Hines Ward rule — Es ilegal realizar bloqueos ciegos con el casco, con el antebrazo o con el hombro contra la cabeza o el cuello del defensor. Norma aprobada en 2009 después de la rotura de mandíbula provocada por Hines Ward a Keith Rivers en un salvaje bloqueo.
Ken Stabler rule — esta norma es consecuencia del conocido "Holy Roller". Si un jugador comete un fumble en 4.º down o en cualquier momento durante los dos últimos minutos del segundo y el cuarto cuarto, y el balón sale hacia adelante, solo el jugador que comete el fumble puede recuperarlo y avanzar con él. Si lo recupera un compañero, el balón se queda en el lugar del fumble. Cualquier jugador del equipo contrario puede recuperarlo y avanzar.
Esta norma pretende evitar situaciones como esta, en la que el quarterback pierde el balón y el tight end se convierte en Messi.
Lester Hayes rule — prohibido usar pegamento (Stickum) para mejorar la adherencia. Aprobada en 1981 para prohibir conductas como la del defensive back de los Raiders.
Mel Blount rule — Con este nombre (también) se conoce la norma que restringe el contacto entre defensores y receptores. El gran cambio de 1978. Toma nombre de Blount porque este jugador castigaba duramente a los receptores rivales que cubría.
Mel Renfro rule — permite a un segundo jugador ofensivo atrapar un balón rechazado, sin que sea necesario que un defensor lo haya tocado antes. Se aprobó en 1978. Se habla de la regla Renfro porque este jugador fue víctima del "antiguo régimen" en la Super Bowl V: su rechace permitió a un jugador rival atrapar legalmente el balón y correr con él para conseguir un touchdown de 75 yardas. Se ve en el segundo 30 de este vídeo:
Ricky (Williams) rule — Aprobada en 2003, permite placar por el pelo. Antes no. Bueno para la defensa.
Roy Williams rule — se prohíben los horse-collar tackles. Agarrones por el cuello del uniforme. Aprobada en 2005 después de que este jugador causase dos graves lesiones a rivales usando esta técnica.
Tom Brady rule — Prohíbe al defensor que está en el suelo tirarse a por las piernas del quarterback a menos que el defensor haya sido bloqueado o desplazado hacia el jugador. Se aprueba como consecuencia de esta jugada, que lesionó gravemente a Tom Brady:
Cosas pasan, la NFL responde. ¿Siempre contra la defensa? No. De las normas enumeradas, unas cuantas perjudican al ataque.
La afirmación de Mariano que menos comparto es la que achaca a Goodell la voluntad de acabar con las defensas. De verdad que no lo veo. Para contrastar si puede ser así, lo primero que debemos comprender es cómo se cambias las reglas del juego en la NFL. Para aprobar un cambio de normas en la NFL, los propietarios de las franquicias deben aprobarla. Son los equipos, en último término, los que deciden si cambian o no las reglas del juego. Si hay nueve equipos en contra de una modificación, el cambio propuesto no sale adelante. Es decir, que con menos de un 30% de los votos se tiene poder de veto. Por tanto, los cambios no son "de Goodell", son "de la NFL", dado el amplio consenso necesario para aprobarlos. Evidentemente, Goodell tiene mucha influencia, porque es el que propone, pero no tanta como para que podamos imputarle la responsabilidad de estos cambios.
Lo siguiente que debemos analizar es si realmente los cambios de normas o su aplicación arbitral han perjudicado sensiblemente a la defensa. Que ya adelanto que no. Si bien admito que la tendencia de las tres últimas décadas es la de favorecer el ataque (algo que entiendo, puesto que la NFL es un negocio y sin espectáculo el negocio se cae, y aunque a algunos les pese el espectáculo más digerible para las masas es el ofensivo), otras modificaciones perjudican al ataque. Ya he citado antes unas cuantas, pero hay tres bastante recientes que merece la pena comentar.
El cambio más importante a favor de la defensa (y de la claridad interpretativa del reglamento) es el que exige para completar un pase al receptor tocar con sus dos pies el campo de juego con el balón en posesión. Posesión del balón y dos pies en el suelo. Antes, un pase también se consideraba completo si el receptor no tocaba con los dos pies dentro del terreno de juego por haber sido empujado por un defensor hacia fuera del campo (force out rule). Desde 2008, no. Importante modificación a favor del defensor.
El siguiente cambio, también importante, es la interpretación de la "regla Calvin Johnson". La posesión del balón y los dos pies en el suelo pueden no ser suficientes para completar el pase. Si el receptor, en el proceso de conseguir la posesión del balón, está cayendo al suelo, debe conservar la posesión tras la caída. Esto da margen al defensor para intentar provocar la caída y . Esta temporada he visto bastantes pases que parecían completos que se van al garete por la habilidad del defensor de turno al provocar la caída y la pérdida de la posesión. Es un arma que Tramon Williams usa bastante bien.
Otro de los recientes (y polémicos) cambios en las reglas del juego que ha ayudado a las defensas es el desplazamiento del kickoff de la yarda 30 a la 35. El número de touchbacks se ha incrementado muy significativamente, y aunque seguimos viendo de vez en cuando retornos espectaculares hasta la goal line contraria, las posesiones ofensivas casi siempre comienzan en la 20. Es decir, que el ataque debe avanzar más yardas para llegar a anotar.
Por cierto, ojo con medir el potencial ofensivo de un equipo por los puntos totales que anota. No solo anotan los atacantes. También los defensores y los equipos especiales. Aunque las anotaciones ofensivas son las más frecuentes, en algunas ocasiones son las defensas las que llevan el peso de la anotación. Recordemos la Super Bowl que Tampa gana a Oakland. El resultado fue 48-21. Viendo el resultado, podríamos interpretar que se trataba de una exhibición ofensiva, cuando no fue ni mucho menos así. Ese partido lo dominó una defensa. La mejor defensa de aquella temporada, la de Tampa, aplastó al ataque de los Raiders consiguiendo cinco intercepciones (tres retornadas para touchdown). Sí, en ocasiones la alta anotación se debe a la inspiración defensiva. ¿Recordáis el partido que gana Kansas City en Oakland por 0-28? Todo defensa. Por tanto, a la hora de evaluar si los ataques consiguen mejores resultados que antes no vale tener en cuenta los puntos totales de cada equipo. Habrá que atenerse a otros criterios: puntos ofensivos y yardas de ataque.
Sinceramente, creo que las defensas siguen contando sustancialmente con las mismas armas para detener a los ataques rivales. Las mismas. Sí, cada vez más tipos de placajes son ilegales, pero su incidencia en el juego no es tan importante. La defensa de Baltimore sigue aplastando a sus rivales, aunque ahora hay más golpes que se consideran "tardíos" a un quarterback o aunque el receptor deba "reestablecerse" antes de ser golpeado violentamente. Una defensa dominante sigue teniendo capacidad para imponerse al ataque rival. Es mi impresión.
Pero como mis impresiones no son más que impresiones, vamos a contrastarlas con datos. Ahí están los números ofensivos, por equipo, en los últimos 36 años de historia de la NFL, según Pro Football Reference.
La verdad, en vista de los números, no aprecio un cambio sustancial. 22 puntos por partido, en línea con otros registros históricos. Las yardas por jugada ofensiva (Y/P) están en máximos históricos, es verdad, pero esas 5,4 yardas que se consigue por snap de ataque no se alejan mucho de las 5,0-5,1 que se vinieron consiguiendo durante los 80 y los 90 (la diferencia es de un 5%). Las yardas ofensivas totales tampoco sobresalen tanto. 345 por partido, no muchas más que en 1981 (la diferencia es de poco más de un 3%). ¿De dónde viene la mejora ofensiva? Del ataque aéreo. Es verdad que las 229 yardas de pase por partido suponen una sustancial mejora con respecto de los números de los 70. Mi explicación, los excelentes pasadores y receptores que ahora juegan.
Retrocedamos aún más en el tiempo.
Joder, menudo festival en 1962, ¿no? 5,3 yardas por jugada de ataque. Casi, casi, como ahora. En fin, que no veo una evolución, o una revolución, tan contundente a favor del ataque. Y es verdad que la carrera ha perdido importancia. Importancia relativa, porque en términos absolutos el descenso no es tan significativo. Se intentan menos carreras hoy (27,2 por partido, lejos de las casi 38 de 1956), porque el pase sale más rentable.
No, no veo la revolución. En la AFC Oeste hay un equipo ganando a base de defensa, defensa y defensa; carrera, carrera y carrera. Un equipo que llega 0-0 a los descansos; que anota poco, pero al que le anotan menos. Eso sí, cuenta con la ayuda de la divinidad, más preocupada por que gane quien le reza que por acabar con el hambre en el mundo (me pongo a cubierto, que vienen las fans). Ese equipo demuestra que se puede vencer sin juego de pase. Con tácticas cavernícolas. Otros equipos ganan pasando hasta el amanecer (Green Bay, New England), pero no es la única vía.
El hecho es que en 2011 se anotan 22 puntos ofensivos por partido. De 1962 a 1965 se anotaba incluso más. Por tanto, hoy, igual que ayer, quien supere los 22 puntos ofensivos tendrá muchas papeletas para llevarse la victoria. De igual modo, quien consiga recibir menos de esos 22 puntos, habrá hecho más fácil la vida a su ataque para ganar.
Las normas cambian; los resultados, no tanto.
Conclusión
Creo que la NFL es un ejemplo de cómo se debe arbitrar y reglamentar. Ojalá todos los deportes pusiesen la tecnología al servicio del arbitraje como lo hace la NFL. Ojalá todos los árbitros explicasen públicamente sus decisiones controvertidas. Ojalá todos los reguladores respondiesen a los problemas que se ponen de manifiesto en la práctica. Pero eso son meros elementos, lo importante es la batalla. Una batalla que sigue existiendo, y en la que los contendientes, atacantes y defensores, disponen de potentes armas por decidir por sí mismos el resultado. Gana el mejor, no quien los árbitros o la liga quieran que gane.
En España tenemos un vicio que me revienta cuando vemos un acontecimiento deportivo: nos fijamos demasiado en los elementos, y no en los contendientes, o por lo menos no tanto como merecen. Por suerte, en los Estados Unidos ese vicio está más controlado. Y que siga. Por aquí, no. Los elementos son siempre excusa.
Algunos medios potencian ese espíritu del noesmiculpismo. En vez de admirar o, siquiera, reconocer los méritos de un equipo que está marcando una época como el actual Barcelona, los medios deportivos españoles de mayor tirada se centran en defender absurdas conspiraciones. Basura. Por la que hay peña que encima cobra. Te cagas. Vergüenza debería darles. Qué asco, joder. De ahí mi indignación cuando leo opiniones conspiracionistas en la NFL. Espero que el debate sobre la NFL no se rebaje a los estándares de la prensa deportiva futbolera, en la que el volumen de información es tan abundante como poco interesante. La obra periodística que produce el fútbol patrio habla poco del juego y mucho de los elementos. Algo que, por cierto, viene muy bien a los especialistas en buscar excusas que maquillen sus fracasos.
Que hay que asumir las responsabilidades. El principal responsable del rendimiento de uno es uno mismo. Si los elementos te joden, haz lo posible para evitarlos. Claro que mandaste a tus barcos a luchar en los elementos.
The laws have changed, de los New Pornographers.
Mandé mis barcos a luchar contra los hombres, no contra los elementos.
Célebre frase de un vallisoletano. No Mariano Tovar, sino Felipe II. Una frase que resume muy bien cierta parte de la idiosincrasia del español: la de no asumir la propia responsabilidad. Echar la culpa al empedrado. A cualquier otro menos a uno mismo.
La frase no puede ser más tramposa. No la comparto. A ver, Felipe, claro que mandaste a tus hombres a luchar contra los elementos. Mejor dicho, en los elementos. ¿Dónde coño iban a batallar? ¿A las apacibles aguas del Mar Menor o a la costa inglesa? Los elementos juegan un papel importante. Hay que tenerlos en cuenta. Y asumir la responsabilidad de la derrota. Algo que cuesta mucho por estos lares, donde no dimite ni dios, donde la culpa siempre es de otro. Desde los tiempos en los que en el Imperio no se ponía el sol. Así nos va.
En el deporte, los elementos no son solo meteorológicos. No solo hay que tener en cuenta el frío de Lambeau Field, la altura de Mile High o el sofoco de Miami. También hay elementos humanos. Primero, el público. Si vas a jugar a Seattle, tienes que preparar una estrategia para vencer el ruido. Pero hay otros elementos. Y menudos elementos. Los árbitros. La excusa universal. Los árbitros son responsables de aplicar el reglamento. Otro elemento importante. Analicemos los dos por separado. ¿Se arbitra bien en la NFL? ¿Inciden de forma esencial los árbitros con sus (equivocadas) decisiones en el resultado de los partidos? ¿El reglamento persigue a las defensas? ¿Ha cambiado la NFL de tal modo que se ha convertido en un festival ofensivo, impidiendo el normal desarrollo del juego defensivo? Analicemos ambas cuestiones, árbitros y reglamento, por separado.
Los árbitros
Lo siento, pero voy a hacer referencia a deportes distintos del fútbol americano. La comparación es necesaria, porque el bien y el mal son conceptos relativos. La evaluación dependerá del estándar de exigencia. Para fijar ese estándar creo que tenemos dos referencias: cómo se arbitra en otros deportes (los errores y arbitrariedades --nunca mejor dicho-- que se perpetran en competiciones diferentes) y cómo se ha arbitrado antes en la NFL (es decir, si ahora se cometen más o menos fallos arbitrales que antes).
Empecemos la comparación con otros deportes. Célebres son algunos errores arbitrales que elevan a la categoría de "robo" algunos resultados. Por ejemplo, en baloncesto, quién no recuerda el tapón ilegal de Vrankovic a Montero en la final de la Euroliga (esa jugada es una sucesión de infracciones, porque Montero hace pasos antes de tirar y el reloj se queda parado en medio de la jugada).
En fútbol, probablemente el error arbitral más famoso de la historia es el gol que se concede a Inglaterra en la final del Mundial de 1966 ante Alemania. En la prórroga, con 2-2 en el marcador, Geoff Hurst recibe dentro del área, tira, el balón da en el larguero y bota...
...en la línea. Si bota en la línea no es gol. Pero los árbitros lo concedieron. Era 1966, pero el fútbol no ha progresado desde entonces. Con los mismos equipos, este error se repitió, pero al revés, en el Mundial 2010.
Por suerte, es difícil que en la NFL se produzcan este tipo de errores hoy. Hoy, insisto. Porque hoy estamos mejor que ayer. Y si se producen errores garrafales, la NFL hará algo para remediarlo. ¿Por qué? Porque en la NFL hay sentido común. Un mínimo de sentido común que no existe en los demás deportes. Cuando en la NFL se dieron cuenta de algo tan sencillo como que las repeticiones de las jugadas, disponibles de manera inmediata, mostraban que una decisión arbitral estaba equivocada, decidieron hacer posible la revisión de las jugadas en vídeo (si veis entero el vídeo, de hace ya unos años, veréis a alguien diciendo unas palabras que os sonarán "que siempre se busca hacer la vida imposible a las defensas" --qué poco hemos cambiado--).
Sí, el vídeo, el aliado del árbitro, hace que en la NFL el margen de error sea mucho menor que en otros deportes. Lo han conseguido, simplemente, aplicando el sentido común. Por tanto, aplicando el criterio interdeportivo, podemos concluir que el arbitraje NFL es mucho mejor que el estándar.
Y no solo se revisa, sino que además se explica. Árbitros exponiendo públicamente el fundamento de sus decisiones. Para hacerles un monumento. Bueno, de hecho conozco a una persona que es fan de los árbitros de la NFL. Pero tan fan que en su día le regalaron un kit arbitral, con sus pañuelicos amarillos y todo.
Vamos con el criterio temporal. ¿Vamos a peor? Es decir, ¿estamos hoy peor que ayer? La respuesta depende de qué interpretemos por ayer. En la era del instant replay se cometen menos errores arbitrales que en la etapa pretelevisiva. Esto es indudable y creo que indiscutible.
Ahora bien, dentro de la etapa en la que se permiten repeticiones ¿vamos a mejor? Yo creo que sí. Por un sencillo motivo: cada vez se revisan más jugadas. El ámbito de la revisión se ha ido ampliando año a año. Y no solo se incrementa qué se revisa, sino cuánto se revisa. Desde esta temporada se revisan automáticamente todas las anotaciones, sin necesidad de challenge del entrenador. Así se evitan situaciones injustas de otras temporadas, en las que una anotación claramente improcedente no se puede revisar por falta de challenges del equipo perjudicado. Vamos avanzando. En cuanto a qué se revisa, esto es todo lo que está sujeto a la comprobación en vídeo:
- anotaciones;
- si un pase es completo, incompleto o interceptado;
- si el portador del balón está fuera de banda;
- si el balón se ha recuperado dentro o fuera de banda;
- si un pase ha sido tocado por un receptor no elegible o por un defensor;
- si el quarterback ha dado un pase incompleto o ha cometido un fumble;
- si un pase hacia adelante se realiza de forma ilegal;
- si un pase se ha realizado hacia adelante o hacia atrás;
- si el portador del balón está o no down by contact;
- si se ha avanzado hasta llegar al primer down;
- si se ha tocado el balón tras una patada;
- jugadas relativas a la posición del balón; y
- el número de jugadores que están en el campo durante el snap.
Obviamente, la repetición no es un remedio infalible. Sigue habiendo jugadas no revisables (cada vez menos) y no siempre la repetición ofrece pruebas irrefutables de cuál es la decisión correcta. Por eso la decisión inicial sigue pesando mucho.
