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jueves, 6 de octubre de 2011

Pitagorismo

En este blog abunda la pedantería, pero quizá este título sea el más pedante de los que llevo escrito hasta el momento. ¿Pitagorismo? ¿Pero qué coño es esto? Ah, los pitagóricos. Como cuenta la entrada dedicada a ellos en la Wikipedia, "creían que todas las cosas son, en esencia, números".

Ah, sí, la música, que se me olvida. Esto va a ir de números. 1969, de los Stooges.



¿A qué viene la referencia a estas movidas tan raras? Pues comento esto al hilo de algo que ya apuntaba en algún Plácido domingo, jodido lunes: al de los criterios (numéricos) que usamos para medir el rendimiento de los jugadores. Siempre intentamos traducir el comportamiento en números. Probablemente no se trata de una obsesión numérica, sino de necesidad de comparabilidad: hay que ordenar, clasificar a las personas de mejor a peor, de mayor a menor. Para eso, qué mejor que los números: si a un comportamiento asignamos un número, sabremos quién lo hace mejor.

Se suele decir que las comparaciones son odiosas. Los cojones. Cómo nos gusta comparar. En el fondo, ese es el motivo por el que surgen tantas fórmulas para medir el rendimiento. Desde pequeños nos persiguen y acaban deformando la propia de la realidad. El objetivo en el colegio no es aprender, sino aprobar. En otras palabras, hay que sacar más de un 5. Ese número, y en particular la media, decide quién accede a la carrera que pretende y, más adelante, se tendrá en cuenta para la carrera profesional de cada uno. Hay que comparar para poder a elegir a la persona adecuada para un puesto (bueno, el factor enchufe añade un número de puntos que tiende a infinito).

Vamos con la NFL. Ahí se buscan números para evaluar las actuaciones de los jugadores. Hoy me centraré en los quarterbacks. Esta es la posición que más atención acapara en la NFL (con razón, porque últimamente es la clave para construir un equipo campeón) y sobre la que más disquisiciones numéricas se realizan. Con disquisiciones numéricas me refiero a uso e invención de ratios (utilizo la expresión ratios para el plural de ratio porque es la que usa todo dios, aunque gramaticalmente lo más correcto, dado que se trata de una palabra en latín, sería rationes). Sobre esto hablamos más adelante.

Cuando se comenta el buen inicio de temporada de Cam Newton, inmediatamente se alude a la barbaridad de yardas de pase que ha acumulado en sus primeros partidos oficiales como profesional. No se habla tanto de su tercer partido, en el que su número de yardas de pase fue discreto. Eso sí, es el único partido en el que su equipo venció (en el fondo el propósito de todos los jugadores que disputan un partido en la NFL debería ser ese). Pero bueno, que resulta incontestable que si nos centramos en el número de yardas de pase por partido, el rendimiento de Newton, un rookie, es prodigioso y digno de todos los elogios, halagos y superlativos que se pueden leer en estos momentos. Mirad la clasificación de quarterbacks sobre la base de este criterio:


Impresionante, es verdad. En un año de récords en cuanto a yardas de pase, el nombre de Cam Newton figura al lado de unos tipos llamados Tom Brady, Drew Brees, Aaron Rodgers y Philip Rivers (superando a estos dos últimos). Un fenómeno.

Sin embargo, volviendo a la fotito con la clasificación de quarterbacks, quizá la columna "Yds" no sea la única relevante. Quizá sea conveniente mirar la foto completa. También el resto de columnas. Y es ahí donde el rendimiento de Newton ya no parece tan positivo: ni en porcentaje de pases completados, ni en touchdowns, ni en intercepciones. Así, como ya apuntaba el otro día, la acumulación de yardas de pase de Cam Newton se sustenta principalmente en el número de veces que intenta un pase, y en que en no pocas ocasiones se trata de pases profundos. ¿Es excepcionalmente preciso? No. Ordenemos la misma tabla en función del porcentaje de aciertos y veamos qué sucede:


Uf, ahí el rendimiento de Newton no parece tan positivo, eh. De hecho, ocupa el 21.º lugar, un puesto relativamente bajo si tenemos en cuenta que hay 32 equipos en la NFL. Newton llega lejos, pero por insistencia, no por precisión.

Sigamos. Si nos fijamos en dos de las variables más importantes para medir a un quarterback, como son los pases de touchdown (los aciertos más importantes) y las intercepciones (los errores más importantes), el rendimiento de Newton vuelve a ser mediocre. Newton acumula 5 pases de touchdown, lo que le sitúa en el 17.º lugar de la NFL. Precisamente este ha sido uno de los principales problemas de los Panthers en lo que llevamos de temporada. Carolina llega con frecuencia a la red zone, pero ahí le cuesta conseguir 7 puntos. Con un poco más de inspiración en este sector del campo, probablemente se habría llevado los partidos que ha terminado perdiendo. Bueno, seamos justos: además de sus 5 touchdowns de pase, Newton acumula 4 de carrera, con lo que este apartado del juego mejora sensiblemente. Sin embargo, en cuanto a intercepciones, regular. 5, tantas como touchdowns de pase.

En este sentido, suele prestarse mucha atención al ratio (hablo de ratio en masculino porque se usa más en masculino, aunque es más correcto hablar de ratio con género femenino) de touchdowns de pase entre intercepciones. Digo que se usa mucho este ratio aunque no figura en ninguna página de estadísticas (ni en NFL.com ni en ESPN.com, Yahoo! Sports o CBSSports.com, que es donde he mirado, y no he buscado en más sitios porque creía que acabaría antes calculando yo el ratio). Aquí tenéis el ranking de quarterbacks por touchdowns entre intercepciones, donde se ve, de nuevo, que Newton no ocupa uno de los mejores lugares:


Demasiadas variables que considerar, ¿verdad? Resulta curioso que en el caso de Cam Newton los análisis se centren en solamente una de ellas y no en todas en su conjunto. Porque, además, hay un numerito que nos permite comprender cómo lo ha hecho un pasador considerando todos los aspectos del juego de pase descritos. Así, toda esta información relevante para evaluar el rendimiento de un pasador se trata de condensar en el denominado passer rating, del que habréis oído hablar y sobre el que habéis podido leer en este blog en muchas ocasiones. Ahora os cuento a grandes rasgos qué considera, cómo se calcula y cómo se ha llegado a él como medida de consenso sobre el rendimento del pasador. Me centro exclusivamente en el que usa la NFL, porque en fútbol universitario se usa otro diferente.

El passer rating se inventó en 1971, aunque se utiliza de forma "oficial" en la NFL para medir el rendimiento del pasador desde 1973. Este ratio es fruto del trabajo de un comité de expertos del Pro Football Hall of Fame. Antes se usaban otros criterios para determinar cuál era el mejor pasador de la competición:
  • De 1932 a 1937, el número total de yardas de pase (algunos parecen estar en los años 30 cuando hablan del rendimiento de Newton).
  • De 1938 a 1940, el porcentaje de pases completados.
  • De 1941 a 1948, se atendía a la posición que ocupaba cada pasador en las siguientes clasificaciones: pases completados, porcentaje de pases completados, yardas de pase, pases de touchdown, intercepciones y portentaje de intercepciones. Si un jugador ocupaba el primer lugar de una de estas clasificaciones, obtenía un punto; si era segundo, dos; y así sucesivamente. De ese modo, el jugador con un número menor de puntos era el mejor pasador.
  • En 1949, el mismo criterio anterior quitando el número de intercepciones de los datos que tener en cuenta.
  • De 1950 a 1959, el número medio de yardas conseguidas por pase con un mínimo de 100 intentos.
  • De 1960 a 1961, el sistema de los años 1941 a 1948 utilizando estas clasificaciones: pases completados, yardas de pase, pases de touchdown, porcentaje de pases completados y avance medio por intento de pase con al menos 10 intentos de pase para poder calificar.
  • De 1962 a 1971, mismo sistema que en el periodo anterior, pero solo con estas cuatro clasificaciones: porcentaje de pases completados, pases de touchdown, porcentaje de intercepciones y avance medio por intento de pase.
  • En 1972, igual que en el periodo anterior, pero sustituyendo el número de pases de touchdown por el porcentaje de pases de touchdown.
  • Y por fin, desde 1973, el passer rating que ahora explicamos.
El passer rating es un número comprendido entre 0 (rendimiento pésimo) y 158,3 (partido óptimo). Considera, dándoles la misma importancia, estos cuatro elementos: (A) porcentaje de pases completados; (B) yardas por pase; (C) touchdowns por pase; y (D) intercepciones por pase (esto solamente resta). El passer rating es el resultado de aplicar la siguiente fórmula (he tenido que escribirla en Word porque el puto Blogger, la aplicación en la que escribo esta mierda, no permite escribir fórmulas):


Todo clarísimo, ¿verdad? Es coña. Hay que explicarlo un poco. Resulta difícil de entender por qué se inventan un ratio comprendido entre el 0 (bueno, esto tiene sentido) y el 158,3 (esto es lo que no se entiende, aunque, como veremos, este número es casi totalmente arbitrario).

Los autores del ratio suponen que un rendimiento normal da una puntuación de 1 en cada una de las variables A, B, C y D. Eso es lo que concebían sus inventores en los 70, insisto. Eran otros tiempos, claro. Según esta concepción, el passer rating "normal" sería de 66,6. Además, se consideraba que un rendimiento excepcionalmente bueno debía ser el que alcanzase una puntuación de 2 en las citadas variables. Eso se traduce en un passer rating de 133,33.

Finalmente, para que el passer rating sea máximo (158,3) el porcentaje de pases completados debe ser de al menos 77,5%; el número de yardas de pase por intento de al menos 12,5; los pases de touchdown deben representar al menos el 11,875% de los intentos de pase; y no debe haberse producido ninguna intercepción. ¿Por qué lo "capan" en 158,3? El número es arbitrario, ya que supone prejuzgar el máximo al que se creía que podía llegar un jugador excepcionalmente brillante. Por coherencia, si se quiere considerar los cuatro componentes A, B, C y D como igual de importantes, hay que poner un tope. Tened en cuenta que el componente D es la penalización por cometer intercepciones. Dado que esta variable D se expresa como una "resta de errores" (es decir, que el pasador obtiene la máxima puntuación salvo que cometa un error), para resultar igual de importante que los demás componentes era necesario introducir un tope máximo en todos ellos. Me explico de pena, pero espero que alguien lo haya entendido.

Sin embargo, en los tiempos que corren esto ha quedado un poquito desfasado. Solo hay que ver la clasificación de pasadores en términos de passer rating. La media no está en 66,6. Nada de eso. Solo los dos peores quarterbacks de lo que llevamos de liga están por debajo de este registro.


También se puede ver que Cam Newton, en términos del ratio comúnmente aceptado para medir el rendimiento de un pasador, no ocupa un lugar de privilegio, aunque (insisto, porque el propósito de este artículo no es poner a parir al chaval) para ser un novato está muy bien.

Por otra parte, algunos han querido descapar el passer rating para poder comparar las mejores actuaciones de un pasador de la historia de la NFL. Porque dos actuaciones que reciben la máxima puntuación, 158,3, no tienen por qué ser igual de buenas (de hecho, es casi imposible). El 158,3 no indica un partido perfecto, inmaculado. Por ese motivo, debería dejarse de hablar de perfect passer rating. Todo lo que sea superar el 77,5% de pases completados, 11,875% de pases de touchdown y supere las 12,5 yardas por intento de pase no se valora. Vamos, que tanto da completar el 80% como el 100% de los pases a estos efectos. Por eso en Cold, hard football facts han querido "corregir" este error recalculando todos los ratings desde 1970 a 2010. Los elementos A, B y C dejan de tener como valor máximo 2,375. El elemento D queda igual. Estos son los resultados:


¿Este ratio sigue siendo comúnmente aceptado? No, no tanto. Ya hay quien empieza a desmarcarse del passer rating e intenta imponer otros criterios que entienden más adecuados. Porque es verdad que el passer rating no discrimina la importancia de cada jugada: es más importante un pase de una yarda con el que consigues un touchdown en el último segundo para ganar el partido que un pase de 80 yardas con el que consigues un touchdown en los minutos de la basura de un partido ya decidido. Y, sin embargo, a efectos de passer rating la segunda de las acciones descritas "es mejor".

