Ah, los tiempos pasados. Cómo los añoramos. Entonces sí que se hacían las cosas en condiciones. No como ahora. Entonces, la gente se ganaba el pan esforzadamente, con el sudor de su frente. Las nuevas generaciones se están echando a perder. Ahora lo dan todo hecho. Ah, si los jóvenes de ahora viviesen las condiciones que nosotros sufrimos en su momento. Aquello sí que era trabajar. Los jóvenes de ahora se quejan de vicio. Qué bien lo explican los Monty Python.
Sí, según envejecemos nos entran las añoranzas de los tiempos pasados. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Aunque no es una película que me haya gustado mucho, en Midnight in Paris reflejan muy bien esta idea tan frecuente en el ser humano: la de idealizar el pasado y rechazar el presente. Michael Sheen, que interpreta a un pedante y odioso intelectualoide, explica con mucha claridad la idea a Owen Wilson: vive anclado en el pasado, lo idealiza, suprime toda connotación negativa y potencia las positivas. No nos acordamos de lo malo, nuestra memoria solo retiene lo bueno. Quien vive hoy desea vivir ayer; mientras quien vive ayer quiere vivir antes de ayer. Y así sucesivamente.
¿A qué viene todo esto?
Esto viene a una discusión, en la que cometí alguna infracción por unsportsmanlike conduct, que mantenía con Mariano Tovar en su entrada de Zona Roja del jueves. Quizá también hubo rudeza innecesaria por mi parte. Lo siguiente trata un tema conexo con el de esa entrada, pero ninguna de las cuestiones que trato aquí se las atribuyo a ese autor, que puede o no estar de acuerdo con la visión nostálgica de la NFL. Por si acaso, lo aclaro.
Ayer.
Algunos añoran tiempos pasados en el fútbol americano. Desde jugadores a analistas, escuchamos lamentaciones por el derrotero amariconado que parece estar tomando la NFL. Alguno ha propuesto añadir una F al acrónimo: NFFL. National Flag Football League. El legislador se está cargando la esencia del fútbol americano. Esto es un puto circo. Cualquier día prohíben el contacto.
Ah, qué tiempos, aquellos del run to daylight. Correr hasta ver la luz. Si Lombardi levantase la cabeza, aparte de darse una buena hostia contra la tapia, no reconocería este como su deporte. Aquel sí que era un deporte de hombres. Un deporte no de contacto, sino de colisión. Power football. Aplastar al contrario.
Lo de ahora se ha convertido en un circo. Ver a estos Packers 12-0, y con un anillo, sin apenas juego de carrera. Qué perversión: es la carrera la que debe "establecerse", en primer lugar, para luego recurrir al pase. No al revés. Qué es eso de que el pase primero, para luego recurrir a la carrera. Cómo puede ir un equipo 12-0, habiendo permitido tantas yardas al rival. Tanto ellos como los Patriots llevan ritmo de encajar más yardas de pase que las que Dan Marino consiguió en 1984. ¡Y ganan! Joder, si es que hay tres tipos que pueden batir el récord de Marino.
Qué tiempos aquellos, ¿verdad? Tiempos en los que el objetivo era cazar al quarterback, en los que se podía cazar al quarterback y este asumía que ser golpeado formaba parte de su sueldo. Tiempos en los que el receptor sabía que la recepción le iba a costar una fuerte contusión. Ah, esos Raiders de los setenta, que acosaban al atacante, esos sí que eran hombres. Aquellos partidos sí podían recibir la consideración de batallas. Sus contendientes eran héroes que abandonaban el estadio con el uniforme embarrado y el cuerpo magullado.
Lo de ahora se parece tanto al fútbol americano como lo que hacen los Harlem Globetrotters al baloncesto.
¿Por qué hemos cambiado tanto? En primer lugar debemos cuestionarnos si hemos cambiado tanto. Creo que sí que hemos cambiado, aunque no tanto como parece. Es cierto que se puede triunfar sin correr. El viejo refrán de que en playoffs es capital imponer la carrera resulta cuestionable. El ataque de Green Bay no triunfó la temporada pasada por su solidez terrestre. Sin embargo, el papel de James Starks en enero fue muy importante para conseguir el anillo. Mendenhall también lo fue en los Steelers. Pierre Thomas lo fue en los Saints de 2009. No son los tiempos en los que un Terrell Davis te gana un anillo, pero la carrera sigue resultando muy útil.
¿Y la defensa? ¿Ha desaparecido? ¿Ha decaído su importancia? Yo no lo creo. Sinceramente. Ni siquera hoy. Tres de los cuatro equipos que dominan la AFC lideran la NFL en defensa. Texans, Steelers y Ravens basan gran parte de su éxito en su solidez defensiva. Los Packers fueron la temporada pasada el equipo que menos puntos permitió en la NFC. En la Super Bowl, su defensa forzó dos pérdidas de balón; ninguna la defensa de los Steelers. Los Jets de Mark Sanchez (de Mark Sanchez) han llegado en dos temporadas consecutivas a la final de conferencia. ¿Hace falta recordar cómo están ganando los Broncos? La defensa no ha dejado de ser importante. La brillantez defensiva no ha dejado de ser una fórmula para llegar al éxito. Los Giants que sorprendieron a los imperfectos Patriots dejaron a esta superpotencia ofensiva en 14 puntos, dos anotaciones en 60 minutos. Solo dos anotaciones. Los brillantes Saints de Drew Brees consigen el anillo gracias a dos jugadas defensivas providenciales: una intercepción en la final de conferencia y un pick-six en la Super Bowl. Sin defensa nadie ha ganado. Ganar es ganar en enero.
¿Que cada vez un defensor puede hacer menos cosas para parar al atacante? De eso no cabe duda. Es una tendencia que viene produciéndose en la NFL desde hace muchos años. Hay que preguntarse por qué.
Por qué han cambiado las cosas. Ahí entramos al tema Roger Goodell. Un tipo que no es santo de mi devoción. Creo que las críticas que hacía sobre él hace un año siguen vigentes hoy. Este pavo sanciona al personal sin ton ni son, sin atenerse a unas normas claras de qué conductas resultan sancionables ni qué consecuencias debe acarrear cada infracción. Esto es así. La arbitrariedad sigue instaurada en la NFL.
Pero no creo que quiera cargarse el deporte, o modificarlo de tal modo que no lo reconozca ni la madre que lo parió, convertirlo en un circo aéreo, ni creo que desee terminar con las defensas. Obviamente la NFL es un negocio, que vive del espectáculo. No podemos engañarnos, uno de los objetivos de Goodell será proteger ese espectáculo. Y al público le resulta más digerible un partido de muchos puntos que un LSU-Alabama que termina 9-6. Pero no creo que Goodell quiera "cargarse las defensas". No creo que ese sea el objetivo de las tan criticadas recientes reformas normativas. Aunque sí lo fue la reforma de 1978. Si veis el vídeo colgado YouTube en el que se explican estos importantes cambios, la descripción del que cuelga el vídeo es "the abomination 1978 rule changes that ruined football forever. They had to go and sabotage a thing of beauty for the sake of hype and ratings". Es decir, los abominables cambios de normas de 1978 que arruinaron el fútbol americano para siempre. Tenían que hacerlo y sabotear una preciosidad para aumentar la expectación y las audiencias. Tal y como describían en Midnight in Paris.
Creo, más bien, el propósito principal de estas recientes reformas es la mera apariencia. El postureo. El populismo. Fingir que preocupa la salud de los jugadores. En Estados Unidos están bastante sensibilizados con el tema de las secuelas que deja el fútbol americano. Las conmociones cerebrales preocupan. Easterbrook, semana a semana, da la vara con las concussions. Peter King analizaba esta semana los efectos a largo plazo del football profesional, estudiando el caso de los Bengals de 1986. El principal motivo para vetar la temporada regular de dieciocho partidos es el riesgo para la salud del jugador. Hay una preocupación por el tema. O por lo menos, se dice que existe en medios de gran difusión.
Goodell no puede quedarse de brazos cruzados. Si no, lo crucifican. Todas las reformas reglamentarias suelen venir provocadas por casos llamativos. Son una reacción a casos mediáticos. En los comentarios al artículo de Zona Roja se citaba la defensa de los Patriots a los Colts de Manning en la segunda derrota de Indianápolis en Foxboro en playoffs como detonante de la sensibilidad con el pass interference. La grave lesión de Brady ante los Chiefs en 2008 trajo consigo una ilegalización de los placajes como los que destrozaron su rodilla. Creo que las imágenes de Austin Collie, inconsciente tras un par de duros placajes la temporada pasada, contribuyeron a la implantación esta temporada de la penalización por golpeo violento a un receptor indefenso. Las conmociones sufridas por varios jugadores notables la temporada pasada han contribuido a la implantación de un protocolo para este tipo de situaciones esta temporada.
¿Por qué ahora? Además de los casos que hacen saltar la liebre, citados en el párrafo anterior, creo que, igual que han evolucionado las estrategias ofensivas, cada vez más indefendibles, han evolucionado las técnicas de placaje, cada vez más devastadoras. Creo que la evolución física en el deporte es un hecho. En algunos deportes resulta más fácilmente mensurable, como en el atletismo: los récords van cayendo año a año, cada vez se corre más rápido, cada vez se salta más alto y más lejos. En otros deportes no es tan sencilla la comparación. Pero la preparación física evoluciona, y creo que también la capacidad de hacer daño. Por ejemplo, el casco se concibe como instrumento de protección, pero hoy se emplea como arma de ataque. Ahí tenéis a James Harrison. Por eso hoy son necesarias algunas medidas que ayer no lo eran.
Además, hoy se ve todo. La evolución tecnológica no ha ayudado al defensor. Antes se televisaban menos partidos y se captaban menos acciones. Hoy somos testigos de todo lo que sucede en el campo. Antes, no. Decía Gentile que hoy no podría repetir el marcaje que hizo a Maradona en el Mundial de 1982. Claro que no. Hoy te ven. Los medios para perseguir el delito son más avanzados. Eso creo que también influye. La tecnología ha acabado con la impunidad de los que pegan.
No, no creo que sea intención de Goodell que la NFL se convierta en un circo aéreo ni hacer la vida imposible a las defensas. Su principal propósito es proteger su reputación y su trabajo. Y que para ello necesita hacer ver que le preocupa la salud del jugador, sea esta una preocupación real o no. Evidentemente, los perjudicados por las reformas son los jugadores que salen al campo a pegar. Los defensores.
Cada cual es libre de elegir el estilo de partido que más le place. Faltaría más. A unos les gustará más un estilo old school tipo Baltimore Ravens o New York Jets, donde la defensa y la carrera sostienen al equipo; a otros les gustará más un estilo más "circense" en el que la defensa es menos importante, como el de los Packers de esta temporada o el de los Patriots; otros preferirán fórmulas más equilibradas, como la de los Steelers, donde tanto ataque como defensa tienen un peso muy relevante en el juego. Para gustos, los colores.
Pero creo que la evolución del juego no obedece principalmente a cambios reglamentarios ni a un empeoramiento del nivel arbitral. Por lo menos, no a cambios recientes. Creo que se debe, más bien, a la aparición de pasadores prodigiosos y receptores letales, y a su aprovechamiento por entrenadores que apuestan por una fórmula más arriesgada. Se suele decir que de los posibles tres resultados de un pase, dos son malos (incompleto o intercepción), y que en una carrera el riesgo es menor. Pero la rentabilidad conseguida si el resultado del pase es bueno es mucho mayor. Por eso no es extraño que algunos equipos, que cuentan con los ingredientes adecuados, hayan perfeccionado su ataque hasta convertirlo en una fórmula casi imparable para los rivales. ¿Sería tan imparable si el quarterback no fuese tan intocable o si las pass interferences no se señalasen con tanta alegría? Personalmente, creo que sí. Lo creo, no lo sé. El deporte-ficción no es lo mío. Creo que sigue ganando quien juega mejor.
¿Se juega como antes? No. El juego evoluciona. Todos los deportes lo hacen. A algunos les gustará más el estilo anterior, a otros el actual. De lo que no tengo duda, es de que cualquier tiempo pasado fue anterior. ¿Mejor? Eso depende de la opinión de cada uno.
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viernes, 9 de diciembre de 2011
viernes, 3 de diciembre de 2010
Apuntes breves: empacadores marca Acme
Esta semana cierta franquicia recuerda páginas pasadas de su historia. My back pages, de Bob Dylan, versión de los Ramones (canta CJ):
Quién no conoce la marca Acme. Una de las marcas que han marcado vuestra infancia, seguro. A los artilugios de esa empresa recurrían siempre los personajes de los Looney Tunes, casi siempre con adorable intención de asesinar a alguien, ya sea un gato a un canario o un coyote a un ¿avestruz?. He leído que el nombre es irónico, porque procede del griego ακμή, que significa "cénit, cumbre", y los productos Acme suelen fallar más que una escopeta de feria. Hombre, yo no creo que sean tan defectuosos, sino que los encargados de ejecutar (nunca mejor dicho) funestos planes con ellos no saben utilizarlos bien.