El principal "lunar" del actual arbitraje está en las penalizaciones. La mayoría no son revisables. Una falta personal (roughing the passer y facemask, las más frecuentes), una interferencia en pase o un holding no se pueden revisar. La decisión del árbitro es la que cuenta. Ahí queda el margen de error. Es importante, no lo dudo, pero creo que en el futuro, sobre todo si los acontecimientos siguen el cariz actual, terminarán revisándose estas jugadas.
En particular, en el tema de las pass interferences. Y sinceramente creo que los principales culpables del poco edificante festival de pañuelos que vemos de vez en cuando son los jugadores. En el fútbol americano el respeto por el compañero y por el propio deporte es muy superior al del fútbol, donde el engaño se consiente y se practica por casi todos. Es una puta vergüenza ver a jugadores como Dani Alves o Di María rebozándose por el campo, fingiendo agresiones o dolencias para que el rival reciba una mísera tarjeta amarilla. Casi todos los futbolistas lo hacen. Me da un asco que no puedo con ello. Carecen del mínimo respeto por el compañero y por su profesión.
Por desgracia, últimamente en la NFL hemos podido asistir a algunos casos parecidos. Jugadores que fingen agresiones, como Jerome Simpson o Brad Jones. Como de la actuación de Simpson ya hemos hablado en otra ocasión, exponemos al linebacker de los Packers a la vergüenza pública ahora:
Con el pass interference tenemos un problema. Es verdad. Muchos receptores lo buscan. Buscan al defensive back, exageran el contacto y alzan sus brazos para conseguir que el árbitro tire el pañuelo amarillo. La consecuencia, además, es grave para la defensa: el balón avanza hasta el lugar de la falta, con primer down automático. Y tiene difícil solución, porque si la consecuencia fuese avanzar hasta un determinado número máximo de yardas (como en el fútbol universitario), se estaría alentando a los defensores a cometer interferencias si el pase es más largo que ese máximo y el receptor tuviese clara ventaja. Es un problema difícil de resolver. Si los jugadores no ponen de su parte, estamos jodidos. Por cierto, no está de más recordar que para que exista pass interference el receptor tiene que tener posibilidades de recibir el balón. Si el pase es inatrapable, hay contacto ilegal, no pass interference.
En todo caso, creo que la culpa la tienen los asesinos, y no la policía. Aunque el deber de la policía sea perseguir los delitos y debamos reprochar las negligencias que cometa, la principal carga de responsabilidad debe seguir recayendo en los asesinos. Los jugadores. Porque son jugadores y entrenadores los que dominan el juego y su resultado.
En fin, que los contendientes siguen siendo los principales responsables del resultado de un partido. Siempre. Sobre todo en la NFL. Más que en ningún otro deporte y hoy más que nunca. Los árbitros pueden incidir si aplican de forma equivocada el reglamento, pero es inevitable. Son humanos. Igual que el "humano jugador" falla, el "humano árbitro" puede fallar. Claro que podemos criticar esos errores. Pero de ahí a ver teorías de la conspiración, a presumir que los errores no son tales sino que son voluntarios, va un trecho. Si no quieres ser víctima de un error arbitral, no des a los árbitros la posibilidad de equivocarse. Montero está lento (y comete pasos), Calvin Johnson tira innecesariamente el balón al suelo, los futbolistas hacen teatro, los jugadores de la NFL cada vez respetan menos al compañero y a la profesión... Ellos también tienen culpa de esto. Mucha.
Pero tampoco voy a ser cínico. Soy el primero en ponerme como un basilisco durante los partidos cuando veo que una decisión arbitral perjudica a mi equipo. Como todo el mundo. Me levanto y me pongo a bramar como un descosido. Naturalmente. Ahora, de ahí a considerar que el árbitro es el principal responsable de un resultado hay un trecho. Y ninguna liga, ninguna, hace tanto como la NFL por evitar el error humano. Ninguna pone tantos medios para remediarlo. Hoy estamos mejor que en 1970. Sin ninguna duda. Y en 2011 se pueden revisar más jugadas que en 2010. Cada vez se revisan más. Seguro que seguirá ampliándose el catálogo de jugadas revisables. Yo espero que algún día lleguen a revisarse penalizaciones como las pass interferences, donde es verdad que la liga tiene un problema.
El reglamento
Tras la cuestión arbitral, es decir, de si se aplica correctamente el reglamento, hay que hablar del propio reglamento. En todos los deportes las normas evolucionan. Algunos son más rígidos, como el fútbol, otros más flexibles, como el baloncesto, y otros están en constante evolución, como el fútbol americano.
Son diferentes respuestas a cada realidad. Los amantes de las tradiciones estarán más a favor de la inmovilista FIFA que de la turbulenta NFL, pero yo prefiero que el regulador sea sensible a lo que sucede en la práctica del deporte, y que intente evitar que se repitan acciones que se consideren inadecuadas. Porque si algo nos demuestra la historia de la NFL es que los cambios de normas se han debido a lances del juego que se entendían irrazonables, que no se debían permitir. A jugadas "históricas", cuyos protagonistas han dado nombre a las nuevas normas que prohíben su reedición. Atención a la retahíla de normas conocidas popularmente por los nombres jugadores o entrenadores que han estado detrás de ellas (por orden alfabético):
Bert Emanuel rule — el balón puede tocar el suelo y el pase considerarse completo siempre que el receptor mantenga el control del balón. Aprobada debido a esta jugada de la final de la NFC de 1999:
Bill Belichick rule — dos defensores, un titular y un suplente, pueden recibir comunicaciones por radio en sus cascos, de igual modo que el quarterback. Esta modificación se aprobó en 2008 tras salir a la luz el "Spygate", las grabaciones ilegales que realizaron los Patriots a las señas de los entrenadores defensivos de los Jets. Antes, la defensa se comunicaba mediante señas. Desde entonces, también por radio.
Jerome Bettis rule — las apuestas por cara o cruz (heads o tails) deben hacerse antes de que el árbitro tire la moneda al aire, y al menos dos árbitros deben estar presentes en el acto. Esta medida se tomó tras un partido entre Lions y Steelers en el que Bettis apostó por tails mientras la moneda estaba en el aire, pero a lo que el árbitro entendió heads. Salió tails, dieron la posesión a Detroit y los Lions anotaron en su primer drive, ganando el partido.
Bronko Nagurski rule — se puede pasar desde cualquier lugar por detrás de la línea de scrimmage. Esta norma, tan evidente hoy, se aprobó tras un partido de playoffs de 1932 en el que el touchdown de la victoria, tras un pase del citado jugador, pareció haberse dado menos de cinco yardas detrás de la línea (aunque el touchdown valió). Entonces, solo se podía pasar desde 5 yardas por detrás de la línea. Si es que ya desde el 32 se viene jodiendo al defensor.
Deacon Jones rule — no vale ahostiar en la cabeza. Aprobada en 1977 en respuesta a la técnica frecuentemente usada por este defensive end. Para NFL Network, el mejor pass rusher de la historia. Su head slapping technique, mítica.
Ed Hochuli rule — Se puede usar el vídeo para revisar si ha habido fumble o pase incompleto. En 2009 no se podía, y este claro fumble fue considerado como pase incompleto. Hoy hemos avanzado, y se puede revisar este tipo de acciones.
Fran Tarkenton rule — se añade un sexto árbitro, en la banda, para asegurarse de que el pase se realiza por detrás de la línea de scrimmage. La decisión se toma en 1965 como respuesta al estilo de Frank Tarkenton, que frecuentemente corría por el backfield antes de lanzar y volvía locos a los árbitros, que ni sabían dónde había empezado la jugada.
Greg Pruitt rule — se prohíbe jugar con equipaciones rotas. Greg Pruitt lo hacía para que sus placadores se quedasen con la camiseta, en vez del jugador, en sus manos. Otro que usaba esta "técnica" era Earl Campbell:
Hines Ward rule — Es ilegal realizar bloqueos ciegos con el casco, con el antebrazo o con el hombro contra la cabeza o el cuello del defensor. Norma aprobada en 2009 después de la rotura de mandíbula provocada por Hines Ward a Keith Rivers en un salvaje bloqueo.
Ken Stabler rule — esta norma es consecuencia del conocido "Holy Roller". Si un jugador comete un fumble en 4.º down o en cualquier momento durante los dos últimos minutos del segundo y el cuarto cuarto, y el balón sale hacia adelante, solo el jugador que comete el fumble puede recuperarlo y avanzar con él. Si lo recupera un compañero, el balón se queda en el lugar del fumble. Cualquier jugador del equipo contrario puede recuperarlo y avanzar.
Esta norma pretende evitar situaciones como esta, en la que el quarterback pierde el balón y el tight end se convierte en Messi.
Lester Hayes rule — prohibido usar pegamento (Stickum) para mejorar la adherencia. Aprobada en 1981 para prohibir conductas como la del defensive back de los Raiders.
Mel Blount rule — Con este nombre (también) se conoce la norma que restringe el contacto entre defensores y receptores. El gran cambio de 1978. Toma nombre de Blount porque este jugador castigaba duramente a los receptores rivales que cubría.
Mel Renfro rule — permite a un segundo jugador ofensivo atrapar un balón rechazado, sin que sea necesario que un defensor lo haya tocado antes. Se aprobó en 1978. Se habla de la regla Renfro porque este jugador fue víctima del "antiguo régimen" en la Super Bowl V: su rechace permitió a un jugador rival atrapar legalmente el balón y correr con él para conseguir un touchdown de 75 yardas. Se ve en el segundo 30 de este vídeo:
Ricky (Williams) rule — Aprobada en 2003, permite placar por el pelo. Antes no. Bueno para la defensa.
Roy Williams rule — se prohíben los horse-collar tackles. Agarrones por el cuello del uniforme. Aprobada en 2005 después de que este jugador causase dos graves lesiones a rivales usando esta técnica.
Tom Brady rule — Prohíbe al defensor que está en el suelo tirarse a por las piernas del quarterback a menos que el defensor haya sido bloqueado o desplazado hacia el jugador. Se aprueba como consecuencia de esta jugada, que lesionó gravemente a Tom Brady:
Cosas pasan, la NFL responde. ¿Siempre contra la defensa? No. De las normas enumeradas, unas cuantas perjudican al ataque.
La afirmación de Mariano que menos comparto es la que achaca a Goodell la voluntad de acabar con las defensas. De verdad que no lo veo. Para contrastar si puede ser así, lo primero que debemos comprender es cómo se cambias las reglas del juego en la NFL. Para aprobar un cambio de normas en la NFL, los propietarios de las franquicias deben aprobarla. Son los equipos, en último término, los que deciden si cambian o no las reglas del juego. Si hay nueve equipos en contra de una modificación, el cambio propuesto no sale adelante. Es decir, que con menos de un 30% de los votos se tiene poder de veto. Por tanto, los cambios no son "de Goodell", son "de la NFL", dado el amplio consenso necesario para aprobarlos. Evidentemente, Goodell tiene mucha influencia, porque es el que propone, pero no tanta como para que podamos imputarle la responsabilidad de estos cambios.
Lo siguiente que debemos analizar es si realmente los cambios de normas o su aplicación arbitral han perjudicado sensiblemente a la defensa. Que ya adelanto que no. Si bien admito que la tendencia de las tres últimas décadas es la de favorecer el ataque (algo que entiendo, puesto que la NFL es un negocio y sin espectáculo el negocio se cae, y aunque a algunos les pese el espectáculo más digerible para las masas es el ofensivo), otras modificaciones perjudican al ataque. Ya he citado antes unas cuantas, pero hay tres bastante recientes que merece la pena comentar.
El cambio más importante a favor de la defensa (y de la claridad interpretativa del reglamento) es el que exige para completar un pase al receptor tocar con sus dos pies el campo de juego con el balón en posesión. Posesión del balón y dos pies en el suelo. Antes, un pase también se consideraba completo si el receptor no tocaba con los dos pies dentro del terreno de juego por haber sido empujado por un defensor hacia fuera del campo (force out rule). Desde 2008, no. Importante modificación a favor del defensor.
El siguiente cambio, también importante, es la interpretación de la "regla Calvin Johnson". La posesión del balón y los dos pies en el suelo pueden no ser suficientes para completar el pase. Si el receptor, en el proceso de conseguir la posesión del balón, está cayendo al suelo, debe conservar la posesión tras la caída. Esto da margen al defensor para intentar provocar la caída y . Esta temporada he visto bastantes pases que parecían completos que se van al garete por la habilidad del defensor de turno al provocar la caída y la pérdida de la posesión. Es un arma que Tramon Williams usa bastante bien.
Otro de los recientes (y polémicos) cambios en las reglas del juego que ha ayudado a las defensas es el desplazamiento del kickoff de la yarda 30 a la 35. El número de touchbacks se ha incrementado muy significativamente, y aunque seguimos viendo de vez en cuando retornos espectaculares hasta la goal line contraria, las posesiones ofensivas casi siempre comienzan en la 20. Es decir, que el ataque debe avanzar más yardas para llegar a anotar.
Por cierto, ojo con medir el potencial ofensivo de un equipo por los puntos totales que anota. No solo anotan los atacantes. También los defensores y los equipos especiales. Aunque las anotaciones ofensivas son las más frecuentes, en algunas ocasiones son las defensas las que llevan el peso de la anotación. Recordemos la Super Bowl que Tampa gana a Oakland. El resultado fue 48-21. Viendo el resultado, podríamos interpretar que se trataba de una exhibición ofensiva, cuando no fue ni mucho menos así. Ese partido lo dominó una defensa. La mejor defensa de aquella temporada, la de Tampa, aplastó al ataque de los Raiders consiguiendo cinco intercepciones (tres retornadas para touchdown). Sí, en ocasiones la alta anotación se debe a la inspiración defensiva. ¿Recordáis el partido que gana Kansas City en Oakland por 0-28? Todo defensa. Por tanto, a la hora de evaluar si los ataques consiguen mejores resultados que antes no vale tener en cuenta los puntos totales de cada equipo. Habrá que atenerse a otros criterios: puntos ofensivos y yardas de ataque.
Sinceramente, creo que las defensas siguen contando sustancialmente con las mismas armas para detener a los ataques rivales. Las mismas. Sí, cada vez más tipos de placajes son ilegales, pero su incidencia en el juego no es tan importante. La defensa de Baltimore sigue aplastando a sus rivales, aunque ahora hay más golpes que se consideran "tardíos" a un quarterback o aunque el receptor deba "reestablecerse" antes de ser golpeado violentamente. Una defensa dominante sigue teniendo capacidad para imponerse al ataque rival. Es mi impresión.
Pero como mis impresiones no son más que impresiones, vamos a contrastarlas con datos. Ahí están los números ofensivos, por equipo, en los últimos 36 años de historia de la NFL, según Pro Football Reference.
La verdad, en vista de los números, no aprecio un cambio sustancial. 22 puntos por partido, en línea con otros registros históricos. Las yardas por jugada ofensiva (Y/P) están en máximos históricos, es verdad, pero esas 5,4 yardas que se consigue por snap de ataque no se alejan mucho de las 5,0-5,1 que se vinieron consiguiendo durante los 80 y los 90 (la diferencia es de un 5%). Las yardas ofensivas totales tampoco sobresalen tanto. 345 por partido, no muchas más que en 1981 (la diferencia es de poco más de un 3%). ¿De dónde viene la mejora ofensiva? Del ataque aéreo. Es verdad que las 229 yardas de pase por partido suponen una sustancial mejora con respecto de los números de los 70. Mi explicación, los excelentes pasadores y receptores que ahora juegan.
Retrocedamos aún más en el tiempo.
Joder, menudo festival en 1962, ¿no? 5,3 yardas por jugada de ataque. Casi, casi, como ahora. En fin, que no veo una evolución, o una revolución, tan contundente a favor del ataque. Y es verdad que la carrera ha perdido importancia. Importancia relativa, porque en términos absolutos el descenso no es tan significativo. Se intentan menos carreras hoy (27,2 por partido, lejos de las casi 38 de 1956), porque el pase sale más rentable.
No, no veo la revolución. En la AFC Oeste hay un equipo ganando a base de defensa, defensa y defensa; carrera, carrera y carrera. Un equipo que llega 0-0 a los descansos; que anota poco, pero al que le anotan menos. Eso sí, cuenta con la ayuda de la divinidad, más preocupada por que gane quien le reza que por acabar con el hambre en el mundo (me pongo a cubierto, que vienen las fans). Ese equipo demuestra que se puede vencer sin juego de pase. Con tácticas cavernícolas. Otros equipos ganan pasando hasta el amanecer (Green Bay, New England), pero no es la única vía.
El hecho es que en 2011 se anotan 22 puntos ofensivos por partido. De 1962 a 1965 se anotaba incluso más. Por tanto, hoy, igual que ayer, quien supere los 22 puntos ofensivos tendrá muchas papeletas para llevarse la victoria. De igual modo, quien consiga recibir menos de esos 22 puntos, habrá hecho más fácil la vida a su ataque para ganar.
Las normas cambian; los resultados, no tanto.
Conclusión
Creo que la NFL es un ejemplo de cómo se debe arbitrar y reglamentar. Ojalá todos los deportes pusiesen la tecnología al servicio del arbitraje como lo hace la NFL. Ojalá todos los árbitros explicasen públicamente sus decisiones controvertidas. Ojalá todos los reguladores respondiesen a los problemas que se ponen de manifiesto en la práctica. Pero eso son meros elementos, lo importante es la batalla. Una batalla que sigue existiendo, y en la que los contendientes, atacantes y defensores, disponen de potentes armas por decidir por sí mismos el resultado. Gana el mejor, no quien los árbitros o la liga quieran que gane.