Además, el PASSER rating mide el rendimiento del pasador, pero no el del quarterback. Es decir, no trata de medir todo lo que hace el quarterback, sino solo del jugador que desempeña el rol de pasador. Así, no se tienen en cuenta las jugadas de carrera que realiza el quarterback, ni los sacks que recibe o los fumbles que concede.

La ESPN ha tratado de corregir todas las anteriores deficiencias con la invención de un nuevo ratio que pretenden imponer (por ahora, con poco éxito, ya que ni en las estadísticas de los partidos lo dan, ahí el que sigue es el clásico passer rating, que ahora llama la ESPN NFL rating, para diferenciarlo del suyo). El nuevo ratio lo llaman total quarterback rating. ¿Qué fórmula emplea? No está claro. La ESPN no lo revela, no vaya a ser que le copien la idea. El caso es que, además, el total quarterback rating tiene como máximo 100 (y mínimo 0), con lo que su comprensión resulta algo más intuitiva. El rendimiento medio, normal, se supone que es el 50. Por encima de 75, candidato a MVP. Mike Tirico explica en este vídeo las nociones fundamentales de este ratio:


¿Cómo lo están haciendo los quarterbacks atendiendo a este nuevo criterio que propone la ESPN? Así:


Bueno, el fenómeno de Cam Newton tampoco destaca muy positivamente usando este ratio. Y eso que tiene en cuenta las yardas de carrera, uno de sus fuertes. Sorprendidos de ver a Hasselbeck tan arriba, ¿no? Si se usase el total quarterback rating, en estos momentos sería serio candidato a MVP. Pero no nos engañemos, no lo es, por muy de puta madre que lo esté haciendo.

Por mucho que lo intenten, hay muchas cuestiones que es imposible (o muy difícil) traducir a números. En cuestiones de juego de pase, además, parece que el único que juega es el que da el pase, pero en estas acciones participan dos: el que pasa y el que recibe. Ni el passer rating, ni el total quarterback rating, ni ningún otro ratio que yo conozca tiene en cuenta el mérito o demérito del receptor. Parece que solo juega el quarterback, y no es así ni mucho menos. Por ejemplo, es tanta intercepción esto...


...como esto:


Las dos acciones anteriores tienen exactamente el mismo impacto en el passer rating, y supongo que en cualquier otro ratio pasará lo mismo. Nos olvidamos del 50% (nada menos) de la jugada, del tipo que recibe el balón. En el primer caso, es el único y exclusivo culpable de la intercepción. Para correrlo a gorrazos, porque convierte un touchdown en intercepción. Pero le perdonamos, que es Greg Jennings. En el segundo, es culpa casi exclusiva del quarterback, que lanza un pase en doble cobertura a un receptor lesionado, cubierto por el mejor cornerback de la NFL, en un momento en el que resulta imperioso no perder el balón.

Además, una acción estadísticamente positiva no siempre es la mejor para tu equipo. Muchas veces es mejor conceder un sack que forzar un pase arriesgado que puede acabar siendo interceptado. E incluso a veces es mejor ser interceptado. En 4.º down, de hecho, suele ser mejor que no completar el pase. Siempre pongo de ejemplo esta jugada de Kolb en sus años universitarios. Gran acierto del quarterback y error del defensive back. Si no intercepta el balón, su equipo consigue una posición de campo es mucho mejor. Pero a efectos de cualquier ratio, la acción computará como un error del quarterback y un acierto del defensor.


Los números ayudan mucho a valorar el rendimiento, pero no debemos perder la perspectiva de sus limitaciones. Debemos entender bien lo que expresan, y cuando analicemos las estadísticas individuales, siempre hay que tener presente que el football es un deporte de equipo, y en no pocas ocasiones lo que debe hacer un jugador es sacrificar sus números por el bien del conjunto.

Cambiamos de tema: ¿Calvin Johnson MVP? ¡Venga ya!

Hablemos de otra cosa, que me apetece. Se comenta estos días que Calvin Johnson es el jugador que ahora mismo podría discutir el MVP a Aaron Rodgers. En los comentarios a la anterior entrada del blog lo decía Martintxo, y se lo he leído a varios analistas (Peter King y Mariano Tovar, por ejemplo). Con todos mis respetos: ¿estamos de coña? No pretendo hacer de menos a Johnson, pero ya que estamos con números, vamos a echar mano de ellos para ver por qué en estos momentos (insisto: "en estos momentos") resulta totalmente descabellado considerar que el rendimiento de Calvin Johnson puede estar a la altura (o cerca) del de Rodgers. Bueno, ya sé que esta discusión cuando solo se han disputado solo 4 partidos tiene poco sentido, pero el caso es entretenerse, así que vamos con ello.

Antes que nada, un par de consideraciones previas. En primer lugar, en este tipo de premios individuales a los que aspiran (teóricamente) jugadores de todas las posiciones, nos encontramos con el problema de la incomparabilidad del rendimiento: ¿cómo puedes medir si la actuación de un quarterback es mejor que la de un linebacker? Entre jugadores de la misma posición, se puede comparar, pero cuando enfrentas a tipos cuyo rol es distinto, es muy difícil. Luego está el problema de qué significa "jugador más valioso", concepto poco claro. Parece que se trata de un premio individual, pero al final lo colectivo influye, y mucho: suele darse a un jugador del equipo campeón. Que tiene sentido, porque para ser valioso tienes que haber creado valor (victorias), pero parece que esta consideración se aplica de un modo bastante discriminatorio: para el MVP sí consideramos la clasificación del equipo, pero para el premio al mejor novato, no tanto. Y también puede ser que el campeón lo sea como fruto de "pequeños" esfuerzos individuales de igual valor y no tan imprescindibles individualmente considerados, mientras que otros equipos hayan conseguido sus victorias principalmente gracias a un solo jugador imprescindible. Otra distorsión difícil de resolver. Traigo esto a colación porque parece que la conversación se centra en Rodgers-Johnson porque son los jugadores más destacados de equipos invictos, olvidándonos de hasta qué punto están invictos esos equipos solamente o principalmente por su rendimiento.

Tras esta (nueva) parrafada teórica, entremos en harina: comparándolo con sus iguales (receptores) es discutible que debamos considerar a Johnson como el mejor wide receiver de lo que llevamos de temporada. A los datos me remito. Calvin Johnson no está ni entre los diez primeros receptores de la NFL en términos de yardas. Es el duodécimo en esta clasificación que podéis ver a la izquierda. Me parece imposible defender que Calvin Johnson deba ser considerado más valioso que Wes Welker en vista de estos números. Welker casi lo dobla en yardas y en recepciones. Sí, el equipo de Welker está 3-1 y no 4-0, pero la única derrota de los Patriots no es precisamente culpa de Welker, que en ese partido frente a los Buffalo Bills consiguió nada menos que 16 recepciones (dieciséis, te cagas) para 217 yardas y 2 touchdowns. De hecho, creo que quien debería ir segundo en la carrera por el MVP debería ser Wes Welker, no Calvin Johnson.

Eso sí, hay un número en el que Calvin Johnson gana a todos los receptores y que fundamenta su consideración como jugador más valioso en esta posición: el de touchdowns anotados. Calvin Johnson lleva 8, más que ningún otro receptor (Welker es segundo con 5). Y es verdad que 2 de esos touchdowns, conseguidos en los últimos minutos de los partidos de Detroit en Minnesota y Dallas, fueron decisivos. Ahora bien, en este apartado, de touchdowns anotados, cualquier comparación con Rodgers es devastadora para Calvin Johnson. Solamente este fin de semana, Aaron Rodgers anotó 6 touchdowns. 2 menos que Johnson en 4 partidos. En toda la temporada, Rodgers lleva 14 touchdowns (12 de pase y 2 de carrera). La diferencia en este punto es muy grande (un 75% más). Eso sin entrar en que la temporada de Rodgers está siendo estratosférica, y en que él es el principal culpable de que Green Bay esté 4-0. Por aportar algún dato más que contextualice lo excepcional que está resultando la temporada del 12 de los Packers, según comentan en Cold, hard football facts, el passer rating de Rodgers (124,6) va camino de superar el máximo histórico 121,1 de Peyton Manning en 2004, y su porcentaje de pases completados, 73%, sería también un récord en la NFL. Además, para conseguir sus números monstruosos, todavía no ha superado la marca de 40 pases intentados en un partido. En estos momentos no puede haber discusión. Pero quedan tres cuartos de temporada (los más importantes, además), por lo que el panorama puede cambiar radicalmente.

Luego están las cuestiones estéticas, que no discuto. No sé si llega al punto de lo que tuiteaba Mariano Tovar el domingo, de que "el mayor placer de la NFL actual es ver jugar a Calvin Johnson". Pero oye, es verdad que lo que hace este jugador es imposible de reflejar en números. Aunque (creo) el estilo todavía no se valora para determinar el MVP.

martes, 8 de febrero de 2011

Plácido domingo, jodido lunes: Super Bowl

En primer lugar, gracias a todos por vuestras felicitaciones. Mucha gente se ha acordado de mí (para bien) en Twitter y en los comentarios a este blog, a pesar de lo faltón y bocazas que suelo ser. Gracias a todos.

Mucho ánimo a los aficionados de los Steelers, porque pese a que hayan podido disfrutar de títulos en los últimos tiempos, perder una Super Bowl, con la ilusión que genera, es siempre muy duro. Ayer lo pude comprobar de primera mano. Aunque al principio creía que no sería para tanto, os informo de que no es bueno que tu equipo juegue la Super Bowl contra el de tu novia. Creía que estaría bien. Si no gana mi equipo, por lo menos gana el suyo. Un equipo que me cae bien. Pero no, no es así. Cuando hay tanto en juego, no hay "segundos amores" que valgan. Discusiones a grito pelao sobre temas importantes (¡¡eso es pass interference!! ¡¡ha sido completo y fumble, hijos de puta!!) y no tan importantes (cómo dicen estos cabrones que hay más seguidores de los Steelers, si la prensa dice que se han vendido el doble de entradas en Wisconsin que en Pennsylvania y Simmons decía ayer que veía el triple de cheeseheads). Además, cuando acaba el partido, sientes penita por el que pierde (aunque la que pierde no se lo crea y me mande a la mierda). Eso no mola, la alegría no es completa.

El mundo hoy está green and yellow. Que suene.


Aunque he llamado a la entrada Plácido domingo, jodido lunes, lo he hecho solamente porque me parece que nunca ese título fue tan adecuado para describir mis dos últimos días. Este fin de semana se jugó solo un partido (el Partido), y adaptar lo que vimos en la Super Bowl a la estructura clásica de esta serie de artículos me parecía forzar un poco demasiado. Así que aunque se llame así, porque esta semana más que nunca el domingo ha sido plácido y el lunes jodido, variaré la estructura del artículo. Ahí van una serie de reflexiones sobre lo que vi ayer. En números romanos, como requiere el partido

I.- ¡¡A Disney World (o a Disney Land, si lo prefieres)!!

Desde 1987, uno o varios jugadores destacados del equipo que gana la Super Bowl protagoniza al día siguiente un anuncio en el que dice que ahora se va a Disney World. Este año le tocó a Aaron Rodgers, elegido MVP del partido.


Rodgers fue un justo MVP. No hizo el partido de su vida, ya que estuvo algo impreciso en algunos pases al principio del partido y en el tercer cuarto, pero en general estuvo muy bien. ¿Quién, si no él, iba a ser el MVP? Si Jordy Nelson y James Jones no dejan caer tantos balones (algunos de ellos sencillos), quizá en vez de con 3 pases de touchdown Rodgers se va con 5 o 6. También es cierto que algunos de esos pases "capturables" iban con mucha fuerza, pero creo que Jones (que me parece que tiene los días contados en Green Bay, si hay agencia libre, porque termina contrato y supongo que aspira a ser segundo receptor de alguna franquicia necesitada) y Nelson deberían haber atrapado por lo menos tres de esos pases. De hecho, si Nelson no comete tantos drops, podría haber luchado por el MVP. Recibió dos votos y medio, por diecisiete y medio de Rodgers (y otro medio para Clay Matthews). Las 140 yardas de recepción de Nelson suponen un nuevo récord de la franquicia en una Super Bowl. Comentábamos ayer que si bien la había cagado en más de una vez, era el receptor que mejor se desmarcaba. En cualquier caso, el partido es otra muestra de quién es siempre el receptor favorito de Rodgers: el que esté desmarcado. Da igual cómo se llame. En Philadelphia Jennings solo recibió un pase, en Atlanta y Chicago se forró, ayer solo fue destino de pases claves (2 touchdowns y un primer down decisivo en el cuarto cuarto).