Sobre todo el Coyote. No había manera de pillar al jodío Correcaminos. Bueno, quizá era lo mejor para el propio Coyote:
La verdad es que los dibujos animados no ofrecían la mejor imagen de los productos Acme. Como para comercializar productos bajo esa marca...
Bueno, pues resulta que sí que había empresas que utilizaban la marca Acme. Una de esas compañías se llamaba Acme Packing Company. Tenía su domicilio en el estado de Illiniois. En 1921, esa compañía se fusionó con otra denominada Indian Packing Company, absorbiéndola. Esa Indian Packing Company, que se dedicaba al delicioso negocio de la carne enlatada, había proporcionado en 1919 a uno de sus empleados, un tal Curly Lambeau, y a su grupo de colegas, camisetas y acceso a las instalaciones deportivas que tenía en un pueblecillo del noreste de Wisconsin. Lambeau había organizado un equipo de football en Green Bay. Como deferencia a la compañía empacadora que actuaba de mecenas, el equipo adoptó el sobrenombre de "Packers". Una vez completada la absorción de Indian por Acme, la franquicia pasó a denominarse "Acme Packers".
Esos Acme Packers ganaron su primer título de campeón de la NFL en 1929. Campeones del mundo, según packers.com, pero si ya hoy es ridículo hablar de "campeones del mundo", cuando el fútbol americano es un deporte de masas, qué decir de entonces, cuando ni siquiera se jugaba en todo Estados Unidos. Los Acme Packers, con su entrenador-jugador Curly Lambeau, en cuya memoria se denomina el mítico estadio de Green Bay, terminaron la temporada 12-0-1 (el partido que terminó en empate fue 0-0, todo un espectáculo), con el mejor registro de la competición y, por ello, campeones (no había playoffs). Acme, entonces, era sinónimo de excelencia, sin ironía.
Como homenaje a ese equipo y, probablemente como motivo más importante, para hacer negocio, los Packers cambian su imagen de verde y oro para el partido de este fin de semana. Se utilizarán, por primera vez, y única esta temporada, los throwback uniforms de color azul y oro. Estos uniformes evocan, en la medida de lo posible, los usados en 1929. Digo "en la medida de lo posible" porque las protecciones craneales de entonces (los cascos, vamos) eran muy diferentes a las actuales. Se jugaba con un lindo "gorrito" de cuero. Como hoy esto no está permitido, el casco que lucirán los Acme Packers el domingo serán marrón caca, sin ningún tipo de símbolo, imitando el color de los de cuero.
La web oficial de los Packers también se ha unido a la fiesta. El azul ha sustituido al verde, el casco amarillo ha sido reemplazado por el marrón, e incluso se ha recuperado la denominación oficial del equipo en 1929, con "Acme" en lugar de Green Bay.
El estadio, como suele suceder cada vez que un equipo utiliza throwbacks, también adoptará los colores de los Acme Packers. Lambeau Field será más "Lambeau" que nunca, aunque la Bay será menos "Green" de lo habitual. Aaron Rodgers volverá a vestir los mismos colores que en su etapa universitaria, aunque no parece muy convencido con el resultado: "Since I got here I’ve been hoping for a throwback uniform game. These are not what I was expecting". A Charles Woodson sí le gustan "I think it's very slimming, actually. It's a good look. I like them, actually". A mí también me gustan, si no no me habría comprado la camiseta. Para gustos, los colores (nunca mejor dicho).
En el homenaje a los cracks de 1929 (estos en el buen sentido), los Packers se enfrentan a los de 1849. Ya está nevando en Wisconsin. Todo muy retro, salvo el estilo de juego de Green Bay. El equipo que popularizó el Run to Daylight, sacando formaciones con 5 wide receivers y con su quarterback como mejor corredor.
Que tengáis buen puente y, como decían en Londres, arrive home safely.
Quién no conoce la marca Acme. Una de las marcas que han marcado vuestra infancia, seguro. A los artilugios de esa empresa recurrían siempre los personajes de los Looney Tunes, casi siempre con adorable intención de asesinar a alguien, ya sea un gato a un canario o un coyote a un ¿avestruz?. He leído que el nombre es irónico, porque procede del griego ακμή, que significa "cénit, cumbre", y los productos Acme suelen fallar más que una escopeta de feria. Hombre, yo no creo que sean tan defectuosos, sino que los encargados de ejecutar (nunca mejor dicho) funestos planes con ellos no saben utilizarlos bien.
Sobre todo el Coyote. No había manera de pillar al jodío Correcaminos. Bueno, quizá era lo mejor para el propio Coyote:
La verdad es que los dibujos animados no ofrecían la mejor imagen de los productos Acme. Como para comercializar productos bajo esa marca...
Bueno, pues resulta que sí que había empresas que utilizaban la marca Acme. Una de esas compañías se llamaba Acme Packing Company. Tenía su domicilio en el estado de Illiniois. En 1921, esa compañía se fusionó con otra denominada Indian Packing Company, absorbiéndola. Esa Indian Packing Company, que se dedicaba al delicioso negocio de la carne enlatada, había proporcionado en 1919 a uno de sus empleados, un tal Curly Lambeau, y a su grupo de colegas, camisetas y acceso a las instalaciones deportivas que tenía en un pueblecillo del noreste de Wisconsin. Lambeau había organizado un equipo de football en Green Bay. Como deferencia a la compañía empacadora que actuaba de mecenas, el equipo adoptó el sobrenombre de "Packers". Una vez completada la absorción de Indian por Acme, la franquicia pasó a denominarse "Acme Packers".
Esos Acme Packers ganaron su primer título de campeón de la NFL en 1929. Campeones del mundo, según packers.com, pero si ya hoy es ridículo hablar de "campeones del mundo", cuando el fútbol americano es un deporte de masas, qué decir de entonces, cuando ni siquiera se jugaba en todo Estados Unidos. Los Acme Packers, con su entrenador-jugador Curly Lambeau, en cuya memoria se denomina el mítico estadio de Green Bay, terminaron la temporada 12-0-1 (el partido que terminó en empate fue 0-0, todo un espectáculo), con el mejor registro de la competición y, por ello, campeones (no había playoffs). Acme, entonces, era sinónimo de excelencia, sin ironía.
Como homenaje a ese equipo y, probablemente como motivo más importante, para hacer negocio, los Packers cambian su imagen de verde y oro para el partido de este fin de semana. Se utilizarán, por primera vez, y única esta temporada, los throwback uniforms de color azul y oro. Estos uniformes evocan, en la medida de lo posible, los usados en 1929. Digo "en la medida de lo posible" porque las protecciones craneales de entonces (los cascos, vamos) eran muy diferentes a las actuales. Se jugaba con un lindo "gorrito" de cuero. Como hoy esto no está permitido, el casco que lucirán los Acme Packers el domingo serán marrón caca, sin ningún tipo de símbolo, imitando el color de los de cuero.
La web oficial de los Packers también se ha unido a la fiesta. El azul ha sustituido al verde, el casco amarillo ha sido reemplazado por el marrón, e incluso se ha recuperado la denominación oficial del equipo en 1929, con "Acme" en lugar de Green Bay.
El estadio, como suele suceder cada vez que un equipo utiliza throwbacks, también adoptará los colores de los Acme Packers. Lambeau Field será más "Lambeau" que nunca, aunque la Bay será menos "Green" de lo habitual. Aaron Rodgers volverá a vestir los mismos colores que en su etapa universitaria, aunque no parece muy convencido con el resultado: "Since I got here I’ve been hoping for a throwback uniform game. These are not what I was expecting". A Charles Woodson sí le gustan "I think it's very slimming, actually. It's a good look. I like them, actually". A mí también me gustan, si no no me habría comprado la camiseta. Para gustos, los colores (nunca mejor dicho).
En el homenaje a los cracks de 1929 (estos en el buen sentido), los Packers se enfrentan a los de 1849. Ya está nevando en Wisconsin. Todo muy retro, salvo el estilo de juego de Green Bay. El equipo que popularizó el Run to Daylight, sacando formaciones con 5 wide receivers y con su quarterback como mejor corredor.
Que tengáis buen puente y, como decían en Londres, arrive home safely.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
El Día de Acción de Gracias
Como regla general, las empresas tratan de incrementar su oferta de productos y servicios cuando su demanda crece. Si aumenta el número de clientes potenciales, lo racional es ampliar la cantidad de productos y servicios disponibles. De lo contrario, estarías perdiendo una excelente oportunidad de negocio.
Si aplicamos lo anterior al negocio del deporte, lo normal es pensar que cuando existe un mayor número de demandantes potenciales de deporte, esto es, de aficionados dispuestos a gastarse (directa o indirectamente) su dinero en presenciar un acontecimiento deportivo, la oferta debe aumentar de modo acorde. Supongo que algunos ya lo habréis visto venir: como introducción a este artículo, toca repartir unos palos al fútbol profesional español (seguramente no serán los últimos de la semana). El Corte Inglés no da vacaciones a sus empleados del 24 de diciembre al 6 de enero. En Inglaterra, cuando llegan las Navidades, se juegan más partidos de la Premier League. Hay que aprovechar el Boxing Day. Los aficionados tienen vacaciones, lo que les permite asistir a los estadios entre semana o ver partidos por la televisión. La Liga Nacional de Fútbol Profesional para por Navidad. Absurdo. Como tantas otras cosas en la gestión del fútbol español. Por algo está en la ruina. Y a peor que irá.
En Estados Unidos, la fiesta familiar por excelencia es la del Día de Acción de Gracias. Más incluso que la Nochebuena, que seguramente es el equivalente en España en cuanto a trascendencia familiar. ¿Qué hace la NFL cuando llega ese día tan familiar? ¿Dar descanso a los jugadores para que pasen el día con sus seres queridos? En el fondo, es un jueves, todavía quedan dos días completos para preparar el partido del domingo (tres si juegas el lunes). Pues no, no dan descanso al personal. Al contrario, aprovechan para meter partidos ese día. Como es festivo, la gente tiene tiempo para ir a los estadios. La decisión económica racional. El tema central de este artículo será, pues, la tradicional jornada de NFL del Día de Acción de Gracias.
Thank you, de Led Zeppelin:
Antes de comentar qué pasa en la NFL, comentemos brevemente (o esa es mi intención cuando empiezo a escribir este párrafo) en qué consiste el Día de Acción de Gracias. Lo primero, el nombre. En español, me refiero. Me sorprende bastante la traducción. En inglés es Thanksgiving Day. El gerundio thanksgiving se traduce por el sintagma nominal acción de gracias. Curioso. Es cierto que un gerundio expresa la acción verbal en su desarrollo, por lo que la traducción como acción de sería adecuada. Sin embargo, ese thanksgiving inglés creo que no es un gerundio con naturaleza verbal, sino nominal. En otras palabras menos técnicas (aunque todavía algo técnicas), que es un nombre, no un verbo. Por tanto, habría que traducirlo como un sustantivo, sin "acción de". El Día del Agradecimiento sería la traducción más lógica. Por los motivos que sea, la expresión que se ha consolidado en español es la de Día de Acción de Gracias, a pesar de que no parece la más correcta.
Aclarado el tema de la denominación, veamos en qué consiste. Acción de Gracias es una día festivo que se celebra en Estados Unidos y en Canadá. También en la isla de Granada y en Liberia, pero estas festividades solo comparten el nombre con la versión norteamericana. En Estados Unidos, la celebracíón de Acción de Gracias quedó fijada desde 1941 en el cuarto jueves del mes de noviembre (con anterioridad se había celebrado en otras fechas, pero por ley se estableció en ese cuarto jueves; los motivos, económicos, fundamentalmente). En Canadá se celebra en el segundo lunes de octubre.
Aunque el origen preciso de la fiesta resulta bastante controvertido, las celebraciones canadiense y estadounidense comparten fundamento. Se trata de una festividad secular pero de origen religioso en la que se agradece a Dios la obtención de una cosecha provechosa. En el caso particular de los Estados Unidos, se recuerda el festín que en 1621 habrían celebrado durante tres días 53 inmigrantes y 90 norteamericanos. En otras palabras, 53 colonos europeos y 90 indios. Algunos de los descendientes de esos 53 inmigrantes son los que hoy tratan de impedir, perdón, regular, la entrada de más inmigrantes. Quizá porque temen que hagan con ellos lo mismo que sus antepasados hicieron con la población autóctona del territorio norteamericano. Claro que los indios eran infieles. El hecho es que la versión oficial indica que indios y anglosajones celebraron amistosamente el final del duro invierno y la recolección de abundante alimento, en paz y armonía, de modo parecido al que podéis ver en la pintura de arriba a la izquierda.