En España tenemos un vicio que me revienta cuando vemos un acontecimiento deportivo: nos fijamos demasiado en los elementos, y no en los contendientes, o por lo menos no tanto como merecen. Por suerte, en los Estados Unidos ese vicio está más controlado. Y que siga. Por aquí, no. Los elementos son siempre excusa.
Algunos medios potencian ese espíritu del noesmiculpismo. En vez de admirar o, siquiera, reconocer los méritos de un equipo que está marcando una época como el actual Barcelona, los medios deportivos españoles de mayor tirada se centran en defender absurdas conspiraciones. Basura. Por la que hay peña que encima cobra. Te cagas. Vergüenza debería darles. Qué asco, joder. De ahí mi indignación cuando leo opiniones conspiracionistas en la NFL. Espero que el debate sobre la NFL no se rebaje a los estándares de la prensa deportiva futbolera, en la que el volumen de información es tan abundante como poco interesante. La obra periodística que produce el fútbol patrio habla poco del juego y mucho de los elementos. Algo que, por cierto, viene muy bien a los especialistas en buscar excusas que maquillen sus fracasos.
Que hay que asumir las responsabilidades. El principal responsable del rendimiento de uno es uno mismo. Si los elementos te joden, haz lo posible para evitarlos. Claro que mandaste a tus barcos a luchar en los elementos.
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viernes, 9 de diciembre de 2011
Cualquier tiempo pasado fue anterior
Ah, los tiempos pasados. Cómo los añoramos. Entonces sí que se hacían las cosas en condiciones. No como ahora. Entonces, la gente se ganaba el pan esforzadamente, con el sudor de su frente. Las nuevas generaciones se están echando a perder. Ahora lo dan todo hecho. Ah, si los jóvenes de ahora viviesen las condiciones que nosotros sufrimos en su momento. Aquello sí que era trabajar. Los jóvenes de ahora se quejan de vicio. Qué bien lo explican los Monty Python.
Sí, según envejecemos nos entran las añoranzas de los tiempos pasados. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Aunque no es una película que me haya gustado mucho, en Midnight in Paris reflejan muy bien esta idea tan frecuente en el ser humano: la de idealizar el pasado y rechazar el presente. Michael Sheen, que interpreta a un pedante y odioso intelectualoide, explica con mucha claridad la idea a Owen Wilson: vive anclado en el pasado, lo idealiza, suprime toda connotación negativa y potencia las positivas. No nos acordamos de lo malo, nuestra memoria solo retiene lo bueno. Quien vive hoy desea vivir ayer; mientras quien vive ayer quiere vivir antes de ayer. Y así sucesivamente.
¿A qué viene todo esto?
Esto viene a una discusión, en la que cometí alguna infracción por unsportsmanlike conduct, que mantenía con Mariano Tovar en su entrada de Zona Roja del jueves. Quizá también hubo rudeza innecesaria por mi parte. Lo siguiente trata un tema conexo con el de esa entrada, pero ninguna de las cuestiones que trato aquí se las atribuyo a ese autor, que puede o no estar de acuerdo con la visión nostálgica de la NFL. Por si acaso, lo aclaro.
Ayer.
Algunos añoran tiempos pasados en el fútbol americano. Desde jugadores a analistas, escuchamos lamentaciones por el derrotero amariconado que parece estar tomando la NFL. Alguno ha propuesto añadir una F al acrónimo: NFFL. National Flag Football League. El legislador se está cargando la esencia del fútbol americano. Esto es un puto circo. Cualquier día prohíben el contacto.
Ah, qué tiempos, aquellos del run to daylight. Correr hasta ver la luz. Si Lombardi levantase la cabeza, aparte de darse una buena hostia contra la tapia, no reconocería este como su deporte. Aquel sí que era un deporte de hombres. Un deporte no de contacto, sino de colisión. Power football. Aplastar al contrario.
Lo de ahora se ha convertido en un circo. Ver a estos Packers 12-0, y con un anillo, sin apenas juego de carrera. Qué perversión: es la carrera la que debe "establecerse", en primer lugar, para luego recurrir al pase. No al revés. Qué es eso de que el pase primero, para luego recurrir a la carrera. Cómo puede ir un equipo 12-0, habiendo permitido tantas yardas al rival. Tanto ellos como los Patriots llevan ritmo de encajar más yardas de pase que las que Dan Marino consiguió en 1984. ¡Y ganan! Joder, si es que hay tres tipos que pueden batir el récord de Marino.
Qué tiempos aquellos, ¿verdad? Tiempos en los que el objetivo era cazar al quarterback, en los que se podía cazar al quarterback y este asumía que ser golpeado formaba parte de su sueldo. Tiempos en los que el receptor sabía que la recepción le iba a costar una fuerte contusión. Ah, esos Raiders de los setenta, que acosaban al atacante, esos sí que eran hombres. Aquellos partidos sí podían recibir la consideración de batallas. Sus contendientes eran héroes que abandonaban el estadio con el uniforme embarrado y el cuerpo magullado.
Lo de ahora se parece tanto al fútbol americano como lo que hacen los Harlem Globetrotters al baloncesto.
¿Por qué hemos cambiado tanto? En primer lugar debemos cuestionarnos si hemos cambiado tanto. Creo que sí que hemos cambiado, aunque no tanto como parece. Es cierto que se puede triunfar sin correr. El viejo refrán de que en playoffs es capital imponer la carrera resulta cuestionable. El ataque de Green Bay no triunfó la temporada pasada por su solidez terrestre. Sin embargo, el papel de James Starks en enero fue muy importante para conseguir el anillo. Mendenhall también lo fue en los Steelers. Pierre Thomas lo fue en los Saints de 2009. No son los tiempos en los que un Terrell Davis te gana un anillo, pero la carrera sigue resultando muy útil.
¿Y la defensa? ¿Ha desaparecido? ¿Ha decaído su importancia? Yo no lo creo. Sinceramente. Ni siquera hoy. Tres de los cuatro equipos que dominan la AFC lideran la NFL en defensa. Texans, Steelers y Ravens basan gran parte de su éxito en su solidez defensiva. Los Packers fueron la temporada pasada el equipo que menos puntos permitió en la NFC. En la Super Bowl, su defensa forzó dos pérdidas de balón; ninguna la defensa de los Steelers. Los Jets de Mark Sanchez (de Mark Sanchez) han llegado en dos temporadas consecutivas a la final de conferencia. ¿Hace falta recordar cómo están ganando los Broncos? La defensa no ha dejado de ser importante. La brillantez defensiva no ha dejado de ser una fórmula para llegar al éxito. Los Giants que sorprendieron a los imperfectos Patriots dejaron a esta superpotencia ofensiva en 14 puntos, dos anotaciones en 60 minutos. Solo dos anotaciones. Los brillantes Saints de Drew Brees consigen el anillo gracias a dos jugadas defensivas providenciales: una intercepción en la final de conferencia y un pick-six en la Super Bowl. Sin defensa nadie ha ganado. Ganar es ganar en enero.
¿Que cada vez un defensor puede hacer menos cosas para parar al atacante? De eso no cabe duda. Es una tendencia que viene produciéndose en la NFL desde hace muchos años. Hay que preguntarse por qué.
Por qué han cambiado las cosas. Ahí entramos al tema Roger Goodell. Un tipo que no es santo de mi devoción. Creo que las críticas que hacía sobre él hace un año siguen vigentes hoy. Este pavo sanciona al personal sin ton ni son, sin atenerse a unas normas claras de qué conductas resultan sancionables ni qué consecuencias debe acarrear cada infracción. Esto es así. La arbitrariedad sigue instaurada en la NFL.
Pero no creo que quiera cargarse el deporte, o modificarlo de tal modo que no lo reconozca ni la madre que lo parió, convertirlo en un circo aéreo, ni creo que desee terminar con las defensas. Obviamente la NFL es un negocio, que vive del espectáculo. No podemos engañarnos, uno de los objetivos de Goodell será proteger ese espectáculo. Y al público le resulta más digerible un partido de muchos puntos que un LSU-Alabama que termina 9-6. Pero no creo que Goodell quiera "cargarse las defensas". No creo que ese sea el objetivo de las tan criticadas recientes reformas normativas. Aunque sí lo fue la reforma de 1978. Si veis el vídeo colgado YouTube en el que se explican estos importantes cambios, la descripción del que cuelga el vídeo es "the abomination 1978 rule changes that ruined football forever. They had to go and sabotage a thing of beauty for the sake of hype and ratings". Es decir, los abominables cambios de normas de 1978 que arruinaron el fútbol americano para siempre. Tenían que hacerlo y sabotear una preciosidad para aumentar la expectación y las audiencias. Tal y como describían en Midnight in Paris.
Creo, más bien, el propósito principal de estas recientes reformas es la mera apariencia. El postureo. El populismo. Fingir que preocupa la salud de los jugadores. En Estados Unidos están bastante sensibilizados con el tema de las secuelas que deja el fútbol americano. Las conmociones cerebrales preocupan. Easterbrook, semana a semana, da la vara con las concussions. Peter King analizaba esta semana los efectos a largo plazo del football profesional, estudiando el caso de los Bengals de 1986. El principal motivo para vetar la temporada regular de dieciocho partidos es el riesgo para la salud del jugador. Hay una preocupación por el tema. O por lo menos, se dice que existe en medios de gran difusión.
Goodell no puede quedarse de brazos cruzados. Si no, lo crucifican. Todas las reformas reglamentarias suelen venir provocadas por casos llamativos. Son una reacción a casos mediáticos. En los comentarios al artículo de Zona Roja se citaba la defensa de los Patriots a los Colts de Manning en la segunda derrota de Indianápolis en Foxboro en playoffs como detonante de la sensibilidad con el pass interference. La grave lesión de Brady ante los Chiefs en 2008 trajo consigo una ilegalización de los placajes como los que destrozaron su rodilla. Creo que las imágenes de Austin Collie, inconsciente tras un par de duros placajes la temporada pasada, contribuyeron a la implantación esta temporada de la penalización por golpeo violento a un receptor indefenso. Las conmociones sufridas por varios jugadores notables la temporada pasada han contribuido a la implantación de un protocolo para este tipo de situaciones esta temporada.
¿Por qué ahora? Además de los casos que hacen saltar la liebre, citados en el párrafo anterior, creo que, igual que han evolucionado las estrategias ofensivas, cada vez más indefendibles, han evolucionado las técnicas de placaje, cada vez más devastadoras. Creo que la evolución física en el deporte es un hecho. En algunos deportes resulta más fácilmente mensurable, como en el atletismo: los récords van cayendo año a año, cada vez se corre más rápido, cada vez se salta más alto y más lejos. En otros deportes no es tan sencilla la comparación. Pero la preparación física evoluciona, y creo que también la capacidad de hacer daño. Por ejemplo, el casco se concibe como instrumento de protección, pero hoy se emplea como arma de ataque. Ahí tenéis a James Harrison. Por eso hoy son necesarias algunas medidas que ayer no lo eran.
Además, hoy se ve todo. La evolución tecnológica no ha ayudado al defensor. Antes se televisaban menos partidos y se captaban menos acciones. Hoy somos testigos de todo lo que sucede en el campo. Antes, no. Decía Gentile que hoy no podría repetir el marcaje que hizo a Maradona en el Mundial de 1982. Claro que no. Hoy te ven. Los medios para perseguir el delito son más avanzados. Eso creo que también influye. La tecnología ha acabado con la impunidad de los que pegan.
No, no creo que sea intención de Goodell que la NFL se convierta en un circo aéreo ni hacer la vida imposible a las defensas. Su principal propósito es proteger su reputación y su trabajo. Y que para ello necesita hacer ver que le preocupa la salud del jugador, sea esta una preocupación real o no. Evidentemente, los perjudicados por las reformas son los jugadores que salen al campo a pegar. Los defensores.
Cada cual es libre de elegir el estilo de partido que más le place. Faltaría más. A unos les gustará más un estilo old school tipo Baltimore Ravens o New York Jets, donde la defensa y la carrera sostienen al equipo; a otros les gustará más un estilo más "circense" en el que la defensa es menos importante, como el de los Packers de esta temporada o el de los Patriots; otros preferirán fórmulas más equilibradas, como la de los Steelers, donde tanto ataque como defensa tienen un peso muy relevante en el juego. Para gustos, los colores.
Pero creo que la evolución del juego no obedece principalmente a cambios reglamentarios ni a un empeoramiento del nivel arbitral. Por lo menos, no a cambios recientes. Creo que se debe, más bien, a la aparición de pasadores prodigiosos y receptores letales, y a su aprovechamiento por entrenadores que apuestan por una fórmula más arriesgada. Se suele decir que de los posibles tres resultados de un pase, dos son malos (incompleto o intercepción), y que en una carrera el riesgo es menor. Pero la rentabilidad conseguida si el resultado del pase es bueno es mucho mayor. Por eso no es extraño que algunos equipos, que cuentan con los ingredientes adecuados, hayan perfeccionado su ataque hasta convertirlo en una fórmula casi imparable para los rivales. ¿Sería tan imparable si el quarterback no fuese tan intocable o si las pass interferences no se señalasen con tanta alegría? Personalmente, creo que sí. Lo creo, no lo sé. El deporte-ficción no es lo mío. Creo que sigue ganando quien juega mejor.
¿Se juega como antes? No. El juego evoluciona. Todos los deportes lo hacen. A algunos les gustará más el estilo anterior, a otros el actual. De lo que no tengo duda, es de que cualquier tiempo pasado fue anterior. ¿Mejor? Eso depende de la opinión de cada uno.
Sí, según envejecemos nos entran las añoranzas de los tiempos pasados. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Aunque no es una película que me haya gustado mucho, en Midnight in Paris reflejan muy bien esta idea tan frecuente en el ser humano: la de idealizar el pasado y rechazar el presente. Michael Sheen, que interpreta a un pedante y odioso intelectualoide, explica con mucha claridad la idea a Owen Wilson: vive anclado en el pasado, lo idealiza, suprime toda connotación negativa y potencia las positivas. No nos acordamos de lo malo, nuestra memoria solo retiene lo bueno. Quien vive hoy desea vivir ayer; mientras quien vive ayer quiere vivir antes de ayer. Y así sucesivamente.
¿A qué viene todo esto?
Esto viene a una discusión, en la que cometí alguna infracción por unsportsmanlike conduct, que mantenía con Mariano Tovar en su entrada de Zona Roja del jueves. Quizá también hubo rudeza innecesaria por mi parte. Lo siguiente trata un tema conexo con el de esa entrada, pero ninguna de las cuestiones que trato aquí se las atribuyo a ese autor, que puede o no estar de acuerdo con la visión nostálgica de la NFL. Por si acaso, lo aclaro.
Ayer.
Algunos añoran tiempos pasados en el fútbol americano. Desde jugadores a analistas, escuchamos lamentaciones por el derrotero amariconado que parece estar tomando la NFL. Alguno ha propuesto añadir una F al acrónimo: NFFL. National Flag Football League. El legislador se está cargando la esencia del fútbol americano. Esto es un puto circo. Cualquier día prohíben el contacto.
Ah, qué tiempos, aquellos del run to daylight. Correr hasta ver la luz. Si Lombardi levantase la cabeza, aparte de darse una buena hostia contra la tapia, no reconocería este como su deporte. Aquel sí que era un deporte de hombres. Un deporte no de contacto, sino de colisión. Power football. Aplastar al contrario.
Lo de ahora se ha convertido en un circo. Ver a estos Packers 12-0, y con un anillo, sin apenas juego de carrera. Qué perversión: es la carrera la que debe "establecerse", en primer lugar, para luego recurrir al pase. No al revés. Qué es eso de que el pase primero, para luego recurrir a la carrera. Cómo puede ir un equipo 12-0, habiendo permitido tantas yardas al rival. Tanto ellos como los Patriots llevan ritmo de encajar más yardas de pase que las que Dan Marino consiguió en 1984. ¡Y ganan! Joder, si es que hay tres tipos que pueden batir el récord de Marino.
Qué tiempos aquellos, ¿verdad? Tiempos en los que el objetivo era cazar al quarterback, en los que se podía cazar al quarterback y este asumía que ser golpeado formaba parte de su sueldo. Tiempos en los que el receptor sabía que la recepción le iba a costar una fuerte contusión. Ah, esos Raiders de los setenta, que acosaban al atacante, esos sí que eran hombres. Aquellos partidos sí podían recibir la consideración de batallas. Sus contendientes eran héroes que abandonaban el estadio con el uniforme embarrado y el cuerpo magullado.
Lo de ahora se parece tanto al fútbol americano como lo que hacen los Harlem Globetrotters al baloncesto.
¿Por qué hemos cambiado tanto? En primer lugar debemos cuestionarnos si hemos cambiado tanto. Creo que sí que hemos cambiado, aunque no tanto como parece. Es cierto que se puede triunfar sin correr. El viejo refrán de que en playoffs es capital imponer la carrera resulta cuestionable. El ataque de Green Bay no triunfó la temporada pasada por su solidez terrestre. Sin embargo, el papel de James Starks en enero fue muy importante para conseguir el anillo. Mendenhall también lo fue en los Steelers. Pierre Thomas lo fue en los Saints de 2009. No son los tiempos en los que un Terrell Davis te gana un anillo, pero la carrera sigue resultando muy útil.