Su lanzamiento más arriesgado, pero preciso, este. Brutal. Con erótico resultado.


Muchos decían seguir escuchando a algunos decir que esto es lo que le faltaba a Rodgers para demostrar que es un quarterback de elite. No lo termino de entender, la verdad, porque como digo casi todos dicen escuchar a otros decir eso, pero pocos de esos otros aparecen. Salvo Colin Cowherd, que se ha pasado toda la temporada menospreciándolo por no haber ganado ningún partido de playoffs primero, y la Super Bowl, después, nadie decía que tuviera nada que remontar. Rodgers ajustó hoy cuentas con Cowherd (el sonido es malo y hay que controlar inglés para enterarse, Cowherd se pone a la defensiva, nervioso, y dice que es muy complicado entrar en su "Club VIP", porque quien entra no sale de él y ganar la Super Bowl no es suficiente, Eli Manning no está, pero ahora Rodgers sí):


Por si alguien no lo sabe: Aaron Rodgers es el quarterback con el mejor passer rating en temporada regular de la historia de la NFL (considerando toda su carrera), con un 98,4. Desde ayer, también lo es de los playoffs (hay que lanzar un mínimo de pases para que se le considere en la clasificación). 112,6. El segundo clasificado es otro Green Bay Packer, el mítico Bart Starr, con 104,3. Como si tuviera más que demostrar. El problema es de los que siguen pensando que el fútbol americano es un deporte en el que ganan y pierden los quarterbacks ellos solitos, y que veían antes de esta postemporada que en el balance de Rodgers figuraba un "0-1".

Termino la sección dedicada al hombre que dice que irá a Disney Land comentando algo curioso. Ya tardábamos en hablar de la otra, ¿verdad? Sin nombrarla, alguna portada parecía acordarse de ella:


Y lo que no esperaban en Las Vegas es que los narradores de la Fox se olvidasen de ella. Se apostaba sobre cuántas veces dirían la palabra "Favre" durante la Super Bowl. El spread estaba en 2,5. Es decir, se apostaba si los narradores dirían más de dos veces "Favre" o no. ¡Y no lo dijeron ni una sola vez!

II.- La temporada en un partido

La Super Bowl fue un fiel reflejo de la temporada de los Green Bay Packers. Cómo condensar 20 partidos en uno. No faltó nada. Un equipo que suele empezar ganando, que adquiere una ventaja relativamente cómoda, que empieza a defender de manera conservadora, que ve cómo su rival se le acerca muy peligrosamente, y termina pidiendo la hora. ¿Cuántas veces habremos visto esto durante la temporada? En los playoffs, menos en Atlanta, siempre. Y, como siempre, en ningún momento pierde por más de 7 puntos (de hecho, nunca fue perdiendo). Una historia más que conocida, que predecía el pasado viernes, aunque creía que sería un partido con menos puntos.

Otra constante de la temporada han sido las lesiones de jugadores importantes. En la Super Bowl, no podía ser menos. Pero siempre que se lesionan titulares, los suplentes completan un papel más que digno. La primera baja importante, en ataque, fue la de Donald Driver. Tras un par de buenas recepciones, tuvo que abandonar el partido. Jordy Nelson y James Jones suplieron su baja. Más adelante, la baja más sensible. La de Charles Woodson. Terrible noticia para Green Bay. Cuando lo vi vestido de calle creí que era el fin para Green Bay. Hablaba el pasado viernes de lo cansada que termina los partidos la defensa de los Packers. Después de una primera parte en la que los Steelers habían tenido casi 7 minutos más de posesión de balón, en un partido en el que estaban corriendo con relativa facilidad (la baja de Pouncey apenas se notó), y con mi poco querido Jarret Bush en el campo, vi el partido perdido. Todo eso sin ser consciente, porque los chicos de Digital+ no nos lo contaron, de que Tramon Williams, Sam Shields y Nick Collins estaban tocados y se habían perdido bastantes snaps por culpa de sus lesiones.

Pero, como siempre (por lo menos esta postemporada) los Packers resistieron. Y resistieron gracias a jugadas defensivas providenciales. Aunque Rodgers se lleve la mayoría de elogios, es justo decir que los Packers son campeones de la NFL gracias a su defensa. Defense wins championships. Tras haber forzado ya dos pérdidas, llegó la jugada defensiva providencial. Siempre la defensa. Tramon Williams en Philadelphia, el mismo Williams en Atlanta, Raji en Chicago; Pickett, Matthews y Bishop ayer. Esta jugada cambió el partido.


No obstante, hay que reconocer que la baja de Charles Woodson se notó mucho en la defensa de Green Bay. Woodson es el líder de esa defensa, que desde que faltó él se vino un poco abajo. No hay más que ver los números. La diferencia es enorme.


Me alegro especialmente por él. Igual que Driver y Clifton, se merecía un anillo. Cuando en el descanso del partido supo que se había roto la clavícula, no pudo evitar llorar al dirigirse a sus compañeros. Siguiendo la filosofía del next man up (que salga el próximo) sus compañeros no le fallaron.

III.- 6 abajo, 2 minutos para el final, balón para Pittsburgh

Acojonado es una palabra que no expresa suficientemente bien lo que sentía a poco menos de dos minutos para el final del partido cuando los Packers se tuvieron que conformar con un field goal tras tres intentos fallidos de anotar el touchdown que habría asegurado el partido. No hace falta una memoria prodigiosa para recordarlo. Super Bowl XLIII. A falta de 2:37, Arizona 23, Pittsburgh 20. Y sucede lo que todos conocemos (meto el vídeo para levantar un poco el ánimo a los aficionados de los Steelers):


No solo era eso. La temporada pasada, la situación era mucho más parecida a la de ayer. 6 puntos de diferencia, 36-30, los Steelers comienzan su último drive tras haber anotado Green Bay, en su propio campo, a falta de 2:06. Y así terminó.


Como comprenderéis, entre esto, la semanita que llevaba escuchando la manida frase de si tuviese que jugármela con algún quarterback, sería con Roethlisberger, y la tendencia a la épica de las últimas Super Bowls, acojonado es poco. Por suerte para los Packers, esta vez no hubo milagro. A pesar de que nuevamente la defensa planteada por Capers fue cagona (con los safeties bien profundos para evitar big plays, pero concediendo bastante espacio para los primeros downs), Pittsburgh se quedó corto. Aquí terminó la agonía. Una pena para el espectador neutral, más aún para el aficionado de los Steelers. No tanto para los aficionados de Green Bay. Así se vivía en un hogar cheesehead.


IV.- Partido emocionante, que no bueno

Leo hoy en la mayoría de medios estadounidenses que los analistas consideran que el partido de ayer fue bueno, cuando no muy bueno. Quizá el ser seguidor de un equipo me pierde, pero yo diría todo lo contrario. Con todo lo contento que estoy por la victoria de los Packers (y ya dejé claro hace unos días que yo no quería ver un buen partido, sino una victoria de Green Bay) he de reconocer que el partido fue regularcillo. Mediocre y ya.

Un partido con tantos errores creo que no puede ser considerado como bueno. Ganó el equipo que cometió errores menos graves. Los errores de los Steelers costaban pérdidas de balón (tres, todas ellas terminaron transformándose en 7 puntos); los de los Packers simplemente daban trabajo al punter, porque impedían las conversiones de primer down. Errores, al fin y al cabo.

La primera intercepción a Roethlisberger es una lamentable jugada del ataque de los Steelers. Partiendo de tu yarda 7, qué necesidad tienes de meterte en tu propia end zone. Sé más prudente. Si lo haces, tienes que buscar un pase, o un receptor a quien hacer que se la pasas, porque un intentional grounding en la propia end zone es un safety. Mal pensado. Peor aún Big Ben optando por el pase profundo. Y decían que la experiencia era importante en una Super Bowl, ya me diréis.

Más palos: para la línea defensiva de los Packers. Gran trabajo de Howard Green en la primera intercepción a Roethlisberger, pero ahí se acabó lo bueno. B.J. Raji y Cullen Jenkins apenas tuvieron protagonismo. Ante la maltrecha línea ofensiva de Pittsburgh, de las peores de la NFL, sin su center titular, con Legursky jugando su cuarto partido como titular en la NFL tras tres temporadas, y por primera vez en esa posición, los gordos de Green Bay fueron incapaces de frenar las carreras de Mendenhall, Redman y Moore. 126 yardas de carrera para los Steelers, y eso que parecía que la defensa de Green Bay se podría pasear por su backfield.

También merece un palo Mendenhall: cómo estropear un gran partido con una cagada inmensa. El error más grave del partido. Porque los Steelers estaban a solo 3 puntos y con la inercia totalmente a su favor. La defensa de los Packers era incapaz de frenar al ataque de los Steelers, el ataque de Green Bay no avanzaba, y parecía cuestión de tiempo que Pittsburgh se pusiese por delante. Y llegó el fatídico fumble, totalmente evitable. Otro error.

¿Visteis al defensive player of the year? Porque su pelo destaca, porque si no no nos enteramos. Cuando le preguntaban a Polamalu si su mal partido se debía a problemas físicos, decía que no, que no había estado tan sano desde mitad de temporada. Probablemente fuera verdad, y también hay que dar mérito al ataque de Green Bay por saber evitarlo y buscarlo solo en donde puede sufrir, pero debería haber hecho más. Otra pequeña decepción. Como el segundo clasificado en esa clasificación, Clay Matthews, que salvó su partido al colaborar al fumble decisivo. Por eso se salva, porque por lo demás, un pase desviado y poquito más.

Después los drops. Qué manos las de Jordy Nelson y James Jones. No había drive ofensivo al que le faltase un drop. Algunos de ellos, totalmente incomprensibles, indignos de una Super Bowl. La mejor unidad de receptores de la NFL tiene un serio problema en este sentido.

Por cierto, aunque no se hable mucho de ellos, el partido de los equipos especiales de ambos equipos fue especialmente malo. Por parte de los Steelers, Shaun Suisham, el kicker, estuvo muy impreciso toda la noche. Sus patadas previas no invitaban a confiarle un field goal de 52 yardas. En los retornos, las penalizaciones perjudicaron gravemente a Pittsburgh. No nos olvidemos de que la primera intercepción a Roethlisberger, que lanza desde su propia end zone, viene precedida de un buen retorno que queda invalidado por un bloqueo ilegal por la espalda y que provoca esa posición de campo tan incómoda. No fue la única penalización a jugadores de equipos especiales. Por parte de Green Bay, la mejor noticia en un retorno era que el retornador no perdiese el balón. Los punts y kicks dejaron bastante que desear, proporcionando casi siempre (siempre que no había penalizaciones de por medio) posiciones de campo cómodas a Pittsburgh. Un día especialmente malo.

No faltó la emoción, y menos mal que no hubo más, pero no creo que se pueda decir que el de ayer fue un gran partido.

V.- Los héroes ignorados

La prueba de que los análisis prepartido de poco valen nos la dan, entre otros, tres jugadores de la defensa de Green Bay que en pocos análisis se apuntaba como clave para el partido. Me refiero a Charlie Peprah, Desmond Bishop y Frank Zombo.

Comenzamos por Peprah. Que no se me entienda lo siguiente como una crítica o reproche. Ayer el As, edición impresa, publicó dos páginas sobre la Super Bowl. Un trabajo estupendo, con una infografía espectacular en la que figuraban los "onces titulares" de ataque y defensa de ambos equipos. En la defensa de Green Bay figuraba como strong safety titular Sam Shields, el nickelback que sale cuando los Packers deciden alinear a un quinto defensive back ("por defecto" se alinea a 4). Le comentaba a Mariano Tovar en su blog que el strong safety titular era Peprah, pero me respondía que aunque eso era cierto, habían preferido incluir a Shields ya que su importancia en la defensa de Green Bay es mayor. Totalmente de acuerdo en esto. Recordemos que Shields fue uno de los héroes de la final de conferencia con sus dos intercepciones.

Pues bien, Charlie Peprah, el "olvidado", fue el líder en placajes de la defensa de los Packers. Consiguió 10 (9 en solitario). Sus acciones no saldrán en resúmenes, su nombre no figurará entre los destacados del partido, pero es el jugador que más veces paró el ataque de los Steelers.