Al Día de Acción de Gracias le sigue el Black Friday. El Viernes Negro. Parece que se refiere a un hecho luctuoso, pero no es así. Se trata de algo mucho más prosaico. No es festivo oficial, pero mucha gente hace puente. Y se dedica a ir de compras. Los comercios abren a las 5 de la mañana y comienza la orgía consumista. Ahí se inicia oficialmente la temporada de compras navideñas. Se le llamó en principio Black Friday porque se montaban unos atascos infernales en las ciudades (señaladamente, Philadelphia, cuya policía acuñó el término), pero posteriormente se extendió la creencia de que se debe a que las empresas pasan de números rojos (pérdidas) a negros (beneficios, in the black). Es probable que durante estos días recibáis spam en vuestros buzones de correo electrónico haciendo referencia a promociones de Viernes Negro. Ya sabéis por qué.
Como en este blog las voces minoritarias siempre tienen cabida, hay que comentar que desde 1970 los United American Indians of New England celebran el National Day of Mourning (Día Nacional de Luto). Acusan a los Estados Unidos (cuya autoridad no reconocen)y a los invasores europeos de inventarse la historia de Thanksgiving y encubrir el democidio al pueblo indio. En Alcatraz, en la Costa Oeste, se conmemora el Unthanksgiving Day (Día del No-Agradecimiento), que recuerda la ocupación de la isla de Alcatraz realizada en 1969 por el Alcatraz-Red Power Movement (en Estados Unidos un rojo no es un izquierdista, sino un indígena, piel roja). Esa ocupación duró 19 meses, hasta que los indios de diferentes tribus que ocupaban la isla fueron desalojadas por la fuerza. Este vídeo cuenta la historia, para quien le interese (muy interesante, creo):
Thanksgiving evolucionó hasta lo que es hoy. Una reunión familiar en la que se come pavo. Como la Nochebuena en España, vamos, solo que en vez de cena es comida. Entre los elementos esenciales del Día de Acción de Gracias está el football. El artículo de la Wikipedia sobre esta celebración indica que consiste en lo siguiente: Giving thanks, spending time with family, feasting, football games, parades.
Sí, el football en general y la NFL en particular forman parte de la tradición del Día de Acción de Gracias. Hay partidos de football a todos los niveles, desde high school (instituto) a NFL pasando por college (universidad). Lo que aquí toca es hablar de NFL.
¿Desde cuándo se juegan partidos de NFL en Acción de Gracias? Pues desde siempre. Antes de que la propia NFL existiese, ya había football profesional en esa fecha.
Sin embargo, desde siempre, NFL en Thanksgiving es sinónimo de partido de los Detroit Lions y de los Dallas Cowboys. Los Lions llevan acogiendo un partido en Acción de Gracias en su estadio desde 1934; los Cowboys desde 1966, como medio para que esta franquicia de reciente creación ganase popularidad. Realmente no hay razones de mucho peso detrás de la permanencia de estos equipos como anfitriones de partidos de Acción de Gracias, más allá de que siempre se ha hecho así (esto creo que se llama tradición, argumento que pese a que se esgrime con cierta frecuencia para defender determinadas posturas, carece de peso alguno desde un punto de vista lógico: ¿por qué? porque es así desde siempre; gran argumento). La cuestión no es moco de pavo (nunca mejor dicho), que el asunto es bastante polémico por los Estados Unidos. Todos los años se levantan voces que piden el fin de esta exclusiva de Lions y Cowboys. Greg Easterbrook lo volvió a pedir en su Tuesday Morning Quarterback de este martes. Con mucho tacto, eso sí: "Not Even the Pilgrims Would Have Watched a Detroit Lions Thanksgiving Game". Justo ahora los Lions empiezan a dar espectáculo, así que no sé si es el mejor momento para que la nación deje de presenciar sus partidos. En el fondo, se pide su eliminación de Acción de Gracias porque en la última década el equipo da mucha pena.
Bueno, hay que precisar que la exclusiva de Detroit y Dallas finalizó de hecho en 2006, ya que se añadió un tercer partido. El nocturno, televisado por NFL Network. Cada año, diferentes equipos lo disputan. No obstante, NFL Network es un canal al que no tienen acceso muchos estadounidenses, ya que no se puede adquirir por Internet, como en Europa, y muchas plataformas de pago no lo incluyen en su oferta de canales. Recuerdo que esta offseason, en una de esas rondas de preguntas de aficionados a Goodell, uno de ellos le pidió por favor que dejasen de emitir partidos en NFL Network, ya que la mayoría de la población no podía ver ese canal. O eso, o que incentivase su inclusión en las plataformas de televisión de pago. Por ahora, parece que sigue siendo un canal semiclandestino.
Por motivos televisivos, para que Fox y CBS emitan un partido cada una, uno de los dos partidos debe enfrentar a dos equipos de la NFC (partido de Fox) y en otro, a un equipo de la AFC como visitante (partido de CBS).
El Día de Acción de Gracias ha dejado partidos memorables en la NFL, como el Lions-Bills en el que O.J. Simpson batió el entonces récord de yardas de carrera en un partido (273) sin que valiese para nada, ya que su equipo cayó derrotado por 27-14, principalmente gracias al pésimo partido de su quarterback, Gary Marangi (4/21, 29 yardas). No obstante, de entre todos ellos, me quedo con el siguiente. 1993. Dallas Cowboys-Miami Dolphins en el Texas Stadium. Terreno de juego completamente nevado. A falta de 15 segundos, Dallas ganaba por 14-13. Miami se disponía a chutar un lejano field goal, y sucedió esto:
Brutal, ¿verdad? Me quedo con la historia de la señora que le va a consolar diciéndole que cualquiera comete errores, que recuerde a aquel tipo que la había cagado en la Super Bowl... siendo él mismo. Este es el vídeo de la retransimisión televisiva. En directo no se vio la genialidad de Leon Lett. Las cámaras enfocaban a Jerry Jones. Su cara, todo un poema, fijaos como le cambia la expresión. Y a Troy Aikman.
Gracias a este tremendo error, los Dolphins poseen el mejor porcentaje de victorias en Acción de Gracias, empatados con los Minnesota Vikings (un 83,3%; 5 victorias, 1 derrota). En cuanto a los habituales, los Lions están ligeramente por debajo del 50%, 33-35 (mal registro si tenemos en cuenta que juegan en siempre en casa); por su parte los Dallas Cowboys lo han hecho bastante mejor, cuentan con casi un 66% de victorias, 27-14.
Pero lo más curioso me parece lo del equipo que lleva por nombre a una tribu de indios. Quizá sea un indicio de que, efectivamente, los indios siempre sufrieron por esas fechas. Los Washington Redskins son el equipo al que peor se le da Thanksgiving: 1-6, un paupérrimo 14,3% de victorias (ya, algunos os habréis dado cuenta de que hay otro equipo con nombre indio, los Chiefs, que están 5-5). Pobres pieles rojas. Maldita sea esa fiesta para ellos.
Por cierto, en Acción de Gracias, siempre se elige al MVP particular de cada partido. El del partido de la Fox es el "Galloping Gobbler Award" (premio pavo galopante); el del partido de la CBS, el "All-Iron Award" (el premio de hierro, o el premio al planchado, según se interprete); y el de NFL Network, el "Pudding Pie Award" (premio tarta de pudding). Efectivamente, unas gilipolleces que te cagas.
El menú que tenemos para este Día de Acción de Gracias se compone de un Lions-Patriots a las 18.30 (hora peninsular española), que emitirá en directo Digital+, un Cowboys-Saints a las 22.15 y un Jets-Bengals a las 2.20 de la madrugada. Dado que se trata de un día especial, habrá actuaciones musicales en los descansos de los dos primeros partidos: Kid Rock en Detroit, Keith Urban en Dallas. Caca de la vaca (de los Chicos Vaca).
Como estamos en Acción de Gracias, me despido con una gracia que me ha hecho gracia: ¿qué le dice un jardinero a otro? nos vemos cuando podamos. Me parto. Gracias por vuestra atención.
Si aplicamos lo anterior al negocio del deporte, lo normal es pensar que cuando existe un mayor número de demandantes potenciales de deporte, esto es, de aficionados dispuestos a gastarse (directa o indirectamente) su dinero en presenciar un acontecimiento deportivo, la oferta debe aumentar de modo acorde. Supongo que algunos ya lo habréis visto venir: como introducción a este artículo, toca repartir unos palos al fútbol profesional español (seguramente no serán los últimos de la semana). El Corte Inglés no da vacaciones a sus empleados del 24 de diciembre al 6 de enero. En Inglaterra, cuando llegan las Navidades, se juegan más partidos de la Premier League. Hay que aprovechar el Boxing Day. Los aficionados tienen vacaciones, lo que les permite asistir a los estadios entre semana o ver partidos por la televisión. La Liga Nacional de Fútbol Profesional para por Navidad. Absurdo. Como tantas otras cosas en la gestión del fútbol español. Por algo está en la ruina. Y a peor que irá.
En Estados Unidos, la fiesta familiar por excelencia es la del Día de Acción de Gracias. Más incluso que la Nochebuena, que seguramente es el equivalente en España en cuanto a trascendencia familiar. ¿Qué hace la NFL cuando llega ese día tan familiar? ¿Dar descanso a los jugadores para que pasen el día con sus seres queridos? En el fondo, es un jueves, todavía quedan dos días completos para preparar el partido del domingo (tres si juegas el lunes). Pues no, no dan descanso al personal. Al contrario, aprovechan para meter partidos ese día. Como es festivo, la gente tiene tiempo para ir a los estadios. La decisión económica racional. El tema central de este artículo será, pues, la tradicional jornada de NFL del Día de Acción de Gracias.
Thank you, de Led Zeppelin:
Antes de comentar qué pasa en la NFL, comentemos brevemente (o esa es mi intención cuando empiezo a escribir este párrafo) en qué consiste el Día de Acción de Gracias. Lo primero, el nombre. En español, me refiero. Me sorprende bastante la traducción. En inglés es Thanksgiving Day. El gerundio thanksgiving se traduce por el sintagma nominal acción de gracias. Curioso. Es cierto que un gerundio expresa la acción verbal en su desarrollo, por lo que la traducción como acción de sería adecuada. Sin embargo, ese thanksgiving inglés creo que no es un gerundio con naturaleza verbal, sino nominal. En otras palabras menos técnicas (aunque todavía algo técnicas), que es un nombre, no un verbo. Por tanto, habría que traducirlo como un sustantivo, sin "acción de". El Día del Agradecimiento sería la traducción más lógica. Por los motivos que sea, la expresión que se ha consolidado en español es la de Día de Acción de Gracias, a pesar de que no parece la más correcta.
Aclarado el tema de la denominación, veamos en qué consiste. Acción de Gracias es una día festivo que se celebra en Estados Unidos y en Canadá. También en la isla de Granada y en Liberia, pero estas festividades solo comparten el nombre con la versión norteamericana. En Estados Unidos, la celebracíón de Acción de Gracias quedó fijada desde 1941 en el cuarto jueves del mes de noviembre (con anterioridad se había celebrado en otras fechas, pero por ley se estableció en ese cuarto jueves; los motivos, económicos, fundamentalmente). En Canadá se celebra en el segundo lunes de octubre.
Aunque el origen preciso de la fiesta resulta bastante controvertido, las celebraciones canadiense y estadounidense comparten fundamento. Se trata de una festividad secular pero de origen religioso en la que se agradece a Dios la obtención de una cosecha provechosa. En el caso particular de los Estados Unidos, se recuerda el festín que en 1621 habrían celebrado durante tres días 53 inmigrantes y 90 norteamericanos. En otras palabras, 53 colonos europeos y 90 indios. Algunos de los descendientes de esos 53 inmigrantes son los que hoy tratan de impedir, perdón, regular, la entrada de más inmigrantes. Quizá porque temen que hagan con ellos lo mismo que sus antepasados hicieron con la población autóctona del territorio norteamericano. Claro que los indios eran infieles. El hecho es que la versión oficial indica que indios y anglosajones celebraron amistosamente el final del duro invierno y la recolección de abundante alimento, en paz y armonía, de modo parecido al que podéis ver en la pintura de arriba a la izquierda.
Al Día de Acción de Gracias le sigue el Black Friday. El Viernes Negro. Parece que se refiere a un hecho luctuoso, pero no es así. Se trata de algo mucho más prosaico. No es festivo oficial, pero mucha gente hace puente. Y se dedica a ir de compras. Los comercios abren a las 5 de la mañana y comienza la orgía consumista. Ahí se inicia oficialmente la temporada de compras navideñas. Se le llamó en principio Black Friday porque se montaban unos atascos infernales en las ciudades (señaladamente, Philadelphia, cuya policía acuñó el término), pero posteriormente se extendió la creencia de que se debe a que las empresas pasan de números rojos (pérdidas) a negros (beneficios, in the black). Es probable que durante estos días recibáis spam en vuestros buzones de correo electrónico haciendo referencia a promociones de Viernes Negro. Ya sabéis por qué.