¿Y la defensa? ¿Ha desaparecido? ¿Ha decaído su importancia? Yo no lo creo. Sinceramente. Ni siquera hoy. Tres de los cuatro equipos que dominan la AFC lideran la NFL en defensa. Texans, Steelers y Ravens basan gran parte de su éxito en su solidez defensiva. Los Packers fueron la temporada pasada el equipo que menos puntos permitió en la NFC. En la Super Bowl, su defensa forzó dos pérdidas de balón; ninguna la defensa de los Steelers. Los Jets de Mark Sanchez (de Mark Sanchez) han llegado en dos temporadas consecutivas a la final de conferencia. ¿Hace falta recordar cómo están ganando los Broncos? La defensa no ha dejado de ser importante. La brillantez defensiva no ha dejado de ser una fórmula para llegar al éxito. Los Giants que sorprendieron a los imperfectos Patriots dejaron a esta superpotencia ofensiva en 14 puntos, dos anotaciones en 60 minutos. Solo dos anotaciones. Los brillantes Saints de Drew Brees consigen el anillo gracias a dos jugadas defensivas providenciales: una intercepción en la final de conferencia y un pick-six en la Super Bowl. Sin defensa nadie ha ganado. Ganar es ganar en enero.
¿Que cada vez un defensor puede hacer menos cosas para parar al atacante? De eso no cabe duda. Es una tendencia que viene produciéndose en la NFL desde hace muchos años. Hay que preguntarse por qué.
Por qué han cambiado las cosas. Ahí entramos al tema Roger Goodell. Un tipo que no es santo de mi devoción. Creo que las críticas que hacía sobre él hace un año siguen vigentes hoy. Este pavo sanciona al personal sin ton ni son, sin atenerse a unas normas claras de qué conductas resultan sancionables ni qué consecuencias debe acarrear cada infracción. Esto es así. La arbitrariedad sigue instaurada en la NFL.
Pero no creo que quiera cargarse el deporte, o modificarlo de tal modo que no lo reconozca ni la madre que lo parió, convertirlo en un circo aéreo, ni creo que desee terminar con las defensas. Obviamente la NFL es un negocio, que vive del espectáculo. No podemos engañarnos, uno de los objetivos de Goodell será proteger ese espectáculo. Y al público le resulta más digerible un partido de muchos puntos que un LSU-Alabama que termina 9-6. Pero no creo que Goodell quiera "cargarse las defensas". No creo que ese sea el objetivo de las tan criticadas recientes reformas normativas. Aunque sí lo fue la reforma de 1978. Si veis el vídeo colgado YouTube en el que se explican estos importantes cambios, la descripción del que cuelga el vídeo es "the abomination 1978 rule changes that ruined football forever. They had to go and sabotage a thing of beauty for the sake of hype and ratings". Es decir, los abominables cambios de normas de 1978 que arruinaron el fútbol americano para siempre. Tenían que hacerlo y sabotear una preciosidad para aumentar la expectación y las audiencias. Tal y como describían en Midnight in Paris.
Creo, más bien, el propósito principal de estas recientes reformas es la mera apariencia. El postureo. El populismo. Fingir que preocupa la salud de los jugadores. En Estados Unidos están bastante sensibilizados con el tema de las secuelas que deja el fútbol americano. Las conmociones cerebrales preocupan. Easterbrook, semana a semana, da la vara con las concussions. Peter King analizaba esta semana los efectos a largo plazo del football profesional, estudiando el caso de los Bengals de 1986. El principal motivo para vetar la temporada regular de dieciocho partidos es el riesgo para la salud del jugador. Hay una preocupación por el tema. O por lo menos, se dice que existe en medios de gran difusión.
Goodell no puede quedarse de brazos cruzados. Si no, lo crucifican. Todas las reformas reglamentarias suelen venir provocadas por casos llamativos. Son una reacción a casos mediáticos. En los comentarios al artículo de Zona Roja se citaba la defensa de los Patriots a los Colts de Manning en la segunda derrota de Indianápolis en Foxboro en playoffs como detonante de la sensibilidad con el pass interference. La grave lesión de Brady ante los Chiefs en 2008 trajo consigo una ilegalización de los placajes como los que destrozaron su rodilla. Creo que las imágenes de Austin Collie, inconsciente tras un par de duros placajes la temporada pasada, contribuyeron a la implantación esta temporada de la penalización por golpeo violento a un receptor indefenso. Las conmociones sufridas por varios jugadores notables la temporada pasada han contribuido a la implantación de un protocolo para este tipo de situaciones esta temporada.
¿Por qué ahora? Además de los casos que hacen saltar la liebre, citados en el párrafo anterior, creo que, igual que han evolucionado las estrategias ofensivas, cada vez más indefendibles, han evolucionado las técnicas de placaje, cada vez más devastadoras. Creo que la evolución física en el deporte es un hecho. En algunos deportes resulta más fácilmente mensurable, como en el atletismo: los récords van cayendo año a año, cada vez se corre más rápido, cada vez se salta más alto y más lejos. En otros deportes no es tan sencilla la comparación. Pero la preparación física evoluciona, y creo que también la capacidad de hacer daño. Por ejemplo, el casco se concibe como instrumento de protección, pero hoy se emplea como arma de ataque. Ahí tenéis a James Harrison. Por eso hoy son necesarias algunas medidas que ayer no lo eran.
Además, hoy se ve todo. La evolución tecnológica no ha ayudado al defensor. Antes se televisaban menos partidos y se captaban menos acciones. Hoy somos testigos de todo lo que sucede en el campo. Antes, no. Decía Gentile que hoy no podría repetir el marcaje que hizo a Maradona en el Mundial de 1982. Claro que no. Hoy te ven. Los medios para perseguir el delito son más avanzados. Eso creo que también influye. La tecnología ha acabado con la impunidad de los que pegan.
No, no creo que sea intención de Goodell que la NFL se convierta en un circo aéreo ni hacer la vida imposible a las defensas. Su principal propósito es proteger su reputación y su trabajo. Y que para ello necesita hacer ver que le preocupa la salud del jugador, sea esta una preocupación real o no. Evidentemente, los perjudicados por las reformas son los jugadores que salen al campo a pegar. Los defensores.
Cada cual es libre de elegir el estilo de partido que más le place. Faltaría más. A unos les gustará más un estilo old school tipo Baltimore Ravens o New York Jets, donde la defensa y la carrera sostienen al equipo; a otros les gustará más un estilo más "circense" en el que la defensa es menos importante, como el de los Packers de esta temporada o el de los Patriots; otros preferirán fórmulas más equilibradas, como la de los Steelers, donde tanto ataque como defensa tienen un peso muy relevante en el juego. Para gustos, los colores.
Pero creo que la evolución del juego no obedece principalmente a cambios reglamentarios ni a un empeoramiento del nivel arbitral. Por lo menos, no a cambios recientes. Creo que se debe, más bien, a la aparición de pasadores prodigiosos y receptores letales, y a su aprovechamiento por entrenadores que apuestan por una fórmula más arriesgada. Se suele decir que de los posibles tres resultados de un pase, dos son malos (incompleto o intercepción), y que en una carrera el riesgo es menor. Pero la rentabilidad conseguida si el resultado del pase es bueno es mucho mayor. Por eso no es extraño que algunos equipos, que cuentan con los ingredientes adecuados, hayan perfeccionado su ataque hasta convertirlo en una fórmula casi imparable para los rivales. ¿Sería tan imparable si el quarterback no fuese tan intocable o si las pass interferences no se señalasen con tanta alegría? Personalmente, creo que sí. Lo creo, no lo sé. El deporte-ficción no es lo mío. Creo que sigue ganando quien juega mejor.
¿Se juega como antes? No. El juego evoluciona. Todos los deportes lo hacen. A algunos les gustará más el estilo anterior, a otros el actual. De lo que no tengo duda, es de que cualquier tiempo pasado fue anterior. ¿Mejor? Eso depende de la opinión de cada uno.
miércoles, 16 de febrero de 2011
La lucha de clases nos deja sin opio
I.- La plusvalía
¡Ciudadanos!
Antes de entrar en el tema, permitidme hacer algunas observaciones preliminares.
En el continente reina ahora una verdadera epidemia de huelgas y se alza un clamor general pidiendo aumento de salarios. El problema ha de plantearse en nuestro Congreso. Vosotros, como dirigentes de la Asociación Internacional, debéis tener un criterio firme ante este problema fundamental. Por eso, me he creído en el deber de tratar a fondo la cuestión, aun a trueque de someter vuestra paciencia a una dura prueba.
(...)
Pero nuestro hombre es un obrero asalariado. Por tanto, tiene que vender su fuerza de trabajo a un capitalista. Si la vende por tres chelines diarios o por dieciocho chelines semanales, la vende por su valor. Supongamos que se trata de un hilador. Si trabaja seis horas al dia, incorporará al algodón diariamente un valor de tres chelines. Este valor diariamente incorporado por él representaria un equivalente exacto del salario o precio de su fuerza de trabajo que se le abona diariamente. Pero en este caso no afluiría al capitalista ninguna plusvalía o plusproducto. Aquí es donde tropezamos con la verdadera dificultad.
(Karl Marx, 1865)
Desde luego que nos tropezamos ante la verdadera dificultad. ¿A cuánto debería ascender la plusvalía a la que tienen derecho los empresarios? En otras palabras, ¿qué parte del valor generado por el trabajador debe ser percibido por el capitalista? O, más que eso, qué plusvalía están dispuestos los jugadores de la NFL a conceder a los propietarios de las franquicias. En la solución a este dilema, grosso modo, está la clave para que a partir de septiembre de 2011 volvamos a disfrutar de la NFL. Porque, por mucho que sean necesarios unos propietarios que organicen el cotarro, los aficionados pagan por ver lo que hacen los jugadores. Ni más ni menos.
Por si no ha quedado suficientemente claro qué es la plusvalía, el siguiente vídeo lo explica de manera detallada:
Como apuntaba antes, en la determinación de la plusvalía que corresponde a los empresarios está el principal escollo para llegar a un acuerdo sobre el convenio colectivo y que, en consecuencia, tengamos NFL la próxima temporada.
El pacto sobre la plusvalía se plasma en el convenio colectivo, que firma la patronal (NFL) y el sindicato de jugadorse (NFLPA). En ese documento, en el convenio colectivo, se regulan además los términos y condiciones que rigen el traspaso de jugadores y, en general, los derechos y obligaciones de estos respecto de sus equipos. Se trata de un maquiavélico documento, de imposible lectura, cuya versión todavía en vigor consta de 299 páginas. Si queréis desesperaros un poco intentando comprenderlo, podéis leerlo aquí.
Como podéis comprobar en ese enlace, el convenio colectivo no contiene una regla ni mucho menos sencilla sobre el reparto de los ingresos generados en la competición. Tras una extensísima definición de los "Total Revenues" (ingresos totales), el documento entra en una sucesión de mínimos, máximos, topes salariales y otros conceptos que dependen unos de otros. No se entiende absolutamente nada. El caso es que según dice la prensa, y parecen confirmar los implicados, actualmente el convenio otorga un 60% de los Total Revenues a los jugadores.
Vaya por delante mi elogio del sistema. Es un sistema que garantiza la viabilidad económica de la competición y que retribuye a sus jugadores de manera acorde al dinero que generan. No olvidemos que hablamos del 60% de los ingresos, no de los beneficios. Si quieren confeccionar competiciones deportivas viables por Europa, que aprendan de este sistema. Eso sí, la parte mala es que sin acuerdo no pueden convivir. Y los acuerdos son temporales, no para siempre. Y cada vez que un acuerdo expira, la lucha de clases se reabre.
La lucha de clases en la NFL amenaza sin dejarnos a nosotros, el pueblo, sin nuestro opio.
II.- Música
Lo que se nos avecina no es una huelga. No, una huelga la instan los trabajadores. Aquí, en España, somos muy dados a hablar con poca propiedad. En todos los ámbitos, y el deportivo no iba a ser menos. Habréis leído y escuchado estos días que la liga de fútbol "irá a la huelga". No hace falta un título de licenciado en Derecho (ahora graduado) para darse cuenta de que la palabreja está mal empleada. Un empresario no puede ir a la huelga. Solo los trabajadores. Si los empresarios cierran el chiringuito por motivos laborales, estamos ante un cierre patronal. Pero en el caso del fútbol, ni eso. Si la liga decide parar la competición, será un parón, una suspensión de la competición a instancias de los clubes. Ni siquiera un cierre patronal, porque no reivindican nada frente a sus empleados y dudo mucho que los trabajadores dejen de cobrar los salarios si no hay liga una determinada jornada.
Lo que se avecina en la NFL se llama, en español, cierre patronal. Lockout en inglés. Esta canción se llama Gardens after lockout, de No Second Troy.
III.- Puntos conflictivos: plusvalía, escala salarial, jornada laboral, controles
Aunque el punto de conflicto esencial para llegar a un nuevo acuerdo es el reparto de los ingresos, hay otras cuestiones conflictivas que entorpecen todavía más la consecución del acuerdo. Estas son, esencialmente, las cuestioenes pendientes de acuerdo:
1.- Escala salarial fija para novatos. Cuando una franquicia elige a un novato en el draft, el novato no se convierte automáticamente en jugador de esa franquicia. La franquicia se hace con sus derechos para la NFL, pero debe firmar un contrato laboral con el jugador. Los términos no están predeterminados, las partes son libres para negociar. En particular, la determinación del salario es libre entre las partes. Un jugador, sin haber jugado siquiera un partido como profesional, puede pedir un sueldo mayor que el de profesionales de probada valía.
En los últimos años, el tema estaba pasando de castaño oscuro. Mirad la galería de los 20 jugadores mejor pagados de la NFL que publicó hace poco Sports Illustrated. En la lista figuran Ndamukong Suh (7.º lugar), Sam Bradford (10.º), Gerald McCoy (12.º), Mark Sanchez (15.º) y Matthew Stafford (17.º). Los salarios de todos estos jugadores se pactaron antes de que hubiesen disputado un solo snap en la NFL. Que Bradford, por muy bueno que prometa ser, sea el 6.º quarterback mejor pagado de la NFL es un sinsentido. Sanchez y Stafford cobran más que Drew Brees o Aaron Rodgers, los MVP de las últimas dos Super Bowls. Gerald McCoy, defensive tackle novato de los Buccaneers, cuya primera temporada ha sido bastante discretita, cobre la barbaridad de 12,6 millones de dólares por temporada es otro absurdo.
Las franquicias se han dado cuenta de que este desmadre tiene que cesar. Cierto es que otros atracos los perpetran jugadores ya conocidos (Haynesworth o Palmer), pero por lo menos estos tienen una experiencia profesional que puede justificar sus contratos. Los novatos y sus agentes se estaban subiendo a la parra de manera desproporcionada.
En la NBA, a los jugadores seleccionados en primera ronda del draft se les aplican unas condiciones económicas predeterminadas en función del lugar específico en el que son seleccionados. La NFL quiere algo similar para sus rookies. Los jugadores se niegan, visto lo que están consiguiendo últimamente. Con todo, han de tener en cuenta que lo que "de más" gane un novato en primera ronda "de menos" lo ganará el resto del equipo. El límite salarial volverá, y si un novato se lleva un trozo grande de la tarta menos quedará para el resto.
En estos momentos, no hay acuerdo sobre este punto.
2.- 18 partidos de temporada regular. Cuando Roger Goodell anunció su intención de ampliar la temporada regular a 18 partidos me pareció un buen mecanismo para desatascar el conflicto con los jugadores. Ahora que los ingresos serán mayores, ya que un 12,5% más de partidos podría generar otro tanto de ingresos adicionales, ambas partes podrían flexibilizar sus posturas. Sin embargo, los dueños, al más puro estilo del capitalista decimonónico, parecen poco dispuestos a abrir la mano a los jugadores.
18 partidos porque sí, y sin que tengáis derecho a más pasta. Al contrario, los dueños exigen un trozo más grande de la tarta porque la economía ya no va tan bien. Tócate las pelotas.
En principio los jugadores se oponen frontalmente a esta ampliación de la temporada regular. Si les ofreciesen más dinero, supongo que sería otro cantar. Goodell repite hasta la saciedad que el motivo de la ampliación que pretende es que los aficionados no están contentos con la actual pretemporada y quieren más partidos. Que eso es lo que le transmiten los aficionados con los que él habla. Puto mentiroso de mierda. Todas las encuestas muestran lo contrario. Se lo dicen en todas las entrevistas y ruedas de prensa, pero él hace oídos sordos, erre que erre. Una aplastante mayoría de aficionados prefiere la actual estructura de 16 partidos de temporada regular.
De lo que no cabe duda es de que esta es una contradicción más de Roger Goodell en su fingida preocupación por la seguridad y la salud de los deportistas. Cuantos más partidos haya, más lesiones se producirán. Esto es evidente. Cuanto más larga sea la temporada regular, en peores condiciones llegarán los equipos a los playoffs. Evidente. No sé qué sería de los Packers la pasada temporada con dos partidos más. Igual que piden voluntarios para achicar nieve de Lambeau Field, terminarían pidiendo voluntarios para salir a jugar. Demencial.
De todos modos, tampoco tengo ninguna duda de que en cuanto se les ofrezca una atractiva cantidad de dinero, los jugadores aceptarán.
3.- Controles de sustancias prohibidas. Se ha dicho que este es otro de los caballos de batalla. Seguramente es el menos importante de todos. Aunque no se ha precisado con qué alcance lo pretenden, los propietarios y la liga quieren intensificar los controles de sustancias prohibidas y establecer sanciones más severas. Seguramente este es el menor de los problemas, pero es una chinita más en el camino
4.- Qué ingresos computan como ingresos. Otro caballo de batalla, aparte del reparto de los propios ingresos, es determinar qué computa como "ingreso repartible". Con el paso de los años surgen nuevas fuentes de ingresos. Desde que el anterior convenio se firmó en 2006 surgieron nuevas vías de dinero para la NFL. Por ejemplo, el Game Pass. Seguro que en el futuro surgen otras que todavía desconocemos. Los propietarios intentan no solo que todo siga como en 2006, sino que se minoren los ingresos en determinados importes que irían destinados a la construcción de nuevos estadios. Los jugadores no tragan, como no podía ser de otro modo.