El segundo en este apartado fue Desmond Bishop. Cuando juegas al lado de Clay Matthews y (en menor medida) A.J. Hawk es normal que acapares menos protagonismo. Sin embargo, el linebacker que acumuló más placajes, y el segundo de toda la defensa de los Packers, fue Bishop. 8 placajes (6 en solitario). Y recuperó el balón del partido, el fumble que forzaron entre Matthews y Pickett. Poco más se puede pedir. Que hablen un poquito de ti, quizás.

El tercer héroe anónimo es Frank Zombo. Os llevo hablando de él desde la pretemporada. Para esto sirve, Goodell. Aunque te escudes en que a los aficionados no les gustan los partidos de preseason, son necesarios, porque de otro modo es complicado que jugadores desconocidos puedan demostrar que valen para formar parte de una plantilla de la NFL. Zombo es un ejemplo de esto. Durante los dos primeros partidos de pretemporada apuntó maneras, lo que le valió para disponer de minutos importantes en el tercero. Contra los Colts, dio una exhibición. Le valió para hacerse un hueco en la plantilla y, tras las bajas de la defensa, en el 11 titular. Sin embargo, llevaba desde principios de diciembre sin jugar por una lesión. Entonces, le suplió otro anónimo, Erik Walden, que precisamente se lesionó en la final de conferencia. Este domingo volvió Zombo. Fue el tercer mayor placador de la defensa de Green Bay (5 tackles), y el autor del único sack que sufrió Roethlisberger.

VI.- Take care of the football

Qué importante es no perder balones en playoffs. Fundamental. Tanto, que el partido se decidió por las pérdidas de balón. Como casi todos los partidos de esta postemporada. Hablábamos que la clave podría estar en la defensa que forzase más pérdidas de balón. Decía que creía que la defensa de los Packers podría forzar más pérdidas que la de los Steelers y que eso daría una ventaja importante a Green Bay. No estaba descubriendo la rueda, basta observar lo que pasó durante todos los playoffs: en todos los partidos, la defensa de los Packers recuperó balones importantes; en solo uno, en Chicago, perdió algún balón el ataque de Green Bay. Del otro lado, si bien la defensa de Pittsburgh siempre había provocado turnovers, su ataque se mostraba poco cuidadoso con el balón. Baltimore consiguió recuperarlo dos veces en la primera parte; los Jets interceptaron dos veces a Roethlisberger y consiguieron un safety.

Sucedió, por un lado, lo que se podía prever: que el ataque de Pittsburgh perdió balones. Tres. Una cifra alta, más aún si vemos el coste: 21 puntos. El partido, tal cual. Del otro lado, el ataque de Green Bay no perdió ni uno solo. He de decir que no me lo esperaba, al descanso pensaba en el partido de Baltimore, en que tarde o temprano la defensa de los Steelers forzaría un error. No fue así. Los mayores errores del ataque de los Packers fueron no forzados, y la defensa de Pittsburgh se fue de vacío. James Harrison (impecable durante todo el partido, por cierto, me trago mis palabras y me doy un golpe de remo) reconocía después del partido que esa era la clave, que debían haber provocado alguna pérdida. No fue así, la diferencia fue muy grande. 3-0.

Pero a pesar de esta clara derrota en el turnover differential, los Steelers estuvieron a punto de llevarse el partido, y es que [lo que digo en el punto siguiente].

VII.- Los Pittsburgh Steelers tienen unos huevos como el caballo de Espartero

Digo esto porque supongo que el caballo de Espartero los tiene como balones de baloncesto. Qué pelotas le echaron ayer los Pittsburgh Steelers. Cuando a poco más de dos minutos para terminar el segundo cuarto los Packers se pusieron 21-3, muchos daban ya la final por cerrada. Hasta el propio Greg Jennings, en un gesto que ya me advirtieron de que daría mala suerte, celebraba el touchdown haciendo referencia a un anillo. Contra los Steelers, siempre es demasiado pronto para cantar victoria. Más aún en una Super Bowl.

Cuando nadie contaba con ellos, cuando ellos no contaban con su quarterback (ni con su suplente, ni con el suplente del suplente) sacaron adelante tres de los cuatro primeros partidos de la temporada. Toda una demostración de huevos. En el partido de la ronda divisional, remontaron el 21-7 que arrastraban al descanso.

Ayer, les faltó muy poco para ser el primer equipo en remontar más de 10 puntos en una Super Bowl. Nunca se dieron por vencidos, ni con el 21-3, ni cuando Suisham falló su field goal, ni después de que el fumble de Mendenhall se transformase en un touchdown que les situaba 11 puntos abajo. Con un par, siempre. Olé sus huevos.

VIII.- Heath Miller, completamente anulado

Tampoco se habla mucho de esto, pero creo que es otra de las claves del partido de ayer. Aunque no fue el mejor partido de la defensa de Green Bay, hay que decir que de nuevo anularon al tight end rival. Un muy buen tight end, como Brent Celek o Tony Gonzalez, que volvió a ser anulado por la defensa de los Packers. Hablaba el viernes de lo bien que estaba cubriendo la defensa de Green Bay a los tight ends. Peter King pronosticaba para Miller 11 recepciones. Una barbaridad. Se decía que era la clave para el juego de pase corto de Pittsburgh. Pero fue un completo no-factor, como dicen por ahí. Se quedó en dos recepciones, la segunda en el último drive del partido. Decepcionante.

IX.- Chapuzas varias

En un mundo en el que todo parece tan controlado, resulta increíble que pasen estas cosas. Qué dirían de nosotros si pasasen aquí. Qué se escribiría de los sudafricanos si hubiese ocurrido durante la Copa del Mundo algo parecido. Ñapas, chapuzas, impresentables y demás lindezas.

Pues bien, en el estadio de los 1.200 millones de dólares se produjeron una serie de lamentables incidentes organizativos. El más mediático, el que impidió acceder a su sitio a unos 400 aficionados porque las gradas supletorias en las que iban a sentarse no contaban con la aprobación del departamento de bomberos de Arlington. Tremendo. Qué chapuza, qué improvisación, qué desastre. No pasa ni aquí. En el evento más importante del año en los Estados Unidos. Una estafa. Esos asientos de mierda (qué duda cabe de que eran una mierda) costaban 900 dólares face value. Eso quiere decir que en taquilla 900 pavos, pero como la mayoría de entradas se revenden, lo probable es que cada titular de una entrada hubiese pagado bastante más. Alguno decía que 1700 dólares. La NFL, para mitigar el ridículo, les ha devuelto el triple del precio de taquilla (que podría no cubrir el pagado realmente), menos aún si contamos el precio del billete de avión y del hotel. Dice la NFL que para compensarles se les permitió acceder al terreno de juego al terminar el partido, que se les dio comida y bebida gratis (aunque los propios afectados desmienten esto último) y que se les darán entradas para la próxima Super Bowl de Indianápolis. Pues si soy de los Packers y Green Bay no juega ese partido, maldita la gracia que me hace el cambio. Una mierda.

Pero lo anterior no fue lo que más me sorprendió. Más grave aún es lo que sucede con otras localidades "aprobadas", que contaban con el visto bueno de la organización. Por sentarte en este sitio no te devuelven el dinero. Tremendo:


Eso sí, el mastodóntico marcador, espectacular. Había alguno en casa que al principio creía que era una imagen sobreimpresionada, que eso no podía estar ahí. No era una imagen sobreimpresionada, era un marcador sobreimpresionante.


X.- La pésima retransmisión del partido

Lo habéis comentado ya muchos, lo tuiteaba ayer. No recuerdo una retransmisión de un partido de fútbol americano peor que la que sufrimos ayer en Digital+. Vergonzosa. Un completo desastre de principio a fin. De algunos (muchos) de los pecados culpa no tienen en Digital+. De otros sí. Como nota global, un cero. Pésima realización, malos comentarios.

La noche comenzó mal. La imagen se perdía de vez en cuando y el audio llegaba duplicado, cuando no se cortaba. Fatal. El comienzo del partido fue surrealista. De eso no tiene culpa Digital+, supongo, sino la NFL, y NFL Network en particular, que es quien servía la señal internacional. Pero no se puede entender que en el partido más importante de la temporada, en el escaparate de la NFL hacia el mundo, en el partido que ven muchos primerizos y el que la NFL debe aprovechar para conseguir expandirse, la realización sea tan mala. Aclaremos que la señal que veíamos en España a través de Digital+ era diferente de la que se emitía para Estados Unidos en la Fox. Lo he comprobado hoy cuando he visto la Super Bowl por esa señal, la de la Fox, y la realización era decente. Lo que nos llegaba a España eran unas líneas virtuales que aparecían y desaparecían (estas líneas son fundamentales para que un primerizo comprenda en qué consiste el juego y a dónde debe llegar cada equipo), unas tomas en directo desde cámaras extrañas, unos giros bruscos de cámara, con zooms que iban y venían como en un gag de Muchachada nui. Una broma de mal gusto. Es interesante ver una jugada desde el punto de vista del quarterback, pero mejor en una repetición y no en directo. En Estados Unidos no estaban viendo esa auténtica bazofia. Mal, muy mal la NFL por ofrecer eso a su público internacional.

Pero también lamentable el trabajo de los comentaristas del Plus. Se inventaban penalizaciones que los árbitros no habían indicado (ese intentional grounding que entendieron cuando el árbitro dijo justo lo contrario, como si fuesen novatos) y no informaban de cuestiones muy importantes, como las lesiones de varios jugadores de Green Bay. Acojonante. Esta mañana me enteré de que Sam Shields, Tramon Williams y Nick Collins se perdieron varios snaps por culpa de lesiones varias. A mí me extrañaba ver tanto a Jarret Bush en el campo, comentábamos en casa que probablemente se debía a que tras su intercepción (y con Woodson lesionado) habían decidido darle confianza. Pero no, la historia era que Shields, Williams y Collins estaban perdiéndose parte del partido por lesiones. Moisés Molina, Andrea Zanoni y Miguel Ángel Calleja ni se enteraron, o si se enteraron no nos lo dijeron. Si no se enteran de lo que pasa, que se queden en Madrid con un ordenador encima de la mesa en el que puedan leer las incidencias importantes. Así nos enteramos todos. Por cierto, no debo olvidarme de agradecer a Andrea Zanoni que haya apostado en contra de los Packers en todos y cada uno de los partidos de playoffs. Como supersticioso que soy estas cosas las valoro mucho. Y si es de los Steelers, que se ve a la legua, es mejor que lo diga, no tiene nada de malo, no es algo de lo que avergonzarse. De hecho, nada peor que un periodista que va de imparcial cuando no lo es. Pensando en algunos (mucho peores que Zanoni, eso sí), Eduardo Inda (aunque no va de neutral, sino de aficionado a Osasuna y Mallorca) o Jesús Sánchez (inepto que sufrirá quien intente informarse de baloncesto leyendo el Marca). ¡Si te gusta un deporte lo normal es ser de un equipo!

El broche de oro (o debería decir de mierda) a la retransmisión fue el fin de la emisión en medio de la ceremonia de entrega del Vince Lombardi Trophy. Te cagas. ¿¡¿Cómo cojones justifican cortar la entrega del trofeo a las 4.15 cuando el fin de la emisión estaba programado para las 4.30 (como podéis ver aquí)?!? En España no nos enteramos de quién era el MVP de la Super Bowl. Qué ***** ** ****. Lamentable, indignante, inadmisible. No pudo ser peor. UN CERO, PÉSIMO TRABAJO.

XI.- ¿Y ahora, qué?

Eso me pregunto yo. Ahora qué haremos. Si todo va bien, hasta septiembre no volveremos a ver fútbol americano profesional. El inicio de la NFL 2011-2012 está programado para el 8 de septiembre, fecha en la que los Green Bay Packers recibirán en Lambeau Field al primer visitante de la temporada. Esperemos que así sea, pero para eso hace falta que sindicato de jugadores y patronal lleguen a un acuerdo sobre el nuevo convenio colectivo. Por ahora las negociaciones no van bien. Tampoco parece que los líderes de ambos bandos sean los más razonables.

Por cierto, aunque en teoría se conocen los rivales que tendrá cada equipo la próxima temporada, esto es un poco relativo, porque si la regular season se amplía a 18 partidos habrá que retocar todo. Me temo que vamos encaminados a ello. Me disgusta profundamente. No hacen falta más partidos de temporada regular, no necesitamos que lleguen menos jugadores sanos a playoffs. Eso es lo único que conseguirán con dos partidos más. De tanto exprimir el producto lo van a estropear.