Como en este blog las voces minoritarias siempre tienen cabida, hay que comentar que desde 1970 los United American Indians of New England celebran el National Day of Mourning (Día Nacional de Luto). Acusan a los Estados Unidos (cuya autoridad no reconocen)y a los invasores europeos de inventarse la historia de Thanksgiving y encubrir el democidio al pueblo indio. En Alcatraz, en la Costa Oeste, se conmemora el Unthanksgiving Day (Día del No-Agradecimiento), que recuerda la ocupación de la isla de Alcatraz realizada en 1969 por el Alcatraz-Red Power Movement (en Estados Unidos un rojo no es un izquierdista, sino un indígena, piel roja). Esa ocupación duró 19 meses, hasta que los indios de diferentes tribus que ocupaban la isla fueron desalojadas por la fuerza. Este vídeo cuenta la historia, para quien le interese (muy interesante, creo):
Thanksgiving evolucionó hasta lo que es hoy. Una reunión familiar en la que se come pavo. Como la Nochebuena en España, vamos, solo que en vez de cena es comida. Entre los elementos esenciales del Día de Acción de Gracias está el football. El artículo de la Wikipedia sobre esta celebración indica que consiste en lo siguiente: Giving thanks, spending time with family, feasting, football games, parades.
Sí, el football en general y la NFL en particular forman parte de la tradición del Día de Acción de Gracias. Hay partidos de football a todos los niveles, desde high school (instituto) a NFL pasando por college (universidad). Lo que aquí toca es hablar de NFL.
¿Desde cuándo se juegan partidos de NFL en Acción de Gracias? Pues desde siempre. Antes de que la propia NFL existiese, ya había football profesional en esa fecha.
Sin embargo, desde siempre, NFL en Thanksgiving es sinónimo de partido de los Detroit Lions y de los Dallas Cowboys. Los Lions llevan acogiendo un partido en Acción de Gracias en su estadio desde 1934; los Cowboys desde 1966, como medio para que esta franquicia de reciente creación ganase popularidad. Realmente no hay razones de mucho peso detrás de la permanencia de estos equipos como anfitriones de partidos de Acción de Gracias, más allá de que siempre se ha hecho así (esto creo que se llama tradición, argumento que pese a que se esgrime con cierta frecuencia para defender determinadas posturas, carece de peso alguno desde un punto de vista lógico: ¿por qué? porque es así desde siempre; gran argumento). La cuestión no es moco de pavo (nunca mejor dicho), que el asunto es bastante polémico por los Estados Unidos. Todos los años se levantan voces que piden el fin de esta exclusiva de Lions y Cowboys. Greg Easterbrook lo volvió a pedir en su Tuesday Morning Quarterback de este martes. Con mucho tacto, eso sí: "Not Even the Pilgrims Would Have Watched a Detroit Lions Thanksgiving Game". Justo ahora los Lions empiezan a dar espectáculo, así que no sé si es el mejor momento para que la nación deje de presenciar sus partidos. En el fondo, se pide su eliminación de Acción de Gracias porque en la última década el equipo da mucha pena.
Bueno, hay que precisar que la exclusiva de Detroit y Dallas finalizó de hecho en 2006, ya que se añadió un tercer partido. El nocturno, televisado por NFL Network. Cada año, diferentes equipos lo disputan. No obstante, NFL Network es un canal al que no tienen acceso muchos estadounidenses, ya que no se puede adquirir por Internet, como en Europa, y muchas plataformas de pago no lo incluyen en su oferta de canales. Recuerdo que esta offseason, en una de esas rondas de preguntas de aficionados a Goodell, uno de ellos le pidió por favor que dejasen de emitir partidos en NFL Network, ya que la mayoría de la población no podía ver ese canal. O eso, o que incentivase su inclusión en las plataformas de televisión de pago. Por ahora, parece que sigue siendo un canal semiclandestino.
Por motivos televisivos, para que Fox y CBS emitan un partido cada una, uno de los dos partidos debe enfrentar a dos equipos de la NFC (partido de Fox) y en otro, a un equipo de la AFC como visitante (partido de CBS).
El Día de Acción de Gracias ha dejado partidos memorables en la NFL, como el Lions-Bills en el que O.J. Simpson batió el entonces récord de yardas de carrera en un partido (273) sin que valiese para nada, ya que su equipo cayó derrotado por 27-14, principalmente gracias al pésimo partido de su quarterback, Gary Marangi (4/21, 29 yardas). No obstante, de entre todos ellos, me quedo con el siguiente. 1993. Dallas Cowboys-Miami Dolphins en el Texas Stadium. Terreno de juego completamente nevado. A falta de 15 segundos, Dallas ganaba por 14-13. Miami se disponía a chutar un lejano field goal, y sucedió esto:
Brutal, ¿verdad? Me quedo con la historia de la señora que le va a consolar diciéndole que cualquiera comete errores, que recuerde a aquel tipo que la había cagado en la Super Bowl... siendo él mismo. Este es el vídeo de la retransimisión televisiva. En directo no se vio la genialidad de Leon Lett. Las cámaras enfocaban a Jerry Jones. Su cara, todo un poema, fijaos como le cambia la expresión. Y a Troy Aikman.
Gracias a este tremendo error, los Dolphins poseen el mejor porcentaje de victorias en Acción de Gracias, empatados con los Minnesota Vikings (un 83,3%; 5 victorias, 1 derrota). En cuanto a los habituales, los Lions están ligeramente por debajo del 50%, 33-35 (mal registro si tenemos en cuenta que juegan en siempre en casa); por su parte los Dallas Cowboys lo han hecho bastante mejor, cuentan con casi un 66% de victorias, 27-14.
Pero lo más curioso me parece lo del equipo que lleva por nombre a una tribu de indios. Quizá sea un indicio de que, efectivamente, los indios siempre sufrieron por esas fechas. Los Washington Redskins son el equipo al que peor se le da Thanksgiving: 1-6, un paupérrimo 14,3% de victorias (ya, algunos os habréis dado cuenta de que hay otro equipo con nombre indio, los Chiefs, que están 5-5). Pobres pieles rojas. Maldita sea esa fiesta para ellos.
Por cierto, en Acción de Gracias, siempre se elige al MVP particular de cada partido. El del partido de la Fox es el "Galloping Gobbler Award" (premio pavo galopante); el del partido de la CBS, el "All-Iron Award" (el premio de hierro, o el premio al planchado, según se interprete); y el de NFL Network, el "Pudding Pie Award" (premio tarta de pudding). Efectivamente, unas gilipolleces que te cagas.
El menú que tenemos para este Día de Acción de Gracias se compone de un Lions-Patriots a las 18.30 (hora peninsular española), que emitirá en directo Digital+, un Cowboys-Saints a las 22.15 y un Jets-Bengals a las 2.20 de la madrugada. Dado que se trata de un día especial, habrá actuaciones musicales en los descansos de los dos primeros partidos: Kid Rock en Detroit, Keith Urban en Dallas. Caca de la vaca (de los Chicos Vaca).
Como estamos en Acción de Gracias, me despido con una gracia que me ha hecho gracia: ¿qué le dice un jardinero a otro? nos vemos cuando podamos. Me parto. Gracias por vuestra atención.
jueves, 18 de noviembre de 2010
La paliza de las palizas
En muchas ocasiones, cuando un equipo va ganando un partido por una diferencia humillante, de forma más o menos consciente afloja el ritmo. A veces se interpreta como un gesto de compasión con el rival, otras es simplemente fruto de la relajación por el deber cumplido. Hace un par de años, en la primera temporada de Guardiola al frente del Barça, cuando solía ir ganando por cinco goles de diferencia al descanso, el Barça levantaba el pie del acelerador en la segunda parte. Como seguidor de equipos que están más habitualmente en el lado del humillado que del humillador, es algo que agradezco.
Sin embargo, en ocasiones sucede lo contrario. Los equipos aprietan para inflar el resultado. Running up the score, lo llaman en inglés. A veces tiene sentido, ya que una clasificación puede depender de la diferencia de tantos con en rival. En otras, pura gula. Y no tengo claro qué es lo correcto. En el fondo, los equipos deben competir al máximo durante todo el partido. En Europa, además, donde el goal o basket average es importante, eso puede decidir un puesto en la clasificación. Un gol de más o de menos puede decidir un descenso. Un punto más o menos en un partido de football vale millones (por el dinero que se mueve en apuestas). En la NFL la diferencia de puntos no actúa como criterio de desempate (tiebreaker), por lo que no resulta tan decisivo desde un punto de vista deportivo (puntualizo: es el séptimo criterio de desempate, así que la probabilidad de que haya que llegar a él es remota).
Tras una jornada de palizas épicas, tanto en la NFL (recordemos las humillaciones de Denver a Kansas City y la de Philadelphia a Washington) como en el football universitario (la universidad de Wisconsin calzó 82 puntos a la de Indiana), la ESPN publicó un artículo que recordaba partidos en los que el equipo ganador se ensañaba con el rival ("ensañamiento", por lo menos desde un punto de vista penal, es aumentar deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima, causando a esta padecimientos innecesarios para la ejecución del delito; por eso si un cadáver tiene 40 puñaladas no quiere decir necesariamente que haya habido ensañamiento --quizá lo contrario, porque hace que muera antes--).
Leyendo el artículo de Patrick Hruby, me llamó especialmente la atención el tercero de los partidos enumerados: la final de la NFL de 1940. Eso es lo que iba a comentar, y ya llevo tres párrafos.
El resultado del partido ya resulta por sí solo asombroso. 73-0 [editado, inicialmente por error en todo el artículo se decía que fue 72-0]. Eran otros tiempos, quizá serían normales esas diferencias, puede uno pensar. No. Esos mismos equipos habían jugado poco antes y el resultado había sido 7-3. De hecho, en aquella época se anotaba bastante menos que ahora. Como podéis ver aquí, cada equipo anotaba 15,2 puntos de media por partido. Los líderes de la clasificación por puntos, los Washington Redskins.
Se enfrentaría uno muy bueno y otro muy malo, puede también uno pensar. No. Era la final de la NFL. Los dos mejores. Washington llegaba con el mejor registro de la temporada regular (9-2), mejor que el 8-3 de Chicago. En cualquier caso, los dos equipos habían sido campeones de sus respectivas conferencias (entonces, East y West), motivo por el que disputaban la final.
Ganaría el de casa ayudado por el factor campo, puedes también pensar. Tampoco. El estadio no era ni neutral, sino que el ganador jugaba en el estadio del perdedor. El partido se disputó en el Griffith Stadium de Washington, D.C.
Pero la historia tiene mucha más miga que todo lo que os estoy contando. A mí me ha dejado "turulato".
El partido era de una rivalidad feroz (que, en parte, explica el ensañamiento). Desde la final de la NFL de 1937, que ganó Washington por 28-21 en Chicago, estos dos equipos se llevaban a matar. Lo que leéis estos días en la prensa futbolera hispana (ergo, salvo contadísimas excepciones, basura infame) no es calentar los partidos, comparado con lo que hacían entonces estos equipos. Los propietarios de Bears y Redskins se odiaban. Ni educación, ni hostias. Después de una polémica derrota de los Bears frente a los Redskins esa misma temporada, que según Chicago se había debido a un pass interference no señalado (hola, Atlanta Falcons), el propietario de los Skins llamó cobardes y llorones a los Bears.
La provocación fue más allá. En un gesto de elegancia y prudencia sin par, George Preston Marshall, que así se llamaba el dueño de los Redskins, envió un telegrama a su homólogo de los Bears pocos días antes de la gran final. Transmitía su felicitación hacia los Bears por haber llegado a la final, ya que daría la oportunidad a Washington de vencer a Chicago dos veces. Los autores de las portadas los diarios deportivos españoles se inspiran en este estilo. De bocazas gafes.
Bueno, que venía bien calentita la cosa. Así quizá os explicáis por qué los Bears no tuvieron un ápice de compasión con su rival.
En vista del resultado, alguno podría pensar que los Redskins no tenían un equipo muy allá. Nada más lejos de la realidad. Su quarterback (y otras cosas, como veréis en el siguiente vídeo) era el mítico Sammy Baugh. En el reciente Top 100 de los mejores jugadores de la historia, producido por NFL Network, este jugador ocupaba el décimo cuarto lugar. Tiene el segundo mejor registro de la historia en porcentaje de pases completados en una temporada, en una época en la que ni dios pasaba, cuando el pase no era una opción frecuente en el ataque, era una rareza. Después de ver este vídeo sabréis mejor de qué categoría de jugador estamos hablando.
¿Qué hizo el gran Sammy Baugh, el mejor pasador de la época, un Payton Manning de los años 40? Pues un partido bastante deficiente. 2 intercepciones, con una serie de 10/17, para 102 yardas. En total, los Redskins lanzaron 8 intercepciones (no solo lanzaba Baugh, Frank Filchock lanzó 4 intercepciones). Un día duro para Sammy y los demás pasadores de Washington. Eso sí, en una ocasión la culpa la tuvo el receptor al que se le cayó un pase que empataría el partido a 7. Cuando a Sammy Baugh le preguntaron al terminar el partido cómo creía que habría acabado el partido si a su receptor no se le cae ese pase de las manos, Baugh contestó "73-7".