Otro tema conflictivo es si se minorarán los "ingresos repartibles" en determinados costes que los propietarios quieren detraer. Son, fundamentalmente, costes asociados a la construcción o renovación de estadios. Los jugadores son muy reticentes a ello, ya que esta puede ser la vía de escape masivo de su dinero.
Tema casi tan importante como el siguiente.
5.- Reparto de ingresos. La madre del cordero. La fijación de la plusvalía. Qué parte de los ingresos generados por la NFL corresponde al proletariado, qué parte al capital. El actual reparto, grosso modo, grossisimo modo, es 60% para jugadores, 40% para franquicias.
Los propietarios, y en particular Roger Goodell, están muy insatisfechos con ese reparto. Por eso ejecutaron la cláusula de salida del convenio que les permite anticipar su expiración al próximo 3 de marzo. Alegan los ricachones multimillonarios titulares de las franquicias que durante los últimos años los beneficios están descendiendo significativamente, que se ven obligados a emprender importantes inversiones (remodelación y construcción de nuevos estadios) y que, en definitiva, el actual reparto resulta insuficiente para ellos.
No obstante, los propietarios no aportan pruebas concluyentes. La realidad es que la NFL bate récords de popularidad temporada tras temporada. Las retransmisiones televisivas tienen cada vez más audiencia, las dos últimas Super Bowls son los programas más vistos de la historia audiovisual estadounidense, y el fútbol americano profesional es claramente el deporte preferido en Estados Unidos según las encuestas. Nunca la demanda fue tan grande.
Otra cosa es que la demanda cuantitativamente tan numerosa sea menos pudiente, menos gastiza que en el pasado. La crisis puede haber provocado una caída del gasto medio en NFL y del desembolso total. Pero no lo sabemos. Como anticipaba, los propietarios no abren su contabilidad. Los jugadores la desconocen. El sindicato pide una revisión de las cuentas, pero lo único que se ofrece es los estados financieros de los Green Bay Packers, unos estados financieros saludables, que presentan beneficios (no susceptibles de reparto, según establecen sus estatutos) pero menos que antaño. Se aprecia, pues, en uno de los treinta y dos casos, un ligero deterioro de la situación patrimonial. Lo demás, secreto.
Goodell se niega rotundamente a revelar nada al sindicato de jugadores. Dice que los jugadores conocen la evolución de los ingresos, porque tienen derecho a un tanto por ciento (60%) de esos ingresos totales, datos a los que tienen acceso. No obstante, es una información a todas luces insuficiente. Goodell se escuda en que, en el pasado, la apertura de las cuentas a los jugadores no ha solucionado nada. Dice que la concesión se hizo en la NBA y el resultado fue nulo.
Los propietarios deben dar a conocer sus cuentas a los jugadores. Si su argumento es que el beneficio es cada vez menor, deben probarlo. La muestra más elemental de buena fe.
IV.- Qué pasará si el 3 de marzo no hay acuerdo
Si el 3 de marzo no tenemos acuerdo, los propietarios decretarán el cierre patronal. Sin convenio puede haber liga, que quede claro. En ausencia de convenio puede haber competición, pero los propietarios no están dispuestos a ello.
Es paradójico. Ya comenté hace tiempo lo paradójico y contradictorio que resulta el mercado deportivo norteamericano. En la tierra de los defensores del libre mercado, encontramos el mercado deportivo con más rigideces del universo. El mercado en el que la autonomía de la voluntad de todos los agentes está más limitada. Eso sí, autolimitada. El caso es que no se atreven a competir en un mercado libre. No lo harán. Si el 3 de marzo no hay convenio, los propietarios decretarán el cierre patronal. La suspensión de la actividad en la NFL y de los acuerdos de trabajo con todos los empleados.
Sin convenio, y decretado el cierre patronal, no habrá actividades oficiales de ningún equipo. No habrá organized team activities ni sesiones de pretemporada. No se podrá firmar ni un solo contrato con jugadores. Los jugadores no estarán sometidos a la disciplina de sus franquicias. Sus obligaciones laborales cesarán momentáneamente. Dejarán de cobrar sus salarios, pero también de estar obligados a respetar las instrucciones de sus equipos. Si quieren atiborrarse a esteroides, anabolizantes o a cualquier otra sustancia dopante, pueden hacerlo libremente. Ninguna norma les obliga. Del mismo modo, pueden organizar su propia liga, sus propios partidos. Anarquía total.
Tampoco habrá agencia libre. Traducción literal del inglés, probablemente inapropiada. Pero me entendéis. Sin convenio, los jugadores cuyos contratos expiraban a fin de la pasada temporada no podrán negociar con cualquier franquicia un nuevo contrato. Ningún contrato con jugadores, recordad. Si el acuerdo llega demasiado tarde, se está barajando el remedio: que los jugadores se queden en sus actuales equipos a cambio de una compensación adicional.
Pero sí habrá draft. Eso es seguro. Con o sin acuerdo. Habrá draft pero los equipos no se intercambiarán unas elecciones por otras, ni jugadores a cambio de elecciones, ni jugadores por otros jugadores. El mercado estará paralizado. Lo único que se producirá de forma segura es la celebración del draft. Un draft más descafeinado que ninguno, probablemente sin la presencia de los propios jugadores. Eso sí, aunque haya draft no se podrán firmar contratos con los novatos seleccionados. La negociación y firma de estos acuerdos quedará suspendida hasta que haya convenio. Las franquicias tendrán derechos sobre jugadores, pero no relación laboral.
También es probable que haya combine. Las pruebas físicas que realizan un grupo de jugadores seleccionables para el próximo draft. El sindicato de jugadores quiere boicotearlo, pero todavía no está claro si se hará. La idea es que hagan todos boicot o no lo haga ninguno. Y la unanimidad es complicada. Hay que tener en cuenta que el lugar de elección de muchos jugadores depende de su rendimiento en la combine. Los que no vayan perderán la ocasión de mostrar sus cualidades, y pueden verse relegados por otros que sí las muestren. En cualquier caso, es una putada de dimensiones siderales para los jugadores a los que les toca o han decidido ser elegidos este año en el draft.
Conclusión: sin acuerdo, parálisis total, excepto el draft y (quizás) la combine.
V.- Motivos para el pesimismo
Mi principal motivo para el pesimismo es que una de las partes está formada por avaros multimillonarios que no necesitan del dinero de la NFL para llegar a fin de mes. Tienen margen de sobra para esperar a que los jugadores digan "basta" y se plieguen a sus exigencias. Y ese "basta" probablemente llegará más tarde que pronto. Por este motivo soy pesimista desde hace tiempo.
Los propietarios pueden aguantar mucho tiempo. Sí, comenzarán a perder ingresos si la actividad no prosigue en marzo, que serán mayores si tras la fecha teórica de inicio de la temporada no hay partidos, pero seguro que han hecho sus cuentas. Son los que piden cambios, son los que saben lo que quieren y el dinero que pueden dejar de ganar sin que deje de compensarles. Me explico: si aspiran a, pongamos, un 15% más a lo largo de 6 años, eso representará, inventemos, 100.000 millones de dólares. Pues bien, hasta que hayan perdido esa cantidad, no se pondrán nerviosos. No necesitan la pasta para vivir y saben bien que los jugadores, con una vida profesional corta, sí. El tiempo y el dinero juegan a su favor, y hasta que consigan lo que desean no cederán. El sindicato de jugadores ya ofreció rebajar su parte al 50%. A Goodell no le pareció suficiente. Sobra comentar que creo que al líder de los propietarios los aficionados se la sudan.
Por si esto fuera poco, los líderes de ambos bandos no son las personas más razonables y dispuestas para llegar a un entendimiento. De un lado, tenemos al Señor del Mal, cínico como pocos, que parece incapaz de dialogar o de modificar un ápice su discurso. No atiende a razones, él erre que erre con su mierda. Del otro lado está DeMaurice Smith. No tan irrazonable como Goodell, pero no es el adalid del entendimiento. Tampoco es un antiguo jugador, es un abogado, elegido precisamente para negociar con los propietarios. Cuando el cargo de una persona se juzga exclusivamente por lo que obtiene en una negociación, su empeño personal será conseguir el máximo de ella. La flexibilidad no será una de sus virtudes, no le valdrá con cualquier mierda, querrá un resultado digno. Si el líder de los jugadores fuese un jugador al que le urgiese jugar, la solución probablemente llegaría antes.
La semana después de la Super Bowl se programaron dos sesiones de negociación entre ambos bandos. La segunda ni se produjo. Decían las partes que tenían posturas tan alejadas que no merecía la pena. No lo entiendo. Si estás lejos, razón de más para reunirte. Es el mejor modo de intentar acercar posturas. En fin. Motivos para el pesimismo.
También habréis leído que la NFL ha denunciado al sindicato de jugadores ante un órgano laboral por prácticas contrarias a la buena fe. El propósito de la NFL no es disolver el sindicato, sino evitar precisamente que se disuelva. Según la normativa estadounidense, si el sindicato se disuelve los jugadores pueden denunciar por conducta anticompetitiva a la NFL en caso de cierre patronal. Una argucia legal para intentar impedir el lockout por parte de los jugadores, que la NFL ha denunciado. Dice que la campaña de abandono del sindicato (decertification) emprendida por los jugadores hace meses revela su mala fe, su falta de voluntad de alcanzar acuerdos. No sé qué sucederá, pero veo difícil que tenga éxito la demanda de la NFL, más aún cuando los jugadores ofrecieron una rebaja de su parte al 50%. La NFL dice que el abandono del sindicato está planeado, ya que desde el principio de temporada lo lleva solicitando a los propios jugadores. La clave es que para que el sindicato se disuelva la decisión ha de ser unánime por todos los jugadores. En tal caso, los jugadores dejarían de estar representados por un sindicato (union) sino por una organización comercial (trade organization), que en caso de cierre patronal puede denunciar a la NFL por conducta restrictiva de la competencia. Mal rollito, en todo caso.
Después están los precedentes. El seguro que no tienen huevos con el deporte profesional estadounidense no vale. Hay muchos precedentes. En todas las Grandes Ligas. MLB, NBA, NHL y, cómo no, NFL, han sufrido las consecuencias de la lucha de clases en más de una ocasión. En todas estas competiciones se produjeron temporadas acortadas, que no empezaban en el momento programado. Hasta ahora, los aplazamientos en NFL los habían causado los jugadores. Huelgas. Este sería el primer cierre patronal. Pero no la primera vez en que la lucha de clases deja al pueblo sin su opio favorito.
Primera huelga, en 1982. La causa, el porcentaje de ingresos que recibían los jugadores. La huelga duró 57 días, periodo durante el cual no se jugó ningún partido de NFL. La temporada regular quedó en 9 partidos.
Segunda huelga, en 1987. Duró un mes, pero solo se canceló una jornada. Eso sí, durante 3 de ellas las plantillas de los equipos se componían de jugadores cortados durante el training camp y algunos esquiroles. Noticiario de la época que habla de los esquiroles:
Por cierto, en ambas ocasiones los Redskins terminaron ganando la Super Bowl. Si la NFL no comienza el 6 de septiembre según lo previsto, los aficionados de los Redskins tendrán un motivo histórico para la esperanza.
VI.- ¿Quiénes son los malos?
Todos son malos, pero creo que los propietarios son peores. Y Roger Goodell, el Señor del Mal. No creo que los aficionados debamos tomar partido por ninguna de las partes, más allá de presionar lo que esté en nuestras manos para que se sienten y lleguen a un acuerdo de una vez. Ya, poco o nada podemos hacer, pero es lo que hay.
Creo que los propietarios son los peores de la película porque son los que inician las hostilidades. Son los que las inician y los que menos están dispuestos a ceder. Ya comenté que el sindicato de jugadores ofreció un 50-50. Los propietarios no cedieron en absolutamente nada. Flexibilidad nula por parte de la patronal. Si no estás dispuesto a conceder nada a la otra parte, no estás dispuesto a negociar. Lamentable actitud de las tropas de Goodell.
El sindicato de jugadores tampoco es el paradigma de la razonabilidad. Llevan preparando la estrategia de confrontación desde hace tiempo (véase la planeada disolución del sindicato), y también intentan manipular al personal como pueden. La campaña publicitaria Let us play (dejadnos jugar) fue rechazada por la Fox. Pretendían incluirla en un descanso en la Super Bowl. Otro burdo intento de manipulación.
VII.- Otras opiniones autorizadas
Actualmente, el pesimismo impera. Si hace un mes los partidarios del con tanto dinero en juego, terminarán llegando a un acuerdo eran mayoría, hoy cada vez son menos. El cierre patronal parece inevitable. La lucha de clases parece que va a prolongarse. Algunos incluso especulan con la posibilidad de que no haya temporada 2011. Especulan sobre qué podría pasar si llegamos al draft 2012 sin temporada previa, sobre qué criterios se aplicarían para establecer el orden de selección. Deprimente.
Como ya llevo escrito mucho, dejo hablar a uno de los mejores analistas de la NFL, el mejor comentarista televisivo, Cris Collinsworth. No es optimista, ni mucho menos. Apuesta por un acuerdo en octubre y un inicio de la liga a mediados de octubre o principios de noviembre. Que conste que yo lo firmaba ahora mismo.
VIII.- Metadona
Queridos yonquis de la NFL, mientras ya echamos de menos nuestro opio, contentémonos con un poco de sucedáneo, con la metadona, en forma de recuerdos, que nos deja la temporada que acaba de terminar. La semana pasada NFL Films publicó su Sound FX de la Super Bowl, el programa que resume lo recogido en los micrófonos que plantaron a algunos de los protagonistas del partido.
Aquí lo tenéis. La Super Bowl en palabras de Greg Jennings, Clay Matthews, LaMarr Woodley y Walt Anderson, el árbitro principal. Espectacular. Lo mejor, la parte de Matthews: cómo le dice a Mike Wallace que esta vez no volverá a conseguir jugadas de 80 yardas porque ya le conocen y no es un rookie y, sobre todo, la jugada en la que fuerza el fumble de Rashard Mendenhall. Cuando los Steelers están todavía en el huddle, comenta a sus compañeros que presiente que van a correr por su lado porque le están mirando. Y cuando el ataque ya está formado, reconoce la jugada y advierte a Ryan Pickett de que van a correr por ahí. El resultado lo conocéis, la jugada más importante del partido. Aquí lo tenéis.
Primera parte:
Segunda parte:
Tercera parte:
IX.- Alternativas al opio
Existen otras drogas alternativas a nuestro opio preferido, nuestra querida NFL. Si a principios de septiembre no tenemos fútbol americano profesional, podemos conformarnos con el universitario. No es lo mismo, el nivel de juego es inferior, pero hay mucha gente que lo prefiere. Hay muchos que lo consideran un deporte más puro, en el que los jugadores actúan por amor a sus colores y no al dinero, y donde los aficionados muestran más pasión. Yo todavía no me he metido en este mundo. He visto muy poquito.
Si vais a probar esta droga, tened mucho cuidado. Dicen que es muy adictiva. Cuando te metes en football universitario, dicen que estás perdido. Avisados estáis.
¡Ciudadanos!
Antes de entrar en el tema, permitidme hacer algunas observaciones preliminares.
En el continente reina ahora una verdadera epidemia de huelgas y se alza un clamor general pidiendo aumento de salarios. El problema ha de plantearse en nuestro Congreso. Vosotros, como dirigentes de la Asociación Internacional, debéis tener un criterio firme ante este problema fundamental. Por eso, me he creído en el deber de tratar a fondo la cuestión, aun a trueque de someter vuestra paciencia a una dura prueba.
(...)
Pero nuestro hombre es un obrero asalariado. Por tanto, tiene que vender su fuerza de trabajo a un capitalista. Si la vende por tres chelines diarios o por dieciocho chelines semanales, la vende por su valor. Supongamos que se trata de un hilador. Si trabaja seis horas al dia, incorporará al algodón diariamente un valor de tres chelines. Este valor diariamente incorporado por él representaria un equivalente exacto del salario o precio de su fuerza de trabajo que se le abona diariamente. Pero en este caso no afluiría al capitalista ninguna plusvalía o plusproducto. Aquí es donde tropezamos con la verdadera dificultad.
(Karl Marx, 1865)
Desde luego que nos tropezamos ante la verdadera dificultad. ¿A cuánto debería ascender la plusvalía a la que tienen derecho los empresarios? En otras palabras, ¿qué parte del valor generado por el trabajador debe ser percibido por el capitalista? O, más que eso, qué plusvalía están dispuestos los jugadores de la NFL a conceder a los propietarios de las franquicias. En la solución a este dilema, grosso modo, está la clave para que a partir de septiembre de 2011 volvamos a disfrutar de la NFL. Porque, por mucho que sean necesarios unos propietarios que organicen el cotarro, los aficionados pagan por ver lo que hacen los jugadores. Ni más ni menos.
Por si no ha quedado suficientemente claro qué es la plusvalía, el siguiente vídeo lo explica de manera detallada:
Como apuntaba antes, en la determinación de la plusvalía que corresponde a los empresarios está el principal escollo para llegar a un acuerdo sobre el convenio colectivo y que, en consecuencia, tengamos NFL la próxima temporada.