Mención de honor para ese cínico Roger Goodell, que protagonizó una de las ruedas de prensa más lamentables que recuerdo. Si no vas a contestar preguntas, no las admitas. Pero no contestes algo que nada tiene que ver con lo que te preguntan. Al más puro estilo de los peores políticos, Goodell rehuyó todas las preguntas incómodas que se le planteaban. Una de ellas trataba sobre la ampliación de la temporada regular a 18 partidos. Cuando un periodista le preguntó por qué quería hacerlo, cuando las encuestas mostraban que casi el 70% de los aficionados lo rechazaba, Goodell contestaba que "la mayoría de los aficionados con los que él había hablado" (la impresión personal, dato científico irrebatible) estaba descontenta con la actual pretemporada. Otro salto lógico de regalo: pretemporada mala significa que hay que ampliar la regular season. Lógica elemental. Goodell se escuda en que los partidos de la preseason son demasiado caros para el espectáculo que se ve (ofrecen poco valor), por lo que quiere mejorarlos "convirtiéndolos" en oficiales. Claro, no hay otro remedio. A pesar de esto, bien que cobra la NFL por el Preseason Pass. Si los partidos son malos, que bajen los precios. Ah, esperad, que cuando hay dinero de por medio la opción de dejar de ganar no existe. Peter King publicaba hoy los resultados de una encuesta que hizo entre sus seguidores en Twitter. 1200 votos en 40 horas. Los resultados, muy claros: solo el 17,2% apoya los 18 partidos de temporada regular. El 51,8% prefiere que se eliminen 2 partidos de pretemporada, quedándonos con 16 de regular season. El 30,3% restante, entre los que me incluyo, quieren que las cosas se queden como están (4 de pretemporada, 16 de temporada regular).

El ¿y ahora, qué? también va por este blog. Mientras veía la Super Bowl me preguntaban qué haría con él. Menudo momento para preguntármelo, con los nervios que tenía, como para pensar en eso. No lo sé, la verdad. No lo dejaré, obviamente, pero supongo que surgirán menos temas de actualidad (hablar del convenio de marras es un coñazo) y comentaré otros temas histórico-festivos. No en vano este blog nació en plena offseason, así que me temo que seguiré dando la lata a quien se quiera pasar por aquí.

Comienza la travesía por el desierto.

miércoles, 26 de enero de 2011

Medios y resultados

Dada la considerable extensión de mis artículos, he pensado que no viene mal dividirlos en capítulos. Creo que puede facilitar su lectura. Hagamos la prueba.

1.- La música

En una entrada en la que hablaremos de medios y de resultados (de fines), me parece oportuno incluir una canción en la que se dice que los fines no justifican los medios. Hüsker Dü es una de mis bandas favoritas, a pesar de que son de la tierra de los Vikings, Minnesota. Terms of psychic warfare.



Creo que merece la pena poner la letra de la canción (estupenda letra), aunque sea en pequeñito para que no ocupe demasiado espacio.

I see you walking down the road
And the thoughts within my mind explode
But having to hold back taught me a lot about control
And letting it all loose at once when it was time to let you know
You occupied my space and you occupied your mind
By jumping off the roof to the first conclusion you can find

Now all the silver you can steal
Can't buy a piece of what I feel
It's sad but the means they just don't justify the ends
To be forever haunted by the ghosts of all your friends
Painful, yeah that's the way you've chosen it to be
C'mon can't you think of anyone besides me?

These are the terms!

Now don't think you're the only one who harbours a self hate
I'm just as guilty of selling what my sweet soul creates
And don't feel bad the next time my memory comes creepin'
You've got your own bed now, I suggest that's the one you sleep in


2.- Planteamiento del problema: el encuentro entre Isiah Thomas y Bill Simmons

En un pasaje del cojonudo libro The book of basketball, de Bill Simmons, del que os he hablado ya en bastantes ocasiones, Simmons relata cómo fue su encuentro con Isiah Thomas. Thomas, aparte de mítico base de los Detroit Pistons, había sido general manager de los New York Knicks. El que decide los fichajes, vamos. Su gestión del personal en esa franquicia resultó desastrosa. Cada operación parecía peor que la anterior. Fichaba a jugadores que daban un pésimo rendimiento a cambio de sueldos estratosféricos. Simmons lo ponía a parir, día sí, día también. Lo hacía con crueldad, con saña. En algunos artículos imitaba la forma de pensar de Isiah Thomas, a cuya mente imputaba reflexiones como "I always try to acquire the best guy in the trade, regardless of whether it's a good deal or not" (siempre intento adquirir al mejor jugador en el intercambio, con independencia de que sea una buena operación o no). Era el hazmerreír de los gerentes de la NBA. Un desastre de gestor (y de entrenador).

Una de las cosas que más me gusta de Bill Simmons es que siempre dice lo que piensa (o eso parece), pero de forma razonada. No intenta disfrazarse de neutral ni se esfuerza por quedar bien con nadie, pero no deja de motivar sus opiniones. Quizá por eso se apoda "the Sports Guy" (el tío de los deportes), porque escribe lo que pensaría, tal cual, un aficionado con argumentos. Cualquier aficionado echaría pestes de Isiah Thomas. Nadie ahorraría calificativos crueles contra él. Simmons tampoco. Y cuando el que te pone a caldo escribe en el mayor grupo mediático-deportivo de Estados Unidos, la ESPN, las críticas duelen. A Thomas le dolieron tanto que dijo que si se encontrase a Simmons alguna vez por la calle iba a tener problemas.

Y Simmons y Thomas se encontraron. Fue en Las Vegas, en la temporada de ligas de verano, en la piscina de un hotel plagada de mujeres en top less. Simmons dice que estaba acojonado. Estaba con otro periodista, con Gus Johnson, del que hablé ya en alguna ocasión porque parece tener un imán para atraer finales de partido inverosímiles (esta temporada comentó, entre otros, el Jaguars-Texans del Hail Mary). Johnson es famoso por la pasión que pone a sus comentarios. Un ser fácilmente excitable.

Pues bien, Johnson insistió en presentarle a Simmons a Isiah Thomas. A pesar del terror inicial, Simmons terminó accediendo. No hubo hostias. Thomas fue correcto y educado. Incluso fue explicando a Simmons, su mayor crítico, las razones por las que había tomado sus criticadísimas decisiones. Simmons admitía que en todas y cada una de las operaciones que resultaron desastrosas y parecían disparatadas, Thomas tenía un punto de razón. Todas tenían a priori sentido. En esa misma conversación, mientras Simmons contemplaba unos pechos femeninos desnudos, Thomas reveló a Simmons The Secret. Pero eso ya es otro tema.

¿Para qué todo este rollo? Para comentar cómo las decisiones de los gestores, por descabelladas y erróneas que parezcan en vista del resultado final, tienen una motivación en la base. Una motivación que, además, en el momento en el que se toma la decisión, puede parecer perfectamente fundamentada. Todos los responsables de las franquicias tienen razones de más o menos peso para apoyar sus decisiones. Hasta Isiah Thomas, para algunos el peor gestor de un equipo profesional norteamericano de la historia. Sin embargo, los resultados deportivos son los que terminan dictando sentencia.

3.- Obligaciones de medios y de resultado

En la anterior entrada, al hilo de lo que yo decía sobre Ted Thompson, se planteaba martintxo cuándo se debía hacer balance de la gestión de una franquicia. Decía que una vez concluido el último partido de la temporada. Ese era el momento de hacer la evaluación, en vista de los resultados conseguidos. Sí, al final es inevitable caer en el resultadismo, por mucho que, en ocasiones, las victorias lleguen gracias a la suerte o incluso a pesar de determinadas decisiones erróneas de la gerencia.

El resultadismo. En Derecho se distinguen dos tipos de obligaciones, las de medios y las de resultado. Las primeras se entienden cumplidas con el mero desempeño de una determinada actividad con una diligencia mínima. Si luego el resultado no es el que espera la contraparte, se tiene que aguantar. En las segundas, las de resultado, sucede lo contrario. Da igual cómo haya desempeñado su actividad el deudor, lo único que importa es si ha llegado al resultado pactado. Como norma general, los servicios que prestamos a nuestras empresas son de medios, no de resultado. En función de los resultados (individuales o de la propia empresa) en algunos casos se pagan bonus, pero en general el mero esfuerzo de cada uno sirve para que se le pague su salario a fin de mes. ¿En cuál de los dos tipos de obligaciones encuadramos las de los gestores de las franquicias de la NFL?

4.- Relación entre resultados y medios en la NFL

Este lunes la ESPN publicó un artículo en el que se ordenaban las franquicias de la NFL en función del dinero que les había costado obtener cada victoria. Una relación entre resultados y medios. Decían que era una manera de traducir la rentabilidad de la inversión (return on investment), concepto financiero, a términos deportivos. Quién consigue más por menos dinero. La clasificación solo consideraba los resultados en temporada regular. La verdad, no entiendo por qué excluyen los playoffs. Precisamente las victorias más valiosas son las de la postemporada. No vale lo mismo una victoria en una final de conferencia que una victoria en un intrascendente partido de temporada regular en la que ninguno de los equipos se juega nada. Pero, no obstante, en el artículo de la ESPN consideran la victoria intrascendente de regular season y no la más importante, la de postemporada. Así que preparé otra tabla, con esos datos (asumamos que los datos de salarios son buenos, aunque no dicen de dónde los toman) pero con las victorias de playoffs incorporadas. Estuve tentado de ponderar las victorias en playoffs, porque creo que deberían valer más, pero finalmente no lo he hecho. Todas las victorias valen lo mismo.

En la tabla falta por adjudicar una victoria más. Una victoria más que no es una victoria más. Es La Victoria Final. Una victoria que apenas tendrá incidencia en el resultado final pero que es el fin último al que aspiran los 32 competidores en la NFL. En cualquier caso, este es el ranking de eficiencia salarial de la NFL, en el que los equipos están ordenados por el dinero en sueldos que les costó cada victoria, de menor gasto a mayor. Los importes están en millones de dólares.


En el artículo de la ESPN se destacan algunas operaciones de cada equipo. La más lamentable es la del equipo menos eficiente, Carolina: Jake Delhomme, quarterback que jugó (mal) para los Browns, cobró esta temporada de los Panthers la suculenta cantidad de 12,7 millones de dólares. Delhomme devolvió un poco de ese valor al lanzar dos intercepciones en el partido que jugaron Browns y Panthers esta temporada. Insuficientes para que Carolina ganase.

Otros ejemplos de acuerdos ruinosos (para las franquicias, que no para los jugadores) son los que permitieron a Favre cobrar 11,7 millones de salario fijo por básicamente destrozar a los Vikings o los 21 millones de dólares de bonus cobrados por Albert Haynesworth. Los Redskins, habituales en tratos pésimos, también pagaron 7,2 millones a Clinton Portis y 10 a McNabb. Todas estas operaciones retribuyen rendimientos pasados, no presentes. En el presente estos jugadores rinden a un nivel muy bajo.

En el otro lado, destacan entre los chollos para las franquicias el coste del backfield de los Jets (LT+Greene), de solo 1,42 millones, y las gangas de los Bucs. Lo de los Bucs es tremendo. Jóvenes y baratos. Los servicios de Josh Freeman, un quarterback que se ha mostrado más que capacitado para dirigir un ataque en la NFL (y letal cuando se trata de ganar un partido en el último drive) cuestan 395 000 dólares. Una ganga. Los de un corredor de más de 1000 yardas (LeGarrete Blount), 320 000 dólares. Lo mismo que les costó Mike Williams. La trampa, obviamente, es que todos estos jugadores son novatos cuyo rendimiento era todavía una incógnita. Freeman fue elegido en primera ronda, sí, pero los Bucs no perdieron la cabeza con él.

Como no solo me parecía interesante ver quién era más eficiente con sus recursos, sino también saber quién se gastaba más, os presento otra versión de la tabla en la que las franquicias figuran ordenadas por gasto en salarios. De más a menos gastizo.


Hay que tener en cuenta que esta temporada se da la circunstancia excepcional de que no existe tope salarial. En el convenio colectivo que expirará en marzo se estipulaba que durante la última temporada de vigencia de dicho convenio no habría tope salarial. En 2009 ese tope era de 128 millones de dólares. También había un mínimo, de 112,1 millones. Si esos límites estuviesen vigentes, solo 10 de las 32 franquicias estarían en el rango permitido.