Hasta diez jugadores diferentes de los Bears anotaron un touchdown. Aquí tenéis las estadísticas completas del partido. Once touchdowns de diez jugadores distintos. Ningún field goal. Como curiosidad adicional, los Bears se vieron forzados a intentar conversiones de 2 puntos en sus dos últimos touchdowns. El motivo, que no quedaban más balones en el estadio. Como cada vez que chutaban un extra point se perdía un balón (se lo quedaba el público), terminaron jugando con un viejo balón de entrenamiento.
Este partido también fue el último que un jugador de football profesional disputaba sin casco (ese elemento que hoy se utiliza con frecuencia como arma en vez de como elemento de protección, y por eso pasa lo que pasa, pero sobre esto ya escribiré en otro momento --quizás--). El valiente o temerario, según se interprete, fue Dick Plasman, que encima jugaba de running back, la posición en la que más hostias se recibe.
Aparte de todas estas curiosidades, el partido pasará a la historia por la importancia de la estrategia del ganador. Dicen que la clave de la victoria fue el uso, por parte de Chicago, de la novedosa T-formation with a man in motion (formación en T con un hombre en movimiento). Gráficamente, esto:
Lo realmente novedoso no es la T-formation sino el hombre en movimiento. Esto último fue lo que volvió loca a la defensa de Washington. Hoy en día esta formación ofensiva, la formación en T, apenas se usa en la NFL. En la Era del Pase, la importancia de la carrera y los esquemas tan orientados a ella han decaído significativamente. Tanto, que recuerdo que en el Packers-Cowboys de hace un par de jornadas, en un snap en el que a Green Bay le faltaban un par de yardas para alcanzar el primer down, los Packers sacaron una T-formation y los comentaristas de la NBC, Cris Collinsworth y Al Michaels (qué buenos son, por cierto), exclamaron asombrados ante lo que estaban viendo, "that's 1940s football!! I haven't seen these kind of packages for 40 years" (hablo de memoria, así que seguramente el 90% del entrecomillado sea falso, pero la idea era esa).
De todos modos, por mucho que se recuerde este como el partido de la T-formation, creo que las 8 intercepciones sufridas por Washington devalúan bastante la importancia del ataque en ese partido. Vamos, que cuando la defensa rinde a ese nivel, muy mal lo tiene que hacer un ataque para no ganar el partido. Ya, si se juntan una excelente defensa con un excelente ataque, el resultado es 73-0
Como curiosidad final, el "The Pro Football Chronicle," dice que Marshall, dueño de los Redskins, se negó a renovar el abono de un aficionado que se pasó todo el partido dándole la chapa. Ese aficionado era el dueño de un edificio en el que Marshall tenía un negocio. Como venganza, el aficionado se negó a renovar el alquiler del negocio de Marshall. Ojo por ojo.
Pero para qué seguir escribiendo cuando existe un vídeo tan absolutamente cojonudo como este que te cuenta toda la historia. Una joya. Chicago son los blancos; Washington, los oscuros.
Qué historia. Qué paliza. Una paliza que los aficionados de los Bears nunca olvidarán, aunque sea de forma inconsciente. Digo esto porque el himno de los Bears (aunque en Estados Unidos no lo llaman "himno", sino canción de guerra, fight song), compuesto en 1941, poco después de esta gran paliza, contiene una referencia a este partido. Y esta canción no puede resultar desconocida para ningún aficionado Bear. Suena cada vez que Chicago anota en el Soldier Field.
We'll never forget the way you thrilled the Nation with your T-formation. Nunca olvidaremos cómo estremecisteis la nación con vuestra T-formation. Esa referencia a la T-formation con la que asombraron al país trae causa de este partido. De la humillación a sus archienemigos, los Washington Redskins, por 73 a 0 en la final de la NFL.
Aquí tenéis el himno, Bear down, Chicago Bears (bear down significa "vencer"; de ahí el juego de palabras). Está subtitulado en inglés. Es cojonudo, me encanta.
Desde que empecé a escribir este artículo hace tres de días no me puedo quitar de la cabeza el puto himno de los Bears. Es tan pegadizo. Mola. La versión punkarra que hacen estos mataos no está nada mal, por muy ridícula que resulte la gente que salta al escenario:
Bear down, Chicago Beeears...
Sin embargo, en ocasiones sucede lo contrario. Los equipos aprietan para inflar el resultado. Running up the score, lo llaman en inglés. A veces tiene sentido, ya que una clasificación puede depender de la diferencia de tantos con en rival. En otras, pura gula. Y no tengo claro qué es lo correcto. En el fondo, los equipos deben competir al máximo durante todo el partido. En Europa, además, donde el goal o basket average es importante, eso puede decidir un puesto en la clasificación. Un gol de más o de menos puede decidir un descenso. Un punto más o menos en un partido de football vale millones (por el dinero que se mueve en apuestas). En la NFL la diferencia de puntos no actúa como criterio de desempate (tiebreaker), por lo que no resulta tan decisivo desde un punto de vista deportivo (puntualizo: es el séptimo criterio de desempate, así que la probabilidad de que haya que llegar a él es remota).
Tras una jornada de palizas épicas, tanto en la NFL (recordemos las humillaciones de Denver a Kansas City y la de Philadelphia a Washington) como en el football universitario (la universidad de Wisconsin calzó 82 puntos a la de Indiana), la ESPN publicó un artículo que recordaba partidos en los que el equipo ganador se ensañaba con el rival ("ensañamiento", por lo menos desde un punto de vista penal, es aumentar deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima, causando a esta padecimientos innecesarios para la ejecución del delito; por eso si un cadáver tiene 40 puñaladas no quiere decir necesariamente que haya habido ensañamiento --quizá lo contrario, porque hace que muera antes--).
Leyendo el artículo de Patrick Hruby, me llamó especialmente la atención el tercero de los partidos enumerados: la final de la NFL de 1940. Eso es lo que iba a comentar, y ya llevo tres párrafos.
El resultado del partido ya resulta por sí solo asombroso. 73-0 [editado, inicialmente por error en todo el artículo se decía que fue 72-0]. Eran otros tiempos, quizá serían normales esas diferencias, puede uno pensar. No. Esos mismos equipos habían jugado poco antes y el resultado había sido 7-3. De hecho, en aquella época se anotaba bastante menos que ahora. Como podéis ver aquí, cada equipo anotaba 15,2 puntos de media por partido. Los líderes de la clasificación por puntos, los Washington Redskins.
Se enfrentaría uno muy bueno y otro muy malo, puede también uno pensar. No. Era la final de la NFL. Los dos mejores. Washington llegaba con el mejor registro de la temporada regular (9-2), mejor que el 8-3 de Chicago. En cualquier caso, los dos equipos habían sido campeones de sus respectivas conferencias (entonces, East y West), motivo por el que disputaban la final.
Ganaría el de casa ayudado por el factor campo, puedes también pensar. Tampoco. El estadio no era ni neutral, sino que el ganador jugaba en el estadio del perdedor. El partido se disputó en el Griffith Stadium de Washington, D.C.
Pero la historia tiene mucha más miga que todo lo que os estoy contando. A mí me ha dejado "turulato".
El partido era de una rivalidad feroz (que, en parte, explica el ensañamiento). Desde la final de la NFL de 1937, que ganó Washington por 28-21 en Chicago, estos dos equipos se llevaban a matar. Lo que leéis estos días en la prensa futbolera hispana (ergo, salvo contadísimas excepciones, basura infame) no es calentar los partidos, comparado con lo que hacían entonces estos equipos. Los propietarios de Bears y Redskins se odiaban. Ni educación, ni hostias. Después de una polémica derrota de los Bears frente a los Redskins esa misma temporada, que según Chicago se había debido a un pass interference no señalado (hola, Atlanta Falcons), el propietario de los Skins llamó cobardes y llorones a los Bears.
La provocación fue más allá. En un gesto de elegancia y prudencia sin par, George Preston Marshall, que así se llamaba el dueño de los Redskins, envió un telegrama a su homólogo de los Bears pocos días antes de la gran final. Transmitía su felicitación hacia los Bears por haber llegado a la final, ya que daría la oportunidad a Washington de vencer a Chicago dos veces. Los autores de las portadas los diarios deportivos españoles se inspiran en este estilo. De bocazas gafes.
Bueno, que venía bien calentita la cosa. Así quizá os explicáis por qué los Bears no tuvieron un ápice de compasión con su rival.
En vista del resultado, alguno podría pensar que los Redskins no tenían un equipo muy allá. Nada más lejos de la realidad. Su quarterback (y otras cosas, como veréis en el siguiente vídeo) era el mítico Sammy Baugh. En el reciente Top 100 de los mejores jugadores de la historia, producido por NFL Network, este jugador ocupaba el décimo cuarto lugar. Tiene el segundo mejor registro de la historia en porcentaje de pases completados en una temporada, en una época en la que ni dios pasaba, cuando el pase no era una opción frecuente en el ataque, era una rareza. Después de ver este vídeo sabréis mejor de qué categoría de jugador estamos hablando.
¿Qué hizo el gran Sammy Baugh, el mejor pasador de la época, un Payton Manning de los años 40? Pues un partido bastante deficiente. 2 intercepciones, con una serie de 10/17, para 102 yardas. En total, los Redskins lanzaron 8 intercepciones (no solo lanzaba Baugh, Frank Filchock lanzó 4 intercepciones). Un día duro para Sammy y los demás pasadores de Washington. Eso sí, en una ocasión la culpa la tuvo el receptor al que se le cayó un pase que empataría el partido a 7. Cuando a Sammy Baugh le preguntaron al terminar el partido cómo creía que habría acabado el partido si a su receptor no se le cae ese pase de las manos, Baugh contestó "73-7".
Hasta diez jugadores diferentes de los Bears anotaron un touchdown. Aquí tenéis las estadísticas completas del partido. Once touchdowns de diez jugadores distintos. Ningún field goal. Como curiosidad adicional, los Bears se vieron forzados a intentar conversiones de 2 puntos en sus dos últimos touchdowns. El motivo, que no quedaban más balones en el estadio. Como cada vez que chutaban un extra point se perdía un balón (se lo quedaba el público), terminaron jugando con un viejo balón de entrenamiento.
Este partido también fue el último que un jugador de football profesional disputaba sin casco (ese elemento que hoy se utiliza con frecuencia como arma en vez de como elemento de protección, y por eso pasa lo que pasa, pero sobre esto ya escribiré en otro momento --quizás--). El valiente o temerario, según se interprete, fue Dick Plasman, que encima jugaba de running back, la posición en la que más hostias se recibe.
Aparte de todas estas curiosidades, el partido pasará a la historia por la importancia de la estrategia del ganador. Dicen que la clave de la victoria fue el uso, por parte de Chicago, de la novedosa T-formation with a man in motion (formación en T con un hombre en movimiento). Gráficamente, esto:
Lo realmente novedoso no es la T-formation sino el hombre en movimiento. Esto último fue lo que volvió loca a la defensa de Washington. Hoy en día esta formación ofensiva, la formación en T, apenas se usa en la NFL. En la Era del Pase, la importancia de la carrera y los esquemas tan orientados a ella han decaído significativamente. Tanto, que recuerdo que en el Packers-Cowboys de hace un par de jornadas, en un snap en el que a Green Bay le faltaban un par de yardas para alcanzar el primer down, los Packers sacaron una T-formation y los comentaristas de la NBC, Cris Collinsworth y Al Michaels (qué buenos son, por cierto), exclamaron asombrados ante lo que estaban viendo, "that's 1940s football!! I haven't seen these kind of packages for 40 years" (hablo de memoria, así que seguramente el 90% del entrecomillado sea falso, pero la idea era esa).
De todos modos, por mucho que se recuerde este como el partido de la T-formation, creo que las 8 intercepciones sufridas por Washington devalúan bastante la importancia del ataque en ese partido. Vamos, que cuando la defensa rinde a ese nivel, muy mal lo tiene que hacer un ataque para no ganar el partido. Ya, si se juntan una excelente defensa con un excelente ataque, el resultado es 73-0
Como curiosidad final, el "The Pro Football Chronicle," dice que Marshall, dueño de los Redskins, se negó a renovar el abono de un aficionado que se pasó todo el partido dándole la chapa. Ese aficionado era el dueño de un edificio en el que Marshall tenía un negocio. Como venganza, el aficionado se negó a renovar el alquiler del negocio de Marshall. Ojo por ojo.
Pero para qué seguir escribiendo cuando existe un vídeo tan absolutamente cojonudo como este que te cuenta toda la historia. Una joya. Chicago son los blancos; Washington, los oscuros.
Qué historia. Qué paliza. Una paliza que los aficionados de los Bears nunca olvidarán, aunque sea de forma inconsciente. Digo esto porque el himno de los Bears (aunque en Estados Unidos no lo llaman "himno", sino canción de guerra, fight song), compuesto en 1941, poco después de esta gran paliza, contiene una referencia a este partido. Y esta canción no puede resultar desconocida para ningún aficionado Bear. Suena cada vez que Chicago anota en el Soldier Field.