El pacto sobre la plusvalía se plasma en el convenio colectivo, que firma la patronal (NFL) y el sindicato de jugadorse (NFLPA). En ese documento, en el convenio colectivo, se regulan además los términos y condiciones que rigen el traspaso de jugadores y, en general, los derechos y obligaciones de estos respecto de sus equipos. Se trata de un maquiavélico documento, de imposible lectura, cuya versión todavía en vigor consta de 299 páginas. Si queréis desesperaros un poco intentando comprenderlo, podéis leerlo aquí.
Como podéis comprobar en ese enlace, el convenio colectivo no contiene una regla ni mucho menos sencilla sobre el reparto de los ingresos generados en la competición. Tras una extensísima definición de los "Total Revenues" (ingresos totales), el documento entra en una sucesión de mínimos, máximos, topes salariales y otros conceptos que dependen unos de otros. No se entiende absolutamente nada. El caso es que según dice la prensa, y parecen confirmar los implicados, actualmente el convenio otorga un 60% de los Total Revenues a los jugadores.
Vaya por delante mi elogio del sistema. Es un sistema que garantiza la viabilidad económica de la competición y que retribuye a sus jugadores de manera acorde al dinero que generan. No olvidemos que hablamos del 60% de los ingresos, no de los beneficios. Si quieren confeccionar competiciones deportivas viables por Europa, que aprendan de este sistema. Eso sí, la parte mala es que sin acuerdo no pueden convivir. Y los acuerdos son temporales, no para siempre. Y cada vez que un acuerdo expira, la lucha de clases se reabre.
La lucha de clases en la NFL amenaza sin dejarnos a nosotros, el pueblo, sin nuestro opio.
II.- Música
Lo que se nos avecina no es una huelga. No, una huelga la instan los trabajadores. Aquí, en España, somos muy dados a hablar con poca propiedad. En todos los ámbitos, y el deportivo no iba a ser menos. Habréis leído y escuchado estos días que la liga de fútbol "irá a la huelga". No hace falta un título de licenciado en Derecho (ahora graduado) para darse cuenta de que la palabreja está mal empleada. Un empresario no puede ir a la huelga. Solo los trabajadores. Si los empresarios cierran el chiringuito por motivos laborales, estamos ante un cierre patronal. Pero en el caso del fútbol, ni eso. Si la liga decide parar la competición, será un parón, una suspensión de la competición a instancias de los clubes. Ni siquiera un cierre patronal, porque no reivindican nada frente a sus empleados y dudo mucho que los trabajadores dejen de cobrar los salarios si no hay liga una determinada jornada.
Lo que se avecina en la NFL se llama, en español, cierre patronal. Lockout en inglés. Esta canción se llama Gardens after lockout, de No Second Troy.
III.- Puntos conflictivos: plusvalía, escala salarial, jornada laboral, controles
Aunque el punto de conflicto esencial para llegar a un nuevo acuerdo es el reparto de los ingresos, hay otras cuestiones conflictivas que entorpecen todavía más la consecución del acuerdo. Estas son, esencialmente, las cuestioenes pendientes de acuerdo:
1.- Escala salarial fija para novatos. Cuando una franquicia elige a un novato en el draft, el novato no se convierte automáticamente en jugador de esa franquicia. La franquicia se hace con sus derechos para la NFL, pero debe firmar un contrato laboral con el jugador. Los términos no están predeterminados, las partes son libres para negociar. En particular, la determinación del salario es libre entre las partes. Un jugador, sin haber jugado siquiera un partido como profesional, puede pedir un sueldo mayor que el de profesionales de probada valía.
En los últimos años, el tema estaba pasando de castaño oscuro. Mirad la galería de los 20 jugadores mejor pagados de la NFL que publicó hace poco Sports Illustrated. En la lista figuran Ndamukong Suh (7.º lugar), Sam Bradford (10.º), Gerald McCoy (12.º), Mark Sanchez (15.º) y Matthew Stafford (17.º). Los salarios de todos estos jugadores se pactaron antes de que hubiesen disputado un solo snap en la NFL. Que Bradford, por muy bueno que prometa ser, sea el 6.º quarterback mejor pagado de la NFL es un sinsentido. Sanchez y Stafford cobran más que Drew Brees o Aaron Rodgers, los MVP de las últimas dos Super Bowls. Gerald McCoy, defensive tackle novato de los Buccaneers, cuya primera temporada ha sido bastante discretita, cobre la barbaridad de 12,6 millones de dólares por temporada es otro absurdo.
Las franquicias se han dado cuenta de que este desmadre tiene que cesar. Cierto es que otros atracos los perpetran jugadores ya conocidos (Haynesworth o Palmer), pero por lo menos estos tienen una experiencia profesional que puede justificar sus contratos. Los novatos y sus agentes se estaban subiendo a la parra de manera desproporcionada.
En la NBA, a los jugadores seleccionados en primera ronda del draft se les aplican unas condiciones económicas predeterminadas en función del lugar específico en el que son seleccionados. La NFL quiere algo similar para sus rookies. Los jugadores se niegan, visto lo que están consiguiendo últimamente. Con todo, han de tener en cuenta que lo que "de más" gane un novato en primera ronda "de menos" lo ganará el resto del equipo. El límite salarial volverá, y si un novato se lleva un trozo grande de la tarta menos quedará para el resto.
En estos momentos, no hay acuerdo sobre este punto.
2.- 18 partidos de temporada regular. Cuando Roger Goodell anunció su intención de ampliar la temporada regular a 18 partidos me pareció un buen mecanismo para desatascar el conflicto con los jugadores. Ahora que los ingresos serán mayores, ya que un 12,5% más de partidos podría generar otro tanto de ingresos adicionales, ambas partes podrían flexibilizar sus posturas. Sin embargo, los dueños, al más puro estilo del capitalista decimonónico, parecen poco dispuestos a abrir la mano a los jugadores.
18 partidos porque sí, y sin que tengáis derecho a más pasta. Al contrario, los dueños exigen un trozo más grande de la tarta porque la economía ya no va tan bien. Tócate las pelotas.
En principio los jugadores se oponen frontalmente a esta ampliación de la temporada regular. Si les ofreciesen más dinero, supongo que sería otro cantar. Goodell repite hasta la saciedad que el motivo de la ampliación que pretende es que los aficionados no están contentos con la actual pretemporada y quieren más partidos. Que eso es lo que le transmiten los aficionados con los que él habla. Puto mentiroso de mierda. Todas las encuestas muestran lo contrario. Se lo dicen en todas las entrevistas y ruedas de prensa, pero él hace oídos sordos, erre que erre. Una aplastante mayoría de aficionados prefiere la actual estructura de 16 partidos de temporada regular.
De lo que no cabe duda es de que esta es una contradicción más de Roger Goodell en su fingida preocupación por la seguridad y la salud de los deportistas. Cuantos más partidos haya, más lesiones se producirán. Esto es evidente. Cuanto más larga sea la temporada regular, en peores condiciones llegarán los equipos a los playoffs. Evidente. No sé qué sería de los Packers la pasada temporada con dos partidos más. Igual que piden voluntarios para achicar nieve de Lambeau Field, terminarían pidiendo voluntarios para salir a jugar. Demencial.
De todos modos, tampoco tengo ninguna duda de que en cuanto se les ofrezca una atractiva cantidad de dinero, los jugadores aceptarán.
3.- Controles de sustancias prohibidas. Se ha dicho que este es otro de los caballos de batalla. Seguramente es el menos importante de todos. Aunque no se ha precisado con qué alcance lo pretenden, los propietarios y la liga quieren intensificar los controles de sustancias prohibidas y establecer sanciones más severas. Seguramente este es el menor de los problemas, pero es una chinita más en el camino
4.- Qué ingresos computan como ingresos. Otro caballo de batalla, aparte del reparto de los propios ingresos, es determinar qué computa como "ingreso repartible". Con el paso de los años surgen nuevas fuentes de ingresos. Desde que el anterior convenio se firmó en 2006 surgieron nuevas vías de dinero para la NFL. Por ejemplo, el Game Pass. Seguro que en el futuro surgen otras que todavía desconocemos. Los propietarios intentan no solo que todo siga como en 2006, sino que se minoren los ingresos en determinados importes que irían destinados a la construcción de nuevos estadios. Los jugadores no tragan, como no podía ser de otro modo.
Otro tema conflictivo es si se minorarán los "ingresos repartibles" en determinados costes que los propietarios quieren detraer. Son, fundamentalmente, costes asociados a la construcción o renovación de estadios. Los jugadores son muy reticentes a ello, ya que esta puede ser la vía de escape masivo de su dinero.
Tema casi tan importante como el siguiente.
5.- Reparto de ingresos. La madre del cordero. La fijación de la plusvalía. Qué parte de los ingresos generados por la NFL corresponde al proletariado, qué parte al capital. El actual reparto, grosso modo, grossisimo modo, es 60% para jugadores, 40% para franquicias.
Los propietarios, y en particular Roger Goodell, están muy insatisfechos con ese reparto. Por eso ejecutaron la cláusula de salida del convenio que les permite anticipar su expiración al próximo 3 de marzo. Alegan los ricachones multimillonarios titulares de las franquicias que durante los últimos años los beneficios están descendiendo significativamente, que se ven obligados a emprender importantes inversiones (remodelación y construcción de nuevos estadios) y que, en definitiva, el actual reparto resulta insuficiente para ellos.
No obstante, los propietarios no aportan pruebas concluyentes. La realidad es que la NFL bate récords de popularidad temporada tras temporada. Las retransmisiones televisivas tienen cada vez más audiencia, las dos últimas Super Bowls son los programas más vistos de la historia audiovisual estadounidense, y el fútbol americano profesional es claramente el deporte preferido en Estados Unidos según las encuestas. Nunca la demanda fue tan grande.
Otra cosa es que la demanda cuantitativamente tan numerosa sea menos pudiente, menos gastiza que en el pasado. La crisis puede haber provocado una caída del gasto medio en NFL y del desembolso total. Pero no lo sabemos. Como anticipaba, los propietarios no abren su contabilidad. Los jugadores la desconocen. El sindicato pide una revisión de las cuentas, pero lo único que se ofrece es los estados financieros de los Green Bay Packers, unos estados financieros saludables, que presentan beneficios (no susceptibles de reparto, según establecen sus estatutos) pero menos que antaño. Se aprecia, pues, en uno de los treinta y dos casos, un ligero deterioro de la situación patrimonial. Lo demás, secreto.
Goodell se niega rotundamente a revelar nada al sindicato de jugadores. Dice que los jugadores conocen la evolución de los ingresos, porque tienen derecho a un tanto por ciento (60%) de esos ingresos totales, datos a los que tienen acceso. No obstante, es una información a todas luces insuficiente. Goodell se escuda en que, en el pasado, la apertura de las cuentas a los jugadores no ha solucionado nada. Dice que la concesión se hizo en la NBA y el resultado fue nulo.
Los propietarios deben dar a conocer sus cuentas a los jugadores. Si su argumento es que el beneficio es cada vez menor, deben probarlo. La muestra más elemental de buena fe.
IV.- Qué pasará si el 3 de marzo no hay acuerdo
Si el 3 de marzo no tenemos acuerdo, los propietarios decretarán el cierre patronal. Sin convenio puede haber liga, que quede claro. En ausencia de convenio puede haber competición, pero los propietarios no están dispuestos a ello.
Es paradójico. Ya comenté hace tiempo lo paradójico y contradictorio que resulta el mercado deportivo norteamericano. En la tierra de los defensores del libre mercado, encontramos el mercado deportivo con más rigideces del universo. El mercado en el que la autonomía de la voluntad de todos los agentes está más limitada. Eso sí, autolimitada. El caso es que no se atreven a competir en un mercado libre. No lo harán. Si el 3 de marzo no hay convenio, los propietarios decretarán el cierre patronal. La suspensión de la actividad en la NFL y de los acuerdos de trabajo con todos los empleados.
Sin convenio, y decretado el cierre patronal, no habrá actividades oficiales de ningún equipo. No habrá organized team activities ni sesiones de pretemporada. No se podrá firmar ni un solo contrato con jugadores. Los jugadores no estarán sometidos a la disciplina de sus franquicias. Sus obligaciones laborales cesarán momentáneamente. Dejarán de cobrar sus salarios, pero también de estar obligados a respetar las instrucciones de sus equipos. Si quieren atiborrarse a esteroides, anabolizantes o a cualquier otra sustancia dopante, pueden hacerlo libremente. Ninguna norma les obliga. Del mismo modo, pueden organizar su propia liga, sus propios partidos. Anarquía total.
Tampoco habrá agencia libre. Traducción literal del inglés, probablemente inapropiada. Pero me entendéis. Sin convenio, los jugadores cuyos contratos expiraban a fin de la pasada temporada no podrán negociar con cualquier franquicia un nuevo contrato. Ningún contrato con jugadores, recordad. Si el acuerdo llega demasiado tarde, se está barajando el remedio: que los jugadores se queden en sus actuales equipos a cambio de una compensación adicional.
Pero sí habrá draft. Eso es seguro. Con o sin acuerdo. Habrá draft pero los equipos no se intercambiarán unas elecciones por otras, ni jugadores a cambio de elecciones, ni jugadores por otros jugadores. El mercado estará paralizado. Lo único que se producirá de forma segura es la celebración del draft. Un draft más descafeinado que ninguno, probablemente sin la presencia de los propios jugadores. Eso sí, aunque haya draft no se podrán firmar contratos con los novatos seleccionados. La negociación y firma de estos acuerdos quedará suspendida hasta que haya convenio. Las franquicias tendrán derechos sobre jugadores, pero no relación laboral.
También es probable que haya combine. Las pruebas físicas que realizan un grupo de jugadores seleccionables para el próximo draft. El sindicato de jugadores quiere boicotearlo, pero todavía no está claro si se hará. La idea es que hagan todos boicot o no lo haga ninguno. Y la unanimidad es complicada. Hay que tener en cuenta que el lugar de elección de muchos jugadores depende de su rendimiento en la combine. Los que no vayan perderán la ocasión de mostrar sus cualidades, y pueden verse relegados por otros que sí las muestren. En cualquier caso, es una putada de dimensiones siderales para los jugadores a los que les toca o han decidido ser elegidos este año en el draft.
Conclusión: sin acuerdo, parálisis total, excepto el draft y (quizás) la combine.
V.- Motivos para el pesimismo
Mi principal motivo para el pesimismo es que una de las partes está formada por avaros multimillonarios que no necesitan del dinero de la NFL para llegar a fin de mes. Tienen margen de sobra para esperar a que los jugadores digan "basta" y se plieguen a sus exigencias. Y ese "basta" probablemente llegará más tarde que pronto. Por este motivo soy pesimista desde hace tiempo.
Los propietarios pueden aguantar mucho tiempo. Sí, comenzarán a perder ingresos si la actividad no prosigue en marzo, que serán mayores si tras la fecha teórica de inicio de la temporada no hay partidos, pero seguro que han hecho sus cuentas. Son los que piden cambios, son los que saben lo que quieren y el dinero que pueden dejar de ganar sin que deje de compensarles. Me explico: si aspiran a, pongamos, un 15% más a lo largo de 6 años, eso representará, inventemos, 100.000 millones de dólares. Pues bien, hasta que hayan perdido esa cantidad, no se pondrán nerviosos. No necesitan la pasta para vivir y saben bien que los jugadores, con una vida profesional corta, sí. El tiempo y el dinero juegan a su favor, y hasta que consigan lo que desean no cederán. El sindicato de jugadores ya ofreció rebajar su parte al 50%. A Goodell no le pareció suficiente. Sobra comentar que creo que al líder de los propietarios los aficionados se la sudan.
Por si esto fuera poco, los líderes de ambos bandos no son las personas más razonables y dispuestas para llegar a un entendimiento. De un lado, tenemos al Señor del Mal, cínico como pocos, que parece incapaz de dialogar o de modificar un ápice su discurso. No atiende a razones, él erre que erre con su mierda. Del otro lado está DeMaurice Smith. No tan irrazonable como Goodell, pero no es el adalid del entendimiento. Tampoco es un antiguo jugador, es un abogado, elegido precisamente para negociar con los propietarios. Cuando el cargo de una persona se juzga exclusivamente por lo que obtiene en una negociación, su empeño personal será conseguir el máximo de ella. La flexibilidad no será una de sus virtudes, no le valdrá con cualquier mierda, querrá un resultado digno. Si el líder de los jugadores fuese un jugador al que le urgiese jugar, la solución probablemente llegaría antes.
La semana después de la Super Bowl se programaron dos sesiones de negociación entre ambos bandos. La segunda ni se produjo. Decían las partes que tenían posturas tan alejadas que no merecía la pena. No lo entiendo. Si estás lejos, razón de más para reunirte. Es el mejor modo de intentar acercar posturas. En fin. Motivos para el pesimismo.
También habréis leído que la NFL ha denunciado al sindicato de jugadores ante un órgano laboral por prácticas contrarias a la buena fe. El propósito de la NFL no es disolver el sindicato, sino evitar precisamente que se disuelva. Según la normativa estadounidense, si el sindicato se disuelve los jugadores pueden denunciar por conducta anticompetitiva a la NFL en caso de cierre patronal. Una argucia legal para intentar impedir el lockout por parte de los jugadores, que la NFL ha denunciado. Dice que la campaña de abandono del sindicato (decertification) emprendida por los jugadores hace meses revela su mala fe, su falta de voluntad de alcanzar acuerdos. No sé qué sucederá, pero veo difícil que tenga éxito la demanda de la NFL, más aún cuando los jugadores ofrecieron una rebaja de su parte al 50%. La NFL dice que el abandono del sindicato está planeado, ya que desde el principio de temporada lo lleva solicitando a los propios jugadores. La clave es que para que el sindicato se disuelva la decisión ha de ser unánime por todos los jugadores. En tal caso, los jugadores dejarían de estar representados por un sindicato (union) sino por una organización comercial (trade organization), que en caso de cierre patronal puede denunciar a la NFL por conducta restrictiva de la competencia. Mal rollito, en todo caso.