5.- El gasto de Green Bay

He de reconocer que no me gusta que los Packers sean los primeros de esa clasificación de gasto. Con tanto dinero (bien)gastado, podría interpretarse que tiene menos mérito llegar a la Super Bowl. Con tanto dispendio, ya podrán, diréis. Pues no. Las características del mercado deportivo norteamericano desmienten ese razonamiento. Ahí todos tienen las mismas oportunidades. El que tiene más dinero o, mejor dicho, el que se gasta más dinero no puede fichar a los jugadores que le dé la gana. Eso solo pasa en Europa. Allí, aparte de que las diferencias de capacidad económica no son exageradas, las rigideces del mercado impiden que quien más tenga contrate a los jugadores que le dé la gana. De hecho, en raras ocasiones el que más gasta es el que gana. Sin ir más lejos, los Knicks de Thomas solían ir a la cabeza de la clasificación del gasto salarial, mientras el equipo pululaba por los infiernos de la clasificación. Exactamente lo contrario que en Europa, donde la correlación entre gasto y éxito es casi perfecta.

En el caso particular de Green Bay, otra razón que explica el alto gasto en sueldos es la plaga de lesiones. 15 tipos en la injured reserve list, más que ninguna otra franquicia en la NFL. Mientras los lesionados siguen cobrando, los Packers tienen que contratar a sus sustitutos. Los fichados del practice squad no suelen cobrar mucho, pero cobran. Vaya si cobran. Los del practice squad, que no son miembros oficiales del equipo, que no pueden ser convocados, cobran un mínimo de 5200 dólares por semana de entrenamiento (si se les contrata por semanas) u 88 400 dólares por temporada (si firman para toda la temporada). Yo hay días que gano menos que los chicos del practice squad. Y cuando se les ficha para jugar, evidentemente, cobran más que eso.

Además, la forma de construir la plantilla de Green Bay muestran que su éxito no se basa en gastarse más dólares que los demás. Ya expliqué en el anterior artículo que la filosofía de Ted Thompson es la de construir a partir del draft.

6.- Utilidad de las tablas

¿Sirven las tablas anteriores para evaluar a los gestores de las franquicias? Sí pero no. Son sin duda unas herramientas muy útiles, pero también presentan varios vicios que no podemos obviar. No son recursos infalibles para juzgar el rendimiento de un gestor.

Primero, porque no discrimina entre el rendimiento ofrecido por los jugadores mejor y peor pagados. Me explico. Tus victorias pueden deberse a las actuaciones de jugadores retribuidos por debajo de lo que valen, mientras te gastas millonadas en tipos que se quedan en la banda o que aportan poco. Ese no es un ejemplo de una gestión eficiente, sino de que se te ha aparecido la Virgen con esos jugadores con los que nadie contaba. Mientras, un JaMarcus Russell de la vida puede estar cobrando cantidades indecentes por hacer el vago.

Después está el factor suerte. Caso fortuito y fuerza mayor. Sé que quizá hablo demasiado de la suerte y os doy la brasa con mis supersticiones (no solo soy supersticioso con el tema Sports Illustrated, ahora tengo otra: tengo que ver los partidos de los Packers con una camiseta puesta --esta-- y con la de juego de Rodgers en un sofá; la superstición llega a tal punto que la semana pasada me la llevé a la casa de un colega y la dejé encima del sofá; dio suerte), pero la caprichosa diosa fortuna juega un papel fundamental. No me refiero solo (que también) a determinados lances decisivos durante los partidos, o a que no se produzcan lesiones de jugadores importantes. Me refiero a la suerte en la contratación de jugadores.

7.- La suerte en el caso Aaron Rodgers

Muchas veces el acierto depende de eventos que no están bajo el control del decisor. En el caso de Ted Thompson, sin ir más lejos, su contratación más exitosa, por la que pasará a la historia, se debe a un suceso improbable: la no contratación de un potencial número 1 del draft por los 23 primeros equipos en elegir. Realmente 21, porque Dallas y Minnesota tuvieron dos oportunidades de elegir a ese jugador y no lo hicieron en ninguna de ellas. Obviamente me refiero a Aaron Rodgers. Elegido en el puesto 24 del draft de 2005. Luchaba por el primer puesto con Alex Smith, y no solo no fue número 1, sino que cayó hasta el 24. Algo extremadamente improbable, pero que permitió a Thompson realizar la contratación de su vida.

Recordemos lo que se decía aquel día mientras las franquicias pasaban de Aaron Rodgers. En la ESPN se esforzaban por intentar consolar al sorprendentemente olvidado quarterback. Lo hacían cuando solo se habían realizado 14 elecciones. Entonces ya sorprendía la no elección de Rodgers. Caería todavía más, hasta el puesto 24. Precisamente el que auguraban los analistas, que, por una vez, acertaron en sus predicciones.


Thompson no solo tuvo la suerte de poder elegir a Rodgers. Tuvo la suerte de seleccionar a un Rodgers enrabietado. Un Rodgers con ganas de revancha, de demostrar a quienes no lo habían elegido que estaban muy equivocados. Un tipo marcado a fuego por el nobody believes in me.

No penséis que se trata de una gilipollez. Se considera que uno de los principales motivos del fracaso de jugadores elegidos en puestos nobles del draft es su pasotismo. Algunos van de figuras desde que llegan a la NFL, y se creen que deben gozar de privilegios. Como si todo fuese tan fácil como en la universidad, se acomodan, esfuerzan un poco menos de lo que podrían y se quejan en cuanto vienen mal dadas.

La elección de Rodgers en el puesto 24 del draft de 2005 sobremotivó al jugador. Que conste que ser elegido en primera ronda es un privilegio, pero cuando te calientan la cabeza y te crean expectativas de ser elegido en primer lugar, la situación cambia. El tema empeora cuando te invitan al llamado green room. El draft se televisa. Un grupo reducido y selecto de jugadores asiste físicamente al evento. Los que se prevé que se elijan en los primeros lugares. Rodgers era uno de ellos. Un posible número 1, casi seguro top 10. Pero pasó el top 10 y no lo eligieron. Y las cámaras no paraban de enfocarlo, elección tras elección, para ver cómo estaba tras ver cómo nadie le quería. Cada equipo tiene 15 minutos para realizar su elección. Más de 4 horas sentado esperando a que digan su nombre, con los focos en su cara para ver cómo reaccionaba. Todo un trauma, que Rodgers recordaba en esta entrevista concedida en octubre de 2010.


Una parte del éxito de estos Packers se debe a aquel sorprendente draft en el que un talentoso jugador fue olvidado por muchos. Nadie sabe si los Packers estarían jugando el domingo de la semana que viene en Arlington de no haber sucedido aquello. Creo que el mero hecho de llegar a ese partido, por sí solo, acredita la labor de Ted Thompson. Pero no debemos olvidar todos los factores ajenos a su voluntad que ayudan a conseguir el deseado resultado.

8.- Conclusión

Las obligaciones de los gestores de franquicias de NFL, ¿son de medios o de resultados? Pues creo una mezcla entre las dos. El resultadismo terminará imperando, pero nunca debemos olvidar cómo se ha llegado a él. Una filosofía de contratación teóricamente sólida y a priori acertada siempre tendrá que contar con sus dosis de suerte. Por ejemplo, que tengas disponible una joya a la que dejan pasar otros 21 equipos. O que los Lions ganen en Tampa Bay. Si ninguno de esos dos improbables eventos hubiesen sucedido, probablemente no se estaría alabando estos días a Ted Thompson. Pero siempre es así. Sin ir más lejos, y hablando de la última dinastía oficial de la NFL, a Bill Belichick se le apareció Tom Brady (elegido en el puesto 199 del draft) y la Tuck Rule. En la NFL, ni los mejores medios garantizan el resultado. Para eso hace falta un poco de suerte.

martes, 18 de enero de 2011

Plácido domingo, jodido lunes: ronda divisional

Para muchos, el fin de semana divisional es el mejor del año en términos footballísticos. En ningún otro debería de haber tantos partidos y de tanta calidad. Cuatro partidos entre ocho de los mejores equipos de la NFL, disputados en los estadios de los dos mejores clasificados de cada una de las conferencias. El odio, la euforia y la suerte.

Toda la temporada estamos esperando que lleguen estos momentos, Times like these.



Qué pude ver. Esta semana, todo en directo. El sábado, con invitados en casa y abundante comida y bebida. Y por el Plus en alta defiinición. Un lujo. El domingo, sin invitados y sin alta definición, pero también por el Plus, en sus canales semiclandestinos. Que den prioridad a la NBA sobre la NFL lo puedo entender hasta cierto punto (porque entiendo que tendrá bastante más audiencia, por mucho que se trate de un intrascendente partido de temporada regular como el Clippers-Lakers) pero que se la den a la primera ronda del Open de Australia, no. Además, no es serio que cambien los canales en los que se emiten los partidos a 48 horas de que se disputen. Muy mal. Para terminar de rizar el rizo el Patriots-Jets figuraba en la guía de programación en el dial 183. Aunque es cierto que en la retransmisión anterior Moisés Molina anunció que iba por el 185, la guía seguía mal. Encontrar ese partido, una aventura. Un pequeño aunque merecido palo para los responsables de programación de la plataforma.

Favre Watch (lo más comentado)

¡Ay, el Favre Watch! ¿Os parece poco adecuado para dar nombre a lo más comentado? Seguro que no. Este lunes precisamente se informaba de que Favre acaba de presentar en la NFL la documentación para certificar su retirada. ¿Definitivo? Por supuesto que no. Como si no lo hubiera hecho también en 2008. Buen momento para intentar robar protagonismo al quarterback que está destrozando los récords que tenía el 4 en la franquicia de Wisconsin.

En un fin de semana como este con tantos partidos tan importantes los comentarios no pueden centrarse en otra cosa que el análisis de estos partidos. Como supongo que todos ya sabéis que ganaron Steelers, Packers, Bears y Jets, dedicaremos la sección a otras cuestiones.

Un nombre ha destacado sobre los demás: el de Aaron Rodgers. Pero dado que su épico partido encaja bien en la sección dedicada a lo mejor de la jornada, me centraré en otros temas. En primer lugar, una frase muy repetida desde hace mucho tiempo. Un refrán que se viene repitiendo desde tiempos inmemoriales, y que cobra plena vigencia en lo que llevamos de playoffs:

Offense wins games, defense wins championships

El ataque gana partidos, la defensa gana campeonatos. Lo que viene sucediendo en estos playoffs confirma plenamente esta máxima. Tanto, que ahora mismo siguen vivos los equipos con mejor defensa de la NFC y de la AFC. Estas eran las mejores defensas de la NFL en temporada regular en cuanto a puntos permitidos (también se indican las yardas concedidas en la columna de la derecha):


La mejor defensa de la AFC (y de toda la liga) era la de Pittsburgh. Los Steelers siguen vivos. La mejor defensa de la NFC era la de Green Bay. Los Packers siguen vivos. La tercera mejor defensa de la NFL era la de Baltimore, pero al enfrentarse contra los Steelers, cayeron eliminados. Por estar encuadrados en la misma división que los Steelers, los Ravens solo podían ser seed 5 en la AFC y, por tanto, al pasar también el 6, tenían que enfrentarse a los Steelers (seed 2). En esa colisión de grandes defensas, venció la mejor. El siguiente clasificado es Chicago: en la final de la NFC. A continuación estaban los Falcons (por increíble que parezca en vista de lo sucedido este sábado, Atlanta era la tercera defensa de la NFC), que cayeron ante la mejor defensa de la conferencia. Y los siguientes eran los Jets. También ganaron.

¿Alguien se atreve a cuestionar la validez del refrán? El ataque gana partidos; la defensa, campeonatos. ¿Pittsburgh-Green Bay en la Super Bowl?

Por cierto, este fin de semana sirve para reafirmar lo que comentábamos el pasado lunes: los quarterbacks ni ganan ni pierden los partidos ellos solos. Y lo digo a pesar de la exhibición de Rodgers (y de su equipo de receptores) del pasado sábado. Los quarterbacks son una pieza más de la máquina que gana y pierde los partidos. Seguramente la más importante del ataque, pero no la única responsable de los resultados. Con todo, seguro que alguno ha escrito tonterías como "Sanchez vence a Brady". Pero si hasta en el partido de Atlanta las dos jugadas más importantes del partido, las que supusieron el punto de inflexión, las protagonizó un cornerback. Asi que sí, Rodgers hizo un partido excepcional, pero si Tramon Williams no hace lo que hizo al final del segundo cuarto, quién sabe si no hubiésemos visto en Atlanta una repetición de lo sucedido en Arizona hace un año. Entonces, los titulares habrían sido del tipo "Rodgers pierde" o "Rodgers se caga en los playoffs". Tonterías como un piano.