We'll never forget the way you thrilled the Nation with your T-formation. Nunca olvidaremos cómo estremecisteis la nación con vuestra T-formation. Esa referencia a la T-formation con la que asombraron al país trae causa de este partido. De la humillación a sus archienemigos, los Washington Redskins, por 73 a 0 en la final de la NFL.
Aquí tenéis el himno, Bear down, Chicago Bears (bear down significa "vencer"; de ahí el juego de palabras). Está subtitulado en inglés. Es cojonudo, me encanta.
Desde que empecé a escribir este artículo hace tres de días no me puedo quitar de la cabeza el puto himno de los Bears. Es tan pegadizo. Mola. La versión punkarra que hacen estos mataos no está nada mal, por muy ridícula que resulte la gente que salta al escenario:
Bear down, Chicago Beeears...
martes, 18 de mayo de 2010
Enmarronados
PREVIO: aprovechando que estamos en no-temporada, voy a seguir con mis parrafadas sobre temas no-actuales. Estos días tampoco es que se esté cayendo el mundo (en sentido figurado y en lo que a noticias de la NFL se refiere). Lo más destacable es que han pillado a Brian Cushing, rookie defensivo de la temporada pasada, metiéndose mandanga de la buena y le han sancionado con 4 partidos, aunque conserva su premio porque, repetida la votación, ha vuelto a salir como ganador, aunque por un margen menor. Aparte de eso, los Raiders han echado a JaMarcus Russell, orondo QB elegido con el número 1 del draft del 2007, y se debate si es la peor elección de la historia del draft. También en relación con los narcóticos (cómo mola cuando utilizan esta palabra en vez de "drogas" en las pelis estadounidenses), los Saints y, en particular, su entrenador Sean Payton, están siendo investigados por la DEA.
Al hilo de los marrones, y aunque ya decía en otra entrada que la traducción (literal o figurada) no resulta nada adecuada, ya que no se refiere a un nombre común sino a un nombre propio (intraducible), si uno piensa en marrones en la NFL, si hubiese que elegir una franquicia enmarronada hasta las cejas, nos tendríamos que quedar con los Cleveland Browns. Y encima llevan el marrón en su nombre. Nada de cafés. Si se pudiese traducir el nombre de esta franquicia, habría que traducirlo por los marrones de Cleveland. Porque anda que no han tenido que apechugar con marrones. Y siguen.
Tanto es así, que han recibido varios reconocimientos en este sentido. Entre ellos, destacamos los siguientes:
La historia de los Cleveland Browns, desde unos prósperos orígenes, es una sucesión de desafortunadas desdichas. Deportivas y extradeportivas. Destacan dos marrones extradeportivos, que podríamos denominar el Primer Gran Marrón y el Segundo Gran Marrón (¡qué nombres más originales, eh!). Glosémoslos.
Desde los orígenes hasta el Primer Gran Marrón
Los inicios de los Cleveland Browns fueron triunfales. La franquicia, de la mano del entrenador de quien toma su nombre, Paul Brown, lo ganó todo en la primera competición en la que participó, la All-American Football Conference, cuyas cuatro ediciones ganaron, una de ellas invictos. Desapareció esta competición y se unieron a la NFL, donde también cosecharon éxitos: seis finales y tres campeonatos.
Gran parte de la culpa de que los primeros Browns arrasasen la tenía Paul Brown. Como ya comentábamos en la entrada sobre cambios importantes, Paul Brown fue la persona que por sí sola más cambió la NFL. El tío más listo, que revolucionó la estrategia y la preparación de las franquicias. Como dicen en el vídeo que os enlazo más adelante, Paul Brown era los Cleveland Browns.
Y entonces sucedió el Primer Gran Marrón. ¿Qué pasó? Los Browns ficharon, vía draft, a un excelente running back, cuyo nombre además era más que adecuado para el equipo: Jim Brown. Sí, lo habéis adivinado, tanto Brown va a ser demasiado, ¿no? Pues sí, de los Browns sólo podía quedar uno.
Los primeros años de Jim Brown fueron excelentes. Bueno, qué digo primeros, si Jim Brown fue el líder en yardas de carrera de la NFL en ocho de las nueve temporadas en las que estuvo en la NFL (además de dos veces MVP). Ahí tenéis una fotico de la criatura en acción:
Sí, no todos los años fue el mejor running back de la liga. Hubo uno en el que no lo fue. ¿Y quién tuvo la culpa? Jim creía que su entrenador. No se llevaban bien. El nuevo dueño, Art Modell (del que volveremos a hablar, y veréis que es un tío queridísimo por Cleveland), estaba con Jim. Y despidió a Paul Brown. A la calle. Ese fue el Primer Gran Marrón. La marcha de Brown de sus Browns. Una decisión de Art Modell, igual que el Segundo Gran Marrón.
El despido de Brown generó uno de los mayores odios de la NFL: el de Paul Brown contra el equipo que llevaba su nombre. Pinchad aquí para ver el vídeo de NFL Network en el que hablan de este odio visceral como la octava mayor rivalidad (en inglés, feud) de la historia de la NFL. Pinchad, pero luego volvéis atrás y seguís leyendo.
Como habréis visto, Brown no se quedó de brazos cruzados. Pocos años después de ser despedido de los Browns, vendió su participación en la franquicia de Cleveland y se fue cerquita, a Cincinnati, en el mismo estado que Cleveland (Ohio) para fundar una nueva franquicia, los Bengals, a la que moldeó a su gusto. Y como lo que le gustaba era lo que hizo en los Browns, pues copió hasta los colores del equipo e incluso ambos equipos tenían las mismas iniciales: Cleveland Browns y Cincinnati Bengals. Aquí tenéis la comparación de las equipaciones, primero los uniformes de los Browns, luego los de los Bengals (encuentre las 7 diferencias):
Brown no consiguió ganar ninguna Super Bowl para los Bengals (nadie lo ha hecho). Clasificó a los Bengals a los playoffs en tres de las ocho temporadas que los dirigió. Luego dejó las labores de entrenador y ocupó la presidencia de la franquicia. En cualquier caso, en Cincinnati le guardan cariño. Tanto, que el estadio de los Bengals lleva su nombre. Algo influirá que el hijo de Paul Brown sea el actual dueño de los Bengals, me diréis; sí, pero el estadio es propiedad municipal y la ciudad decidió no vender sus naming rights (en otras palabras, venderle el nombre a una empresa), así que un poquito sí que le quieren por Cincinnati.
Igual que la franquicia implicada en el otro Gran Marrón, actualmente Bengals y Browns compiten en la misma división, lo que contribuye a que la rivalidad no se olvide.
Volvamos a los Browns. Los primeros años sin Brown de entrenador (que, eso sí, seguía siendo accionista) no fueron demasiado duros. Tanto es así que en 1964 ganaron la NFL. Su último campeonato. Sin embargo, desde que Brown se fue definitivamente de Cleveland a Cincinnati en 1966, los Browns no levantan cabeza.
Marrón tras marrón, hasta el Segundo Gran Marrón
Tras el éxito de 1964, que ya os adelanto que fue la última victoria de un equipo de Cleveland en las Grandes Ligas norteamericanas, la historia de los Browns es, como diría el que tradujo en España A Series of Unfortunate Events de Lemony Snicket, una serie de catastróficas desdichas. A continuación os cuento las más importantes, porque ir año a año diciendo lo que pasó haría (si cabe) más insufrible la lectura de este blog.
Red Right 88. La década de los '70 fue más bien insulsa para los Cleveland Browns, con un rendimiento bastante gris o, mejor dicho, marrón. En la década de los '80 llegan las emociones fuertes, todas con desastroso resultado. Empezamos por la primera. 1980. Playoffs divisionales. Frío que te cagas, el partido con la sensación térmica más baja en 50 años, -37,8º C. Los Browns juegan en casa contra los Oakland Raiders. Los Raiders ganan por 2 puntos, 14-12. Quedan solo 49 segundos para que termine el partido y los Browns están en la yarda 13 de Oakland. Situación inmejorable. Chutan un field goal bastante facilillo, tres puntos y partido para los Browns. No. Nadie se enmarrona como los Browns.
Sipe, quarterback de Cleveland, quería una jugada de carrera para mejorar la posición de campo y chutar el field goal. Nah, el entrenador tuvo una idea mejor.
El entrenador de los Browns, Sam Rutigliano, ordenó una jugada de pase. Eso sí, había un porqué. El kicker estaba muy mal en ese partido. Ya había fallado cuatro patadas: dos field goals y dos extra points; además, su rodilla no estaba bien. Oye, que razón no le faltaba al entrenador de los Browns para temer por el éxito del field goal.
"Red Right 88". Ese es el nombre de la jugada que ordenó el head coach de los Browns. Sipe retrocede para pasar, los Raiders le hacen un blitz y el quarterback lanza hacia la end zone... ¡interceptado! Anda que no se te tiene que quedar cara de tonto.
Por lo menos, la derrota no fue en vano. Los Raiders terminaron ganando la Super Bowl.
The Drive, by John Elway. A pesar de lo que pueda sugerir la frase anterior, no estamos ante el nombre de una colonia. No. Situémonos. Final de la AFC. Antesala de la Super Bowl. Los Browns jugaban de nuevo en casa. Ganan 20-13 a los Denver Broncos al final del cuarto cuarto. Los Broncos empiezan a atacar desde su propia yarda 2. Entonces, John Elway lidera una de las secuencias ofensivas (drives) más recordadas de la historia de la NFL. Tanto, que a ese drive con el que los Broncos consiguen el empate se le denomina The Drive. Los Broncos avanzan 98 yardas hasta la end zone de los Browns en 15 jugadas, incluida la conversión de un tercer down muy largo, de 18 yardas. A falta de 38 segundos Denver empataba el partido. Aquí podéis ver las jugadas finales de The Drive:
Conseguido el empate, los Broncos ganarían en la prórroga con un field goal, para llegar a la Super Bowl.
The Fumble, by Ernest Byner. Al año siguiente, Broncos y Browns volvieron a coincidir en la final de la AFC. Esta vez jugaban en Denver. Esta vez los que ganaban por 7 puntos al final del último cuarto eran los Broncos, tras una épica remontada de los Browns, que habían anotado 30 puntos en la segunda parte. Y en el drive final del partido, también se produciría una jugada para la historia. Eso sí, no es recordada por un acierto del ataque, sino por una cagada. Qué marrón, Ernest Byner.
A falta de un minuto, el running back Ernest Byner, que había anotado dos touchdowns, se dirigía hacia la end zone para empatar el partido. Parecía que el empate era un hecho, pero pero en una brillante jugada defensiva, Jeremiah Castille asesta un zarpazo al balón, cae, y los Broncos lo recuperan. En la yarda 3. Los Browns consiguieron un safety, pero no fue suficiente.
El Segundo Gran Marrón. Los analistas no se ponen de acuerdo en cuanto al lugar que ocupa este marrón en la historia deportiva de la ciudad de Cleveland en general y de los Browns en particular. A mí me parece el peor marrón. A la Fox, también. De lo que no cabe duda es que fue un lamentable punto y aparte en la historia de los Browns.
El equipo deportivamente iba bien y tenía un futuro prometedor: la temporara anterior a este Gran Marrón había terminado con un balance de 11-5 y para la temporada del Segundo Gran Marrón Sports Illustrated predecía que llegarían a la Super Bowl. Demasiado bonito para ser cierto. Cuando las cosas van bien en los Browns deberían activarse los mecanismos de alerta, porque significa que algo va a ir mal.
Económicamente, la franquicia iba regular. El dueño de la franquicia, Art Modell, reclamaba al ayuntamiento que construyese un nuevo estadio que permitiese incrementar los ingresos y mejorar las maltrechas arcas de los Browns. El ayuntamiento le daba largas y le decía que no. Modell estaba celoso. ¿Por qué a los equipos de baloncesto y béisbol sí y a él no?
Bueno, habría que puntualizar que parte de los problemas vienen de una decisión equivocada de Modell. Los Browns compartían estadio con los Cleveland Indians, el equipo de béisbol. Modell era propietario de la compañía que gestionaba el estadio y no quería compartir los ingresos con los Indians, a pesar de que buena parte de los ingresos se generaban en los partidos de béisbol. Los Indians convencieron al ayuntamiento, que les construyó un estadio para ellos solitos.
A Modell le ofrecieron una participación en la sociedad que gestionaría el nuevo estadio de los Indians y el nuevo pabellón de los Cavaliers, pero la rechazó. Error. Cuando se fueron los Indians en 1994, los ingresos procedentes del estadio de los Browns cayeron.
Entonces, Modell exigió un nuevo estadio para sus Browns. se hartó y, para sorpresa de todos, anunció el 6 de noviembre de 1995 que la franquicia se marchaba a Baltimore. Toma ya. El marrón que faltaba. Al equipo no le fue ni mucho menos indiferente. Iba 3-4 cuando se anuncia la mudanza y los Browns terminan 5-11.