Después están los precedentes. El seguro que no tienen huevos con el deporte profesional estadounidense no vale. Hay muchos precedentes. En todas las Grandes Ligas. MLB, NBA, NHL y, cómo no, NFL, han sufrido las consecuencias de la lucha de clases en más de una ocasión. En todas estas competiciones se produjeron temporadas acortadas, que no empezaban en el momento programado. Hasta ahora, los aplazamientos en NFL los habían causado los jugadores. Huelgas. Este sería el primer cierre patronal. Pero no la primera vez en que la lucha de clases deja al pueblo sin su opio favorito.
Primera huelga, en 1982. La causa, el porcentaje de ingresos que recibían los jugadores. La huelga duró 57 días, periodo durante el cual no se jugó ningún partido de NFL. La temporada regular quedó en 9 partidos.
Segunda huelga, en 1987. Duró un mes, pero solo se canceló una jornada. Eso sí, durante 3 de ellas las plantillas de los equipos se componían de jugadores cortados durante el training camp y algunos esquiroles. Noticiario de la época que habla de los esquiroles:
Por cierto, en ambas ocasiones los Redskins terminaron ganando la Super Bowl. Si la NFL no comienza el 6 de septiembre según lo previsto, los aficionados de los Redskins tendrán un motivo histórico para la esperanza.
VI.- ¿Quiénes son los malos?
Todos son malos, pero creo que los propietarios son peores. Y Roger Goodell, el Señor del Mal. No creo que los aficionados debamos tomar partido por ninguna de las partes, más allá de presionar lo que esté en nuestras manos para que se sienten y lleguen a un acuerdo de una vez. Ya, poco o nada podemos hacer, pero es lo que hay.
Creo que los propietarios son los peores de la película porque son los que inician las hostilidades. Son los que las inician y los que menos están dispuestos a ceder. Ya comenté que el sindicato de jugadores ofreció un 50-50. Los propietarios no cedieron en absolutamente nada. Flexibilidad nula por parte de la patronal. Si no estás dispuesto a conceder nada a la otra parte, no estás dispuesto a negociar. Lamentable actitud de las tropas de Goodell.
El sindicato de jugadores tampoco es el paradigma de la razonabilidad. Llevan preparando la estrategia de confrontación desde hace tiempo (véase la planeada disolución del sindicato), y también intentan manipular al personal como pueden. La campaña publicitaria Let us play (dejadnos jugar) fue rechazada por la Fox. Pretendían incluirla en un descanso en la Super Bowl. Otro burdo intento de manipulación.
VII.- Otras opiniones autorizadas
Actualmente, el pesimismo impera. Si hace un mes los partidarios del con tanto dinero en juego, terminarán llegando a un acuerdo eran mayoría, hoy cada vez son menos. El cierre patronal parece inevitable. La lucha de clases parece que va a prolongarse. Algunos incluso especulan con la posibilidad de que no haya temporada 2011. Especulan sobre qué podría pasar si llegamos al draft 2012 sin temporada previa, sobre qué criterios se aplicarían para establecer el orden de selección. Deprimente.
Como ya llevo escrito mucho, dejo hablar a uno de los mejores analistas de la NFL, el mejor comentarista televisivo, Cris Collinsworth. No es optimista, ni mucho menos. Apuesta por un acuerdo en octubre y un inicio de la liga a mediados de octubre o principios de noviembre. Que conste que yo lo firmaba ahora mismo.
VIII.- Metadona
Queridos yonquis de la NFL, mientras ya echamos de menos nuestro opio, contentémonos con un poco de sucedáneo, con la metadona, en forma de recuerdos, que nos deja la temporada que acaba de terminar. La semana pasada NFL Films publicó su Sound FX de la Super Bowl, el programa que resume lo recogido en los micrófonos que plantaron a algunos de los protagonistas del partido.
Aquí lo tenéis. La Super Bowl en palabras de Greg Jennings, Clay Matthews, LaMarr Woodley y Walt Anderson, el árbitro principal. Espectacular. Lo mejor, la parte de Matthews: cómo le dice a Mike Wallace que esta vez no volverá a conseguir jugadas de 80 yardas porque ya le conocen y no es un rookie y, sobre todo, la jugada en la que fuerza el fumble de Rashard Mendenhall. Cuando los Steelers están todavía en el huddle, comenta a sus compañeros que presiente que van a correr por su lado porque le están mirando. Y cuando el ataque ya está formado, reconoce la jugada y advierte a Ryan Pickett de que van a correr por ahí. El resultado lo conocéis, la jugada más importante del partido. Aquí lo tenéis.
Primera parte:
Segunda parte:
Tercera parte:
IX.- Alternativas al opio
Existen otras drogas alternativas a nuestro opio preferido, nuestra querida NFL. Si a principios de septiembre no tenemos fútbol americano profesional, podemos conformarnos con el universitario. No es lo mismo, el nivel de juego es inferior, pero hay mucha gente que lo prefiere. Hay muchos que lo consideran un deporte más puro, en el que los jugadores actúan por amor a sus colores y no al dinero, y donde los aficionados muestran más pasión. Yo todavía no me he metido en este mundo. He visto muy poquito.
Si vais a probar esta droga, tened mucho cuidado. Dicen que es muy adictiva. Cuando te metes en football universitario, dicen que estás perdido. Avisados estáis.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Quis custodiet ipsos custodes?
La locución latina que da título a esta entrada es un extracto de las Sátiras poeta romano Juvenal. Literalmente, significa "¿quién custodia a los propios custodios?" La frase ha inspirado muchas cosas. Una de ellas, el mejor cómic que he leído. No soy un gran entendido de esa disciplina literaria, pero disfruto mucho con ella. Desde Persépolis, a las historias de Ángel Sefija, pasando por Mafalda o el Superman Rojo, me suele gustar de todo. Pero Watchmen es el mejor. De lejos. Who watches the Watchmen? Si no lo habéis leído, os lo recomiendo fervientemente. El cómic, no la película. La adaptación cinematográfica tiene un comienzo espectacular, pero según avanza la van cagando. El final es denunciable, pero no os lo destripo por si la queréis ver. Alan Moore hizo bien en desmarcarse totalmente de la película. Eso sí, como decía, el principio es brutal. Solo por eso merece la pena la entrada (o el precio del DVD). Si habéis leído el cómic antes, disfrutaréis mucho más de ello:
Dejo los mundos de Alan Moore y Dave Gibbons y vuelvo a la frase de Juvenal. Curiosamente, el contexto original no tiene nada que ver con sus posteriores interpretaciones, tan filosóficamente profundas. Juvenal se refería a que es imposible controlar la conducta de las mujeres porque quienes las vigilan acaban cediendo a sus encantos. Incluso existen teorías alternativas sobre la fidelidad de la versión "oficial". La frase sería un poco diferente (sed quis custodiat Ipsos custodes qui nunc lasciuae furta puellae had mercede silent?). Para que veáis de donde viene esta frase tan profunda y filosófica, os transcribo el contexto íntegro. Versión "oficial": Escucho siempre el reproche de mis amigos: "¡Encierralas, contrólalas!" Pero ¿quien vigila a los vigilantes? ¡Los planes de las esposas comienzan con ellos! Versión alternativa: el plan que mis amigos siempre me advierten que adopte: "¡Encierralas, contrólalas!" Pero ¿quien puede vigilar a los vigilantes? Ellos callan sobre los secretos de las chicas y las obtienen como pago; todo se lo callan. No deja de ser sorprendente que esta mentalidad prevalezca todavía en muchas culturas, y en la nuestra era mayoritaria hasta hace bien poco.
La verdad es que si leyese lo que acabo de escribir en algún otro sitio pensaría que el autor es un erudito. No os engañéis, no lo soy. Conocía la frase por Watchmen, la busqué en Google, terminé en la Wikipedia y ahí encontré esta curiosidad.
La traigo a colación porque esta frase se utiliza para plantearse el problema de quién debe ser el titular del poder en última instancia. La solución teórica y filosóficamente más aceptable parece la separación de poderes. Y venía a hablar de la separación de poderes. De su aplicación en el contexto de la NFL y de los conflictos de interés que existen en su gobierno y administración.
No hace falta ponerese muy pedantes, es de sentido común. Sin embargo, por aquello de que me gusta contar la historia completa, lo hago. La separación de poderes, aunque todos la asociamos a Montesquieu (¿verdad?), es una máxima que se predica desde la Antigua Grecia, y que se extendió con el Imperio Romano. El poder no ha de concentrarse en una única persona, sino que debe separarse en diferentes ramas independientes de modo que exista un equilibrio que garantice, por lo menos, que no se producirán arbitrariedades ni abusos. La típica división: poder ejecutivo (gobierno, que aplica y administra las normas), legislativo (parlamento, que dicta las normas) y judicial (tribunales, que resuelven las controversias).
No obstante, sabemos que aunque la teoría hable de "separación" de poderes y propugne la autonomía e independencia entre ellos, la aplicación práctica suele diferir bastante de los principios elementales de esta filosfía. Casi siempre, el poder termina concentrándose en el ejecutivo. El gobierno también dicta normas, el legislativo suele depender de él, y, si encima, los jueces son elegidos por las personas, el poder termina estando más concentrado de lo que debería en un plano estrictamente teórico. No es nuevo. Ya en 1978 se utilizaba el eufemismo de la "colaboración de poderes", como podéis leer en este artículo de El País de 1978.
La teoría no es caprichosa. Si se pide que el poder esté desconcentrado es por algo. Porque en el sistema de colaboración de poderes, de facto se producen abusos de poder que nadie puede castigar. ¿Quién va a sancionar a un parlamentario cuando es su partido el que ha nombrado al juez que lo va a juzgar? ¿Cómo se va a sancionar a un presidente si días antes de su juicio este ordena aprobar una norma que le dé inmunidad? La concentración del poder siempre da lugar a abusos, que un estado que se pretende vender como democrático y de derecho debe evitar.
No creo que al NFL pretenda ser un ejemplo de organización democrática y de derecho. En Estados Unidos la palabra con la que se llenan siempre la boca es libertad (bueno, lo de democracia también les mola bastante, sobre todo cuando pretenden "exportarla" por las malas). Eso sí, defienden la libertad según para qué cosas. En Futurama lo explican de forma gloriosa:
En la NFL la separación de poderes no parece estar muy de moda. La liga cuenta con un sujeto que hace lo que le viene en gana. Su potestad sancionadora no parece estar sujeta a ningún tipo de norma. Ni en cuanto a la tipificación de las infracciones (por qué actos puede sancionar) ni en cuanto a las sanciones que corresponden (cómo puede sancionarlos). Su mera voluntad vale para imponer castigos. Hablo de Roger Goodell, claro. El comisionado.
Me centraré en su actuación en materia sancionadora. Escapa a toda lógica. Uno de los principios básicos del derecho sancionador, de puro sentido común, es el nullum crimen, nulla poena sine praevia lege: nadie puede ser sancionado si no existe una ley previa que indique que una conducta es punible. Esto tiene diversas consecuencias prácticas, las más sencillas de deducir: que no se puede castigar a nadie si no hay una ley que tipifique claramente su conducta y que no se pueden dictar leyes sancionadoras con carácter retroactivo. Cuando alguien realiza un acto debe conocer (o, al menos poder conocer) que si realiza ese acto será castigado.
Esto no sucede en la NFL. Las sanciones son totalmente arbitrarias. Lo peor es que casi nadie pide explicaciones. ¿Qué hizo Roethlisberger cuando le cayeron sus 4 partidos de sanción (en un principio 6)? Agachar la cabeza y pedir perdón. Decía Goodell que la actuación de Roethlisberger infringía el Código de Conducta al que están sometidos los jugadores porque estaba probado que había facilitado alcohol a algún menor de 21 años. He buscado por todas partes el dichoso Code of Conduct, pero lamentablemente no es público. De todos modos, en vista de lo que dijo Goodell en su día para justificar una sanción equivalente al 25% de la temporada regular (una auténtica barbaridad), me da la sensación de que la norma adolecía de graves defectos en cuanto a la tipificación de la conducta punible, ya que era de una generalidad absoluta, y que la sanción no estaba delimitada en absoluto. En vista de lo que dice, no tengo dudas:
"It is not enough simply to avoid being found guilty of a crime. Instead, as an employee of the NFL or a member club, you are held to a higher standard and expected to conduct yourself in a way that is responsible, promotes the values upon which the League is based, and is lawful". (Traducción: "No basta evitar ser culpable de un crimen. Al contrario, como empleado de la NFL o miembro de un club, estás sujeto a un estándar superior y se espera que te comportes de manera responsable y que promueva los valores en los que se basa la liga, y de manera legal".)
Un sinsentido. Nadie dice nada, sino lo contrario, apoyan al comisionado.
Esto era solo el principio, claro. Cuando una persona está investida de unas facultades tan amplias, la bola de nieve no hace más que crecer. La falta de proporcionalidad en las sanciones y los abusos no tardan en llegar. Y más que llegarán.
La siguiente tropelía importante llegó con las sanciones por los golpes de la 6.ª jornada de liga. Tras los impactantes (nunca mejor dicho) propinados por James Harrison, Brandon Meriweather y Dunta Robinson, Goodell parece sacar unas nuevas normas sobre placajes permitidos y no permitidos. Digo "parece" porque la NFL dice que no se cambió nada. Se lió parda, como recordaréis. No por los vicios del sistema sancionador, sino por las implicaciones de las nuevas normas en el desarrollo del juego. En el reino de Goodell, quien dicta leyes, juzga delitos y ejecuta decisiones, todo es posible.
La NFL, no obstante, dice que no se cambió ninguna norma. El pasado lunes se publicaba un artículo en la web oficial de la liga en el que se intentaba aclarar (o enmierdar, dependiendo de cómo lo veais) la situación: "There has been no change in rules since the start of the season, only an increase in the level of discipline for violations of existing rules". No ha habido cambio de normas, sino en el nivel de disciplina por infracción de los actuales normas. Eso, hasta donde yo sé, implica un cambio de norma. Si modificas la sanción (el castigo) entiendo que hay una modificación de la ley, aunque sí sería verdad que las reglas del juego seguirían siendo las mismas.
Hace unas semanas se alzó la primera voz disidente. No es fácil que surjan contestatarios, o por lo menos se manifiesten públicamente. Considerando el poder que acumula Goodell, lo más fácil (y prudente) es no incomodar al Rey Sol. Después está el factor intelectual. Los jugadores de football no se caracterizan generalmente por sus aptitudes e inquietudes intelectuales. Es más probable encontrar a un jugador de la NFL en una cárcel que en una biblioteca. Pero Troy Polamalu, además de ser un excelente jugador, demostró ser de los pocos con la valentía y el sentido común suficiente para pedir una separación de poderes en la NFL:
"He's got all the power, and that may be part of the problem. There needs to be some type of separation of power, like our government". (Traducción: "Tiene todo el poder, y eso puede ser parte del problema. Tiene que haber algún tipo de separación de poderes, como en nuestro gobierno".)
La separación de poderes se propugna por motivos de peso. No es algo caprichoso. Polamalu se ha dado cuenta de que debido a la concentración de poder en una sola persona se están perpetrando tropelías que los afectados no deberían consentir. ¿Tan difícil es establecer una suerte de órgano sancionador con la autonomía e independencia suficientes para imponer los castigos? Joder, que el deporte europeo no suele ser ejemplo de buenas prácticas, pero los comités de competición (cuyas decisiones, eso sí, son a veces susceptibles de feroz crítica) son un concepto básico.
Bueno, la NFL dice que existe ese órgano separado. Lo dice en el artículo publicado este lunes pasado que os enlazaba antes:
Any play involving a violation that needs to be reviewed for possible discipline, whether flagged on the field or not, is referred to Executive Vice President of Football Operations Ray Anderson and his staff, which includes Director of Football Operations Merton Hanks, a nine-year NFL veteran (1991-99). Merton Hanks or Ray Anderson makes the initial determination for discipline for on-field violations.
La jugada sancionable la revisa Ray Anderson, uno de los vicepresidentes de la NFL [inciso nominal: en las organizaciones anglosajonas hay multitud de "vicepresidents"; sí, es absurdo que utilicen ese nombre, que significa literalmente "en lugar del presidente", porque es el sustituto en caso de ausencia; es absurdo porque muchas de estas organizaciones --me atrevo a decir que la mayoría-- no tienen "president" y ni siquiera el cargo de "vicepresident" es el segundo más alto en la jerarquía interna de la entidad]. Permitidme que dude de su autonomía. Ahí no acaba la cosa, sino que supuestamente hay posibilidad de recurso.
The player has the right to appeal league discipline. The Collective Bargaining Agreement specifies that appeals of fines or suspensions of players for unnecessary roughness or unsportsmanlike conduct are determined by the Commissioner's designee. The decision on persons appointed as the Commissioner's designee for on-field player discipline appeals is made in consultation with the NFL Players Association
Decide quien decida Goodell. No hay que ser muy malpensado para dudar de su independencia. Pero lo más escandaloso es que las normas no indican los límites de la sanción: "the offender may be subject to suspension". El infractor podría ser suspendido. ¿Pero cuántos partidos? De cero a infinito. ¿Y con base en qué criterios? La arbitrariedad hecha norma.