El nobody believes in us factor sufrió un golpe con la eliminación de los Seahawks, pero vemos que muchos siguen apelando a él para motivar a su tropa. ¿Qué dijo Rex Ryan al terminar el partido en Foxborough? Maybe everybody else never believed, but we believed. Mientras sus chicos crean que nadie cree en ellos, funcionará. Tampoco creo que nadie creyese en ellos, pero es cierto que no eran los favoritos.

Terminamos la sección con otro tema polémico y que aunque no está directamente relacionado con los partidos de la ronda divisional, sí afectaba a uno de ellos. El tema de las zancadillas en los retornos. Recordaréis que un ayudante de los Jets fue sancionado por zancadillear a un jugador de equipos especiales de los Dolphins. Entonces la NFL recordó la norma de que está prohibido hacer murallas de jugadores en las bandas para intentar entorpecer las carreras de los rivales. Los Jets dijeron que los Patriots también lo hacían. Y les cayó una multa por eso. Pues bien, parece que las acusaciones no eran infundadas.


Jay Glazer, de la Fox, encontró la prueba. Los Jets sabían que los Patriots lo hacían porque ficharon a un jugador del practice squad de los Patriots. Ese fue el chivato. Los Jets son unos bocazas, no cabe duda. Su actitud macarra les hace más sospechosos, pero no hay que olvidar que Belichick ya se ha visto envuelto en otros incidentes que prueban que su ética profesional no es, o por lo menos no fue, inmaculada.

Super Bowl III (la sorpresa)

Creo que ninguno de los cuatro resultados de este fin de semana puede considerarse una sorpresa. Lo sorprendente es que diga esto después de que los números 1 de cada una de las conferencias hayan caído derrotados por los respectivos números 6. Teóricamente* (con asterisco), los peores de cada conferencia contra los mejores. El asterisco viene por la distorsión introducida por el hecho de que el campeón de cada división obtenga un seed del 1 al 4 aunque su balance sea peor que el de los wild cards. Por eso el peor de los seis clasificados puede ser el seed 4 en vez del 6. Pero por lo general el 1 es mejor que el 6 (por lo general porque el calendario es distinto).

Bueno, forzando un poco podríamos decir que la derrota de los Patriots es una sorpresa. Es una sorpresa porque habían sido, con diferencia, el mejor equipo de la NFL en temporada regular y porque jugaban en su estadio frente a un rival al que habían vencido por 42 puntos de diferencia hace un mes escaso. Sí, quizá ese era el resultado más sorprendente de los cuatro. Es sorprendente que de repente a Brady se le apaguen las luces y a las primeras de cambio lance una intercepción, algo que no hacía desde octubre (en un hail mary, además). Es sorprendente que el único equipo que no cometa errores (aparte del field goal fallado) sean los Jets, cuando los Patriots se habían caracterizado por hacer bueno el consejo de take care of the football. Sorprende que el quarterback que no la cague sea Mark Sanchez y no Brady, y sorprende que un entrenador gane la batalla táctica a Bill Belichick.

La otra eliminación del número 1 por el 6, la de Atlanta a manos de Green Bay, no ha sorprendido a muchos. De hecho, el 73% de los expertos de la ESPN apostaba por los Packers. Por eso también escribía el pasado viernes que demasiado favoritismo veía yo, que los Falcons por algo eran los primeros de la NFC. Sin embargo, quizá sí haya sorpresa. No tanto por el qué sino por el cómo. Creo que ni los más optimistas seguidores de los Packers apostaban por una victoria tan cómoda. Hasta 10 segundos antes del descanso el partido parecía un shootout. A ver quién mete más. Ya Tramon Williams había salvado un touchdown con una intercepción en la end zone. El domingo anterior a Vick, este a Ryan. Pero la jugada del partido fue esta. Sorprende que los Falcons arriesguen tanto; también que fallen.


La maldición del anfitrión de la Super Bowl (la vida sigue igual)

Tony Gonzalez es para algunos el mejor tight end de la historia. Bueno, solo por detrás de Mike Ditka. Ningún otro tight end se le acerca en número de recepciones. Y a pesar de estar ya muy mayor, sigue siendo un excelente jugador, como ha demostrado esta temporada. Sin duda, un futuro Hall of Famer. Palabras mayores.

Sin embargo, este fin de semana a Tony Gonzalez le ha sucedido lo de siempre en postemporada. Su equipo ha vuelto a perder. Como siempre. Por cuarta ocasión, el equipo de Gonzalez llega a playoffs y cae a las primeras de cambio. Y por tercera vez, eso sucede habiendo terminado su equipo con un registro de 13-3 en temporada regular, jugando en casa y tras disfrutar de una semana de descanso. Una lástima por él.

Otra maldición: si vuestro equipo anota un touchdown de retorno en playoffs, cuidado. Los Falcons son el quinto equipo en caer de forma consecutiva tras retornar un kick para touchdown. Los anteriores fueron los Bears en la Super Bowl en la que Devin Hester anotó en la primera jugada del partido. Y desde 1970, el registro acumulado de quienes consiguen esta hazaña en postemporada es de 7-15.

Santonio Holmes, otra vez. Otra vez con un touchdown decisivo en playoffs. A todos nos ha recordado a otra jugada espectacular. La vida sigue igual para el 10 de los Jets.


Por cierto, tercera derrota consecutiva en playoffs para Tom Brady. ¡Mierda, si defiendo que no se debe decir que un quarterback gana o pierde un partido, por qué escribo esto! Bueno, me entendéis: que tercera derrota consecutiva del equipo del que Brady es QB titular. Tendencia de moda.

Otra tendencia de moda es la de las derrotas de números 1 de conferencia a manos de números 6. Con las 2 de este fin de semana, en 6 de los últimos 7 enfrentamientos entre 1 y 6 gana el 6.

La vida de Kurt Warner (la vida cambia)

Todos los partidos disputados este fin de semana divisional tenían su precedente en temporada regular. Los Ravens ya habían jugado en Pittsburgh: victoria de Baltimore; los Packers en Atlanta: victoria de los Falcons; los Seahawks en Chicago: victoria de Seattle; y los Jets en Foxborough: victoria, de paliza, de los Patriots. Este fin de semana ha sucedido exactamente lo contrario. Los equipos que salieron derrotados en la temporada regular salen victoriosos en playoffs. Cambio de signo en todos los partidos.

Los partidos del próximo domingo también tienen precedente regular: Green Bay perdió en Chicago y los Jets ganaron en Pittsburgh. ¿Otro cambio de signo, quizá? Personalmente, espero que así sea, aunque en mi casa la Super Bowl se viviría con más tensión que un tío comiendo naranjas en El Padrino (teníais que ver la cara de mi chica en el descanso del Steelers-Ravens, ni cuando pierden el Atleti o el Estu... aunque dice que estaba muy cabreada por el touchdown que consigue Baltimore en el fumble que solo un jugador --de los Ravens-- supo interpretar).

Si la postemporada de 2010 se caracterizaba por el dominio de los domes y la nieve no era más que un lejano recuerdo de tiempos pasados, en 2011 hemos vuelto al clásico football de enero: el que se disputa con un frío que te cagas y entre blancos copitos. En 2010, tres de los cuatro partidos de la ronda divisional se disputaron a cubierto, y el cuarto en tierra cálida, en San Diego. Las finales de conferencia se disputaron en sendos domes, y la Super Bowl a descubierto pero en zona calurosa. Comenté varias veces lo poco que me gustaba. El fútbol americano no es un deporte que se deba practicar bajo techo. Es un deporte que se disputa en los elementos. Da igual que llueva, truene o nieve. Por suerte, esta temporada todo ha cambiado: de los cuatro partidos de la divisional round, solo uno se disputó en dome. Esta temporada domes are doomed. Los domes están malditos. Ya no queda ni uno. Los otros tres partidos, en territorio helado: Pittsburgh, Foxborough y Chicago.

Curiosamente, los más felices por jugar en un dome el pasado fin de semana eran los jugadores del ataque de los Packers. Y no lo digo por lo que finalmente pasó, sino que antes del partido ya mostraban su felicidad por jugar en condiciones, decían ellos, óptimas para el desarrollo de su juego. Decían que la temperatura era ideal para los receptores, a los que no se les agarrotaban las manos para completar esos pases que en otras circunstancias se pueden caer (que le pregunten a James Jones, qué cambio de Philadelphia a Atlanta) y que el terreno de juego, muy rápido, favorecía sus rutas. Además, la ausencia de viento reduce la dificultad para enviar pases precisos y, finalmente, el propio Rodgers decía que en el turf del Georgia Dome podía llevar su calzado más cómodo. Pues nada, la semana que viene a Windy City a jugar contra la defensa de los Bears y los elementos. Y, en cualquier caso, no me olvido de lo que pasó en el dome de Detroit. En el Ford Field el ataque de Green Bay logró 3 puntos. Aaron Rodgers se perdió la primera mitad por conmoción cerebral, pero durante los dos cuartos que jugó el resultado fue de 0 puntos.

Más cambios: el del partido de Pittsburgh de la primera parte a la segunda. 7-21 al descanso, con dominio de la defensa de los Ravens, 31-24 al final (parcial de 24-3). Voy a ser oportunista y ventajista. En el descanso del partido comenté (también para animar a cierta persona que andaba un poco triste) que era imposible que la defensa de los Steelers no forzase alguna pérdida de balón más. Eso fue lo que sucedió. La defensa de Pittsburgh dio un paso adelante y los Ravens un par de pasos atrás (errores de cobertura en la secundaria y drops de sus bien pagados receptores). En el duelo de las mejores defensas de la AFC, ganó la defensa que forzó más pérdidas. El resultado del partido podría expresarse en términos diferentes al 31-24 con que terminó. El resultado real fue de 3-2 a favor de los Steelers. El número de recuperaciones marcó la diferencia.

Tanto, que ni los Ravens echaron mano de la excusa arbitral para excusarse de la derrota (hecho que les honra, y mucho). Terrell Suggs (enorme durante todo el partido) dijo que cuando vas ganando por 21-7 no puedes echarle la culpa de la derrota a los árbitros: "We've got nobody to blame but ourselves". Hasta John Harbaugh, siempre protestón, dijo que no podía evaluar la actuación de los árbitros.

Los honra, porque la excusa fácil es la decisión arbitral que les priva de 4 puntos por este dudosísimo holding (digo 4 puntos porque el drive terminaría en field goal):


Comentario no footballístico que no quiero dejar pasar

Esto no tiene que ver con el football, pero me parece lo suficientemente interesante como para destacarlo. No me había dado cuenta, pero tras leer el mensaje del autor del Lazarillo de Tormes y de otras muchas obras célebres, he visto la luz. Recordaréis que en el artículo de reparto de premios de la temporada regular comentaba que el año 0 no existió porque antes no existía el concepto matemático de 0. Pues bien, gracias a Anónimo he comprendido que ni siquiera hoy habría habido año cero. Copio su comentario:

Lo de no introducir un año cero no es nigún error. El error hubiera sido hacerlo. No tiene ningún sentido que haya año -1, luego año 0 y luego año 1. Los años no son momentos sino periodos de tiempo, lo que se tenía que haber hecho es que el teórico día del nacimiento fuese el primero del año en lugar del uno de enero. El año anterior sería el -1 y el posterior el 1, de tal forma que al comenzar el primero quedase exactamente un año hasta el evento de referencia y al terminar el segundo hubiera pasado exactamente un año desde el mismo.
No tiene ningún sentido hablar de "año 0".
O acaso los meses tienen "día 0"??


Lo dicho, gran comentario y muy ilustrativo. Gracias, Anónimo.

Hall of Fame (lo mejor)

La estadística no hace justicia a la actuación de Aaron Rodgers en el Georgia Dome. Y la estadística es asombrosa: 30/36, 366 yardas de pase (10,2 por intento de pase), 3 TD de pase, 0 intercepciones, 136,8 de rating, 1 TD de carrera.