En Cleveland no se lo tomaron muy bien. De hecho, la liaron como nunca se había liado en Estados Unidos. Antes de esta mudanza se habían producido otras muchas. Todas más o menos traumáticas, pero si el dueño decidía que se iba, la franquicia y todos sus activos, se iban a donde él dijese. En Cleveland no.
Al día siguiente al anuncio de mudanza de Modell, los ciudadanos de Cleveland aprobaron una subida de impuestos para remodelar el estadio de los Browns. Llovieron las denuncias de los aficionados y de la propia ciudad de Cleveland contra Modell (realmente, contra los Browns).
A continuación, la previa de la NBC al último partido de los Browns antes de la mudanza. Duras, rebobinadas y sabias palabras del comentarista y ex-jugador de los Bears Mike Ditka:
La oposición popular a la mudanza de los Browns fue un hito sin precedentes en el deporte profesional norteamericano. El fervor popular fue tal que Modell pudo irse (bueno, tuvo que irse cagando leches, porque lo linchaban), pero no pudo llevarse el nombre ni la historia de los Browns con él. Sí a los jugadores, pero los Browns se quedaban en Cleveland. Suspendidos temporalmente, pero eran los Browns. La historia se quedaba con ellos. Éxitos y marrones. Sobre todo los marrones.
Como ya decía, nunca un nombre de un equipo fue más apropiado: Baltimore Ravens. Los cuervos de Baltimore. Las aves carroñeras que se hicieron con los despojos que pudieron arrancar de los Browns. Pues no les fue mal a los Ravens. En Cleveland, como decíamos, no sólo se quedó el nombre y el palmarés, sino también la maldición. En su primer draft los Ravens eligen al legendario Ray Lewis. Y en 2000 se proclaman campeones de la Super Bowl, tras aplastar a los Giants.
Un nuevo marrón, esta vez indirecto, para los Browns.
Hay que apuntar también que si una afición sabe qué es sufrir que tu equipo te deje por otra (ciudad) es la de Baltimore, cuyos Colts emigraron a Indianápolis en 1984. De hecho, a los Colts y a sus aficionados se les recibe con especial cariño por Baltimore, como podemos ver en este vídeo:
Y cuando los de Baltimore recriminan a los de Indianápolis que les robaron a su equipo, pues estos les responden, qué nos vais a contar, si vosotros luego robasteis a los Cleveland Browns:
Otra ciudad que últimamente ha sufrido la mudanza de su equipo es Houston (Oilers, hoy Titans a Tennessee). Pero los equipos de Houston y Baltimore no guardan su nombre e historia originales, sino que se han visto obligadas a crear nuevas franquicias. Pues no me parece bien. Todas las ciudades deberían haber hecho como Cleveland y reservarse el nombre del equipo. Y, del mismo modo, y como el aficionado de los neo-Colts defiende en el anterior vídeo, las franquicias reubicadas deberían cambiar su nombre (los Titans lo han hecho). Mi reconocimiento a los enmarronados aficionados de Cleveland por haber conseguido preservar su nombre e historia.
Ah, ¿en qué división metieron a los Ravens? Pues en la misma que los Browns, cómo no. Igual que los Bengals, para restregarles bien el marrón. Eso sí, habría que puntualizar que el odio de los aficionados de Cleveland no se dirige tanto a los Ravens como a su dueño, Art Modell.
Los marrones actuales
Hablemos de Cleveland en la actualidad. Hoy en día, la imagen se le viene a uno a la cabeza al hablar de Cleveland es esta:
Hecho el chiste malo y fácil, hablemos de cómo les va a los Browns últimamente. No demasiado bien. Desde la refundación de 1999 tuvieron un par de temporadas buenas: llegaron a clasificarse para la wild card en 2002 (y perdieron), y en 2007 casi lo consiguen, con un regitstro de 10-6.
El año pasado ganaron solo 5 partidos. Los 4 últimos de manera consecutiva, cuando ya tenían poco que hacer, más allá de empeorar su lugar de elección en el draft. En su plantilla destaca Joshua Cribbs (wide receiver y retornador), que después de un final de temporada magnífico amagó con irse, porque el contrato que le ofrecían le parecía de risa (1,4 millones de dólares por temporada). Al final los Browns subieron considerablemente su oferta y Cribbs firmó un nuevo contrato de 3 años por un total de 20 millones de dólares. Menos mal.
En enero llegó Mike Holmgren para dirigir las operaciones de los Browns. El entrenador que guió a los Packers a su última Super Bowl es un tipo con criterio, a ver si a los Browns les va mejor con él. En el draft, consiguieron a quien se dice que es un proyecto de quarterback excepcional, Colt McCoy, que parece que gusta a algunos entendidos de por aquí. También ficharon a Jake Delhomme, que supongo que en principio será el quarterback titular, aunque a poco que repita el rendimiento de la temporada pasada tendrá que ceder su sitio a McCoy. Esperemos que la cosa mejore para los Browns, aunque la división en la que están encuadrados, junto a Steelers, Ravens y Bengals, casi nada, es durísima.
En vista de cuanto antecede, creo que los Browns, son la franquicia más enmarronada de la historia. Sí, los Vikings y los Bills habrán perdido cuatro Super Bowls, pero soy de los que piensa que es mejor perder una final que no llegar a ella. Que también soy del Dépor y prefiero haber perdido la liga del penalti de Đukić que haber quedado tercero. Sin duda. A quien pierde una final, que le quiten lo bailao. Los Browns ni eso, sumidos en un panorama de mediocridad, a poco que asoman la cabeza, se dan el batacazo. Además, ni los Vikings ni los Bills han vivido marrones extradeportivos comparables al Primer y al Segundo Gran Marron. Y encima, cuando los cuervos despojan de sus jugadores a los Browns, ganan la Super Bowl.
* * *
Quién no ha estado alguna vez enmarronado. Es más, quién no está siempre más enmarronado de lo que querría. El marrón es una constante en nuestras vidas. ¿Qué es un marrón? (¿y tú me lo preguntas? un marrón eres tú). Pues un marrón, según el diccionario de la RAE, es un contratiempo o situación ingrata. Una mierda de situación, vamos (quizá ese es el orígen etimológico de marrón, sinécdoque de mierda: el color --marrón-- por el todo --la mierda--).Al hilo de los marrones, y aunque ya decía en otra entrada que la traducción (literal o figurada) no resulta nada adecuada, ya que no se refiere a un nombre común sino a un nombre propio (intraducible), si uno piensa en marrones en la NFL, si hubiese que elegir una franquicia enmarronada hasta las cejas, nos tendríamos que quedar con los Cleveland Browns. Y encima llevan el marrón en su nombre. Nada de cafés. Si se pudiese traducir el nombre de esta franquicia, habría que traducirlo por los marrones de Cleveland. Porque anda que no han tenido que apechugar con marrones. Y siguen.
Tanto es así, que han recibido varios reconocimientos en este sentido. Entre ellos, destacamos los siguientes:
- En otro de los divertidos y formativos Top Ten de NFL Network, los Browns figuran en el primer lugar de las franquicias con peor suerte de la historia ("Top Ten Snakebit Franchises of All Time", literalmente, mordidas por serpiente, pero para entendernos se refieren a las más desafortunadas). Por desgracia, este Top Ten no está a la libre disposición del público en NFL.com, aunque buscando un poquito por Google no es difícil conseguirlo (pero como no sé si las fuentes son del todo lícitas, os dejo que os busquéis la vida por vuestra cuenta si estáis interesados en verlo).
- Bill Simmons, conocido periodista de la ESPN, los considera la cuarta franquicia más torturada de la historia del deporte profesional norteamericano. Para Simmons, en la NFL los Vikings y los Bills habrían sufrido todavía más. De todos modos, esta clasificación puede estar distorsionada por el hecho de que se hizo justo después de que los Vikings perdiesen contra los Saints en la prórroga de la final de Conferencia de la temporada pasada, tras la última, hasta el momento, intercepción del líder histórico de la NFL en este apartado, Brett Favre.
- También según la ESPN, Cleveland es la ciudad más torturada de Norteamérica desde el punto de vista deportivo. Y eso que todavía no había pasado lo que comento en el párrafo de cierre de este artículo.
- Se han editado libros como "Curses! Why Cleveland Sports Fans Deserve to Be Miserable: A Lifetime of Tough Breaks, Bad Luck, Dumb Moves, Goofs, Gaffes, And Blunders" (traducción: ¡Maldiciones! Por qué los aficionados al deporte en Cleveland merecen ser desgraciados: una vida de desgracias, mala suerte, actuaciones estúpidas, pifias, meteduras de pata y disparates"). Creo que con echar un vistazo al título es suficiente.
La historia de los Cleveland Browns, desde unos prósperos orígenes, es una sucesión de desafortunadas desdichas. Deportivas y extradeportivas. Destacan dos marrones extradeportivos, que podríamos denominar el Primer Gran Marrón y el Segundo Gran Marrón (¡qué nombres más originales, eh!). Glosémoslos.
Desde los orígenes hasta el Primer Gran Marrón
Los inicios de los Cleveland Browns fueron triunfales. La franquicia, de la mano del entrenador de quien toma su nombre, Paul Brown, lo ganó todo en la primera competición en la que participó, la All-American Football Conference, cuyas cuatro ediciones ganaron, una de ellas invictos. Desapareció esta competición y se unieron a la NFL, donde también cosecharon éxitos: seis finales y tres campeonatos.
Gran parte de la culpa de que los primeros Browns arrasasen la tenía Paul Brown. Como ya comentábamos en la entrada sobre cambios importantes, Paul Brown fue la persona que por sí sola más cambió la NFL. El tío más listo, que revolucionó la estrategia y la preparación de las franquicias. Como dicen en el vídeo que os enlazo más adelante, Paul Brown era los Cleveland Browns.
Y entonces sucedió el Primer Gran Marrón. ¿Qué pasó? Los Browns ficharon, vía draft, a un excelente running back, cuyo nombre además era más que adecuado para el equipo: Jim Brown. Sí, lo habéis adivinado, tanto Brown va a ser demasiado, ¿no? Pues sí, de los Browns sólo podía quedar uno.
Los primeros años de Jim Brown fueron excelentes. Bueno, qué digo primeros, si Jim Brown fue el líder en yardas de carrera de la NFL en ocho de las nueve temporadas en las que estuvo en la NFL (además de dos veces MVP). Ahí tenéis una fotico de la criatura en acción:
Sí, no todos los años fue el mejor running back de la liga. Hubo uno en el que no lo fue. ¿Y quién tuvo la culpa? Jim creía que su entrenador. No se llevaban bien. El nuevo dueño, Art Modell (del que volveremos a hablar, y veréis que es un tío queridísimo por Cleveland), estaba con Jim. Y despidió a Paul Brown. A la calle. Ese fue el Primer Gran Marrón. La marcha de Brown de sus Browns. Una decisión de Art Modell, igual que el Segundo Gran Marrón.
El despido de Brown generó uno de los mayores odios de la NFL: el de Paul Brown contra el equipo que llevaba su nombre. Pinchad aquí para ver el vídeo de NFL Network en el que hablan de este odio visceral como la octava mayor rivalidad (en inglés, feud) de la historia de la NFL. Pinchad, pero luego volvéis atrás y seguís leyendo.
Como habréis visto, Brown no se quedó de brazos cruzados. Pocos años después de ser despedido de los Browns, vendió su participación en la franquicia de Cleveland y se fue cerquita, a Cincinnati, en el mismo estado que Cleveland (Ohio) para fundar una nueva franquicia, los Bengals, a la que moldeó a su gusto. Y como lo que le gustaba era lo que hizo en los Browns, pues copió hasta los colores del equipo e incluso ambos equipos tenían las mismas iniciales: Cleveland Browns y Cincinnati Bengals. Aquí tenéis la comparación de las equipaciones, primero los uniformes de los Browns, luego los de los Bengals (encuentre las 7 diferencias):
Brown no consiguió ganar ninguna Super Bowl para los Bengals (nadie lo ha hecho). Clasificó a los Bengals a los playoffs en tres de las ocho temporadas que los dirigió. Luego dejó las labores de entrenador y ocupó la presidencia de la franquicia. En cualquier caso, en Cincinnati le guardan cariño. Tanto, que el estadio de los Bengals lleva su nombre. Algo influirá que el hijo de Paul Brown sea el actual dueño de los Bengals, me diréis; sí, pero el estadio es propiedad municipal y la ciudad decidió no vender sus naming rights (en otras palabras, venderle el nombre a una empresa), así que un poquito sí que le quieren por Cincinnati.
Igual que la franquicia implicada en el otro Gran Marrón, actualmente Bengals y Browns compiten en la misma división, lo que contribuye a que la rivalidad no se olvide.