Esta semana, sin embargo, hemos dado un pasito más. Esta semana se han dado argumentos de mucho peso que ponen en tela de juicio la imparcialidad del juzgador. Ningún sistema con un mínimo de credibilidad puede permitir juicios en los que el juzgador pueda tener un interés directo en el resultado del pleito. O se abstiene (renuncia voluntaria a resolver el caso) o se le recusa (renuncia forzada por alguna de las partes). La mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo. Bah, para qué. A Goodell eso se la suda.
Tras el combate entre Andre Johnson y Cortland Finnegan se llegó a especular con que se les sancionase hasta fin de temporada. Descabellado, sí, pero en vista de la que le cayó a Big Ben por no cometer un delito sino por comportarse de modo inmoral, no tanto. Si tuviera que elegir entre que me comprasen alcohol siendo menor o me diesen un puñetazo en la cabeza mientras estoy en el suelo, creo que me quedo con lo primero. La segunda conducta me parece más censurable, la verdad.
Pero cómo iban a sancionar a Andre Johnson. El receptor es probablemente el jugador más mediático de los Houston Texans. Quizá el mejor receptor de toda la NFL. Por los que merece la pena comprar una entrada. O sentarse en frente del televisor para verle jugar. Ahí quería llegar.
Os hablé ya muchas veces de NFL Network. Se trata del canal de televisión del que la liga es propietaria. Fuente de polémica incesante. Su difusión es reducida en los Estados Unidos. Ha habido multitud de pleitos entre NFL Network y diferentes plataformas televisivas debido a su difusión (fundamentalmente, porque el canal no se incluía en los paquetes básicos, algo que la NFL exige). Es un canal premium, que no suele ir en los paquetes básicos. Otras plataformas ni siquiera lo ofertan. En este enlace podéis ver las 25 principales plataformas de televisión por cable de los Estados Unidos en número de abonados. Pues bien, con la primera (Comcast) acaban de llegar a un acuerdo después de las correspondientes demandas. La cuarta (Time Warner, con la que también hubo lío), sexta (Charter) octava (Cablevisión) décima y undécima plataformas ni siquera tienen este canal como disponible.
La NFL invierte muchos recursos en NFL Network, tanto financieros como humanos. Y no escatima esfuerzos para que el atractivo del canal aumente y más plataformas paguen por incluirlo en su oferta. Entre esos esfuerzos está la emisión en directo de partidos de prime time. Todos los jueves, desde la décima semana de competición hasta la décimo sexta (en esta, dos partidos, uno el sábado). Thursday Night Football. Cuanto más atractivos sean esos partidos, más demandado será el canal. Y más ingresos para la liga. Es decir, que los ingresos de la NFL, de la organización de la que Goodell es el máximo responsable, dependen del interés que despierte el Thursday Night Football.
Este jueves, dentro de unas horas, los Houston Texans juegan en Philadelphia contra los Eagles. Es el partido de NFL Network. Y la mayor estrella de Houston es Andre Johnson. Adivinad quién no ha sido suspendido por Goodell, digo la NFL, después de haber propinado puñetazos en la cabeza a un jugador que estaba en el suelo. Andre Johnson. Al menos, sospechoso. Porque sin Johnson, el atractivo del partido habría descendido significativamente. ¿Casualidad o causalidad?
Tony Kornheiser, antiguo comentarista del Monday Night Football, lo denunció el pasado lunes. Sus argumentos son difícilmente rebatibles. La sospecha, por lo menos.
Cuando la norma no delimita con precisión en qué consiste la conducta punible y su consecuencia, su castigo, se da pie a estas arbitrariedades. Y cuando, además, el que juzga la conducta tiene un interés directo en el resultado del juicio, la decisión parece dolosamente injusta. Nadie se atreve a denunciarlo. Mejor llevarse bien con el amo.
La actuación de Goodell va contra el sentido común más elemental, pero contadísimas voces lo cuestionan. Nadie vigila al vigilante.
Dejo los mundos de Alan Moore y Dave Gibbons y vuelvo a la frase de Juvenal. Curiosamente, el contexto original no tiene nada que ver con sus posteriores interpretaciones, tan filosóficamente profundas. Juvenal se refería a que es imposible controlar la conducta de las mujeres porque quienes las vigilan acaban cediendo a sus encantos. Incluso existen teorías alternativas sobre la fidelidad de la versión "oficial". La frase sería un poco diferente (sed quis custodiat Ipsos custodes qui nunc lasciuae furta puellae had mercede silent?). Para que veáis de donde viene esta frase tan profunda y filosófica, os transcribo el contexto íntegro. Versión "oficial": Escucho siempre el reproche de mis amigos: "¡Encierralas, contrólalas!" Pero ¿quien vigila a los vigilantes? ¡Los planes de las esposas comienzan con ellos! Versión alternativa: el plan que mis amigos siempre me advierten que adopte: "¡Encierralas, contrólalas!" Pero ¿quien puede vigilar a los vigilantes? Ellos callan sobre los secretos de las chicas y las obtienen como pago; todo se lo callan. No deja de ser sorprendente que esta mentalidad prevalezca todavía en muchas culturas, y en la nuestra era mayoritaria hasta hace bien poco.
La verdad es que si leyese lo que acabo de escribir en algún otro sitio pensaría que el autor es un erudito. No os engañéis, no lo soy. Conocía la frase por Watchmen, la busqué en Google, terminé en la Wikipedia y ahí encontré esta curiosidad.
La traigo a colación porque esta frase se utiliza para plantearse el problema de quién debe ser el titular del poder en última instancia. La solución teórica y filosóficamente más aceptable parece la separación de poderes. Y venía a hablar de la separación de poderes. De su aplicación en el contexto de la NFL y de los conflictos de interés que existen en su gobierno y administración.
No hace falta ponerese muy pedantes, es de sentido común. Sin embargo, por aquello de que me gusta contar la historia completa, lo hago. La separación de poderes, aunque todos la asociamos a Montesquieu (¿verdad?), es una máxima que se predica desde la Antigua Grecia, y que se extendió con el Imperio Romano. El poder no ha de concentrarse en una única persona, sino que debe separarse en diferentes ramas independientes de modo que exista un equilibrio que garantice, por lo menos, que no se producirán arbitrariedades ni abusos. La típica división: poder ejecutivo (gobierno, que aplica y administra las normas), legislativo (parlamento, que dicta las normas) y judicial (tribunales, que resuelven las controversias).
No obstante, sabemos que aunque la teoría hable de "separación" de poderes y propugne la autonomía e independencia entre ellos, la aplicación práctica suele diferir bastante de los principios elementales de esta filosfía. Casi siempre, el poder termina concentrándose en el ejecutivo. El gobierno también dicta normas, el legislativo suele depender de él, y, si encima, los jueces son elegidos por las personas, el poder termina estando más concentrado de lo que debería en un plano estrictamente teórico. No es nuevo. Ya en 1978 se utilizaba el eufemismo de la "colaboración de poderes", como podéis leer en este artículo de El País de 1978.
La teoría no es caprichosa. Si se pide que el poder esté desconcentrado es por algo. Porque en el sistema de colaboración de poderes, de facto se producen abusos de poder que nadie puede castigar. ¿Quién va a sancionar a un parlamentario cuando es su partido el que ha nombrado al juez que lo va a juzgar? ¿Cómo se va a sancionar a un presidente si días antes de su juicio este ordena aprobar una norma que le dé inmunidad? La concentración del poder siempre da lugar a abusos, que un estado que se pretende vender como democrático y de derecho debe evitar.
No creo que al NFL pretenda ser un ejemplo de organización democrática y de derecho. En Estados Unidos la palabra con la que se llenan siempre la boca es libertad (bueno, lo de democracia también les mola bastante, sobre todo cuando pretenden "exportarla" por las malas). Eso sí, defienden la libertad según para qué cosas. En Futurama lo explican de forma gloriosa:
En la NFL la separación de poderes no parece estar muy de moda. La liga cuenta con un sujeto que hace lo que le viene en gana. Su potestad sancionadora no parece estar sujeta a ningún tipo de norma. Ni en cuanto a la tipificación de las infracciones (por qué actos puede sancionar) ni en cuanto a las sanciones que corresponden (cómo puede sancionarlos). Su mera voluntad vale para imponer castigos. Hablo de Roger Goodell, claro. El comisionado.
Me centraré en su actuación en materia sancionadora. Escapa a toda lógica. Uno de los principios básicos del derecho sancionador, de puro sentido común, es el nullum crimen, nulla poena sine praevia lege: nadie puede ser sancionado si no existe una ley previa que indique que una conducta es punible. Esto tiene diversas consecuencias prácticas, las más sencillas de deducir: que no se puede castigar a nadie si no hay una ley que tipifique claramente su conducta y que no se pueden dictar leyes sancionadoras con carácter retroactivo. Cuando alguien realiza un acto debe conocer (o, al menos poder conocer) que si realiza ese acto será castigado.
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| Hay quien considera esto más grave que reventarle a un tío la cabeza. |
"It is not enough simply to avoid being found guilty of a crime. Instead, as an employee of the NFL or a member club, you are held to a higher standard and expected to conduct yourself in a way that is responsible, promotes the values upon which the League is based, and is lawful". (Traducción: "No basta evitar ser culpable de un crimen. Al contrario, como empleado de la NFL o miembro de un club, estás sujeto a un estándar superior y se espera que te comportes de manera responsable y que promueva los valores en los que se basa la liga, y de manera legal".)
Un sinsentido. Nadie dice nada, sino lo contrario, apoyan al comisionado.
Esto era solo el principio, claro. Cuando una persona está investida de unas facultades tan amplias, la bola de nieve no hace más que crecer. La falta de proporcionalidad en las sanciones y los abusos no tardan en llegar. Y más que llegarán.
La siguiente tropelía importante llegó con las sanciones por los golpes de la 6.ª jornada de liga. Tras los impactantes (nunca mejor dicho) propinados por James Harrison, Brandon Meriweather y Dunta Robinson, Goodell parece sacar unas nuevas normas sobre placajes permitidos y no permitidos. Digo "parece" porque la NFL dice que no se cambió nada. Se lió parda, como recordaréis. No por los vicios del sistema sancionador, sino por las implicaciones de las nuevas normas en el desarrollo del juego. En el reino de Goodell, quien dicta leyes, juzga delitos y ejecuta decisiones, todo es posible.
La NFL, no obstante, dice que no se cambió ninguna norma. El pasado lunes se publicaba un artículo en la web oficial de la liga en el que se intentaba aclarar (o enmierdar, dependiendo de cómo lo veais) la situación: "There has been no change in rules since the start of the season, only an increase in the level of discipline for violations of existing rules". No ha habido cambio de normas, sino en el nivel de disciplina por infracción de los actuales normas. Eso, hasta donde yo sé, implica un cambio de norma. Si modificas la sanción (el castigo) entiendo que hay una modificación de la ley, aunque sí sería verdad que las reglas del juego seguirían siendo las mismas.
Hace unas semanas se alzó la primera voz disidente. No es fácil que surjan contestatarios, o por lo menos se manifiesten públicamente. Considerando el poder que acumula Goodell, lo más fácil (y prudente) es no incomodar al Rey Sol. Después está el factor intelectual. Los jugadores de football no se caracterizan generalmente por sus aptitudes e inquietudes intelectuales. Es más probable encontrar a un jugador de la NFL en una cárcel que en una biblioteca. Pero Troy Polamalu, además de ser un excelente jugador, demostró ser de los pocos con la valentía y el sentido común suficiente para pedir una separación de poderes en la NFL:
"He's got all the power, and that may be part of the problem. There needs to be some type of separation of power, like our government". (Traducción: "Tiene todo el poder, y eso puede ser parte del problema. Tiene que haber algún tipo de separación de poderes, como en nuestro gobierno".)
La separación de poderes se propugna por motivos de peso. No es algo caprichoso. Polamalu se ha dado cuenta de que debido a la concentración de poder en una sola persona se están perpetrando tropelías que los afectados no deberían consentir. ¿Tan difícil es establecer una suerte de órgano sancionador con la autonomía e independencia suficientes para imponer los castigos? Joder, que el deporte europeo no suele ser ejemplo de buenas prácticas, pero los comités de competición (cuyas decisiones, eso sí, son a veces susceptibles de feroz crítica) son un concepto básico.
Bueno, la NFL dice que existe ese órgano separado. Lo dice en el artículo publicado este lunes pasado que os enlazaba antes:
Any play involving a violation that needs to be reviewed for possible discipline, whether flagged on the field or not, is referred to Executive Vice President of Football Operations Ray Anderson and his staff, which includes Director of Football Operations Merton Hanks, a nine-year NFL veteran (1991-99). Merton Hanks or Ray Anderson makes the initial determination for discipline for on-field violations.
La jugada sancionable la revisa Ray Anderson, uno de los vicepresidentes de la NFL [inciso nominal: en las organizaciones anglosajonas hay multitud de "vicepresidents"; sí, es absurdo que utilicen ese nombre, que significa literalmente "en lugar del presidente", porque es el sustituto en caso de ausencia; es absurdo porque muchas de estas organizaciones --me atrevo a decir que la mayoría-- no tienen "president" y ni siquiera el cargo de "vicepresident" es el segundo más alto en la jerarquía interna de la entidad]. Permitidme que dude de su autonomía. Ahí no acaba la cosa, sino que supuestamente hay posibilidad de recurso.
The player has the right to appeal league discipline. The Collective Bargaining Agreement specifies that appeals of fines or suspensions of players for unnecessary roughness or unsportsmanlike conduct are determined by the Commissioner's designee. The decision on persons appointed as the Commissioner's designee for on-field player discipline appeals is made in consultation with the NFL Players Association
Decide quien decida Goodell. No hay que ser muy malpensado para dudar de su independencia. Pero lo más escandaloso es que las normas no indican los límites de la sanción: "the offender may be subject to suspension". El infractor podría ser suspendido. ¿Pero cuántos partidos? De cero a infinito. ¿Y con base en qué criterios? La arbitrariedad hecha norma.
Esta semana, sin embargo, hemos dado un pasito más. Esta semana se han dado argumentos de mucho peso que ponen en tela de juicio la imparcialidad del juzgador. Ningún sistema con un mínimo de credibilidad puede permitir juicios en los que el juzgador pueda tener un interés directo en el resultado del pleito. O se abstiene (renuncia voluntaria a resolver el caso) o se le recusa (renuncia forzada por alguna de las partes). La mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo. Bah, para qué. A Goodell eso se la suda.
Tras el combate entre Andre Johnson y Cortland Finnegan se llegó a especular con que se les sancionase hasta fin de temporada. Descabellado, sí, pero en vista de la que le cayó a Big Ben por no cometer un delito sino por comportarse de modo inmoral, no tanto. Si tuviera que elegir entre que me comprasen alcohol siendo menor o me diesen un puñetazo en la cabeza mientras estoy en el suelo, creo que me quedo con lo primero. La segunda conducta me parece más censurable, la verdad.
Pero cómo iban a sancionar a Andre Johnson. El receptor es probablemente el jugador más mediático de los Houston Texans. Quizá el mejor receptor de toda la NFL. Por los que merece la pena comprar una entrada. O sentarse en frente del televisor para verle jugar. Ahí quería llegar.
Os hablé ya muchas veces de NFL Network. Se trata del canal de televisión del que la liga es propietaria. Fuente de polémica incesante. Su difusión es reducida en los Estados Unidos. Ha habido multitud de pleitos entre NFL Network y diferentes plataformas televisivas debido a su difusión (fundamentalmente, porque el canal no se incluía en los paquetes básicos, algo que la NFL exige). Es un canal premium, que no suele ir en los paquetes básicos. Otras plataformas ni siquiera lo ofertan. En este enlace podéis ver las 25 principales plataformas de televisión por cable de los Estados Unidos en número de abonados. Pues bien, con la primera (Comcast) acaban de llegar a un acuerdo después de las correspondientes demandas. La cuarta (Time Warner, con la que también hubo lío), sexta (Charter) octava (Cablevisión) décima y undécima plataformas ni siquera tienen este canal como disponible.
La NFL invierte muchos recursos en NFL Network, tanto financieros como humanos. Y no escatima esfuerzos para que el atractivo del canal aumente y más plataformas paguen por incluirlo en su oferta. Entre esos esfuerzos está la emisión en directo de partidos de prime time. Todos los jueves, desde la décima semana de competición hasta la décimo sexta (en esta, dos partidos, uno el sábado). Thursday Night Football. Cuanto más atractivos sean esos partidos, más demandado será el canal. Y más ingresos para la liga. Es decir, que los ingresos de la NFL, de la organización de la que Goodell es el máximo responsable, dependen del interés que despierte el Thursday Night Football.
Este jueves, dentro de unas horas, los Houston Texans juegan en Philadelphia contra los Eagles. Es el partido de NFL Network. Y la mayor estrella de Houston es Andre Johnson. Adivinad quién no ha sido suspendido por Goodell, digo la NFL, después de haber propinado puñetazos en la cabeza a un jugador que estaba en el suelo. Andre Johnson. Al menos, sospechoso. Porque sin Johnson, el atractivo del partido habría descendido significativamente. ¿Casualidad o causalidad?
Tony Kornheiser, antiguo comentarista del Monday Night Football, lo denunció el pasado lunes. Sus argumentos son difícilmente rebatibles. La sospecha, por lo menos.
Cuando la norma no delimita con precisión en qué consiste la conducta punible y su consecuencia, su castigo, se da pie a estas arbitrariedades. Y cuando, además, el que juzga la conducta tiene un interés directo en el resultado del juicio, la decisión parece dolosamente injusta. Nadie se atreve a denunciarlo. Mejor llevarse bien con el amo.
La actuación de Goodell va contra el sentido común más elemental, pero contadísimas voces lo cuestionan. Nadie vigila al vigilante.
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