En esos números no se ve que completó pases de todos los colores: en el pocket y saliendo de él; en carrera y en estático; pases cortos y pases profundos; frente al blitz y frente a coberturas plagadas de defensores. Imparable, imperial. La estadística no refleja su excelente movimiento de pies, cómo evitó la presión de los pass rushers de Atlanta, ni su capacidad para correr sin poner en peligro su integridad física. Una exhibición casi inigualable. Solo recuerdo haber visto a ese nivel a otro quarterback que precisamente se enfrentaba a Rodgers (también excelente): Kurt Warner en la wild card round de la temporada pasada.

Rodgers dirigió drives de 81, 92, 80, 80 y 50 yardas, todos ellos con el mismo final: touchdown. Torturaba sin piedad a la defensa rival. Llegaban los terceros downs, pero siempre terminaban por convertirse en primeros. Salvo el primer drive, en el que conseguido el primer down Jennings cometió un fumble, un tercer down con pase de Rodgers no se convirtió en primero.

Jamás ningún quarterback de los Packers realizó un partido así de bueno en playoffs. En dos de sus tres partidos en postemporada, Rodgers llegó a números que su predecesor no pudo conseguir en toda su carrera. El 4 nunca había llegado a 366 yardas en postemporada, no digamos al registro que logró Rodgers en Arizona (423).

De paso, Rodgers batió algún que otro récord en playoffs. El de touchdowns de pase en sus 3 primeros partidos de postemporada (10). Es el primer QB que consigue un passer rating superior a 120 (¡120!) en todos y cada uno de sus tres primeros partidos de playoff. Con él a la cabeza, Green Bay batió su récord de puntos en postemporada: 48. El anterior récord también se consiguió con Rodgers al frente del ataque: en Arizona, 45 puntos que no valieron para ganar (para algunos, Rodgers perdió ese partido, tócate las pelotas). Solo unos pocos elegidos consiguieron un porcentaje de pases completados superior al de Rodgers en Atlanta.


Y recuerdo que todos los partidos de Rodgers en postemporada los disputó fuera de casa. Sí, sí, durante esta temporada muchos dudaban de la aptitud de Rodgers con base en que nunca había ganado un partido de playoffs. Tras dirigir un ataque que logra anotar 45 puntos en Arizona, tenía delito.

¿Hartos de leer sobre el partido de Rodgers? Bueno, os dejo que veáis y escuchéis.


Otros jugadores completaron excelentes partidos este fin de semana, pero el de Rodgers fue tan bueno, que (con todos mis respetos) ninguno de ellos merece compartir lugar con aquel en la sección dedicada a lo mejor de la jornada.

Pro Bowl (lo regulero)

Cada vez me parece más adecuado el nombre de Pro Bowl para designar lo regulero del fin de semana. Sobre todo si tenemos en cuenta que ni Aaron Rodgers ni Tramon Williams fueron seleccionados para acudir a tan magno evento. Con los números en la mano, era difícil defender que la temporada de Ryan y de Brees fuese mejor que la de Rodgers. Pero los aficionados, entrenadores y jugadores entendieron que así debía ser. Por suerte para la Pro Bowl, la mayoría de estrellas estarán disponibles (o por lo menos no tendrán la excusa de tener que jugar la Super Bowl) para ese partidazo en Hawaii. Todos los quarterbacks seleccionados están ya de vacaciones. En la NFC, Vick, Ryan y Brady ya están eliminados. En la AFC, Brady, Rivers y Manning, también.

De hecho (atención al dato), de los 11 titulares del ataque de la AFC, solo el center Nick Mangold (Jets) sigue compitiendo. En la NFC, el ataque titular al completo está eliminado. En cuanto a las defensas, en la AFC siguen vivos dos (James Harrison y Polamalu) y en la NFC, cuatro (Peppers, Matthews, Woodson y Collins). Peazo Pro Bowl que nos espera, señores.

Vamos con lo regulero. Los Jets son los protagonistas. En el campo y estando el balón en juego, su partido fue excelente. Se cargaron a los temibles Patriots. Un diez para ellos. Fuera del campo, se comportaron como unos macarras barriobajeros, como unos auténticos gilipollas. Hay que saber perder, pero también hay que saber ganar. Entiendo que en playoffs las ganas de ganar están por las nubes, y que vencer al enemigo más odiado tiene que provocar un estallido de euforia casi incontenible. Lo entiendo.

Y no quiero defender posturas absurdas. No quiero defender que cuando se gana hay que poner cara mustia y contenerse al máximo en la celebración. De eso nada. Eso es cinismo y no me gusta nada. Por supuesto que hay que celebrar los éxitos. Pero cuando las celebraciones consisten casi exclusivamente en faltarle el respeto al rival, en burlarte de él, en reírte en su cara, merecen el mayor de los desprecios. Los Jets no saben comportarse fuera del campo. No saben ganar. Son una panda de provocadores encabezadas por su head coach, que tiene una bocaza mayor que su panza. Y son un pésimo ejemplo para mucha gente que los idolatra. Yo soy muy crítico con el comportamiento de los deportistas profesionales. Aunque no deberían serlo en ningún caso, la gente los toma como modelos. Creo que deberían hacerse campañas de no imitéis lo que hace un deportista fuera del campo: absolutamente nada. Ni lo que dice, ni lo que hace, ni cómo viste, absolutamente nada. Suelen ser unos cafres. E insisto: no me gustan los sensibleros ni los mojigatos, pero de ahí a comportarse como un pandillero de mierda hay un trecho.

Volviendo al tema de los Jets, ¿a qué me refiero? Pues a la celebración en el touchdown de Greene (que debía haberse arrodillado en la 1, pero ese es otro tema), en primer lugar. La que montan sus compañeros y su impresentable entrenador.


Aceptamos la celebración de Braylon Edwards, aunque está en el límite de la provocación. Cuando los jugadores se dan la mano, él hace piruetas.


Y el que se pasó catorce pueblos fue Bart Scott. Una lección de clase (la traducción de todo lo que dice este sujeto en la entrevista la tenéis en Zona Roja, Dani Hidalgo es su autor).


¿Grandes actuaciones con derrota de su equipo? Las de Terrell Suggs para los Ravens y Eric Weems (en este caso, en su labor de retornador). Suggs, como pasó en el anterior partido contra los Steelers disputado en Baltimore, hizo todo lo que estaba en su mano para conseguir la victoria. El pasado fin de semana consiguió 3 sacks, forzó 2 fumbles y realizó 6 placajes. Pocos jugadores defensivos estuvieron a su nivel esta temporada, sobre todo al final. Pero el esfuerzo fue inútil, por eso lo incluimos en la sección sobre lo regulero. Weems está aquí por esto, la jugada más larga de la historia de los playoffs. 102 yardas. Tampoco sirvió de mucho.


Pick-six en la prórroga (lo peor)

El Bears-Seahawks fue una puta mierda. Así de claro. Un partido aburrido, de los que se ven con frecuencia en playoffs, pero que habíamos perdido la costumbre de sufrir. El Chiefs-Ravens de la semana pasada duró dos cuartos y pico; el de Soldier Field, un suspiro. Si es que estamos mal acostumbrados.

Siguiendo con lo peor del fin de semana, premio para la defensa de los Falcons. Concedió 41 puntos (descuento los 7 derivados del pick-six de Tramon Williams). Fue objeto de una lenta pero exhaustiva digestión por parte del ataque de Green Bay, que empezaba desde muy lejos e iba avanzando, sin prisa pero sin pausa, hasta llegar a la end zone rival. Para mayor escarnio, al empezar la segunda parte, con 28-14 en el marcador, a John Abraham le pareció oportuno celebrar un sack conseguido en el primer down del drive ofensivo de los Packers haciendo burla de Rodgers. Imitó el gesto con el que el 12 celebra sus TD: el del cinturón de campeón.


El drive no terminó en esa jugada, evidentemente (que diría Zanoni). Siguió. Y siguió. Y siguió. Y siguió. Y siguió. Y así acabó:


Moraleja: si estás perdiendo por 14 puntos, si el ataque rival te está destrozando, si todavía ese drive no está muerto, no intentes ridiculizar al jugador que está protagonizando una noche épica.

Del primero de los partidos, cómo olvidarnos de Anquan Boldin y T.J. Houshmandzadeh. Receptores de primera categoría, por lo menos salarial, que en Heinz Field mostraron poco y lo poco que mostraron fue penoso. Ese drop de Houshmandzadeh para terminar la temporada es un final que la defensa de los Ravens no merecía.

No incluiré a ningún jugador ni unidad del partido de Foxborough. No creo que nadie de los Patriots lo merezca y menos aún de los Jets. Alguno podría argumentar que el ataque de New England no estuvo a la altura. Que Brady no respondió cuando más se le necesitaba. Es verdad que Brady no estuvo al nivel de MVP que nos tenía acostumbrado. Pero también lo es que la defensa de los Jets estuvo espectacular. Una planificación y ejecución defensiva brillante. Hay que darles crédito por ello en vez de poner a parir a los Pats.

Decisión estúpida de la semana

Podríamos hablar de que Shonn Greene no se arrodilló en la yarda 1 a falta de minuto y medio para terminar el Pats-Jets, cuando de haberlo hecho los Jets se habrían asegurado la victoria y no habrían dado opción al milagro de los Patriots, pero eso habría sido una decisión muy inteligente. Lo no muy inteligente no puede ser calificado como estúpido, así que buscaré otra jugada.

¿El fake punt fallido de los Patriots? No, también me parecería injusto. Me gustan las decisiones valientes, y aunque la ejecución fuese pésima, la decisión en sí no me parece estúpida.

Sí es estúpido dejar de disputar un balón que está en el suelo cuando los árbitros no han señalado nada. Si no pitan, la jugada no se ha terminado. Es estúpido por parte de quienes se quedan quietos y muy inteligente por parte del jugador que está cuco para aprovecharse de ello. Un cero para todos (sobre todo para Foster y Ngata) y un once para Cory Redding.


Segundo clasificado, Pete Carroll, por su decisión de chutar un field goal cuando su equipo perdía por 28 puntos en a falta de 1:28 para terminar el tercer cuarto. Un field goal en esos momentos no sirve para absolutamente nada. Bueno, sirve para anunciar a los cuatro vientos que das el partido por perdido y que prefieres no ver cómo tu marcador se queda en cero. ¿Que los Seahawks eran claramente inferiores? Por supuesto. ¿Que el cuarto down probablemente habría terminado en turnover? También. Pero tenían que haberlo intentado. Cobardes.

Ah, mención de honor a Mike Martz por la jugada del pase de Matt Forté.


Marcar esa jugada con el partido casi asegurado es de sobrado. Demasiado sobrado, creo yo. Y una manera de intentar resucitar un partido que estaba muerto.

El próximo fin de semana: finales de conferencia

Ya se empiezan a escuchar las voces de protesta. Las denominaciones son importantes. No deben ser arbitrarias. Cuidemos la corrección léxica. ¿Por qué la llaman ronda divisional si no tiene nada que ver con enfrentamientos divisionales? Que las llamen semifinales de conferencia. Lo dice Peter King en su MMQB y tiene toda la razón. El próximo fin de semana, enfrentamiento divisional. Pero no es la ronda divisional, sino la final de conferencia. El choque más importante de entre los más repetidos.

Sí, tenemos ya el menú del próximo domingo. Malos horarios para España. Mi plan es dormir toda la tarde, cuanto sea posible, para poder ver íntegramente y en directo las dos finales. Qué dos finales.

A las 21.00 del domingo (hora peninsular española), Chicago Bears-Green Bay Packers. El partido más repetido en toda la historia del fútbol americano profesional. En 181 ocasiones se han enfrentado. Desde 1921. Pero, muy sorprendentemente, solo en 1 de las 181 veces que jugaron Bears y Packers el partido era de playoff. Fue en 1941. En Chicago. Ganaron los Bears. Brett Favre hizo un buen partido, pero una terrible intercepción en el último drive del 4.º cuarto, con el partido empatado, terminó en touchdown y partido para Chicago...

A las 00.30 ya del lunes en la península ibérica (bueno, en Portugal todavía domingo), Pittsburgh Steelers-New York Jets. Revancha del partido de temporada regular que ganaron los Jets. Pero entonces cierto jugador que tiene asegurado su pelo en un millón de dólares no estaba.

Qué larga se va a hacer la espera. Pero me despido con buenas noticias para los abonados a Digital+: ambos partidos irán en HD. El primero también por Sportmanía (o al menos eso dicen hoy, a saber qué dirán mañana o pasado), así que los abonados a otras plataformas también estáis de enhorabuena (insisto, por ahora).