Volvamos a los Browns. Los primeros años sin Brown de entrenador (que, eso sí, seguía siendo accionista) no fueron demasiado duros. Tanto es así que en 1964 ganaron la NFL. Su último campeonato. Sin embargo, desde que Brown se fue definitivamente de Cleveland a Cincinnati en 1966, los Browns no levantan cabeza.
Marrón tras marrón, hasta el Segundo Gran Marrón
Tras el éxito de 1964, que ya os adelanto que fue la última victoria de un equipo de Cleveland en las Grandes Ligas norteamericanas, la historia de los Browns es, como diría el que tradujo en España A Series of Unfortunate Events de Lemony Snicket, una serie de catastróficas desdichas. A continuación os cuento las más importantes, porque ir año a año diciendo lo que pasó haría (si cabe) más insufrible la lectura de este blog.
Red Right 88. La década de los '70 fue más bien insulsa para los Cleveland Browns, con un rendimiento bastante gris o, mejor dicho, marrón. En la década de los '80 llegan las emociones fuertes, todas con desastroso resultado. Empezamos por la primera. 1980. Playoffs divisionales. Frío que te cagas, el partido con la sensación térmica más baja en 50 años, -37,8º C. Los Browns juegan en casa contra los Oakland Raiders. Los Raiders ganan por 2 puntos, 14-12. Quedan solo 49 segundos para que termine el partido y los Browns están en la yarda 13 de Oakland. Situación inmejorable. Chutan un field goal bastante facilillo, tres puntos y partido para los Browns. No. Nadie se enmarrona como los Browns.
Sipe, quarterback de Cleveland, quería una jugada de carrera para mejorar la posición de campo y chutar el field goal. Nah, el entrenador tuvo una idea mejor.
El entrenador de los Browns, Sam Rutigliano, ordenó una jugada de pase. Eso sí, había un porqué. El kicker estaba muy mal en ese partido. Ya había fallado cuatro patadas: dos field goals y dos extra points; además, su rodilla no estaba bien. Oye, que razón no le faltaba al entrenador de los Browns para temer por el éxito del field goal.
"Red Right 88". Ese es el nombre de la jugada que ordenó el head coach de los Browns. Sipe retrocede para pasar, los Raiders le hacen un blitz y el quarterback lanza hacia la end zone... ¡interceptado! Anda que no se te tiene que quedar cara de tonto.
Por lo menos, la derrota no fue en vano. Los Raiders terminaron ganando la Super Bowl.
The Drive, by John Elway. A pesar de lo que pueda sugerir la frase anterior, no estamos ante el nombre de una colonia. No. Situémonos. Final de la AFC. Antesala de la Super Bowl. Los Browns jugaban de nuevo en casa. Ganan 20-13 a los Denver Broncos al final del cuarto cuarto. Los Broncos empiezan a atacar desde su propia yarda 2. Entonces, John Elway lidera una de las secuencias ofensivas (drives) más recordadas de la historia de la NFL. Tanto, que a ese drive con el que los Broncos consiguen el empate se le denomina The Drive. Los Broncos avanzan 98 yardas hasta la end zone de los Browns en 15 jugadas, incluida la conversión de un tercer down muy largo, de 18 yardas. A falta de 38 segundos Denver empataba el partido. Aquí podéis ver las jugadas finales de The Drive:
Conseguido el empate, los Broncos ganarían en la prórroga con un field goal, para llegar a la Super Bowl.
The Fumble, by Ernest Byner. Al año siguiente, Broncos y Browns volvieron a coincidir en la final de la AFC. Esta vez jugaban en Denver. Esta vez los que ganaban por 7 puntos al final del último cuarto eran los Broncos, tras una épica remontada de los Browns, que habían anotado 30 puntos en la segunda parte. Y en el drive final del partido, también se produciría una jugada para la historia. Eso sí, no es recordada por un acierto del ataque, sino por una cagada. Qué marrón, Ernest Byner.
A falta de un minuto, el running back Ernest Byner, que había anotado dos touchdowns, se dirigía hacia la end zone para empatar el partido. Parecía que el empate era un hecho, pero pero en una brillante jugada defensiva, Jeremiah Castille asesta un zarpazo al balón, cae, y los Broncos lo recuperan. En la yarda 3. Los Browns consiguieron un safety, pero no fue suficiente.
El Segundo Gran Marrón. Los analistas no se ponen de acuerdo en cuanto al lugar que ocupa este marrón en la historia deportiva de la ciudad de Cleveland en general y de los Browns en particular. A mí me parece el peor marrón. A la Fox, también. De lo que no cabe duda es que fue un lamentable punto y aparte en la historia de los Browns.
El equipo deportivamente iba bien y tenía un futuro prometedor: la temporara anterior a este Gran Marrón había terminado con un balance de 11-5 y para la temporada del Segundo Gran Marrón Sports Illustrated predecía que llegarían a la Super Bowl. Demasiado bonito para ser cierto. Cuando las cosas van bien en los Browns deberían activarse los mecanismos de alerta, porque significa que algo va a ir mal.
Económicamente, la franquicia iba regular. El dueño de la franquicia, Art Modell, reclamaba al ayuntamiento que construyese un nuevo estadio que permitiese incrementar los ingresos y mejorar las maltrechas arcas de los Browns. El ayuntamiento le daba largas y le decía que no. Modell estaba celoso. ¿Por qué a los equipos de baloncesto y béisbol sí y a él no?
Bueno, habría que puntualizar que parte de los problemas vienen de una decisión equivocada de Modell. Los Browns compartían estadio con los Cleveland Indians, el equipo de béisbol. Modell era propietario de la compañía que gestionaba el estadio y no quería compartir los ingresos con los Indians, a pesar de que buena parte de los ingresos se generaban en los partidos de béisbol. Los Indians convencieron al ayuntamiento, que les construyó un estadio para ellos solitos.
A Modell le ofrecieron una participación en la sociedad que gestionaría el nuevo estadio de los Indians y el nuevo pabellón de los Cavaliers, pero la rechazó. Error. Cuando se fueron los Indians en 1994, los ingresos procedentes del estadio de los Browns cayeron.
Entonces, Modell exigió un nuevo estadio para sus Browns. se hartó y, para sorpresa de todos, anunció el 6 de noviembre de 1995 que la franquicia se marchaba a Baltimore. Toma ya. El marrón que faltaba. Al equipo no le fue ni mucho menos indiferente. Iba 3-4 cuando se anuncia la mudanza y los Browns terminan 5-11.
En Cleveland no se lo tomaron muy bien. De hecho, la liaron como nunca se había liado en Estados Unidos. Antes de esta mudanza se habían producido otras muchas. Todas más o menos traumáticas, pero si el dueño decidía que se iba, la franquicia y todos sus activos, se iban a donde él dijese. En Cleveland no.
Al día siguiente al anuncio de mudanza de Modell, los ciudadanos de Cleveland aprobaron una subida de impuestos para remodelar el estadio de los Browns. Llovieron las denuncias de los aficionados y de la propia ciudad de Cleveland contra Modell (realmente, contra los Browns).
A continuación, la previa de la NBC al último partido de los Browns antes de la mudanza. Duras, rebobinadas y sabias palabras del comentarista y ex-jugador de los Bears Mike Ditka:
La oposición popular a la mudanza de los Browns fue un hito sin precedentes en el deporte profesional norteamericano. El fervor popular fue tal que Modell pudo irse (bueno, tuvo que irse cagando leches, porque lo linchaban), pero no pudo llevarse el nombre ni la historia de los Browns con él. Sí a los jugadores, pero los Browns se quedaban en Cleveland. Suspendidos temporalmente, pero eran los Browns. La historia se quedaba con ellos. Éxitos y marrones. Sobre todo los marrones.
Como ya decía, nunca un nombre de un equipo fue más apropiado: Baltimore Ravens. Los cuervos de Baltimore. Las aves carroñeras que se hicieron con los despojos que pudieron arrancar de los Browns. Pues no les fue mal a los Ravens. En Cleveland, como decíamos, no sólo se quedó el nombre y el palmarés, sino también la maldición. En su primer draft los Ravens eligen al legendario Ray Lewis. Y en 2000 se proclaman campeones de la Super Bowl, tras aplastar a los Giants.
Un nuevo marrón, esta vez indirecto, para los Browns.
Hay que apuntar también que si una afición sabe qué es sufrir que tu equipo te deje por otra (ciudad) es la de Baltimore, cuyos Colts emigraron a Indianápolis en 1984. De hecho, a los Colts y a sus aficionados se les recibe con especial cariño por Baltimore, como podemos ver en este vídeo:
Y cuando los de Baltimore recriminan a los de Indianápolis que les robaron a su equipo, pues estos les responden, qué nos vais a contar, si vosotros luego robasteis a los Cleveland Browns:
Otra ciudad que últimamente ha sufrido la mudanza de su equipo es Houston (Oilers, hoy Titans a Tennessee). Pero los equipos de Houston y Baltimore no guardan su nombre e historia originales, sino que se han visto obligadas a crear nuevas franquicias. Pues no me parece bien. Todas las ciudades deberían haber hecho como Cleveland y reservarse el nombre del equipo. Y, del mismo modo, y como el aficionado de los neo-Colts defiende en el anterior vídeo, las franquicias reubicadas deberían cambiar su nombre (los Titans lo han hecho). Mi reconocimiento a los enmarronados aficionados de Cleveland por haber conseguido preservar su nombre e historia.
Ah, ¿en qué división metieron a los Ravens? Pues en la misma que los Browns, cómo no. Igual que los Bengals, para restregarles bien el marrón. Eso sí, habría que puntualizar que el odio de los aficionados de Cleveland no se dirige tanto a los Ravens como a su dueño, Art Modell.
Los marrones actuales
Hablemos de Cleveland en la actualidad. Hoy en día, la imagen se le viene a uno a la cabeza al hablar de Cleveland es esta:
Hecho el chiste malo y fácil, hablemos de cómo les va a los Browns últimamente. No demasiado bien. Desde la refundación de 1999 tuvieron un par de temporadas buenas: llegaron a clasificarse para la wild card en 2002 (y perdieron), y en 2007 casi lo consiguen, con un regitstro de 10-6.
El año pasado ganaron solo 5 partidos. Los 4 últimos de manera consecutiva, cuando ya tenían poco que hacer, más allá de empeorar su lugar de elección en el draft. En su plantilla destaca Joshua Cribbs (wide receiver y retornador), que después de un final de temporada magnífico amagó con irse, porque el contrato que le ofrecían le parecía de risa (1,4 millones de dólares por temporada). Al final los Browns subieron considerablemente su oferta y Cribbs firmó un nuevo contrato de 3 años por un total de 20 millones de dólares. Menos mal.
En enero llegó Mike Holmgren para dirigir las operaciones de los Browns. El entrenador que guió a los Packers a su última Super Bowl es un tipo con criterio, a ver si a los Browns les va mejor con él. En el draft, consiguieron a quien se dice que es un proyecto de quarterback excepcional, Colt McCoy, que parece que gusta a algunos entendidos de por aquí. También ficharon a Jake Delhomme, que supongo que en principio será el quarterback titular, aunque a poco que repita el rendimiento de la temporada pasada tendrá que ceder su sitio a McCoy. Esperemos que la cosa mejore para los Browns, aunque la división en la que están encuadrados, junto a Steelers, Ravens y Bengals, casi nada, es durísima.
En vista de cuanto antecede, creo que los Browns, son la franquicia más enmarronada de la historia. Sí, los Vikings y los Bills habrán perdido cuatro Super Bowls, pero soy de los que piensa que es mejor perder una final que no llegar a ella. Que también soy del Dépor y prefiero haber perdido la liga del penalti de Đukić que haber quedado tercero. Sin duda. A quien pierde una final, que le quiten lo bailao. Los Browns ni eso, sumidos en un panorama de mediocridad, a poco que asoman la cabeza, se dan el batacazo. Además, ni los Vikings ni los Bills han vivido marrones extradeportivos comparables al Primer y al Segundo Gran Marron. Y encima, cuando los cuervos despojan de sus jugadores a los Browns, ganan la Super Bowl.
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CIERRE: Empecé a escribir esta entrada hace algún tiempo. De hecho la iba a publicar la semana pasada, pero el tema de Carrusel hizo que la fuese dejando. Entretanto, ha habido una noticia que acentúa si cabe un poquito más la maldición deportiva que pesa sobre la ciudad de Cleveland: la eliminación de los Cleveland Cavaliers de los playoffs de la NBA. Mala noticia a corto plazo, porque era el mejor equipo de la regular season de la NBA y a pesar de ello no van a poder conseguir su primer título (gran oportunidad desaprovechada). Pero posiblemente la noticia sea peor a largo plazo, porque el MVP de la NBA y jugador-franquicia de los Cavs, LeBron James, termina contrato este verano y puede decir adiós a Cleveland. Esta pronta eliminación hace que aumente la probabilidad de que LeBron no renueve, que se haya hartado de perder en los Cavs y decida probar suerte por otros lares (¿Chicago, Miami, Nueva York?). Lo que le faltaba a la ciudad. Otro marrón.
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